(Un reportaje de Francisco Abad Alegría en el Heraldo de Aragón del 16 de marzo de 2019)
Estamos llegando al final de la explicaci6n de las recetas más representativas de la cocina andalusí que pueden ser elaboradas y puestas al día.
THARID, TARA'ID (ENSOPADOS). Reproducir un ensopado es algo sencillísimo a poco que se conozca algo de práctica culinaria. Hay que decir que los dos recetarios andalusíes básicos se despachan con una larga relación de ensopados, lo que indica su amplio uso; el de Ibn Razin, por ejemplo, incluye nada menos que 27. Hay noticias de que el Profeta era muy aficionado a estas preparaciones, lo que indicaría su origen oriental, luego naturalizado por el uso secular en el ámbito andalusí-magrebí. Los 'tharid' tienen para nosotros una cualidad que los hace dignos de mención: son el origen de nuestras populares migas. En efecto, con el paso del tiempo, la masa de pan humedecida e impregnada de sabores y grasas de cocción fue perdiendo líquido en la península, haciéndose más consistente, mientras que en el actual Portugal mantuvieron aún bastante humedad, evolucionando hacia las actuales 'açordas'.
Algunos ensopados tienen peculiaridades que los hacen platos mixtos, variantes de confecciones que entran en otros terrenos. Por ejemplo la 'sopa desmigada de pan ácimo con gallina', que se hace con gallina cocida con garbanzos y hortalizas, aunque puede hacerse también con carne de ovino, que se mezcla con alcorzas troceadas que se vuelven a cocer en alcuzcucero antes de ensopar las viandas, o la 'sopa desmigada con pichones', que se hace de un modo similar a la anterior pero se sirve en tres capas superpuestas: las carnes deshuesadas y desmigadas, cubriendo y ensopando alcorzas desmigadas y culminado todo con una fina tortilla de huevos solos con bastante pimienta.
Algunas recetas son extraordinariamente complicadas, como la denominada 'folyatil', que incluye una gallina deshuesada y rellena, acompañada de especias diversas, pichones y garbanzos, en una sucesión compleja, que se sirve con una tortilla decorativa ('isfiriya') y tiras de finas obleas de sémola incompletamente cocidas; el proceso podría dar un resultado aceptable si no descorazonase la complejidad de su ejecución. Otro tanto ocurre con la 'desmigada de qata'if', que se hace de un modo similar, pero incluyendo las tortas de 'qata'if', de las que ya se hablado.
Quizá la receta que mejor representa al ensopado tipo es la 'de cabezas de ternera'; tal confección, que ha pasado casi intacta a la cocina popular minoritaria de nuestras tierras en el navarro valle del Baztan ('Baztansopak'), cambiando de animal (oveja vieja por ternera) tiene de llamativo el empleo de cabeza de ternero cocida, lo que ya indica que se trata de comida para multitud, pero se confecciona del mismo modo con cordero y sus patas y menudencias, o con carnero y espinacas o con gallina. Se cuece prolongadamente la carne elegida en agua con sal, algunas especias (mezcla andalusí) y cebolla picada, hasta que esté bien blanda y se despegue de los huesos; se separa y trocea la carne, añadiendo abundantes migas de pan, que se empaparan del caldo y también de la grasa del cocimiento, sirviendo todo tras reposar, con algo de canela espolvoreada sobre la superficie.
TRENZAS COLOREADAS. El color se debe, naturalmente, a la generosa adición de azafrán, aunque nada impide mezclar a partes iguales este con polvo de alazor, un pequeño cardo colorante muy utilizado en el Magreb. Se prepara una masa de pan, añadiendo un huevo; a mitad de camino entre el pan común y el brioche. Para probar, sugiero no utilizar más de 300 gramos de harina en total.
Ya obtenida la consistencia adecuada, incorporar las especias colorantes bien pulverizadas, amasando hasta obtener una correcta difusión del color. La masa se deja fermentar cubierta con un paño, durante al menos dos horas, a temperatura ambiente templada. Después se fragmenta en trozos no muy grandes, alargados (porque van a freír y deben caber holgados en la sartén), que se aplanan con el rodillo y cortan longitudinalmente en tres tiras sin llegar hasta el extremo; trenzar las tiras entre sí y cerrar el remate por presión. Volver a poner en bandeja cubriendo tales trenzas con paño y dejando que suban durante otras dos horas.
En aceite, a potencia media, se van friendo las trenzas ya fermentadas, hasta que suban bien hechas y ligeramente doradas a la superficie. En caliente se cubren con unos hilillos de miel y un poco de espliego (si, espliego seco) picado.
ZALABIYA (LA ENREJADA). Realmente es una receta de churros esponjosos y muy finos, que proceden de la tradición grecorromana, pero añadiendo el barroquismo propio de la estética musulmana. Las recetas clásicas aconsejan preparar la masa de harina con levadura, bastante fluida y verterla en jarrillo de cerámica sin vidriar, en cuyo fondo se habrá practicado un agujerito, taladrándolo con mimo para que no haya rebarbas o irregularidades, de modo que pueda salir un chorro regular y limpio de masa. Se dispondrá de una sartén profunda, con abundante aceite bien caliente, y se aproximara el jarrillo sobre la superficie, tapando el agujerito con un dedo; cuando estemos dispuestos, se retira el dedo y se deja caer la colada de masa, haciendo círculos, espirales, entrelazados o figuras caprichosas; el mismo dedo que obturaba el agujerito se emplea para cortar el fluido, y se permite que el largo y delgado churro fría un poco, hasta que esté bien hecho, momento en el que se retira con araña o espumadera, para repetir la faena hasta acabar con la masa preparada.
Ahora no estamos por la labor de mercar un recipiente de barro cocido y agujerearlo, así que recurriremos a la tecnología actual y emplearemos una simple y prosaica manga pastelera desechable de plástico, que se llena con la masa y se corta por la punta para obtener la sección deseada del churrito; hay que reconocer que la estética del jarrillo de cerámica y la obturación con el dedo es un punto de belleza culinaria, pero la historia tiene la costumbre de ir hacia adelante y eso, a pesar de algunos nostálgicos de un dudoso pasado, no tiene vuelta de hoja.
Para hacer nuestra 'zalabiya', dispondremos unos 200 gramos de harina, con un poco de sal y levadura química en polvo, agitándola con agua hasta obtener una crema de consistencia similar a la de las crepes, aunque sin huevo. Pondremos aceite a calentar en un recipiente profundo y cuando esté en su punto, cortaremos la punta de la manga pastelera que hemos rellenado con la pasta, de modo que la sección sea de unos 3 ó 4 milímetros; dejaremos caer artísticamente el churrito de masa en el aceite, haciendo unas volutas, círculos o auténticos enrejados, sin dejarnos abatir por los primeros resultados, habitualmente embarullados y desastrosos; lo mas sensato es hacer un breve goteo siguiendo una línea en lo posible y remedar la cabeza de una pequeña coliflor, dejando que tueste un poco. Separadas las masas, las pasaremos por azúcar o por miel caliente de inmediato, separándolas para que se enfríen y contribuyan deleitosamente a incrementar la lorza que habrá que castigar con dolorosa dieta antes de que comience la temporada de piscina. Como compensación, digamos que alArbuli afirma que «la zalabiya es la más rápida de digerir de todas las clases de dulces, por la levadura que contiene»; un consuelo.