lunes, 8 de junio de 2020

Mirar hacia atrás, la cocina española de los últimos decenios


(Un texto de Francisco Abad Alegría en el Heraldo de Aragón del 3 de abril de 2019)

Con vistas al futuro gastronómico más o menos inmediato, no está de más repasar lo que ha sido la cocina española durante el último siglo y medio, más o menos.

La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en un bloque de sal» (Génesis 19, 26). Pero la mujer de Lot sentía curiosidad y nostalgia de un pasado, al contrario que nosotros; por eso no cristalizaremos amargamente. Cuando nosotros miramos atrás, buscamos dos cosas: lecciones para aprender cómo somos y su porqué y, sobre todo, enderezar en lo posible un camino erróneamente recorrido. Hace tiempo corría por ahí en ambientes pseudomísticos e intelectualoides una máxima que, en opinión de este seguro servidor, es una auténtica majadería: «No te cuides del pasado, que ya no existe; ni lo hagas del futuro, que aún no llegó; hazlo solo del presente». En el mismo momento en que se dice «presente », este ya no existe, es pasado inmediato; el pasado no se desvanece, sino que pesa en nuestra memoria afectiva, histórica y cultural; y sin futuro no hay vida, porque un proyecto vital, aún mínimo, es obligado para vivir, algo muy distinto del sobrevivir.

Así que hoy, si me lo permiten, a modo de conversación compartida con los contertulios que me honran con su lectura, quiero repasar esquemáticamente cómo nos ha ido la vida culinaria y gastronómica en los últimos 140 años, más o menos, por si ello nos sirve para mejorar un poco en el futuro.

CLÁSICA FRANCESA Y ESCOFFIERANA. (Llegaría hasta la II Guerra Mundial y poco más). En las cocinas de restaurante, reinan las recetas fijas afrancesadas, perfectamente conocidas, imperantes en toda la sociedad distinguida europea. Los medios culinarios son cocinas convencionales, ollas, rustideras, etc.; se hacen presentaciones decorativas, casi arquitectónicas, de los platos antes de su distribución. Las cocinas domésticas son tradicionales, con abasto restringido; se emplea en ese ámbito utillaje antiguo y convencional; hay una gran limitación en la conservación de productos perecederos.

NUEVA COCINA. (Desde 1970 y su posterior dilución en nuevas tendencias). Los restaurantes tienden a abolir las fórmulas clásicas canónicas a favor de una cocina más ligera, no ampulosa, con protagonismo absoluto de la creatividad del cocinero. Utillaje convencional. Comienza masivamente el emplatado artístico de las raciones individuales, desapareciendo las grandes presentaciones en artística bandeja. En los hogares persiste la cocina convencional y comienzan a confeccionarse algunas tímidas imitaciones de las creaciones de los nuevos cocineros. Llegan los primeros congelados, que revolucionan la comida cotidiana y especialmente la festiva.

NOVÍSIMAS COCINAS. (Herencia de la libertad de fórmulas y modos a partir de 1980). En los restaurantes se impone como norma casi universal una suerte de creatividad radical de fórmulas inéditas y exclusivas de cada cocinero, proliferan los cocineros-estrella y se sufre la irrupción masiva de los medios de comunicación en el quehacer culinario, con recíproco beneficio para cocineros y medios de comunicación. Se produce la entrada masiva de aditivos que permiten texturizadones y consistencias nuevas: espumas, aires, esferificaciones y solidificación de productos fluidos, entra en la cocina el nitrógeno quido. La panoplia instrumental se amplía con equipos de calor controlado, ahumadores, equipos de vacío y plásticos estancos resistentes al calor y el congelado. Es obsesiva la tendencia a los menús cerrados con multitud de preparados en pequeñas raciones sucesivas para degustación ('largo y estrecho'). Comienza la involución de la cocina doméstica, aplastada por el bombardeo mediático, con progresiva desaparición de las cocinas tradicionales, especialmente en ocasiones festivas, e irrupción de copias de las cocinas elitistas divulgadas por los medios de comunicación, en un poco afortunado intento de emulación. La congelación y los precocinados contribuyen a desestructurar los modos convencionales de comer. Irrumpe la difusión del horno de microondas y la de condimentos de tipo oriental, así como salsas más o menos exóticas.

COCINAS INNOVADORAS DE FUSIÓN INDUCIDA. (De forma no organizada ni sincrónica, a partir básicamente de 1990). La desaparición de las cocinas tradicionales e identitarias a partir de las novísimas de los restaurantes se consolida con la introducción de fórmulas exóticas, interpretadas de forma libre o arbitraria, mezclándose al arbitrio del cocinero; también se añaden, en paralelo, productos exóticos de forma masiva y empleo de estos y de los clásicos con técnicas culinarias de nueva tecnología Los precocinados invaden masivamente, aunque de forma no declarada, las cocinas presuntamente artesanales. Se mitiga algo la tendencia al menú impuesto 'largo y estrecho'. En los hogares, la rendición se enseñorea de la comida cotidiana, con la renuncia de amplios sectores de la población a las fórmulas más laboriosas de cocina y la aceptación sustitutoria de cocinas exóticas desvirtuadas pero de sencilla ejecución; aunque la disponibilidad de productos y la notable mejoría de los medios técnicos en la cocina es muy amplia, es cada vez mayor la monotonía de la comida doméstica, en contraste con la ampliación del abasto de todo tipo de productos convencionales, incluso fuera de temporada, y exóticos. Irrupción masiva de los medios audiovisuales en la formación culinaria, con abandono de los libros de fondo. Aceptación mayoritaria de precocinados completos o de ejecución parcial o preparatoria.

COCINA ELITISTA. Con estilos y fórmulas individualizadas (a partir del año 2000 y de forma no sistematizada). En la restauración se produce una especialización de los cocineros que han sobrevivido a la crisis económica, reduciendo plantillas y ofreciendo productos y preparaciones que no siguen directrices comunes a toda la sociedad del momento. Ya se impone el precocinado de quinta gama en la mayoría de los restaurantes con excepciones, pasando el protagonismo culinario a algunas industrias, lo que convive con la sofisticación extrema de contados restaurantes elitistas. En los hogares se constata ya sin disimulo el progresivo empobrecimiento elenco de ejecuciones culinarias curiosamente en paralelo con el aumento de interés por las informaciones mediáticas sobre cocina, como se demostrado no hace mucho en este mismo medio.

A PARTIR DE 2019. Es decir, en el momento actual. Nos poden interrogar sobre el devenir de cocinas 'de restaurante', que pasarían por ser canónicas para resto de la sociedad, más aún el momento en que se da una enorme permeabilidad mediática, casi siempre dirigida descaradamente a la pulverización de cocinas de raigambre cultural propia, más o menos identitarias, y a la promoción del consumo de determinados productos con fines especulativos (el chocolate es un ejemplo paradigmático).

La destrucción masiva de la cultura culinaria doméstica y tradicional, no tiene fácil ni rápido arreglo. Porque el esfuerzo de reconstrucción es desmesuradamente mayor que el requerido para la demolición de valores culturales, de los que la cocina es elemento básico, en garras de mixtificadores culturales y de actividades mediáticas descaradamente venales. Además, no se puede olvidar el papel coadyuvante de primer orden en el acontecer cultural de la evolución económica; y eso sí que es además problemático, escasamente halagüeño, digan lo que digan los pastores de la sociedad.

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