martes, 19 de diciembre de 2023

Zumaque: de curtidos y cocina

(Un texto de Francisco Abad Alegría en el Heraldo de Aragón del 1 de febrero de 2020)

Recuerdo los arbolillos de ramas retorcidas que alegraban el talud circular que rodeaba la Facultad de Medicina y Ciencias de mi querida Universidad de Navarra, ya hace casi medio siglo. Eran zumaques.

En la España clásica, el zumaque era de uso casi exclusivo como curtiente: era el agente curtidor más empleado por los zurradores, trabajadores de las tenerías en que se elaboraban cueros resistentes, finos y delicadas badanas, aunque su prensado y dilución en agua daba un olor tan desagradable que ya Cobarrubias (1611) afirma que «es como el de sentina de barco», originando ordenanzas de aislamiento muy estrictas. La plaza de Tenerías de Zaragoza se encuentra al lado del río y en el vértice virtual de la antigua judería cesaraugustana, donde laboraban numerosos zapateros y guarnicioneros. Me llamó la atención encontrar en la monumental ‘Historia de la economía política de Aragón’ (Asso, 1798), referencias al zumaque, lo que me hizo reflexionar sobre la secular y aún viva zona zapatera de la comarca del Aranda (Brea, Illueca). En Teruel, declinó el gremio de zurradores de tenería, de modo que hubo que importar cueros de Cataluña y al tiempo aumentó el mercado de los cordobanes de cabra de Priego de Córdoba.

La introducción del cultivo del zumaque en la España invadida se rastrea ya en el ‘Calendario de Córdoba’, del siglo X, aunque ya se daba una subespecie espontánea en nuestras tierras, como en Asia Menor y Sicilia; su cultivo como agente de curtiembre se extendió muy pronto por la Península, especialmente por terrenos de Guadalajara, Cuenca y zonas de Andalucía, y llegó a tributar como el vino y el aceite desde el siglo XV hasta finales del XVIII. Su empleo no se limitaba a las tenerías, sino que incluso se ampliaba a la tinción de tejidos, la cosmética (especialmente del cabello), la medicina y, según recientes estudios, el perfeccionamiento de algunos vinos (Jumilla) como ha sido estudiado por la doctora Zalacaín (tesis doctoral dirigida por los catedráticos y amigos Dr. Gonzalo Alonso y Dra. Rosario Salinas, en 2001). La progresiva irrupción de las tóxicas pero más baratas sales de cromo en la curtiduría ha hecho desaparecer prácticamente el cultivo de esta planta, ya marginalmente ornamental.

MEDICINA Y COLOR. Ampliando algo de lo que cita la doctora Zalacaín, se puede decir que el zumaque tenía restringido empleo en medicina, por su toxicidad, que no permitía descuidos o excesos en su dosificación. Se utilizaba como astringente en diarreas graves, infecciones rebeldes de la piel, heridas con sangrado persistente y como antidiabético, por su demostrado efecto hipoglucemiante.

La capacidad colorante de los frutos y vainas frutales del zumaque se ha empleado desde viejos tiempos con dos fines: colorear el atuendo humano y simular cromáticamente el imposible retorno juvenil. En el primer caso, es bien conocido el término de ‘cordobán’, que remite a la confección en regiones cordobesas de una forma de curtido de pieles finas de cabra tratadas con una mezcla de taninos de hojas de zumaque y de extractos tintóreos de sus capítulos florales, obteniendo un color rojizo elegante y llamativo, muy imperfectamente imitado en las pieles curtidas magrebíes teñidas con cártamo. Algunos tejidos admitían la roja tinción de los capítulos florales, tanto algodón como lana o seda, en asociación con sal y alumbre. Por fin, el extracto en caliente de los frutos del zumaque servía para ennegrecer (no enrojecer) los cabellos que ya blanqueaban, en un baño complejo de sulfato de cobre y alumbre, como atestiguan documentos cedidos por Hernando Colón, hijo del descubridor.

ZUMAQUE EN LA COCINA. Salvo en zonas de Oriente Medio, donde se emplea como mero complemento de segundo orden, con alguna excepción, el zumaque viaja desde allí, de forma casi anecdótica, a la Grecia y Roma clásicas. En el área mesopotámica se empleaban los frutos maduros, secos y pulverizados, para colorear y saborizar kebabs y platos de cereales ya hace unos 35 siglos y se generalizó, siempre como especia no dominante, en las zonas de Siria, Líbano, Iraq y Turquía con la misma forma de utilización hasta nuestros días. Difundió desde allá muy discretamente a la Grecia antigua e incluso quedó de modo casi testimonial en la Roma imperial.

Cuando llegó a la España ya invadida, lo hizo mucho más como agente de curtición que como especia; ni Ruperto de Nola (siglo XVI), ni Martínez Montiño (siglo XVII), ni Juan de la Mata (siglo XVIII) ni confiteros aragoneses del siglo XIX mencionan el empleo de zumaque en sus preparaciones.

Se dice que en la Grecia clásica los frutos inmaduros se encurtían como las alcaparras, pero no he logrado confirmar el dato ni en Ateneo. Sin embargo, en textos griegos del siglo IV a.C., como los de los comediógrafos Alexis y Antífanes, el zumaque se cita entre una veintena de especias importantes para la cocina, sin especificar su empleo.

Tampoco he encontrado en Apicio (siglo I) datos de frutos de zumaque encurtidos como alcaparras, que tampoco he conseguido hallar. Sí he encontrado dos únicas salsas para pescados que contienen zumaque, utilizadas para la morena y la anguila (libro X, apartado II) entre las 438 recetas totales del ‘De re coquinaria’, que en realidad son idénticas; está clara la irrelevancia de la especia en la cocina clásica romana. En la España musulmana ocurre lo propio, de modo que el zumaque es un complemento de segunda división. Por ejemplo, el murciano Ibn Razin allfugibi menciona de pasada un par de veces el zumaque, junto con el cardamomo, ajedrea, galanga y laurel.

Pero dos confecciones con zumaque perviven con fuerza en la tradición medio-oriental y se van introduciendo paulatinamente en las cocinas exóticas que van permeando nuestro panorama gastronómico: el ‘zaatar’ y la ‘summaqiyya’ palestina, que culturalmente son próximas a nuestros gustos.

El ‘zaatar’ se cita en escasos textos sueltos andalusíes induciendo a confusión, puesto que su base es el empleo de aromáticas labiadas como el orégano o a la ajedrea, mas la fórmula actual siria se basa en el tomillo. A veces la preparo para sazonar algunos kebabs o espolvorear tortas de pan ácimo hechas al horno, con las que acompañar un ternasco aragonés asado. Se tuesta ligeramente una parte de semillas de sésamo, añadiendo otro tanto de zumaque en polvo y tras unos segundos de calor, se incorporan tres partes de tomillo seco, se deja todo a calor suave unos segundos, se enfría y luego se muele con mortero o con un molinillo antiguo de café destinado a las especias. Debe predominar el aroma del tomillo y el color y leve acidez del zumaque matizará el conjunto.

UNA SALSA. Otra fórmula en la que el zumaque tiene relieve, aunque no protagonismo, es la ‘summaqiyya’ palestina, que se sigue confeccionando también en Siria, Líbano y Egipto. Su traducción sería ‘enzumacado’ y alude a la salsa que impregna el guiso final: un finísimo desmigado de pan leudo humedecido teñido con generosa cantidad de polvo de semillas de zumaque, que se deja reposar. Previamente, se hará un estofado de carne de cordero un poco grasa, por ejemplo tajo bajo, previamente dorado y cocido con abundantes puerros picados, sal, avellanas molidas y, finalmente, tiras de berenjena frita, de modo que quede el conjunto poco caldoso; de esta forma admitirá el salseado denso del pan con zumaque. Está cercano al ‘tharid’, antecedente de las migas.

martes, 12 de diciembre de 2023

Aromas de Navidad en las calles de Rute

 (Leído en la revista nº77 del Club Renfe, en 2022)

En esta localidad cordobesa ya están listos para endulzar las próximas fiestas. Mantecados, turrones y mazapanes son parte importante del menú navideño que elaboran con maestría.
El belén de chocolate de Rute es el más grande de los que se elaboran en España. Se utilizan más de 1.500 kilos de este dulce manjar y se dedican a distintos países del mundo. El de 2022 tenía a Italia como escenario navideño. 

Rute está en el corazón de Andalucía, en pleno Parque Natural de las Sierras Subbéticas. Forma parte del núcleo montañoso denominado Sierra de Rute y Horconera; y cuenta en sus alrededores con parajes de una gran belleza paisajística, que la convierten en zona para amantes de las aventuras en la naturaleza. Hay para todos los gustos: en bicicleta, en parapente o andando; escalando agrestes picos o descendiendo a las entrañas de la tierra. Y arropando a estos paisajes, un mar de olivos, que son palabras mayores en la provincia de Córdoba. 

Aquí vamos a hablar de la Navidad de Rute, que puede ser la Navidad más dulce que uno se pueda encontrar. A su rica gastronomía local, con ese remojón de naranja y bacalao o el pizporrete, que entusiasman a quien los prueba, o las sabrosas chacinas, sin olvidar los populares flamenquines, hay que añadir su tradicional dedicación a la repostería. Los dulces imprescindibles en cualquier mesa navideña.
Museos con sabor En este pueblo, que fue declarado municipio turístico desde 2020, se vive la repostería en plenitud. Roscos fritos, pestiños, piononos, hojaldres, mantecados y turrones. Alegría para los paladares más golosos. El viajero que se deje caer por sus calles descubrirá que en Rute existen, además de la industria repostera, museos consagrados a sus dulces más típicos. Lugares dedicados a enseñar cómo se hace los productos que hacen famosa la Navidad de Rute. 
 
La excursión gastrocultural puede empezar en el Museo Artesanal del Turrón, Mantecado y Mazapán, donde se ve cómo ha evolucionado la elaboración de estos productos. Viejos utensilios conviven con la más moderna maquinaria, pero aunque hayan pasado muchos años, más de 50 en el caso de la empresa Productos Garrido, la meticulosidad, el cariño y el esmero son los mejores ingredientes emocionales para tratar materias primas tan sutiles. 
 
Otra visita obligada es el belén de chocolate más grande de España. Lo construyen a base de chocolate en Galleros Artesanos, empresa familiar dedicada desde hace más de 90 años a la elaboración de dulces. En él se recrean calles, templos, personajes y escenas relacionadas con el nacimiento de Jesús, pero ubicadas en distintas localizaciones, por ejemplo, Italia y sus símbolos arquitectónicos más conocidos turística mente. Los siete maestros pasteleros que lo construyen cada Navidad utilizan más de 1.500 kilos de chocolate. Se tarda cuatro meses en levantarlo sobre una superficie superior a los 50 metros cuadrados. 
 
Una de las materias primas fundamentales para elaborar tan dulces manjares, el azúcar, también cuenta con museo propio, como no podía ser menos. La empresa de mantecados La Flor de Rute ha consagrado un espacio expositivo al ingrediente que da sentido a toda la industria de dulces ruteña. La exposición Andalucía en azúcar permite descubrir dulcemente cómo son los monumentos más importantes de las provincias andaluzas cuyo 'hormigón' es el azúcar. Lo completan figuras de personajes famosos o cuadros tan conocidos como Las Meninas o el Guernica.

Un brindis muy dulce 

Una copita de anís marida a la perfección con estos bocados. Los anisados y licores locales son clásicos acompañamientos de los dulces. El anís es la bebida típica de la villa. Cuenta con monumento propio desde 1995: un viejo alambique representa toda la tradición de los ruteños en la elaboración de este licor. Y, además, en el Museo del Anís, el viajero se adentrará en el mundo de las destilerías. Hay salas dedicadas a los alambiques de cobre con los que se elaboran los licores; otra consagrada a la maceración de frutas, hierbas y semillas; la comercialización también tiene su sitio y se finaliza en la sala de degustación donde se descubren esos mágicos sabores a canela, hierbaluisa... Solo falta brindar. Chinchín y felices fiestas.
Más información: www.cordobaturismo.es 

www.turismodelasubbetica.es/rute

 

martes, 5 de diciembre de 2023

Broth vs. Stock: What's the Difference?

(An article by Stacy Conradt

If you’ve been using the words stock and broth pretty much interchangeably when you're cooking, you're technically wrong. But you're not alone.

Both of the flavorful liquids are made from water simmered with meat and vegetables for flavor. The main difference, according to both the Food Network and The Kitchn, is that stock is typically simmered with chicken or beef bones, because the gelatin within makes for a thicker, more flavorful liquid. By that definition, "vegetable stock" is a misnomer, though the phrase is not uncommon. That's because most people use stock and broth interchangeably—including many chefs. Still, you can absolutely substitute one for the other with little consequence.

If you're a stickler for accuracy, however, you should also consider whether the liquid has added flavorings. While stock is generally left unflavored to serve as a neutral base, broth is usually made with herbs and spices, including salt and pepper.

By the way, if making your own broth or stock is too much work for your liking, use Julia Child's shortcut: Simmer the contents of a store-bought can for 15 to 20 minutes, along with a handful of minced carrots, onions, and celery. Throw in some dry white wine or dry white French vermouth and call it a day.

martes, 28 de noviembre de 2023

La Sosenga

(Un texto de Mikel Iturriaga en El País del 10 de octubre de 2023)
 
El turismo masivo ha llenado de establecimientos sin alma el Barrio Gótico de Barcelona. Pero hay esperanza: un pequeño restaurante con nombre de guiso medieval reivindica la tradición local para locales.

El 'Llibre de Sent Soví' es el recetario más antiguo escrito en catalán. Data de 1324, e incluye la receta en varias versiones de la sosenga, un guisote muy del gusto medieval en el que la carne se acompaña de una salsa o sofrito especiado. 800 años después, el plato da nombre a uno de los restaurantes más interesantes de Barcelona, tanto por su cocina como por su emplazamiento.

La Sosenga es un oasis en mitad del Barrio Gótico, una zona en la que los establecimientos con personalidad han ido desapareciendo a medida que el turismo masivo tomaba el centro de la ciudad. Sus dueños, Marc Pérez y Tania Doblas ofrecen comida catalana tradicional con toques de autor, hecha por locales para locales, con un menú del día imbatible a 19,50 euros. Si quieres conocer su historia, ver algunas de las maravillas que cocinan y aprender cómo se hace la legendaria sosenga, no tienes más que mirar el vídeo de arriba.

Sosenga de carrilleras del restaurante La Sosenga

Tiempo: 180 minutos

Ingredientes

Para 4 personas

  • 2 carrilleras de ternera limpias
  • 60 g de sofrito de cebolla y ajo
  • 15 g de miel
  • Tres ramas de tomillo seco
  • 1 de cucharada de perejil
  • 1 cucharada de mejorana
  • 10 g de manteca de cerdo
  • 1 rama de canela
  • 6 clavos de olor
  • Aceite de oliva
  • Pimienta negra
  • Sal
  • 1 naranja grande o 2 pequeñas
  • Hinojo en polvo (opcional)

Picada

  • 60 g de hígado de ternera
  • 15 g de pan
  • Una cucharada de vinagre

Instrucciones

1. Poner las carrilleras en una bandeja que se pueda meter al horno. Salpimentarlas generosamente. Añadir la rama de canela troceada, el clavo y la manteca derretida y frotarlas para que se impregnen de los sabores.
2. Hornear a 200 grados 15 minutos. Dar la vuelta a las carrilleras y hornear cinco minutos más.
3. Mientras las carrilleras se doran en el horno, calentar un buen chorro de aceite en una cazuela a fuego bajo. Añadir el sofrito de cebolla y ajo, el perejil picado, la mejorana y las ramas de tomillo y rehogar suavemente.
4. Sacar las carrilleras del horno y ponerlas en la cazuela. Desechar los trozos de canela y el clavo y desglasar la bandeja con un poco de agua. Añadirla a la cazuela.
5. Incorporar la miel a la cazuela y cocinar un par de minutos.
6. Cubrir con agua y cocer a fuego muy suave dos horas, tapado con papel de horno con un agujero en medio (ver vídeo).
7. Preparar la picada triturando el pan, el hígado y el vinagre.
8. Quitar el papel de horno de la cazuela y añadir la picada. Remover, volver a poner el papel y cocinar hora y media más a fuego muy suave. Dejar reposar.
9. Calentar el guiso y triturar la salsa.
10. Servir acompañado de gajos de naranja pelada a lo vivo, aliñada con unas escamas de sal y un poco de aceite de oliva. La carne se puede aderezar con un poco de hinojo en polvo.

martes, 21 de noviembre de 2023

San Juan

(La columna de Benjamín Lana en el XLSemanal del 20 de junio de 2021)

Las sardinas nadan en estos días ágiles como aviones de caza. Ya huelen a San Juan, a noches cortísimas con ruido de cerqueros que se vienen a por la plata de sus lomos brillantes. Como dicen en Galicia, «Polo San Xoan, a sardiña pinga no pan» ('Por San Juan, la sardina gotea sobre el pan'). Desde la Costa de la Muerte hasta Cadaqués se preparan los fastos para celebrar la victoria sobre la noche, la arribada de los frutos de la primavera en los campos y también en el mar. Aguas tibias y el anuncio de los pelágicos que se dirigen a nuestras costas como los turistas hasta hace dos veranos. Cocas catalanas, albóndigas y menjar blanc en Baleares; vino hervido en Andorra; la cazuela de San Juan, a base de calabaza, en Granada, y así, por diez o veinte líneas, por diez o veinte pueblos, otras tantas delicias. Y las sardinas… por doquier. Tanto tiempo populares y ya casi nobles, elevadas a los altares primero por Pla con las letras, y por Nacho Manzano con la exaltación de la fina capa de grasa junto a la piel iridiscente, por personalizar, digo. Llega el tiempo en que la brasa domina, exalta y limpia. Fuego redentor nuestro, el retorno a la primera técnica de cocina, al sabor atávico del humo y la leña que nos retrotrae milenios y que al tiempo es pura vanguardia. Arriban las noches sin techos con el orbe por montera, como debió ser por siglos, protegidos por las llamas y los cantos de nuestras voces, amortiguados por los árboles o la arena. Ya se anuncia el tiempo de la abundancia. Ojalá también, pronto, el del fin de las mascarillas y la vuelta de los abrazos y los besos.

martes, 14 de noviembre de 2023

Castañas

(Un texto de Mariano Millán en el Heraldo de Aragón del 22 de octubre de 2022)

Su «versatilidad» las lleva a recetas dulces y saladas, aunque también se pueden comer asadas, como las venden las castañeras.

[…]

Algunas calles del centro de las ciudades aragonesas ya huelen a castañas. Con mimo las hacen bailar en la reja sobre el carbón. «Este año ha hecho más calor y se han vendido menos que en tiempos, cuando tenía fila», comenta Maricarmen, una castañera del paseo de la Independencia de la capital aragonesa. «Pero el género es muy bueno», asegura, en su caso proceden del norte del país, como comprueba en la bolsa.

«Las gallegas son las más famosas porque la fina piel se quita mejor que en las extremeñas», apuntan en el puesto del mercado. Precisamente, Correos ha establecido una campaña especial para el envío de castañas desde Galicia al resto de la península que se añade al servicio de los carteros rurales que recogen los paquetes en las aldeas y los trasladan a las oficinas de cabecera.

En esta lonja zaragozana las venden para cocer en anís o para asar. En las tiendas de menaje también han apreciado un aumento de la demanda de sartenes castañeras para asar en los últimos días.

«Es un goteo constante, tanto que hemos tenido que pedir otra vez. Vendemos en torno a tres al día», apunta José Tomás Villalba, de Genevieve Lethu de la calle de Mariano Lagasca de Zaragoza, mientras muestra el utensilio con agujeros en la base que sirve para todo tipo de fuegos. Junto a ellas también ofrecen cortacastañas para abrirlas.

[…]

EL LADO MÁS DULCE. En el obrador de Ascaso hace días que se trabaja con castañas, en su caso procedentes de Galicia o del Bierzo, pero también de Italia. Destacan su sabor, «que tiene muchísimos matices según cómo se trata», y su «versatilidad». Aunque es un ingrediente que han utilizado esporádicamente en algunos postres son el alma del marron glasé y de las castañas del Pirineo.

«Para el marron glasé tiene que ser una castaña de muy buena calidad, que se trata desde que está en el árbol para que no tenga nervios, además, se buscan con un calibre determinado y deben estar enteras», explica Sura Ascaso, de la pastelería oscense con tienda en varias Ciudades. Entonces comienza un proceso «complejo, largo y con mucha delicadeza».

El primer paso es pelarlas, para lo que se cuecen en agua. «Después se ponen en una muselina de dos en dos, lo que se llama cocido en tul, es entonces cuando se confitan durante siete días en un jarabe azúcar, glucosa y vainilla en rama de Madagascar», continúa Sura, cuarta generación de la familia. «El tul hace que no se rompan y no sepan mucho a azúcar, de tal forma que se mantiene un sabor a castaña más auténtico», determina. Se separan del tul, se escurren en unas rejas y se glasean, una fase que también es muy precisa para lograr una fina película. El colofón es un toque de horno. «En total pueden ser como unos 12 días, de trabajo», calcula Ascaso, que indica que su marron glasé es un producto muy demandado en algunos puntos de España que envían o  en su comercio de Madrid, donde algunos clientes acuden exprofeso a comprarlas.

Otro formato en dulce son las castañas del Pirineo. «Es un bombón de crema y pasta de este fruto que se macera con ron, se le da la forma manualmente y se baña en chocolate del 61%», las describen desde Ascaso, que con su presentación las han transformado de producto de autoconsumo a objeto de regalo.

Dependerá de la receta que se elabore, pero «la castaña es uno de los frutos secos de menor contenido calórico, y ello la convierte en un alimento ideal para apaciguar el hambre en los días frescos de otoño», recomienda el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Ya lo predica la castañera Maricarmen: «Y lo mejor de todo .es que no engordan».

Notas:

Para asarlas, se rajan con una navaja 9 con un cortacastañas y se llevan al fuego. En el mercado se pueden encontrar sartenes castañeras por 12 euros.

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