(Extraído de un texto de Alejandro Toquero publicado en el Heraldo de Aragón del 6 de abril de 2019)
Los espárragos blancos frescos y de temporada ya están muy visibles en las fruterías. Hace unas semanas empezaron a llegar los primeros, procedentes, la mayoría, de Extremadura y de Andalucía. Pero, poco a poco, los de desarrollo más tardío de las huertas de la ribera del Ebro están haciendo acto de presencia. Eso sí, todavía son algo irregulares de tamaño y grosor pero, a medida que el mes de abril vaya avanzando, serán más uniformes y, a buen seguro, que también bajará su precio. A los fruteros es un producto que les gusta mucho enseñar. De alguna forma, representa la alegría de la primavera en la mesa, esa sensación de alimento de temporada al que apetece acercarse para disfrutarlo con intensidad.
Pero no solo estos profesionales disfrutan de su presencia. En el sector hostelero, es un ingrediente culinario que se espera como agua de mayo. […] el espárrago de temporada, que hasta las primeras semanas de junio va a estar muy presente, ofrece muchas posibilidades.
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Los buenos ejemplares […] no deben ser muy largos, «de aproximadamente un palmo, como unos 15 centímetros». Aunque hay criterios para todos los gustos, la cocción tiene que ser más bien corta -entre ocho y
quince minutos, en función del grosor-, de forma que no queden demasiado blandos ni se diluyan en exceso todas sus propiedades nutricionales.
Previamente, conviene lavarlos para eliminar los posibles restos de tierra, cortando los tallos para que tengan todos la misma longitud. Se pelan -hay una herramienta especial, pero un pela-patatas es suficiente- de arriba hacia abajo. Eso sí, respetando la punta, como unos cinco o seis centímetros, que no hay que pelar.
También es importante que el grosor sea similar para que todos alcancen el punto de cocción deseado al mismo tiempo. Una vez cocidos y escurridos, hay que dejar que se atemperen. Lo aconsejable es degustarlos templados, ya que en frío no se aprecian bien los matices.
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Gabriel Pascu -cocinero de Casa Lac- explica que para asarlos en casa en un horno doméstico lo tenemos que precalentar bien entre 200 y 220 grados, «ponerlos pelados en la bandeja con un chorro de aceite y dejarlos durante aproximadamente 12 minutos».
Al sacarlos, se reservan para que se atemperen y, cuando estén templados, ya se pueden comer añadiendo un buen aceite y escamas de sal. «La textura es diferente a la del espárrago cocido ya que no queda tan blando; al morder roncha un poco, pero por dentro se deshace y tiene más sabor», explica este cocinero. No es tan habitual comerlos en forma de carpaccio, cortados en finas láminas que Ricardo Gil recomienda hacer con un corta fiambres para que queden uniformes. «Para el aderezo empleamos un buen aceite, se añaden unas escamas de sal y unos pistachos triturados y tenemos un bocado exquisito». También comenta que se pueden degustar con unas gotas de vinagre blanco.
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