martes, 20 de octubre de 2026

El pato, una carne muy versátil

(Un texto de J.L. Solanilla en el Heraldo de Aragón del 8 de may de 2021)

Los buenos comedores de pato suelen decir que con esta ave ocurre como con el cerdo, que es un animal del que se aprovecha todo. Hasta jamón de pato se puede elaborar, siguiendo el símil con el gorrino, sazonando y secando las pechugas del pato, también conocidas como magret.

Sin embargo, el consumo de pato, más allá de productos considerados ‘delicatessen’, como el foie o el confit, ha ido en descenso en los últimos años. Una de las causas podría ser la consideración de que la carne del pato lleva mucha grasa, algo que no tiene muy buena prensa por su repercusión en el peso y en la salud de los consumidores.

En las tiendas especializadas en las carnes de ave, de hecho, en las que en tiempos pasados siempre existía la posibilidad de incluir alguna pechuga o muslo de pato en la compra diaria, ahora no lo suelen tener si no es por encargo, como hemos podido comprobar esta misma semana en varias pollerías del Mercado Central de Zaragoza. Hay que solicitarlo con unos días de antelación y lo traen recién sacrificado, procedente de alguna explotación de la comunidad autónoma, con lo que la frescura de la carne está más que garantizada. El peso de las piezas también puede ser muy variable, a gusto del consumidor: desde unos dos kilos hasta el doble o el triple, pues los patos grandes son muy demandados por los compradores procedentes de Latinoamérica, en algunos de cuyos países sí está más arraigada la cocina en torno al pato. En estos momentos, el precio de venta al público de la carne de pato está alrededor de los nueve euros por kilo.

Cuando sí suele haber algún pato disponible en el mostrador es para las Navidades, pues siempre hay familias que optan por esta ánade para alguno de los ágapes importantes de esas fechas tan señaladas. En esas comidas, se suele preparar, sobre todo, asado entero al horno, flambeado o a la naranja, una de las recetas más conocidas de la cocina francesa.

El pato se caracteriza por tener la carne de la pechuga oscura y sabrosa debido a sus abundantes fibras musculares rojas ricas en mioglobina, lo que le permite volar cientos de kilómetros con pocas paradas en una misma jornada.

Su carne es rica en proteínas, además de ser buena fuente de vitaminas como la tiamina, la niacina, la riboflavina y la vitamina B12, y minerales como el hierro, fósforo y cinc.  

Las razas de pato más comunes en China, en Europa y Estados Unidos descienden del ánade real de cabeza verde, ‘Anas platyrhynchos’, un ave migratoria acuática cuyo cuerpo está formado por grasa hasta en un tercio de su masa, lo que le sirve de combustible y de aislamiento bajo la piel. Por estas latitudes, los patos se suelen consumir cuando tienen entre seis y 16 semanas de vida.

Una preparación que tiene mucho prestigio en la alta cocina es el confit de pato, que se practica mucho en el sudoeste de Francia y que se puso de moda en el siglo XIX, más o menos a la par que el foie gras.  

En la aplicación moderna de esta técnica culinaria se mantienen las prácticas de inmersión, impregnación y preparación lenta, aunque la finalidad de conservación en el tiempo es menos usual. En cualquier caso, es una de las mejores técnicas para prepararlo, ya que dejándolo un par de días o más en esta solución, las fibras de la carne se separan y se hacen más tiernas.

Tanto la carne del pato como el foie también se dejan ver menos ahora en los restaurantes que hace unos años, en que no había menú del día que no incluyera algún plato con la consabida presencia del foie, aunque la calidad de este era muy variable, en función del precio de los platos.

Da fe de ello el experimentado chef del restaurante zaragozano El Chalet, Ángel Conde, en donde siempre hay alguna propuesta con este producto. No obstante, reconoce que ahora la clientela no lo pide tanto como antes, aunque siempre hay comensales que optan por el arroz de temporada, que ahora lleva setas de primavera y pato.

Otra forma de sacarle mucho rendimiento a esta carne es acompañarla de frutas, especialmente de cítricos, como la naranja, que solapan la presencia de la grasa y resaltan el sabor del pato. Hay otras que también combinan a la perfección con la carne del pato, como las distintas variedades de manzanas, las peras y las ciruelas. Una salsa agridulce también es una opción muy recomendable, en lo que sería un guiño a la cocina asiática, en donde el pato tiene un papel estelar. Bien conocido es el plato del pato laqueado pekinés, que se asa en compañía de una salsa dulce y muy especiada, que es la que le dará la reluciente presencia que luce en la mesa y la textura crujiente característica.

Arroz meloso de pato y setas de primavera

Recetas ofrecidas por Ángel Conde, chef del restaurante El Chalet, de Zaragoza (Santa Teresa de Jesús, 25).

Ingredientes: Un magret de pato, 100 gramos de setas y hongos de temporada, tomate seco o pimiento del piquillo, 250 gramos de arroz bomba, 40 gramos de queso curado, caldo de ave, jugo de pato, sal y pimienta, aceite de oliva virgen extra.

Elaboración:

  1. Hacer unas incisiones en la parte de la grasa del magret, salpimentar y marcar hasta dorar por este lado, a la plancha o en una sartén antiadherente. Dar la vuelta y dejar un par de minutos más. Retirar y reservar.
  2. Para el jugo de pato, tostar huesos de pato al horno con bresa de verduras, mojar con vino blanco, reducir y añadir agua. Cocer una hora aproximadamente. Colar.
  3. En una cazuela, preparar un sofrito con aceite de oliva, ajo y cebolla finamente picados, rehogar unos minutos. Agregar el tomate picado o el piquillo en su lugar, las setas y los hongos (ya limpios) cortados a dados. Por último, incorporar el arroz previamente cocido unos diez minutos en caldo de ave. 
  4. Mojar con el jugo de pato preparado y cocer entre tres y cuatro minutos más. 
  5. Sacar cuatro filetes del magret y el resto cortarlo a dados. Añadir al arroz cuando esté fuera del fuego junto con el queso a dados pequeños, para que se calienten ligeramente. 
  6. Dar una pincelada en el fondo del plato, con una reducción de jugo de pato y encima servir el arroz dándole forma con un aro. Guarnecer con la lámina de magret reservada.

Alcachofas, pato marinado, curry y naranja

Ingredientes: un kilogramo de alcachofas, un magret de pato, sal gorda, azúcar, naranja y limón, hierbas aromáticas, una yema de huevo, 1,5 decilitros de nata líquida, el zumo de media naranja, aceite de oliva virgen extra, dos decilitros de salsa o jugo de pato ligado, una rebanada de pan de molde, curry y frambuesas liofilizadas.

Elaboración:

  1. Hacer una mezcla con sal gorda, azúcar, piel de naranja, limón y hierbas aromáticas.
  2.  Marcar hasta dorar el pato por el lado de la grasa. Enfriar.
  3. Cubrir con la mezcla de sal anterior y mantener así un par de días. Sacar, lavar y secar.
  4.  Limpiar y cocer las alcachofas a la manera tradicional. 
  5. Escurrir y cortar a cuartos. Pasar por harina o Maizena y freír en aceite. Reservar. 
  6. Preparar una salsa al calor, con la yema de huevo, el zumo de media naranja y la nata líquida, batiendo hasta que espese. 
  7. Cortar el pato a láminas muy finas, disponerlas en el fondo de un plato y calentar ligeramente. Salsear con una cucharada de jugo ligado de pato caliente. Colocar las alcachofas por encima y añadir, por último, la crema de naranja. Guarnecer con dados de pan fritos con curry y frambuesa liofilizada.

 

 

viernes, 16 de octubre de 2026

¿Son realmente belgas las coles de Bruselas?

 (Un texto de Yolanda Galiana publicado el 14 de octubre de 2026 en bonviveur.com)

Las coles de Bruselas son las eternas olvidadas —e injustamente odiadas—, pero hoy te vamos a descubrir sus beneficios, un poco de su historia y, para rematar, te traeremos recetas para cocinarlas de forma deliciosa, ¡no se podrán resistir ni los más pequeños! Pero no adelantemos acontecimientos: lo primero es lo primero.

¿Qué son? Las coles de Bruselas, de color verde y pequeño tamaño en forma de repollo, son hortalizas pertenecientes a la misma familia botánica que la coliflor, el repollo o el brócoli, o sea, las crucíferas. De entre todas ellas, las que nos ocupan constituyen una de las más ricas fuentes de vitamina C; además, tienen potasio y su contenido en fibra favorece la sensación de saciedad. Asimismo, aunque el mejor momento para consumirlas frescas es de otoño hasta bien entrada la primavera, es posible encontrarlas congeladas durante todo el año. ¡No hay excusa para no disfrutar de ellas!

¿De dónde proceden realmente las coles de Bruselas?

Una de las cosas que más llaman la atención de las coles de Bruselas es su nombre, que nos lleva a cuestionarnos: ¿son realmente belgas? Sí, pero con varios matices acerca de su origen. Y es que aunque hay registros de su posible nacimiento en otros lugares como el norte de Francia o Italia (muchos historiadores defienden que en la época romana ya se cultivaba este vegetal), fue en la actual Bélgica, sobre el año 1200 —concretamente en la zona de Flandes, cerca de Bruselas—donde realmente se desarrollaron tal y como las conocemos hoy en día.

¿Y por qué fue esta región donde esta hortaliza echó raíces tan bien? Fue por su clima; al tratarse de una verdura muy resistente al frío intenso y a las heladas, podía cultivarse allí sin problemas. De hecho, este frío intenso es justamente el secreto del éxito de las coles de Bruselas: la exposición a las bajas temperaturas provoca que parte de sus almidones se conviertan en azúcares para evitar congelarse, lo que da como resultado unas coles menos amargas y más dulces. Curioso, ¿verdad?

Choux de Bruxelles, un nombre muy francés

En cuanto a su nombre, se lo debemos a los franceses. Para entender por qué, nos tenemos que trasladar a la Europa del siglo XVI, cuando en Bélgica comenzaron a cultivarse de forma extensiva estos vegetales; a finales de ese mismo siglo, su cultivo se expandió a otros climas fríos del norte europeo. Su éxito fue creciendo y, en el siglo XVIII, Francia las acuñó como «Choux de Bruxelles» (coles de Bruselas) al introducirlas en sus colonias de Luisiana, siguiendo con la tradición francesa de bautizar los productos según su lugar de origen. El resto es historia. 

martes, 13 de octubre de 2026

Un camino de sabor aragonés

(Un texto de Mariano Millán publicado en el Heraldo de Aragón del 11 de octubre de 2025)

La Ofrenda de Frutos es uno de los principales actos de las Fiestas del Pilar de Zaragoza, más antiguo que la de Flores. En la mañana del lunes, el espectador podrá disfrutar del rico patrimonio alimentario que ofrece la tierra aragonesa.»

Las enaguas ya están planchadas y las camisas, almidonadas. Son días de ofrendas en Zaragoza. Ordenada, elegante y solidaria, la de Frutos será el acto central de la mañana del lunes. Desde la plaza de Santa Engracia saldrá el recorrido que terminará a los pies de la Virgen del Pilar, en la Santa Capilla. Y de allí, los alimentos se cargarán en las furgonetas del Refugio que los distribuirán por diferentes entidades. Es un camino de solidaridad, pero también un desfile de la fidelidad por el traje regional y. sobre todo, una exaltación del producto aragonés.

El verde abunda, como el de esa reina de la huerta zaragozana que se llama borraja, que está presente en muchas de las cestas. También hay ristras de ajos, varas con embutidos colgados, cestos con lustrosos melocotones de Calanda o ristras de ajos. Es un repaso por la rica despensa aragonesa.

Pueblos de todo Aragón y casas regionales de diferentes puntos de España participan en este acto. Por segundo año consecutivo saldrá Aragón Alimentos, «con su sabor de verdad». La perciben como un homenaje a todos los productores que contribuyen al desarrollo económico, social y cultural». «Es también una manera de acercar el mundo rural al corazón de la ciudad, recordando que detrás de cada producto hay una historia de esfuerzo, calidad y compromiso con Aragón», señalan desde el departamento de Agricultura, Ganadería y Alimentación del ejecutivo aragonés. En su ofrenda llevarán hasta los pies de la Virgen del Pilar alimentos que representan «la diversidad y la excelencia». Como han explicado, portarán Jamón de Teruel D. O. P., vinos de las denominaciones de origen Cariñena, Calatayud, Somontano y Campo de Borja, además de la cava. También quesos artesanos, aceites de la D. O. P. del Bajo Aragón, Sierra del Moncayo y Somontano. En las canastillas también habrá pan, miel, frutas, hortalizas y dulces tradicionales, como la Trenza de Almudévar. 

Una ola de aplausos se desata en el paseo de la Independencia cuando se incorpora a la ofrenda la D. O. P. Cebolla Fuentes de Ebro. Desde hace más de una década llevan una Virgen del Pilar con un manto de cebollas, objeto de fotografías y rostros de sorpresa. «En total donamos a la ofrenda más de 700 kilos, entre el manto y las canastillas», señala Jorge Juan Molina, secretario de esta denominación de origen protegida. «Para nosotros es un día muy especial, porque los agricultores y otros profesionales del sector llevamos nuestro trabajo de todo el año a la Virgen del Pilar», confiesa Molina, quien también participa en este acto. Otro ejemplo es el Mercado Central de la capital aragonesa, que participa con una gran cesta de fruta y verdura y, además, llevan un camión lleno al Refugio.

¿Cuándo surgió esta ofrenda? Se estima que los orígenes se sitúan en 1949, cuando se denominó «Ofrenda de Frutos de la Tierra a la Virgen del Pilar» y participaban las reinas y damas de las fiestas. En la primera se ofrecieron melocotones, higos de Fraga, uva, peras y manzanas. Años des- pués, se presentó como novedad, un «precioso recental», según relataron las crónicas. Y como curiosidad, los primeros años se celebró el día 12, después se mudó a la tarde de la víspera del Día del Pilar y en los 90 se fijó en la mañana del 13, como en la actualidad. 

viernes, 9 de octubre de 2026

Aragón, en la maleta del turista

(Un texto de Mariano Millán publicado en el Heraldo de Aragón del 11 de octubre de 2025)

Las Fiestas del Pilar atraen a miles de visitantes, que buscan un 'souvenir' con sabor. 

Zaragoza cuenta las horas para vivir su día grande, el 12 de octubre. Pero durante toda la semana la ciudad ya ha sido un desfile de idiomas y voces. Estos días llegan turistas y peregrinos de diferentes puntos del mundo que compran medidas de la Virgen, en el carrete del móvil se llevan la fotografia desde el puente de Piedra con el Pilar de fondo y buscan el mejor 'souvenir'. No, no son ni imanes, ni camisetas, ni dedales... Quieren algo rico y, si puede ser, pilarista. 

Visitamos mercados, pastelerías, tiendas especializadas y de recuerdos para comprobar qué compran los visitantes y qué recomendarían. «Muchas veces prueban un vino en el Tubo y después nos vienen a comprarlo», cuenta Santiago Angulo, propietario de La Alacena de Aragón, una tienda de productos aragoneses en a calle de Don Jaime I. El vino es una de las estrellas en la lista de deseos de un turista, junto a la longaniza de Graus, las olivas negras o de Jamón de Teruel D. O. P., todo envasado al vacío -qué ventaja-. El aceite aragonés también es una apuesta segura porque, además de la calidad del producto, la fina presentación lo convierte en un regalo especial. Otro éxito son las frutas de Aragón, que pastelerías y empresas chocolateras elaboran con mimo y pasión desde hace décadas. Muchos apuestan por dulces, con los que es más fácil acertar, como transmite Angulo. Pilaras, piedras del río, cerezas al licor o los populares adoquines no faltan en los equipajes. Una clave es que el transporte sea fácil y en Pastelerías Tolosana lo saben bien porque la Trenza de Almudévar se ha convertido en un postre ideal para llevar de viaje.

Después encontramos a zaragozanos que regresan a casa para vivir los días de fiesta, para reencontrarse con su acento y anudarse el cachirulo. Ellos también pican algo rico de la tierra. Sus padres o abuelos les compran ese chocolate que les llevaban a la puerta del colegio para merendar y que piensan que ahora echarán de menos. Ellos, como buenos embajadores, vuelven en el tren con unos garnachicos o algún otro lamín para alardear de la dulzura aragonesa. Y por último, están los zaragozanos morrudicos que juegan a ser turistas y, así, comprarse alguno de estos 'recuerdos... ¡Qué agudos! 

Frutas de Aragón. Estos dulces artesanales se consumen durante todo el año, pero en las Fiestas del Pilar y Navidad aumenta su demanda, ya sea en bolsa o en canastilla. Su origen se sitúa en el siglo XVII, pero hay otras fuentes que los datan en la época musulmana.

Pilaras. Son unas pastas de mantequilla cubiertas de copos de maíz elaboradas de forma artesanal por Horno Julia, en Alcampell. Lo del nombre es por Casa Pilara de este pueblo oscense, donde está el obrador desde 1929. Se pueden comprar en La Alacena de Aragón.

Adoquines. El cachirulo, la Virgen del Pilar y una coplilla en el papel que lo envuelve. Así son los adoquines, esos caramelos con forma de ladrillo que se pueden encontrar en la mayoría de las tiendas especializadas.

Almonac. Es un vino dulce de consagrar, pero que puede ser un elegante colofón para cualquier comida. Está elaborado por Bodegas Manuel Moneva, de Almonacid de la Sierra y pertenece a la D. O. Cariñena, con garnachas centenarias. Como curiosidad, es el vino que se utiliza en las misas de la basilica del Pilar
y de la Seo desde hace casi medio siglo.

Olivas negras. Los nuevos envases permiten que las olivas negras sean otro de los productos que más se llevan los turistas que visitan Aragón. 

Cerezas con licor. También conocidas como guindas al marrasquino, estas perlas de chocolate con corazón de cereza bañado en alcohol son ideales para la sobremesa.

Medidas de chocolate. Largas filas se forman a las puertas de la basílica del Pilar para conseguir una de las medidas que representan el tamaño de la talla de la Virgen. También se pueden comer de chocolate, como las que propone Pastelerías Tolosana. Pueden ser de chocolate negro, con leche, blanco o dulce -con un toque de caramelo-.

Longaniza. Fuera goza de buena fama, pero muchos visitantes no la han probado, así que se mantiene la sorpresa. Siglos de tradición se esconden detrás de este embutido típico de la matacía aragonesa, que es una de las estrellas en carnicerías y ultramarinos que frecuentan los turistas. Se puede encontrar
curada o para cocinar, y también natural o de sabores.

Paté del Pirineo. Los amantes del paté no se van de Zaragoza sin uno aragonés, como puede ser de Ainsa. En La Alacena de Aragón se ofrece un amplio abanico de sabores.

Aceite. Es un buen regalo aragonés para llevar a familia y amigos. Goldlis es un laureado aceite en concursos internacionales que se elabora en La Almunia de Doña Godina.

Jamón de Teruel. Un blister de este producto aragonés es fácil de llevar en cualquier maleta o mochila y los visitantes lo saben porque es uno de los alimentos más demandados. Claro, es la denominación de origen protegida más antigua de España y se cataloga como el mejor jamón del mundo de cerdo blanco.

Tabletas de chocolate. Aragón es la cuna de este alimento tal y como lo conocemos. La historia cuenta que los monjes del monasterio de Piedra fueron los primeros que elaboraron chocolate a la taza en 1534. Por esta razón la tradición chocolatera en nuestra comunidad es fuerte y profunda. Numerosas empresas elaboran estas referencias, como Lacasa, que hace unos días propuso una tableta totalmente española -incluido el cacao-, o Jaysso, una empresa zaragozana fundada por Jaime de Ossó en 1949 y que en la actualidad presenta una atractiva colección de tabletas. 

Besos de Aragón. Las frutas de Aragón se convierten en bombón. Esta propuesta de Tolosana es una mezcla de frutas y especias, como albaricoque con tornillo, cereza con anís, manzana con azafrán o melocotón con lavanda.

Melocotón de Calanda. Los frascos de esta fruta en almíbar es otro de los 'souvenirs' más buscados, también puede ser con vino.

Piedras del río. Llaman la atención, tanto en los escaparates como en la boca. No son piedras de verdad, sino unos dulces masticables, duros por fuera y blandos por dentro. Es un producto típico que cuentan que hace referencia a los pequeños cantos rodados del río Ebro.

Garnachicos. Llegados desde Fuendejalón, estas pequeñas bolitas de almendras, azúcar y vino de este pueblo de Campo de Borja son un fino y elegante postre. Nacieron hace diez años y en este tiempo se han dado a conocer en toda España.

Trenza de Almudévar. Este postre es sinónimo de éxito allá donde se lleva. Tolosana lo elabora desde hace más de cuatro décadas y su presentación, ideal para trasportar, le ha permitido 'conquistar' mundo.

martes, 29 de septiembre de 2026

Avez-vous déjà goûté du bruant ortolan ?

(Un article signé par Coline Cipolla lu sur marmiton.org le 21 août 2026)

Un plat aujourd’hui interdit en France, et pourtant culte dans le passé. On vous raconte l’histoire de ce mets d’exception. 

La France est un pays de gastronomie, où on aime se retrouver autour d’une grande table, avec des amis ou les membres de sa famille, pour déguster un délicieux repas, boire un bon vin, refaire le monde et rêver quant à l’avenir.

Notre pays abrite d’ailleurs un grand nombre de traditions et de coutumes culinaires qui persistent encore aujourd’hui. Mais certaines sont sur la sellette ! Quand d’autres ont tout bonnement été interdites. 

La France est un pays de gastronomie, où on aime se retrouver autour d’une grande table, avec des amis ou les membres de sa famille, pour déguster un délicieux repas, boire un bon vin, refaire le monde et rêver quant à l’avenir.

Notre pays abrite d’ailleurs un grand nombre de traditions et de coutumes culinaires qui persistent encore aujourd’hui. Mais certaines sont sur la sellette ! Quand d’autres ont tout bonnement été interdites. 

On pense par exemple au bruant ortolan. Il est possible que le nom de ce plat ne vous dise pas grand-chose. En effet, il est aujourd’hui interdit de service, et plus aucun restaurant ne peut l’afficher à sa carte. Mais pour quelle raison ? On vous raconte l’histoire du bruant ortolan, une recette française qui divise. 

Il ne pèse pas plus de 20 grammes, et pourtant, il attire nombre de convoitises. Le bruant ortolan est un oiseau qui appartient à la famille des Emberizidés. Il est vraiment tout petit et profite d’une belle robe aux couleurs qui s’étendent du jaune au marron. 

Depuis 2016, cet oiseau est considéré comme une espèce en danger. Et si l’activité industrielle de l’Homme et le changement climatique y sont pour quelque chose, ce ne sont pas les seuls responsables. 

Manger du bruant ortolan à table n’était pas donné à tout le monde autrefois. Cette préparation était en effet largement préparée dans les plus hautes strates de la société, riches, chasseuses et sans pitié. 

Peu de personnes appartenant à la classe populaire ne connaissent les traditions qui tournent autour de cette recette. En effet, si le bruant ortolan est aujourd’hui interdit en France, c’est tout simplement à cause de la cruauté de cette recette.

En effet, de nombreux bruants ortolans étaient dans le passé élevés par l’Homme. On le plaçait en cage, sans air ni lumière, on le gavait pendant trois semaines au millet blanc puis, on le noyait dans l’Armargnac avant de le faire rôtir.

Il était ensuite coutume de manger ce plat la tête recouverte d’une serviette blanche, sans regarder les autres convives. Mais surtout, en mangeant l’oiseau entièrement, peau, os, corps et tête, d’une seule bouchée.

Une pratique aujourd’hui aberrante, qui suscite l’indignation et qui repose la question d’un débat plus actuel que jamais : peut-on réellement disposer des animaux comme bon nous semble, au profit de la gastronomie ?

En résumé

  • Le bruant ortolan, un oiseau de 20 grammes, était autrefois un mets prisé en France, désormais interdit depuis 2016.
  • La préparation controversée impliquait de gaver l'oiseau avant de le noyer dans l'Armagnac et de le rôtir.
  • Cette pratique soulève des questions éthiques sur l'utilisation des animaux dans la gastronomie française.

martes, 22 de septiembre de 2026

La verdad sobre los ingredientes que llevan las pastillas de caldo: ¿son saludables?

(Un texto leído en El Confidencial del 12 de diciembre de 2023)

Rápidas y con un sabor potente, las pastillas de caldo se utilizan para hacer platos más sabrosos. Viendo su composición es probable que dejes de usarlas. No son nada aconsejables.

Con el invierno, llegan los días de frío y las ganas de tomar un buen caldo caliente que reconforta y entona el cuerpo. Mucha gente, sin ganas ni tiempo de meterse a fondo en la cocina, utiliza las populares pastillas de caldo, ya que su modo de empleo es muy fácil y basta con disolverlas en agua unos pocos minutos para obtener un rico consomé.

Las hay de pollo, de cocido, de verduras, de carne o de pescado y, además de para caldos, también pueden añadirse a los guisos directamente como un condimento, salvándote más de un apuro culinario. Y tienen la ventaja de que son muy económicas, ya que preparar un litro de caldo con dos pastillas solo te costará unos 10 céntimos. Pero ¿te has preguntado alguna vez de qué están hechos estos pequeños cubitos?

Composición de las pastillas de caldo

Para saberlo, lo más sencillo es echar un vistazo a la lista de ingredientes de su elaboración y encontrarás que, principalmente, están compuestas por sal. La siguen el glutamato monosódico (E621), los ribonucleótidos de sodio (E635), el almidón, el extracto de levadura, las grasas saturadas y, al final, ya empiezan a aparecer las verduras, la carne o el pescado. Esto nos da una idea clara de que lo que se está comprando realmente es sal y potenciadores de sabor y muy poco producto bueno.

Para saberlo, lo más sencillo es echar un vistazo a la lista de ingredientes de su elaboración y encontrarás que, principalmente, están compuestas por sal. La siguen el glutamato monosódico (E621), los ribonucleótidos de sodio (E635), el almidón, el extracto de levadura, las grasas saturadas y, al final, ya empiezan a aparecer las verduras, la carne o el pescado. Esto nos da una idea clara de que lo que se está comprando realmente es sal y potenciadores de sabor y muy poco producto bueno.

Como muchos otros productos procesados, las pastillas de caldo llevan glutamato, un aditivo que se utiliza para hacer que el sabor sea más intenso y se estimule el apetito, favoreciendo la obesidad. Por tanto, es un componente que gusta y engancha, ya que es muy sabroso. Sin embargo, no debe suplir la falta de buenos ingredientes y, además, puede provocar dolores de cabeza, presión en las sienes y rigidez en la nuca.

Tampoco podemos perder de vista el contenido real de sal, ya que esta supone el 53% del contenido de cada pastilla de caldo; es decir, 52,9 gramos del contenido. Un valor altísimo, si tenemos en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no consumir más de 5 gramos al día. En España consumimos una media de 9 gramos. La conclusión es sencilla.

En definitiva, las pastillas de caldo apenas tienen nutrientes, por lo que es más que aconsejable preparar un caldo en casa. El caldo casero es más energético y aporta un 40% más de proteínas que las pastillas. Junto a esto, son una gran fuente de hidratación y una buena solución para personas que necesitan una dieta suave o de adelgazamiento ya que una ración de 250 ml apenas proporciona 22 calorías.

martes, 15 de septiembre de 2026

Del gazpacho a la horchata: origen e historia de los alimentos más famosos del verano

(Un artículo de Ada Nuño en El Confidencial del 6 de julio de 2023)

Todos los platos tradicionales tienen una historia detrás y, por suerte, nosotros contamos con una gastronomía variada para combatir las altas temperaturas.

Lo bueno de tener temperaturas tan extremas (ya sabes, mucho calor en verano, bastante frío en invierno), es que la gastronomía de nuestro país es variada y diversa. Eso nos sirve para alardear de que nuestros platos son especialmente potentes, algo que los españoles solemos hacer con bastante frecuencia (especialmente cuando a cocineros extranjeros como el británico Jaimie Oliver se les ocurre hacer variaciones de nuestros platos tradicionales y nos lo tomamos como una afrenta personal).

En verano hay platos clásicos que nadie suele saltarse. Uno de ellos es, por supuesto, el gazpacho. Aunque de apariencia sencilla, es muy refrescante e ideal para soportar las temperaturas extremas manteniéndote hidratado. Su historia es curiosa, como la de cualquier otro plato que ha sobrevivido al tiempo y ha pasado de generación en generación: es original de Andalucía y, según cuentan, nació con los antiguos campesinos que aprovechaban el pan seco que guardaban de días anteriores, lo estrujaban mezclándolo con ajo machacado, sal, aceite y vinagre.

Después, con la llegada a América, se comenzaron a incorporar otros productos venidos de allende los mares como el pimiento y el tomate. Si bien en un principio los trabajadores eran los que tomaban el gazpacho para poder aguantar las largas jornadas de trabajo, después comenzó a popularizarse entre la burguesía y llegó a otros estratos de la sociedad. Un recorrido habitual para los alimentos, que a veces acaban haciéndose famosos por absoluta serendipia. Si no te gusta el gazpacho siempre puedes tomar salmorejo, que en realidad solo se diferencia del gazpacho en que a este se le añade agua y que el salmorejo cuenta en exclusividad con el tomate, mientras que el gazpacho como hemos visto también añade pepino o pimiento.

Y si no te convence ninguno siempre puedes pasarte al ajoblanco, especialmente popular en Andalucía y Extremadura. Esta sopa fría es, en realidad, predecesora del gazpacho. La aparición de la almendra, su ingrediente estrella, se la debemos a los árabes (aunque los fenicios la habían descubierto en Asia tiempo atrás). Fue gracias a su proliferación que surgió la receta que todos conocemos a base de pan, agua fría, aceite de oliva, almendras crudas, ajo, vinagre y sal.

Otra bebida típica de los veranos españoles es la horchata. Curiosamente, su propio nombre indica que no siempre se hizo con chufa, sino que probablemente en otro tiempo se preparaba con cebada. A pesar de ello, la chufa fue una de las primeras plantas en ser cultivadas por los humanos. De cualquier manera, le debemos esta dulce y refrescante bebida de nuevo a la invasión de los árabes, que fueron los que trajeron la chufa a nuestras tierras y comenzaron a cultivarla en la zona de Alboraya, allá por el siglo XIII.

Y por supuesto, la ensaladilla rusa también suele estar en muchas mesas españolas durante el periodo estival. Lo ruso decora muchos nombres propios sin que sepamos muy bien de dónde viene, desde los filetes a las montañas, pero en el caso de la ensaladilla, aunque no es exactamente así en los países de Putin (ellos usan mucha remolacha), sí que es cierto que algo de verdad hay en todo el asunto.

En varios países este tipo de ensaladilla se llama Olivier, pues debe su fama a un cocinero belga llamado Lucien Olivier que se hizo famoso en Moscú gracias a una ensalada con mayonesa que, en realidad, tampoco había inventado (pero sí popularizó). Aunque le debemos el nombre, ni siquiera existe una única versión en nuestro país, al que llegó hacia mediados de 1800. Pero todos coincidimos más o menos en lo mismo: patatas, zanahorias, guisantes, atún, huevos cocidos y a veces aceitunas, pepinillos, pollo o trocitos de jamón cocido.

Las ensaladas de todas las variedades son el plato estrella del verano, desde la rusa ya mencionada a la campera. El zorongollo (que de nuevo tiene varias vertientes, en Extremadura y en Murcia) es otra ensalada típica con pimiento y tomate asado, muy popular en verano. En muchas ocasiones se utiliza para acompañar a los platos principales de carne y pescado. Todos ellos son platos al gusto del comensal, ideales para degustar antes de un helado y una buena siesta veraniega.

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