miércoles, 29 de enero de 2020

Ecológico, biológico y orgánico: cómo reconocerlos

(Extraído de un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 26 de mayo de 2019)

Ecológicos
Desde el punto de vista legal, un alimento ecológico es aquel que se ajusta al reglamento europeo de 2018 sobre producción y etiquetado ecológicos. El productor solicita someterse a dicha certificación, abona las tasas, supera los controles y se gana el derecho a utilizar el sello que lo distingue como ecológico. Hilando fino, se puede decir que son alimentos ecológicos porque desarrollan todas sus etapas de crecimiento en la naturaleza y sin ayudas artificiales. La semilla debe ser ecológica (suelen estar patentadas, ser más caras que las convencionales y los productores españoles deben adquirirlas con frecuencia en el extranjero). Y debe procurarse que el agua y la tierra no estén contaminadas, así como garantizar la trazabilidad del producto desde el origen hasta el consumidor.

Biológicos
Son los que no contienen ningún componente que haya sido alterado genéticamente.

Orgánicos
No se han usado pesticidas ni fertilizantes químicos. Si además se consigue que los productores puedan sacar beneficios para mejorar la economía local, se consideran ‘sostenibles’, aunque en este caso no tienen por qué proceder exclusivamente de un cultivo ecológico.

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Las vacas son lo que comen

La leche ecológica tiene mejor sabor y más nutrientes por una razón muy sencilla. las vacas pastan, lo que además aumenta el contenido de ácidos grasos y vitaminas. Las de producción ecológica se alimentan en prados y forrajes no tratados con pesticidas y están sueltas cuando las condiciones meteorológicas lo permiten. Se respeta el llamado ‘periodo seco’ del animal, que es un plazo entre el parto y la nueva inseminación para que vuelva a dar leche. No obstante, hay que matizar que el término bio a veces se usa a la ligera, aprovechando que la norma europea considera sinónimos ‘ecológico’, ‘biológico’ y ‘orgánico’. Lo que garantiza que la producción es ecológica es el sello europeo obligatorio, la ‘eurohoja’ (estrellas en forma de hoja sobre un fondo verde).

¿Huevos ‘eco’ o de corral?

La primera gran batalla ganada por lo ecológico en los supermercados convencionales ha sido la de los huevos. La industria se ha percatado de que hay muchos consumidores que miran el código impresionado en la cáscara. El 0 indica que es un huevo de gallina ecológica, vive al aire libre, se le garantiza ocho horas de oscuridad cuando está en interior para que pueda descansar… El 1 (de gallina campera) es parecido, aunque la densidad aumenta de 6 a 9 gallinas por metro cuadrado cuando está en interior. El 2 (criada en suelo) genera cierta confusión, pues es probable que las aves pasen su vida dentro de naves divididas en pisos y sin ver la luz del sol; aunque no estarán enjauladas, como sucede en los del código 3.

Fruta de kilómetro cero
Hay fruta ecológica que viaja miles de kilómetros para llegar a nuestras mesas. bananas, kiwis, mangos, uvas, melones… Tanto convencional como bio, pues el reglamento de producción ecológica no indica nada sobre los kilómetros que recorre un producto desde su producción hasta su consumo. Y además suele ir envasada, lo que contribuye al calentamiento global. Algunos expertos critican este aspecto y opinan que la opción más coherente desde el punto de vista ecológico es la fruta de proximidad y de temporada. Mejor plátano de Canarias que banana de Centroamérica. Pasa algo similar con el vino ecológico para la exportación. Empieza a ser común transportarlo a granel y embotellarlo en destino, para reducir la huella de carbono que implica el peso del vidrio.

Carne libre de antibióticos
Hay estudios que señalan que la carne ecológica aporta más proteína y menos grasa. En la ganadería ecológica se permite a los animales el libre acceso a los pastos y no se los tiene hacinados. Tampoco se separa a las crías de sus madres ni se les cortan los cuernos ni se usan antibióticos. No obstante, conviene aclarar que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria ha desmentido que la carne convencional esté contaminada con antibióticos. «Cuando el animal se pone enfermo, se le administra antibiótico. Pero no se puede sacrificar hasta que el veterinario certifica que ha pasado el tiempo de seguridad. En la planta de procesado, al animal se le hace un test. Si da positivo, la carne se destruye y al ganadero no se le paga», afirma Gemma del Caño.

CUESTIÓN DE FERTILIZANTES
El reglamento de la agricultura ecológica prohíbe el uso de fertilizantes nitrogenados a favor del estiércol animal o materia orgánica. Esto ha generado alguna controversia, en especial con la crisis alimentaria que se desencadenó tras la detección de la bacteria E. coli en pepinos en 2011. Pero el cultivo ecológico, si se hace bien, no supone más riesgos que el convencional. Las malas prácticas son peligrosas en ambas modalidades. En la convencional, el riesgo se produce porque los alimentos pueden llevar agentes químicos al plato; en la ecológica, por la potencial contaminación de hongos o bacterias. Las autoridades sanitarias están para controlar que esto no suceda en ninguno de los casos. No obstante, lavar muy bien las verduras y hortalizas, sean bio o no, es de sentido común.

 

 

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