(Un texto de J.L.S. en el Heraldo
de Aragón del 11 de diciembre de 2021)
Es uno de los mariscos más
atractivos y apreciados por los consumidores durante las celebraciones
navideñas.
En las ya próximas fiestas
navideñas es típico degustar algún marisco de cierto nivel. Por ejemplo, el
centollo, un cangrejo de categoría que ocupa un lugar privilegiado en la cocina
de las regiones cantábricas españolas. Por allí, especialmente
en el País Vasco, se llama también changurro o txangurro.
Aunque hace semanas que se abrió
la veda de centolla en Galicia, para Luis Piñeiro, responsable de compras de la
empresa O Percebeiro, "hasta diciembre, la centolla no está
verdaderamente llena, y si por mí fuera la dejaría crecer hasta verano.
Además, para que crezca, es importante que la mar esté revuelta y que llueva,
para aportar una parte de agua dulce a su alimentación, y hasta hace unos días
no hemos empezado con el mal tiempo".
Desde la central de esta empresa,
en Marín, afirman que por el momento el precio de la centolla está igual que el
año pasado por estas fechas (en su web estaba esta semana a 38 euros la pieza
hembra de 1 kilo y 28 euros si es macho), y que llevan semanas recibiendo
encargos que van creciendo a medida que se acerca la Navidad. "Lo
que más se demanda en estas fechas son percebes, almejas, centolla y besugo,
aunque la verdad es que también se venden otros muchos productos, todos
extraídos a diario de las rías gallegas", explica Manuel Otero, director
general de O Percebeiro.
Una característica de la centolla
gallega es que su caparazón está cubierto por pequeñas algas y esponjas, de
manera que se encuentra camuflado frente a los posibles depredadores. Los
expertos recomiendan encarecidamente comprar centollos de procedencia gallega,
ya que su calidad no tiene comparación con los que provienen de otras zonas de
la costa de Europa, como las islas británicas y Francia.
Entre los aficionados a este
marisco existe un dilema curioso en relación al sabor del centollo y de
la centolla, aunque, como siempre suele ocurrir en las cosas del comer, lo que
prima es el gusto de cada cual. La diferencia entre hembra y macho no
solo está en el precio y en algunas características que se aprecian a simple
vista, como el tamaño general y de las pinzas (los machos son más grandes) o la
tapa inferior (ancha y redondeada en las hembras y alargada y estrecha en los
machos).
La hembra ofrece el coral, que es
el resultado de las huevas tras la cocción, y que es un tesoro para los amantes
del marisco, pero a otros no les gusta tanto ese sabor tan intenso. Por otro
lado, la carne de la hembra tiene más sabor a mar y es más delicada. La
del macho es más fibrosa y de sabor más sutil. "Yo prefiero el
macho, sin dudarlo", concluye Piñeiro, perteneciente a una familia de
larga tradición en el sector de la pesca.
En Zaragoza, los aficionados a
este marisco prefieren la centolla, según apunta Ana Belén López en el
puesto de pescadería que regenta con su hermano José Luis en el
Mercado Central. Esta semana, los precios están bastante comedidos y no se han
superado los 18 euros el kilo. Cada pieza de las que suelen llegar a su
mostrador pesa unos 800 o 900 gramos.
En cualquier caso, sea del sexo
que sea, este gran cangrejo siempre concentra un gran sabor a mar en estado
puro, como pone de manifiesto el chef Jorge Lara, del restaurante
zaragozano Goralai, establecimiento que recientemente obtuvo uno de
los premios al mejor menú de 50 euros en el Certamen de Restaurantes de Horeca.
Lara comenta que debido al precio
al que suele cotizarse este marisco y a la laboriosidad de la mayoría de las
recetas en las que se integra el centollo, no es un producto muy habitual en
los establecimientos de hostelería. Sí es más corriente encontrarlo en
algunas preparaciones conocidas como changurro, que toman el nombre
que le dan al bicho en algunas zonas del norte de España.
Plato típico de la cocina vasca, el
changurro a la donostiarra está presente en muchos hogares durante las
celebraciones navideñas. En algunas zonas, preparan el changurro
mezclando la carne de centollo y la del buey de mar, que tiene un sabor mucho
menos intenso.
Los expertos aconsejan que si
compramos el centollo vivo, antes de cocerlo es conveniente atontarlo
con un pequeño chorro de vinagre en la boca para evitar que al hervir
el agua patalee intentando salir y se rompan las patas.
Después hay que introducirlo en una cazuela con agua
fría y sal y sujetarlo con una espumadera para que no salga a la superficie
cuando note el calor de la cocción. En algunas pescaderías venden
también los centollos ya cocidos para que sea más cómoda la
preparación al llegar a casa.