(Un texto de Beatriz Guillén y Javier Yanes en bbvaopenmind.com publicado el 2 de septiembre de 2022)
Bayas que pueden protegernos del
cáncer, frutos que previenen enfermedades cardiovasculares o
semillas con las que combatir la depresión. Las propiedades y
los supuestos beneficios de los popularmente conocidos como
“superalimentos” son tales que cada cierto tiempo nos llega, a
menudo desde países exóticos algún nuevo alimento capaz de
quitarnos kilos sin hacer ejercicio, reducir el colesterol o
cualquier otro beneficio casi milagroso.
Pero ¿cuánto hay de cierto en
estas proclamas? Para empezar, conviene dejar claro, en palabras
de la
profesora de nutrición de la Universidad de Nueva York Marion
Nestle, que
“superalimento” es un “concepto publicitario”, un “término sin
sentido nutricional”. No se emplea en la ciencia nutricional ni
en los estudios científicos, y no debe tomarse sino como lo que
es, un gancho comercial. Por ello en 2007 la Unión
Europea prohibió su uso en los envases, a no ser que se refiera a alguna
propiedad específica fundamentada en estudios científicos de
calidad. En EEUU no hay una regulación específica, por lo que el
término puede usarse libremente. Repasamos en esta
lista algunos de los “superalimentos” más populares.
Quinoa
La quinoa (Chenopodium quinoa) es uno de los grandes alimentos de
moda, gracias a su promoción por parte de algunas celebrities. Este pseudocereal de origen andino,
sin gluten, rico en proteína, fibra, vitaminas, folato,
minerales y aminoácidos esenciales, se ha extendido como
alimento recomendado para reducir el colesterol y
ayudar a la pérdida de peso.
Las semillas suelen cocerse y para su comercialización se les
retira la saponina de su cubierta, un
compuesto amargo con posible toxicidad. Los valores nutricionales de la
quinoa están bien reconocidos, y existen evidencias que apoyan
sus beneficios en el metabolismo de las grasas. Algunos estudios sugieren también mejoras en el
riesgo cardiovascular.
Sin embargo y como explica Julio
Basulto, dietista y nutricionista, autor de seis libros sobre
dietas y alimentos saludables, “la quinoa es una
alimento saludable, pero no sanador”. “Tiene las propiedades de los
cereales integrales, por lo que es mucho más sano desayunar
quinoa que pan blanco, pero de ahí a que tenga propiedades
terapéuticas, hay un mundo”. Así, a pesar de que la quinoa no
tenga de por sí propiedades milagrosas, sí es muy saludable como
semilla integral.
“Está comprobado que el consumo de cereales integrales a largo
plazo influye en la disminución de las tasas de mortalidad”,
asegura este experto. Pese a todo, los beneficios
cardiovasculares de los cereales integrales no
han encontrado un apoyo unánime en los estudios científicos.
Bayas de goji
La popularidad del fruto de
ciertas plantas asiáticas del género Lycium —que no proceden del Himalaya, como a
veces se cree, sino del norte de China— nos llega desde la medicina
tradicional china, que le
atribuye propiedades de estimular la libido, fortalecer el
sistema inmunológico y proteger contra el cáncer y enfermedades
cardiovasculares. Todas estas presuntas cualidades han hecho de
estas bayas un alimento muy demandado en occidente, donde se ha
disparado su precio.
Sin embargo, y aunque algunos
estudios han encontrado posibles beneficios del fruto, sus extractos o sus
polisacáridos, otros han aportado resultados
inconsistentes o contradictorios, y por ello se considera que las supuestas cualidades de estas
bayas aún están por confirmar, si es que existen.
Según Basulto y al igual que en
el caso de la quinoa, las bayas de goji se pueden consideran
como un alimento saludable, pero sin capacidades terapéuticas:
“Es una fruta desecada, a la que se le ha extraído el agua y,
por tanto, ha ganado en nutrientes. Por lo que, en general, tiene
propiedades que son buenas para la salud, pero no curativas”.
Arándanos
Los arándanos son recomendados
como superalimento por su capacidad para reducir el
riesgo de enfermedades cardiovasculares, un efecto que ha sido validado por algunos estudios
que han encontrado
una relación entre el consumo de estos frutos y una disminución
de las tasas de infarto de miocardio. Las revisiones de los
datos clínicos disponibles indican que el consumo de arándanos puede ser
beneficioso para las personas hipertensas y mejorar
algunos parámetros del riesgo cardiovascular, pero se considera que las
pruebas no son muy consistentes.
Estos posibles beneficios se
atribuyen a unos compuestos llamados antocianinas, un tipo de flavonoide. Son pigmentos
oscuros que se encuentran en altos niveles en arándanos,
fresas, frambuesas y otros frutos rojos, y que tienen acción
antioxidante in vitro. Sin embargo, solo
una proporción muy pequeña de estos compuestos entra en la
corriente sanguínea,
según Gordon McDougall, del Instituto de investigación
científica James Hutton. Por ello se desconoce si las
antocianinas realmente poseen un efecto antioxidante en el
organismo; según
la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, no hay evidencias de una acción
beneficiosa en este sentido ni de que los alimentos ricos en
antocianinas tengan propiedades contra el envejecimiento o
el cáncer.
Semillas de Chía
La chía (Salvia hispanica) es una planta de origen mexicano
cuyas semillas han sido consumidas desde antiguo por los pueblos
de Mesoamérica. En tiempos recientes se ha extendido como
alimento novedoso por su contenido nutricional que incluye
ácidos grasos insaturados omega-3, lo que apunta a posibles
beneficios cardiovasculares e incluso contra
la depresión.
Las semillas de chía contienen 17
gramos de omega-3 por cada 100 gramos, una
proporción mucho mayor que la del salmón, que aporta 2,2 gramos. Sin embargo,
entran en juego varios factores: estas semillas son
un complemento alimenticio,
por lo que raramente se toman 100 gramos, y además el tipo de
omega-3 que contienen debe
convertirse en el organismo humano a otra forma, lo que ocurre con una baja
eficiencia.
Debe tenerse en cuenta que, si
bien los omega-3 son esenciales para un correcto metabolismo y
solo podemos obtenerlos de la dieta, una alimentación sana y
equilibrada debería proporcionar las cantidades necesarias. A
pesar de la popularidad de los suplementos de omega-3, lo cierto
es que no existen datos concluyentes sobre los beneficios
cardiovasculares de estos aportes. Revisiones recientes de
multitud de ensayos clínicos no
han mostrado grandes efectos o no
han encontrado ninguno. A ello se suman los aún inciertos
beneficios de la propia chía. Por todo ello, dice Basulto: “No
encuentro razones para recomendarlas. Enteras no se digieren
bien y no se suele aprovechar prácticamente ninguno de sus
componentes; y trituradas no aportan nada que no podamos obtener
de otro alimento más barato y sabroso, como avellanas o nueces”.
Chocolate amargo
El beneficio potencial del
chocolate se relaciona con los flavonoides, unos compuestos hallados en el cacao
con acción antioxidante y presuntos beneficios cardiovasculares.
Sin embargo, al igual que lo dicho para las antocianinas del
arándano, los flavonoides se absorben poco en el cuerpo humano y
su efecto antioxidante en el organismo se considera ínfimo. Los
posibles beneficios de estos compuestos no
se consideran probados.
“No está probado en ningún
estudio de calidad que tomar chocolate suponga grandes
beneficios. Y, en cambio, sí está demostrada su alta densidad
energética y que es un alimento cariogénico”, expone Basulto.
Así, además de la tendencia a producir caries, el chocolate
contiene grandes cantidades de azúcar y grasas, en
una población con crecientes problemas de obesidad.
Kale
El kale es tal vez una de las
últimas incorporaciones a las listas populares de los
superalimentos. Esta hortaliza, originaria del Mediterráneo
oriental y la península de Anatolia, pertenece a la misma
especie (Brassica
oleracea) que el
repollo, la coliflor, el brócoli o las coles de Bruselas; es
decir, es una variedad de col. Sin embargo su novedad, los blogs
de las celebrities y algunos restaurantes con estrellas
Michelín lo
convirtieron hace años en alimento de moda sustituyendo a
otras verduras: la
revista Bon Appétit declaró 2012 el año del kale, y el 2
de octubre de 2013 se lanzó en EEUU el Día Nacional del Kale.
Sin embargo y a pesar de los años transcurridos desde que nació
la moda del kale, no se le han probado beneficios superiores a
los de otras variedades de col, consideradas todas ellas
alimentos saludables. Una
revisión de las evidencias científicas disponibles encontró que la composición
nutricional del kale es similar a la de otras coles. “Las
crucíferas pueden proporcionar una variedad de compuestos con
beneficios para la salud, pero es difícil concluir en este punto
que una es más sana que otra”, escribían los autores. “No está
claro por qué se declara al kale superior en comparación con
otras crucíferas”, añadían, sugiriendo que quizá esto no se deba
a sus propiedades reales, sino a “algún otro factor”.
Una moda sin respaldo científico
De todo lo dicho se intuye que el
principal problema con estos alimentos es la dificultad de
controlar el efecto que sus componentes tienen en el cuerpo
humano. Es posible analizar cómo actúan por separado, pero como
parte de una dieta surgen numerosas variables de confusión que
impiden extraer conclusiones claras. Esta es una de la razones
por las que, cuando los estudios científicos analizan los
presuntos superpoderes de estos alimentos, en general las pruebas no suelen ser
muy contundentes.
De esta forma, a pesar de que los
personajes famosos, la publicidad mediática y la moda de las
dietas milagro hayan contribuido a popularizar los beneficios de
los superalimentos, estos siguen
sin tener un respaldo científico sólido, más allá de sus cualidades
generales como alimentos saludables frente a otros que no lo son. Pero
frente a estos alimentos de moda suelen existir otros que tienen
composiciones similares de nutrientes y que no reciben tanta
publicidad, quizá porque no resultan tan novedosos; por ejemplo,
el arándano rojo o la fresa frente al arándano, los cereales
integrales frente a la quinoa, las nueces frente a la chía o las
coles de Bruselas frente al kale.
Uno de los problemas añadidos,
según advierten los expertos, es que la confianza en estos
alimentos, entendidos muchas veces como milagrosos, puede llevar
a desatender el estilo de vida. “Uno puede pensar: no hace falta
que haga deporte, o no hace falta que beba menos alcohol, porque
ya tomo quinoa, arándanos, semillas de chía o cualquier otro
superalimento. Esto es un gran y peligroso error”, advierte
Basulto.