martes, 25 de agosto de 2026

Aquí hay tomate, otra cosa es a qué sabe y lo que se sabe al respecto

(Un texto de Miguel Barral en el suplemento Tercer Milenio del Heraldo de Aragón leído el 15 de noviembre de 2021) 

¿Por qué los tomates del pueblo saben mejor que los del supermercado? ¿Por qué algunos, además de insípidos, tienen textura de corcho?

¿Por qué los tomates de comercio local y/o proximidad saben mejor que los del supermercado? ¿Por qué los tomates del supermercado no saben a nada y además tienen textura de corcho? ¿Por qué no hay nada comparable a un tomate recién cogido de la tomatera de la huerta? ¿Y por qué la ingeniería genética al servicio de la tecnología de los alimentos puede ser la solución al drama de los insípidos y ‘corchudos’ frutos del súper?

Todas estas preguntas encuentran la misma respuesta: porque para que un tomate tenga sabor (y textura) de tomate tiene que estar maduro. Lo que no deja de tener toda su lógica, ya que el objetivo evolutivo de la maduración es conferir al fruto palatabilidad. ‘Palabro’ que viene a significar que un alimento es grato al paladar. En resumen, que la maduración persigue hacerlo sabroso y digerible para sus consumidores y así garantizar la dispersión de las semillas, la siguiente generación.

Algo que logra con la activación de toda una cascada de reacciones químicas entre las que destaca la rotura del almidón y las pectinas en azúcares simples responsables de su característico dulzor.

Es asimismo esta degradación de los grandes polisacáridos de reserva y estructurales en moléculas más pequeñas lo que ablanda los tejidos y hace al tomate más carnoso y jugoso. Lo cual es una bendición a la hora de degustarlo, pero un problemón logístico cuando se trata de transportar los frutos de la huerta hasta el supermercado en grandes contenedores. Así pues, para evitar que lo que llegue a su destino sea un sabrosísimo puré, lo que se hace es recolectar los tomates antes de que comiencen el proceso de maduración y transportarlos en condiciones controladas de temperatura y luz, los factores externos que indican al fruto que ha llegado el momento de madurar.

Esta recolección antes de tiempo aprovecha el hecho de que los tomates son frutas climatéricas, es decir, que siguen madurando una vez recogidos gracias a la producción interna de etileno, el gas que actúa como señal de inicio de la cascada de reacciones. El objetivo es que lleguen sanos y salvos –aunque verdes– y, luego, ya en su destino, dejar que maduren en un entorno rico en etileno y con la temperatura idónea.

Pero entonces, ¿por qué no saben a nada? Porque en muchas ocasiones los tomates son recolectados tan pronto –tanto más cuanto más lejos está el lugar de destino y más se demoren en el transporte– que no almacenan la energía, los recursos suficientes, como para completar esta maduración en diferido. Explicado de un modo muy simple (y simplificado): no han acumulado suficiente almidón como para que luego resulten dulces y carnosos.

El fascinante proceso de maduración

Llegados a este punto conviene ahondar un poco más en el fascinante –al menos para un químico– proceso de maduración de un tomate: una etapa que comienza al finalizar el desarrollo del fruto, cuando las semillas contenidas en la pulpa alcanzan su estado definitivo y ya están listas para ser dispersadas. Es entonces cuando se pone en marcha un complejo programa que implica la regulación coordinadas de numerosos cambios fisiológicos y bioquímicos que van a modificar su color, sabor, textura y aroma. Estos cambios tienen lugar como consecuencia de la activación o inhibición de los genes que regulan las distintas rutas metabólicas (y esta información cobrará pleno sentido al final del texto).

Cuando el tomate ha completado su desarrollo y las condiciones ambientales son propicias, se produce un drástico incremento en la producción y concentración de etileno. Es la señal de que ha llegado la hora.

El primer paso es la reconversión de los cloroplastos, los orgánulos donde se realiza la fotosíntesis) en cromoplastos, lo que supone la degradación de las estructuras fotosintéticas y que comiencen a producirse y acumularse pigmentos carotenoides amarillos y naranjas y, sobre todo, licopeno, el pigmento rojo. La pérdida de la capacidad fotosintética implica que el tomate ya no recibe energía solar y que tiene que tirar de las reservas acumuladas en forma de almidón para completar su metamorfosis.

Esta glucólisis (rotura en unidades más pequeñas) de los granos de almidón (el polisacárido de reserva) y las pectinas (los polisacáridos de sostén de la pared celular) en azúcares simples proporciona el dulzor característico de los tomates maduros. Además, como las pectinas son los tejidos de soporte de las paredes celulares, estas se vuelven más flexibles lo que provoca que el tomate se torne más blando y carnoso.

Al mismo tiempo, se activa la síntesis de ácidos orgánicos (fundamentalmente ácido cítrico y ácido málico, que representan el 90%), que le otorgan ese refrescante punto de acidez. Y también la de aminoácidos, especialmente de aquellos precursores de compuestos aromáticos volátiles. 

Este es precisamente el último paso del proceso: la síntesis de compuestos aromáticos volátiles responsables de su aroma y que enriquecen su sabor a partir de sus precursores: los ácidos grasos, los aminoácidos y los carotenoides. Los derivados de estos últimos, aunque se producen en mucha menor cantidad, juegan un papel fundamental en el aroma del tomate, ya que tienen un umbral de detección por nuestro sentido del olfato muy bajo. Lo que significa que su olor es (nos resulta) muy intenso. Como una gota de un perfume comparado con una de colonia.

Visto todo lo anterior, resulta fácil de entender que los tomates del súper recogidos antes de la maduración no sepan a nada y que no haya nada comparable a un tomate recién cogido de la huerta en su punto óptimo de maduración.

Ingeniería genética

Entonces, ¿a los que no poseemos tierras de cultivo y ni tan siquiera tenemos espacio para un modesto huerto urbano no nos queda otra que resignarnos? Tal vez no. Es posible que esto cambie en un futuro más o menos inmediato gracias a la ingeniería genética y a dos recientes descubrimientos en este ámbito.

El primero, a cargo de investigadores de la universidad de Oxford que han identificado una posible vía para acelerar o ralentizar la maduración regulando la actividad del gen que codifica una única proteína localizada en los plastos –los orgánulos responsables de conferir color al tomate y que primero son cloroplastos y luego se convierten en cromoplastos– clave en esta conversión. Lo cual abre la puerta a desarrollar variedades de maduración lenta o retardada.

El segundo, efectuado por investigadores estadounidenses y chinos que han identificado el factor de transcripción (el interruptor genético) que regula muchos de los genes implicados en el proceso de ablandamiento de los tejidos; sin afectar al resto de reacciones que dan lugar a los compuestos que lo llenan de color y sabor. Así, con la inhibición de este factor de transcripción (al desactivar este interruptor) se podrían tener tomates llenos de sabor pero todavía tersos y duros, que se ablandarían menos y más lentamente, lo que permitiría su transporte y evitaría su recolección antes de tiempo.

De hecho, los responsables de la investigación ya habrían obtenido -y degustado- tomates así en el laboratorio. Y con una ventaja añadida ya que estos frutos inhibidos también producen y acumulan más licopeno y carotenos en la piel y la carne, aumentando su aporte nutricional.

martes, 28 de julio de 2026

Gnudi: la pasta desnuda más fácil de preparar

(Un texto de Mikel López Iturriaga en El País del 3 de febrero de 2023)

¿”Hacer pasta en casa” significa “sufrimiento” si no tienes experiencia en la materia? No siempre. Hay recetas como los gnudi, una especie de ravioli sin envoltorio, que salen bien a la primera.

Cuando hablamos de hacer pasta casera solemos imaginarnos la cocina llena de harina por todas partes, horas de amasado, uso de máquinas y alta probabilidad de fracaso si no dominas la técnica. Sin embargo, hay algunas (pocas) que son fáciles de preparar sin necesidad de grandes montajes, como los gnudi, unas bolitas de espinaca y ricota típicas de la Toscana.

Su nombre significa “desnudos”, porque se trata de un relleno que no va envuelto en pasta como en los ravioli, tortellini u otras pastas similares. Nuestra fórmula está sacada del maravilloso libro Pasta grannies, basado en el canal de YouTube del mismo nombre en el que abuelas italianas cocinan sus recetas. Si la preparas sólo te debes esmerar en una cosa: escurrir bien el queso fresco y la verdura.

Ingredientes

Para 2 personas

  • 300 g de ricota
  • 600 g de espinacas
  • 25 g de queso parmesano
  • 1 huevo grande batido
  • Harina
  • Sal y pimienta negra

Salsa

  • 30 g de mantequilla sin sal
  • 5 hojas de salvia
  • Nuez moscada
  • Queso parmesano rallado

Preparación

  1. Poner la ricota en un colador fino sobre un bol para que escurra todo el líquido posible. Transcurrida una hora, separar 250 gramos.
  2. Mientras, poner al fuego un poco de agua en el fondo de una cazuela. Cuando hierva, introducir las espinacas en un cestillo para vapor, tapar y cocinar hasta que pierdan volumen. Si no se tiene un cestillo, también se pueden hacer poniendo sólo dos cucharadas de agua, añadiendo las espinacas y tapando hasta que se ablanden.
  3. Colocarlas en un colador sobre un bol y dejar que se enfríen. Apretarlas bien con las manos para extraer toda el agua posible, y después picarlas ligeramente. Deberían quedar aproximadamente 300 gramos de espinacas cocidas.
  4. Rallar el parmesano y mezclarlo en un bol con la ricota, las espinacas y el huevo batido. Salpimentar e integrar todo bien.
  5. Enharinar una tabla y poner un poco de harina en un bol o plato hondo. Coger puñados de la masa del tamaño de una nuez, pasarlos por harina y bolearlos con las manos (ver vídeo).
  6. Sacudir la harina sobrante y colocar las bolas separadas sobre la tabla enharinada.
  7. Llevar a ebullición suave un cazo con agua y sal.
  8. A la vez, derretir la mantequilla en una sartén junto con la salvia y un poco de ralladura de nuez moscada. Mantener caliente a fuego suave.
  9. Meter los gnudi con cuidado en el agua, y cocerlos durante 4-5 minutos o hasta que floten.
  10. Retirarlos con una espumadera e ir colocándolos en la sartén.
  11. Con una cuchara rocíar los gnudi con la salsa de mantequilla y salvia. Servir con más parmesano rallado por encima.

 

martes, 21 de julio de 2026

¿Qué es la "leche" de patata y por qué está de moda?

(Un texto de Laura Conde leído en La Vanguardia el 15 de abril de 2024) 

La bebida surge como una alternativa más económica y sostenible a la leche de vaca en comparación a las derivadas de avena o frutos secos.

La emergencia de la (mal llamada) "leche" de patata es una consecuencia más del auge de las bebidas alternativas a la leche de vaca. Primero fueron las de soja, avena o arroz, después las de frutos secos como la nuez, avellana o almendra y, en menor medida, también encontramos otras como de coco, anacardo o cáñamo. En la misma línea, en los últimos años ha empezado a comercializarse la bebida de patata, muy fácil de elaborar en casa y que permite aprovechar todos los beneficios (y son muchos) de este tubérculo económico y sostenible. 

Su sabor neutro y su textura algo menos acuosa que la de otras bebidas del mismo tipo (como la de arroz) convierten a la bebida de patata en una buena sustituta de la leche en múltiples recetas y momentos de consumo (con café, té o cacao en polvo, por ejemplo). Es por ello que cada vez más personas preparan la receta en casa, aunque también se puede adquirir la que comercializa la empresa sueca DUG Drinks, que distribuye en numerosos puntos de venta online.

Lo primero que hay que tener en cuenta sobre la llamada "leche" de patata, es que su nomenclatura es incorrecta. Así lo señala la médica y nutricionista Núria Monfulleda, del centro Loveyourself, en Barcelona. Monfulleda afirma que “pese a la moda de llamar leche a cualquier bebida que se le parezca, la llamada "leche" de patata no es leche, sino una bebida vegetal como la de avena, soja o arroz. Leche es solo aquello que deriva de la ubre de una mamífera. Fuera de aquí no se puede hablar de leche”. De hecho, para Monfulleda, la emergencia de productos como la bebida de patata es un claro ejemplo de que “el marketing ya no sabe qué inventarse”.

La elaboración casera de la bebida de patata no difiere mucho de la de otras bebidas vegetales. Cabe destacar que es más económica que otras similares, ya que el precio de la patata es notablemente inferior al de la avena o los frutos secos, por ejemplo. 

Sin embargo, para las responsables del canal Hola Vegan, en Argentina, un portal especializado en recetas veganas a cargo de las hermanas Loli, Sabri y Maru Raffaelli, esta bebida no sería precisamente la más recomendable para combinar con té o café. “Si bien es espesa y cremosa, también es algo viscosa, por eso es algo rara para tomar. Además, tiene un leve sabor a patata y mejora muchísimo si se le agrega alguna materia grasa como almendras o aceite de coco”, explican. Sí funciona, sin embargo, “en pan de molde o medialunas, ya que aporta humedad, así como en salsas cremosas o quesos”. De hecho, es una buena alternativa para espesar sopas, cremas o salsas, así como para preparar alguna vinagreta cremosa para una ensalada, ya que su sabor neutro la hace idónea para combinar con múltiples ingredientes.

Entre los beneficios de la bebida de patata, encontramos que no contiene gluten, lactosa ni ninguna traza de frutos secos, de manera que es perfecta para las personas alérgicas o intolerantes. Aporta triptófano, un aminoácido esencial que favorece el descanso, así como ácido fólico y vitaminas B6 y C. Es baja en grasa y en azúcar (aunque a menudo esto sea una trampa, ya que se le suele añadir a posteriori) y –otro de los grandes argumentos a su favor– es mucho más sostenible que otras leches vegetales. Esto se debe a que la huella de carbono resultante de producir patatas es mucho menor de la que requieren ingredientes como, pongamos por caso, los frutos secos o la propia leche de vaca.

Monfulleda, sin embargo, recuerda que el principal aporte de esta bebida son los carbohidratos, un nutriente que ya se suele consumir en exceso. “Puedo entender que la bebida de patata funcione como espesante, pero como sustituta de la leche yo no le veo ningún beneficio. No tiene calcio, no tiene proteínas y no tiene grasa, que son tres de los grandes nutrientes de la leche y derivados”, señala la nutricionista.

La especialista señala que la tendencia a dejar de consumir lácteos sigue creciendo y que en su consulta cada vez son más las personas que apuestan por opciones alternativas. “Es cierto que hay muchas personas a las que les sientan mal los lácteos, cosa que se debe en buena parte a que los hemos consumido en exceso, ya que si hace unas décadas se tomaba apenas leche, yogur y queso y ahora han proliferado una gran cantidad de postres lácteos, como tiramisú, natillas, cheesecake... Esto significa que estamos consumiendo muchísima lactosa y que el organismo, en muchas ocasiones, reacciona. Por eso hay tantas personas a las que les sienta mal”, explica Monfulleda.

La experta señala, además, que el proceso de sustitución de la leche por bebidas alternativas, empezando por las de soja y avena y acabando por la de patata, se debe también a un proceso imparable que se basa en la adición de azúcar a estos productos. “Aunque hay excepciones, la mayoría de bebidas alternativas a la leche suelen llevar una gran cantidad de azúcares añadidos. No ocurre lo mismo con la leche, que si bien contiene azúcares de forma natural, la cantidad es moderada. Así pues, los paladares se han ido acostumbrando a estas bebidas que generan más adicción y gustan más, simplemente porque son más dulces. En cuanto te pasas a una bebida más azucarada, el paladar te lo agradece inmediatamente y te reclama más y más”, apunta la médico y nutricionista.

No es conveniente eliminar los lácteos de la dieta si no existe una causa justificada. Por tanto, si bien bebidas como la de patata pueden ser interesantes en determinados momentos de consumo, no deberían contemplarse como sustitutos de la leche y derivados, ya que sus nutrientes son diferentes. Según un estudio realizado por la Universidad de León, eliminar las grasas, principalmente las de los quesos de oveja, conlleva una pérdida de nutrientes fundamentales para el organismo, de manera que conviene consumir lácteos a diario en las dosis recomendables para una dieta equilibrada.

Otro estudio, en este caso publicado en la revista BMJ Open Diabetes Research & Care, señala que tomar dos raciones al día de lácteos podría reducir el riesgo de sufrir ciertas enfermedades. Esto significa que si bien la bebida de patata puede ser un complemento que puede funcionar en determinados momentos de consumo, no se debe contemplar su ingesta como una alternativa a la leche, de manera que si se decide abandonar el consumo de lácteos “es importante tratar de conseguir estos nutrientes a partir de otros alimentos”, concluye Monfulleda. 

martes, 14 de julio de 2026

¿Tu vino sabe a cebolla o a lana mojada? Es por la luz...

(Un texto de Daniel Méndez leído en el xlsemanal del 13 de octubre de 2024)

La luz activa procesos fotoquímicos que desvirtúan el sabor de los vinos. Bodegas y laboratorios trabajan para dar con la solución.  […]

¿A qué sabe la luz? A huevos podridos, ajo, cebolla, lana mojada o col hervida, entre otras cosas. La iluminación convencional puede hacer 'enfermar' al vino, provocando que adquiera aromas y sabores que alteran sus cualidades organolépticas. Es lo que en francés se conoce como goút de lumiére: ‘gusto de luz’, un problema que comenzó a estudiarse ya en los años sesenta con la cerveza envasada y se ha comprobado que se produce también en el aceite de oliva. Y de manera muy marcada en los vinos, en especial en blancos, rosados y espumosos. La radiación de determinadas longitudes de onda de la luz convencional —entre 370 y 442 nanómetros— pone en marcha un proceso fotoquímico en el que intervienen la metionina y la riboflavina, presentes en el vino. Como resultado se generan en el interior compuestos como el metanotiol o el disulfuro de dimetilo, que provocan esos sabores desagradables. También se pierden el frescor y el aroma afrutado del vino, y se altera su color. Desde la industria y los centros de investigación se ha trabajado en distintos métodos para combatirlo. Algunos más "radicales", como es el caso del brut esloveno Radgonske Gorice Untouched by Light, que se elabora en ausencia de luz: la uva chardonnay se recoge de noche y lo procesan a oscuras trabajadores con gafas de visión nocturna. Para el embotellado optaron por un recipiente negro. El precio de la botella ronda los 260€. Lo cierto es que en el vidrio transparente —el preferido por los consumidores— radica parte del problema, ya que no filtra la radiación ultravioleta. El verde limita sus efectos y con el negro casi desaparece. Por aquello de que el cliente siempre tiene la razón, los fabricantes están buscando otros métodos que no afecten a la botella, y que tienen que ver con el proceso de elaboración y con la iluminación empleada en las bodegas. La italiana Fondazione Edmund Mach puso en marcha un experimento: reprodujeron en laboratorio las condiciones de un supermercado. Probaron con 20 vinos distintos, de variedades chardonnay, pinot gris o traminer, y los guardaron en posición vertical, a 20 grados y con 12 horas diarias de exposición a luz de neón. Dos meses después comprobaron que los chardonnay y pinot fueron los que más sufrieron. Otros estudios han comprobado que las luces led reducen o eliminan por completo el fenómeno que provoca este gusto de luz. Es lo que promueve el francés Comité Interprofesional del Vino de Champagne (CIVC): implantar en las cavas tecnología led de luz ámbar, que no emite rayos ultravioleta. En España, el proyecto Retasteled —liderado por la bodega Ramón Bilbao— hace una propuesta similar empleando, por un lado, levaduras que eviten altas concentraciones de riboflavina y, por otro, usando tecnologías led que eviten el deterioro fotoquímico.

CULTIVAR ALGAS APROVECHANDO EL PROCESO DE FERMENTACIÓN

En la región portuguesa de Palmela, el viticultor Miguel Cacháo afronta la vendimia con un nuevo reto. Lleva tiempo desarrollando una tecnología que captura el dióxido de carbono emitido durante el proceso de fermentación y lo emplea en el cultivo de algas. Gracias al alga Chlorella, que absorbe el CO2 generado, consigue reducir el impacto ambiental, al tiempo que mejora sus rendimientos económicos, ya que estos organismos fotosintéticos se usan luego como pienso y en la industria cosmética. Y el viticultor Miguel Cacháo no está solo. Su proyecto forma parte del programa europeo REDWine, que arrancó en 2021 y durará hasta abril del año que viene, para aprovechar los residuos de la industria vitivinícola.

LOS RESTOS DE LAS UVAS, COMO 'MEDICAMENTOS' PARA ANIMALES

Otro proyecto financiado por la Unión Europea, NeoGiANT, utiliza residuos sólidos derivados de la vendimia, como la piel, la pulpa o las semillas de la uva prensada, para elaborar tratamientos que puedan prevenir la mastitis en vacas o la diarrea y enfermedades cutáneas en cerdos, que hasta ahora se tratan con antibióticos, un uso que provoca resistencia a los medicamentos en animales y personas.

viernes, 10 de julio de 2026

La historia del Campari: el licor rojo que revolucionó el aperitivo italiano y conquistó el mundo

(Leído en el muro de Facebook de Divulgación Científica Universal)
 
Hay bebidas que nacen para acompañar una comida. Otras terminan convirtiéndose en parte de la cultura de un país. Campari pertenece a esa segunda categoría. Su intenso color rojo, su inconfundible sabor entre dulce y amargo, y su elegante personalidad lo han transformado en uno de los licores más influyentes de la historia de la coctelería.
Es el alma de clásicos inmortales como el Negroni, el Americano, el Boulevardier y el Garibaldi, pero mucho antes de convertirse en protagonista de las mejores barras del mundo, Campari fue el sueño de un hombre obsesionado con crear el aperitivo perfecto.
Su historia comienza en la Italia del siglo XIX, cuando el país aún estaba construyendo su identidad y los cafés eran el centro de la vida social.
La historia de Campari comienza con Gaspare Campari, nacido en 1828 en la región de Lombardía.
Desde muy joven trabajó como ayudante en cafeterías y bares, donde aprendió el arte de mezclar hierbas, frutas y especias.
Su curiosidad era incansable.
Experimentaba constantemente con infusiones y maceraciones buscando un licor diferente a todo lo conocido.
Después de numerosos intentos, en 1860, en la ciudad de Novara, presentó una bebida completamente nueva.
Había nacido el Bitter all’Uso d’Olanda, el licor que más tarde sería conocido simplemente como Campari.
Más de 160 años después, la fórmula continúa siendo uno de los secretos mejor guardados del mundo.
Solo unas pocas personas conocen la receta exacta.
Aunque la empresa nunca la ha revelado oficialmente, se sabe que incluye una compleja combinación de:
* Naranjas amargas.
* Cáscaras de cítricos.
* Genciana.
* Cascarilla.
* Ruibarbo.
* Hierbas aromáticas.
* Especias.
* Plantas medicinales.
En total, distintos especialistas estiman que intervienen entre 30 y 70 ingredientes botánicos, cuidadosamente seleccionados.
Cada uno aporta una capa diferente de aroma y sabor.
El éxito fue tan grande que Gaspare Campari decidió trasladarse a Milan, una ciudad que se estaba convirtiendo en el corazón económico y cultural de Italia.
En 1867 inauguró el famoso Caffè Campari, ubicado junto a la majestuosa Galleria Vittorio Emanuele II.
Allí comenzaron a reunirse artistas, empresarios, escritores y políticos.
El Campari dejó de ser solo un licor.
Se convirtió en un símbolo del estilo de vida milanés.
Durante gran parte de su historia, el intenso color rojo de Campari se obtenía gracias al carmín, un pigmento natural elaborado a partir de la cochinilla.
Era un método habitual en la industria alimentaria de la época.
Sin embargo, en 2006, la empresa decidió sustituirlo por colorantes modernos para mantener una producción más uniforme y adaptarse a diferentes mercados.
El característico tono rojo permaneció intacto.
Antes de Campari, los aperitivos italianos existían, pero ninguno poseía una identidad tan definida.
Gaspare comprendió que una bebida ligeramente amarga estimulaba el apetito.
Así nació una nueva costumbre.
Reunirse antes de la cena para conversar mientras se disfrutaba de un aperitivo.
Con el tiempo, esta tradición recibiría un nombre conocido en todo el mundo:
L’aperitivo italiano.
Hoy forma parte del patrimonio gastronómico de Italia.
Pocas bebidas han inspirado tantos clásicos.
 
Negroni
* Gin.
* Campari.
* Vermut rojo.
Quizá el cóctel italiano más famoso del mundo.
 
Americano
* Campari.
* Vermut rojo.
* Agua con gas.
El favorito antes del nacimiento del Negroni.

Boulevardier
* Bourbon.
* Campari.
* Vermut rojo.
Más cálido y especiado.

Garibaldi
* Campari.
* Jugo de naranja recién exprimido.
Sencillo, refrescante y profundamente italiano.

Campari Spritz
* Campari.
* Prosecco.
* Agua con gas.
Una versión más intensa del clásico Spritz.

Describir su sabor no es sencillo.
En una misma copa pueden percibirse:
* Naranja amarga.
* Toronja.
* Cáscara de limón.
* Hierbas alpinas.
* Especias.
* Flores.
* Ruibarbo.
* Notas medicinales.
* Caramelo ligero.
Todo ello envuelto en un amargor elegante que permanece largo tiempo en el paladar.
Es un sabor que suele apreciarse cada vez más con la experiencia.
 
Curiosidades
El Campari se vende actualmente en más de 190 países, convirtiéndose en uno de los aperitivos italianos con mayor presencia internacional.
La empresa fue pionera en utilizar el arte y el diseño gráfico como herramientas publicitarias, colaborando con artistas de renombre y creando carteles que hoy son auténticas piezas de colección.
En Milán aún funciona el histórico Camparino in Galleria, heredero del espíritu del antiguo Caffè Campari y considerado un lugar de peregrinación para los amantes del aperitivo.
Su sabor amargo se debe, en gran medida, a la presencia de raíces, cortezas y hierbas cuidadosamente maceradas, un perfil que lo diferencia de los licores predominantemente dulces.
Entonces…
La historia del Campari demuestra que la innovación nace del valor de hacer algo diferente. Lo que comenzó como el experimento de un joven apasionado por los licores terminó transformándose en uno de los aperitivos más influyentes de la historia y en un símbolo de la cultura italiana.
Más de siglo y medio después, su color rojo sigue iluminando barras y terrazas alrededor del mundo, mientras su receta continúa siendo un misterio cuidadosamente protegido.
Porque, al final, el Campari no es solo un licor.
Es una tradición, un ritual y una invitación a descubrir que, en la coctelería como en la vida, los sabores más complejos suelen ser también los más inolvidables.
 

martes, 7 de julio de 2026

Los peixinhos da horta

(Leído en el muro de Facebook de Food and Glory - Recetas)

Los peixinhos da horta (“pescaítos de la huerta”) son una receta tradicional portuguesa consistente en la fritura de unas judías verdes rebozadas, muy popular en la región de Extremadura y perfecta como aperitivo o acompañamiento de carnes o pescado. 
 
Su consumo está relacionado con los periodos de ayuno de la Iglesia Católica en los que no se podía comer carne. Aunque también por aquellos que no se podían permitir el precio del pescados.
Se desconoce el origen del nombre, pero podría deberse a su parecido con el pescado frito.
 
Pero lo más importante de esta sencilla receta es que se considera el origen de la tempura japonesa. Los portugueses llegaron a Japón a mediados del siglo XVI y permanecieron allí 100 años, llevando consigo esta receta, que los japoneses perfeccionarían hasta obtener la tempura que conocemos. Por otro lado, el término latino “tempora”, que se usaba para designar esos periodos de ayuno religiosos, podría ser el origen de la palabra “tempura”.
 
En la mayoría de las versiones, añaden huevo a la masa. El resultado es muy sabroso, pero menos crujiente que sin él.

viernes, 3 de julio de 2026

La curiosa historia del delicioso queso burrata, uno de los mejores del mundo

(Un texto de E.Z. el El Confidencial leído el 30 de septiembre de 2020)

Surgió a principios del siglo XX por accidente de las manos de un ganadero de la región italiana de Puglia. Hoy en día, está presente en restaurantes y mercados de todo el mundo.

Se trata de uno de los quesos italianos que más se han popularizado en los últimos años. El burrata, creado en 1956 de forma totalmente casual, se presenta en pequeños sacos de pasta hilada atados en la parte superior. Una presentación en el plato digna de un queso sabroso, que en muchas ocasiones tiende a confundirse con la mozzarella, pero que son muy diferentes en su proceso de elaboración y sabor; el burrata destaca frente a los demás por tener una textura muy cremosa al paladar y ser mucho más sabroso.

A lo largo de estos últimos años ha vivido una enorme expansión, de ahí que en la actualidad se produzca en lugares tan opuestos en el mapa como Estonia o Argentina. Pero en realidad, este produco lácteo exquisito goza del reconocimiento de indicación geográfica protegida (IGP), lo que quiere decir que solo hay un verdadero queso burrata, el que se hace en la región italiana de Puglia con la leche procedente de las vacas criadas en la zona.

Aunque se estima que su origen se remonta hacia la mitad del siglo XX, un nuevo estudio realizado por Riccardo Campanile, un historiador de la comarca de Murgia, asegura que en realidad nació en 1920 en una casa de campo llamada Masseria Bianchini que por aquel entonces contaba con cientos de vacas: su leche, mucho más delicada y con menos grasa que la de oveja, reunía las cualidades perfectas para fabricar este queso tan amado por la comunidad gastronómica internacional. Sin embargo, su origen es un mero accidente de un ganadero local, Lorenzo Bianchino, quien ante la imposibilidad de acudir a la ciudad para vender la leche de sus vacas debido a una gran nevada, decidió conservar la crema y la nata dentro de los mismos envoltorios de pasta hilada que se utilizan para cubrir la mozzarela.

Según Campanile, quien entrevistó al hijo de Bianchino, la burrata nació como "una forma de aprovechar las sobras del proceso de elaboración del queso. "La crema proviene de la capa densa formada en la parte superior del ordeño matutino", asegura a la 'BBC', quien ha publicado un extenso e interesante reportaje sobre los orígenes de este producto lácteo con tanto carisma. En ese mismo instante, sobraba un poco de mozzarella. El ganadero decidió entonces mezclar unos trozos de este queso con la crema, usándolo como relleno para la burrata.

Un descubrimiento casual

Por aquel entonces, los agricultores y ganaderos no contaban con cómodos almacenes frigoríficos donde almacenar la mercancía para que no se estropeara, de ahí la ocurrencia de Bianchino: la crema actuaría como conservante natural que protegería al queso, evitando que las tiras de mozzarela se volvieran ácidas. Además, le añadió una cubierta de hojas para protegerla del intenso calor que hacía aquel día, tal y como relata Campanile.

Ángela Asseliti es una de las personas que todavía puede recordar los primeros días de este queso tan delicioso. Su abuelo era otro ganadero que empezó a implementar la receta y a venderla en los mercados de las ciudades más próximas a Murgia. "Solía dormir en el establo con mi abuelo y con las vacas", rememora al diario británico. "Nos despertábamos a las cuatro para ordeñar, y al amanecer, las sacaba a pastar". En aquellos días, sumergían la burrata recién hecha en salmuera para que la capa exterior de la mozzarella se endureciera, luego la vestían con hojas de asfódelo, una planta griega milenaria, para mantener el queso húmedo y preservar su frescura durante los 18 kilómetros que debían recorrer a caballo hasta la ciudad.

Mucho ha cambiado desde entonces. Ahora, la burrata se fabrica con la tecnología más puntera y es envuelta en plástico. En lugar de transportarse al galope de los caballos, viaja en avión para proveer de este producto a restaurantes y mercados de todo el mundo. En la actualidad, las granjas de Murgia proporcionan solo una pequeña parte de la leche destinada a elaborar el queso, ya que la mayoría proviene de otras regiones italianas o de países de la Unión Europea. Es por ello que, con el objetivo de proteger su proceso de fabricación de posibles imitaciones, los ganaderos de la zona se unieron junto con otras lecherías para crear la ya mencionada indicación de protección geográfica (IGP), denominándola Burrata di Andria. La leche se puede obtener de otras zonas, pero el proceso de producción debe hacerse en Puglia, siguiendo con precisión a la receta original.

Confusión con la mozzarella

La burrata es un queso que guarda cierto parecido con la mozzarella, pero para nada son el mismo producto. "Lo que distingue a la burrata de una mozzarella clásica es el interior", avisa la Asociación Italiana del Queso y los Lácteos. "De hecho, el exterior de los dos productos puede parecerse un poco entre sí cuando no se presta atención. Pero cuando la burrata se abre, encontramos el corazón blando, compuesto por la stracciatella. Además, está rodeado por una envoltura suae de masa hilada agregada a mano".

La burrata se preprara de una manera muy similar a la mantequilla, con nata y pasta hilada, mientras que la mozarella se elabora con un tipo de leche de vaca que se cuaja, pasteuriza con cuajo y fermentos lácticos. Cuando se crea la cuajada, se amasa en agua hirviendo, se hila y finalmente se corta en bolas de distintos tamaños. Otra diferencia notable entre ambas es su número de calorías: la burrata contiene un 30% más de contenido calórico, mientras que la mozzarella posee en torno al 17%. De ahí que se recomienda un consumo moderado.

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