miércoles, 3 de julio de 2013

Tirabeques



(La columna de Martin Ferrand en el XLSemanal del 8 de julio de 2012)
En las primeras novelas de don Benito Pérez Galdós apenas aparecen referencias gastronómicas. Al contrario que su maestro Balzac, el español tardó en fijarse en las costumbres alimentarias de sus personajes. Solo en sus últimas obras menudean las referencias al vino o a la comida. Por ejemplo, en La estafeta romántica, volumen epistolar insertado en la tercera serie de sus Episodios nacionales, dedicó un par de cuartillas a las recomendaciones que da Demetria -ilustre mayorazga de Laguardia a su amiga Pilar para el correcto cultivo de unos tirabeques que le envía para mejorar su hacienda y su mesa.
Estamos en plena Primera Guerra Carlista. Pero Pilar le pide dicho manjar a través del común amigo Fernando Calpena, porque «desea de los grandes, torcidos a lo cuerno de carnero, jugosos y mantecosos, como los que le mandaron de regalo las de Álava, allá en la ominosa década, si no recuerda mal».
Galdós, en un alarde literario, permite a sus creaciones darse un descanso a partir de estos guisantes tiernos, que se comen con su vaina, tan deliciosos cuando frescos y provenientes de un buen y mimado cultivo como considera nuestro mayor novelista decimonónico.
[…]

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