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martes, 28 de noviembre de 2023

La Sosenga

(Un texto de Mikel Iturriaga en El País del 10 de octubre de 2023)
 
El turismo masivo ha llenado de establecimientos sin alma el Barrio Gótico de Barcelona. Pero hay esperanza: un pequeño restaurante con nombre de guiso medieval reivindica la tradición local para locales.

El 'Llibre de Sent Soví' es el recetario más antiguo escrito en catalán. Data de 1324, e incluye la receta en varias versiones de la sosenga, un guisote muy del gusto medieval en el que la carne se acompaña de una salsa o sofrito especiado. 800 años después, el plato da nombre a uno de los restaurantes más interesantes de Barcelona, tanto por su cocina como por su emplazamiento.

La Sosenga es un oasis en mitad del Barrio Gótico, una zona en la que los establecimientos con personalidad han ido desapareciendo a medida que el turismo masivo tomaba el centro de la ciudad. Sus dueños, Marc Pérez y Tania Doblas ofrecen comida catalana tradicional con toques de autor, hecha por locales para locales, con un menú del día imbatible a 19,50 euros. Si quieres conocer su historia, ver algunas de las maravillas que cocinan y aprender cómo se hace la legendaria sosenga, no tienes más que mirar el vídeo de arriba.

Sosenga de carrilleras del restaurante La Sosenga

Tiempo: 180 minutos

Ingredientes

Para 4 personas

  • 2 carrilleras de ternera limpias
  • 60 g de sofrito de cebolla y ajo
  • 15 g de miel
  • Tres ramas de tomillo seco
  • 1 de cucharada de perejil
  • 1 cucharada de mejorana
  • 10 g de manteca de cerdo
  • 1 rama de canela
  • 6 clavos de olor
  • Aceite de oliva
  • Pimienta negra
  • Sal
  • 1 naranja grande o 2 pequeñas
  • Hinojo en polvo (opcional)

Picada

  • 60 g de hígado de ternera
  • 15 g de pan
  • Una cucharada de vinagre

Instrucciones

1. Poner las carrilleras en una bandeja que se pueda meter al horno. Salpimentarlas generosamente. Añadir la rama de canela troceada, el clavo y la manteca derretida y frotarlas para que se impregnen de los sabores.
2. Hornear a 200 grados 15 minutos. Dar la vuelta a las carrilleras y hornear cinco minutos más.
3. Mientras las carrilleras se doran en el horno, calentar un buen chorro de aceite en una cazuela a fuego bajo. Añadir el sofrito de cebolla y ajo, el perejil picado, la mejorana y las ramas de tomillo y rehogar suavemente.
4. Sacar las carrilleras del horno y ponerlas en la cazuela. Desechar los trozos de canela y el clavo y desglasar la bandeja con un poco de agua. Añadirla a la cazuela.
5. Incorporar la miel a la cazuela y cocinar un par de minutos.
6. Cubrir con agua y cocer a fuego muy suave dos horas, tapado con papel de horno con un agujero en medio (ver vídeo).
7. Preparar la picada triturando el pan, el hígado y el vinagre.
8. Quitar el papel de horno de la cazuela y añadir la picada. Remover, volver a poner el papel y cocinar hora y media más a fuego muy suave. Dejar reposar.
9. Calentar el guiso y triturar la salsa.
10. Servir acompañado de gajos de naranja pelada a lo vivo, aliñada con unas escamas de sal y un poco de aceite de oliva. La carne se puede aderezar con un poco de hinojo en polvo.

martes, 28 de febrero de 2023

Todos los secretos de la Guía Michelin: así se escogen los mejores restaurantes del mundo

 

 (Un texto de Marta Fernández Guadaño en El Mundo del 20 de noviembre de 2019)

Se cumplen 130 años de la fundación de la Guía Michelín, y 110 de su edición para España y Portugal. Una empresa que arrancó en 1900, cuando los Michelín lanzaron un manual para conductores.

En 1974, el vasco Arzak y los madrileños Zalacaín, Jockey, Club 31, Horcher, El Escuadrón, Balthasar, O'Pazo, Ruperto de Nola y El Bodegón se convertían en los primeros restaurantes con estrella de la era moderna de la Guía Michelin. De esa época, solo la casa de Juan Mari Arzak sigue perteneciendo al club de las estrellas -de hecho, con la triple distinción, máxima calificación de la guía francesa-.

Esa época marca un punto de inflexión entre dos etapas del manual de las tapas rojas que, ahora mismo, tiene en vilo a los hosteleros españoles: el 20 de noviembre, el fabricante de neumáticos celebra su gala anual en el Teatro Lope de Vega de Sevilla para presentar la edición 2020 de la guía para España y Portugal. "Es un evento privado que, por invitación personalizada, congrega a más de 500 personas de diversos ámbitos sociales", explican desde Michelin, donde recuerdan que esta gran fiesta de la gastronomía "reúne anualmente a todos los chefs con tres y dos estrellas Michelin de ambos países, así como un gran número de cocineros de otras categorías y más de un centenar de medios de comunicación de TV, radio, prensa escrita u online".

Este año parece especial, puesto que el tomo correspondiente a 2020 equivale al 110 aniversario de la guía de España y Portugal (países que históricamente comparten edición), al tiempo que se cumplen 130 años de la fundación de la empresa.Pero, mientras las quinielas se multiplican con la seguridad de que habrá, al menos, un nuevo triestrellado y, según afirman fuentes de Michelin "será un buen año, mejor en conjunto que 2019" -ejercicio en el que hubo 30 novedades para los dos países-, la pregunta es: ¿por qué son tan anheladas las estrellas Michelin? O, quizás, existe una cuestión básica previa: ¿qué es la Guía Michelin y cómo funciona?

En 1900, los hermanos André y Edouard Michelin, fundadores en 1889 del fabricante de neumáticos, lanzaron el proyecto como un manual para conductores en Francia, que primero fue gratuito e incluía trucos como el cambio de rueda en un momento en el que solo 3.000 vehículos circulaban por las carreteras francesas.

"Esta obra aparece con el siglo y durará tanto como él", auguraron los hermanos Michelin. Pero, superados hace tiempo los 100 años, la guía, roja hoy y de tapas amarillas en el pasado, no sólo sigue existiendo, sino que ha reforzado su poderío con el paso del tiempo.

En 1920, pasó de gratuita a costar siete francos en España, por decisión de André Michelin, que tras observar cómo su querido manual sujetaba un banco 'cojo' en un taller de neumáticos, tuvo claro que "la gente solo respeta aquello por lo que paga".

Al mercado español llegó en 1910, con edición conjunta para España y Portugal que hoy se mantiene. Se publicó hasta un número que comprendía de 1936 a 1938 y, tras varias ediciones bianuales entre 1952 y 1973, el año 1974 marcó la vuelta de la guía con su elemento más atractivo: las estrellas, distinciones concedidas a restaurantes que más destacan por oferta gastronómica.

Pero, ¿cuál es el contenido de la Guía Michelin? La guía no incluye únicamente espacios con estrella, sino restaurantes bajo diferentes conceptos de negocio, desde espacios a lujo a casas de comidas o bares de tapas y hoteles. El equipo de inspectores de la compañía realiza cientos de visitas anuales a restaurantes y hoteles, lo que determina la decisión sobre su inclusión en la guía.

En el caso de los establecimientos con una cuidada propuesta gastronómica pueden ser distinguidos con las citadas estrellas para señalar las direcciones más interesantes para los viajeros que merecen una parada en su camino para comer. De menos a más, se pueden conceder una, dos o tres estrellas Michelin.

Un restaurante no puede optar a estar en la guía a través del cumplimiento de unos requisitos. Es decir, la presencia en la guía o las estrellas no es un sello consecuencia del cumplimento de un listado cerrado de puntos, sino que es resultado del criterio de los inspectores. En la revisión anual de la guía, además de incorporarse novedades, puede haber supresiones de estrellas.

Y la pregunta del millón: ¿quiénes son los inspectores y qué requisitos deben cumplir? Son empleados en nómina de Michelin. Titulados superiores en Turismo y Hostelería, deben tener experiencia previa de más de cinco años en hostelería, aparte de superar un proceso de selección.

En España y Portugal, son en torno a una docena y, además, se responsabilizan de las evaluaciones en Brasil (único país de Latinoamérica donde hay guía), pero, dentro de Europa (donde son más de 60), hay intercambio y movilidad de inspectores, por lo que algunos de otros países también visitan restaurantes españoles. "M, le grand livre du guide Michelin", libro recién editado por el grupo francés, recoge las experiencias e itinerarios de los inspectores.

Su función es visitar de forma anónima los restaurantes, donde siempre pagan la factura y no se identifican (salvo al final de la comida, aunque, a veces, los cocineros les tienen fichados) y emiten opiniones que, a través de reuniones internas, dan como resultado la decisión sobre el reparto estrellas.

Las decisiones sobre concesión de estrellas se toman "de manera colegiada" y "sin tratos de favor". Hay cinco criterios uniformes en todo el mundo, considerados por los inspectores para conceder estrellas: calidad de los productos, personalidad de la cocina, dominio de puntos de cocción y texturas, equilibrio y armonía de sabores y regularidad.

Cada inspector realiza cerca de 250 comidas al año, se aloja en hoteles una media de 160 noches, puede llegar a visitar más de 800 establecimientos y escribe unos 110 informes basados en un manual de Michelin. "La selección se hace con total independencia, pensando solo en los lectores", recalcan desde Michelin, conscientes de las críticas anuales que apuntan a un reparto cicatero para un mercado como el español, que ha experimentado una explosión gastronómica en los últimos años.

¿Qqué implica obtener estrella? Al menos, a corto plazo, las reservas suelen aumentar, así como la visibilidad mediática del cocinero, mientras, por contra, se maneja una casi histórica estimación sectorial que cifra en un incremento del 30% de los costes para el negocio derivados de posibles lujos que van del menaje y la bodega al aumento de la plantilla. La realidad es que el premio Michelin suele traducirse en un aumento del tícket medio o del precio del menú degustación, formato habitual en este tipo de restaurantes.

Balance español

Con 27 ediciones nacionales o regionales y "criterios de clasificación idénticos en todos los países", el mercado gastronómico global cuenta con 3.459 restaurantes con estrella. En 2019, España y Portugal, con un total de 2.119 establecimientos bajo diversos formatos de negocio (incluidos 284 locales con buena relación calidad precio condecorados con el Bib Gourmand), suman 232 restaurantes con distinción; de ellos, 206 son españoles y 11 lucen la triple, 31 la doble y 190 una estrella.

Entre los 11 con tres estrellas,está Dani García Restaurante, protagonista de una de las decisiones más sui generis e inesperadas del sector culinario. Hace justo un año, el chef marbellí fue el único nuevo triestrellado para su espacio del Hotel Puente Romano pero, a los 27 días de obtener el máximo reconocimiento en la gala anual de Michelin, anunció su intención de cerrar su negocio de alta cocina para centrarse en un plan de crecimiento a través de formatos más casual.

Justo este fin de semana, García sirve su última cena de su hasta ahora triestrellado. En el otro extremo, se encuentra Martín Berasategui, chef récord Michelin que cuenta con 10 estrellas en 5 restaurantes, incluidos dos biestrellados.

En todo caso, esos manuales son hoy codiciados objetos de colección que se subastan por elevadas cifras: la primera de Francia de 1900 alcanzó los 23.000 euros hace un par de año y la primera española de 1910 -considerada la más cara del mundo por ser la más complicada de conseguir- rondó los 12.000 euros. La peculiaridad es que solo un coleccionista español, el gallego Antonio Cancela, y un belga poseen todas las ediciones de la guía: 940 ejemplares editados en 34 países.

martes, 28 de julio de 2020

Torvehallerne, un sabroso secreto a voces


(Un texto de Jorge García Palomo en una de las revistas Ling de 2017)

“No conozco ningún secreto en particular de Torvehallerne", nos confiesa con humildad su responsable de marketing, Mathilde Thykier. Porque, sin duda, el secreto a voces, la mayor virtud de este espacio carismático con unas 80 tiendas es que se trata del mercado de alimentos más grande de Copenhague. Y que atrae a más de 80.000 visitantes a la semana. Una suerte de Boquería barcelonesa o mercado de San Miguel madrileño en la capital de Dinamarca que brinda toda una oda a los productos excelsos, las verduras locales, carnes de órdago, cafés importados desde distintos rincones del mundo, delicias artesanales y ecológicas, quesos, zumos de frutas, cervezas, especias exóticas, pescado fresco y esa ingente variedad gastronómica en la que habita el gusto colectivo. Y el de cada uno.

Comidas gourmet, especialidades culinarias riquísimas, diferentes viandas y llamativos dulces para soñar despiertos. Incluso se pueden encontrar ornamentos florales, utensilios para el arte entre fogones y, sí, ese otro clásico de los daneses que son los smorrebrod, tostadas de pan negro con mantequilla e ingredientes fríos que maridan —sorprendentemente— a la perfección. Quizá todo esto de comprar bien y saborear un buen plato, valga la osadía, tiene también que ver con el hygge, la etérea filosofía escandinava que promueve el bienestar de sus ciudadanos y que últimamente ha dado la vuelta al globo terráqueo desde los medios de comunicación. Porque en las sociedades actuales existe una imperiosa necesidad de echar el freno y degustar la felicidad cotidiana. A fuego lento.

En cualquier caso, volvamos a Torvehallerne. Diseñado por el arquitecto Hans Hagens e inaugurado en 2011, hoy se ha convertido en un lugar muy popular. Estamos en el corazón de Copenhague, en lsraels Plads, cerca del Ayuntamiento y a un centenar de metros de la estación de Norreport, buen enlace con el aeropuerto. Con perdón por el tópico, Torvehallerne se enmarca en el centro neurálgico de la urbe. Totalmente. Lo conforman dos modernos pabellones de cristal y acero y, tras los flamantes mostradores, nos dan la bienvenida los expertos que comparten con el cliente su vocación por la cocina.

"Es un mercado que se centra en la diversidad y en la posibilidad de participar en catas y descubrir rarezas de aquí y de allá. El punto de partida es el respeto fundamental por el producto, la comida y la cultura alimentaria. Las palabras claves son calidad, frescura y contacto directo entre comerciantes y fabricantes", definen desde su web: www.torvehallernekbh.dk. Y ante la pregunta de cuándo acudir, otra razón de su éxito: abren los siete días de la semana. Como afirma su responsable de marketing, Mathilde Thykier, reciben visitas de "muchísimos turistas de todas partes del mundo, principalmente de Europa". "Torvehallerne es un mercado variado con un montón de puestos de comida, con un acceso cómodo, con productos locales y para llevar", subraya para Ling. Un entorno idóneo, desde luego, para quienes quieren tomar algo rápido o un menú más sofisticado o tapas genuinas. O tal vez haya quien prefiera preparar la pitanza después, con calma, en la calidez del hogar que recomienda el célebre hygge, la admirada felicidad danesa. Algo que se puede observar en Torvehallerne, donde no faltan propuestas tan interesantes como la tienda de té Tante T, The Coffee Collective, Cofoco Supermarché, Sushi Lovers o el Summerbird para fans del chocolate. Pero lo mejor, como suele ocurrir en estos casos, es improvisar y despertar los cinco sentidos. Incluso el sexto.

Sentido común. No olvidemos las pautas básicas de cordialidad y educación. Los artífices del afamado centro comercial de Copenhague admiten que seguramente no todas las opiniones sobre su oferta gastronómica —o sus precios— serán siempre positivas. "Mantenga el buen tono", sugieren allí mismo y en la web. Porque así deberían ser estos espacios de convivencia: relajados, apacibles, entregados a la delicadeza y la pasión por redescubrir los colores y sabores de la buena mesa. De acuerdo, hay muchos planes potentes para exprimir Copenhague y Torvehallerne igual no ocupa el primer puesto de la agenda del viajero, pero la vida de las ciudades se respira también en los mercados. Y si son de proximidad, más y mejor. Bazares, zocos, el Rastro... Aquí brota la espontaneidad. Incluso en los sitios más asépticos. Y el encanto de Torvehallerne lo sintetizan con puntería fina desde el portal oficial de la capital danesa, www.visitcopenhaguen.com: "No es un supermercado. Es un súper mercado". Lo del hygge igual no se acaba de entender del todo, pero en esto han estado muy inspirados. Buen provecho.

domingo, 19 de abril de 2020

Carbonara, el secreto está en la salsa

(Un texto de Clara Villalón en El Mundo del 10 de febrero de 2020)

Con un origen incierto, este famoso plato hoy es objeto de múltiples versiones, que incluso no llevan pasta. Y aunque hay quien la usa, si es sin nata, mejor.

Yema de huevo, «guanciale», pecorino, pimienta negra y espaguetis. Aunque muchos sean absolutamente radicales con que éstos son los ingredientes únicos e inamovibles de la carbonara -en torno a la cual en poco años se ha creado todo un mito digno de alabanzas-, lo cierto es que no existen citas realmente antiguas sobre este untuoso y goloso plato de pasta, pero aún así muchos romanos lo consideran parte de su ADN, defendiendo a ultranza su receta original.

Quizá la referencia con más solera y con productos similares sean los maccheroni con cacio e uova que el napolitano Francesco Palma describía, en 1881, en su Il principe dei cuochi: queso, huevos y manteca de cerdo en un plato de macarrones. Y es que el uso de guanciale, esa papada de cerdo curada (que no ahumada), no surgiría en las propuestas de pasta hasta más tarde, en 1949, con los spaghetti al guanciale de Ada Boni en el libro Il piccolo talismano della felicitá, aunque no junto al huevo.

Historia

La verdad es que mucho se ha especulado sobre el origen o el primer autor de esos espaguetis bañados en salsa de yema de huevo, e incluso ni siquiera su nombre -carbonara- se consigue ligar a ella. Cuenta una leyenda que fueron unos mineros dedicados al carbón quienes le dieron nombre al ver la cantidad de pimienta negra que llevaba el plato que comían a menudo.

Curiosamente, la palabra surgió antes en una película que en un manual de cocina: Una doncella en apuros... (Cameriera bella presenza offresi...), dirigida en 1951 por Giorgio Pastina y con Federico Fellini entre sus guionistas. He aquí la escena: en una entrevista de trabajo, a Maria, una camarera, le preguntan si sabría hacer spaghetti alla cabonara y ella niega cualquier pericia en el asunto. Igual de chocante resulta saber que la primera formulación con dicho nombre apareció, en 1952, en EEUU de la mano de Patricia Bronté, quien en una guía de restaurantes de Chicago escribió sus ingredientes al citar un plato que llamado así se servía en el restaurante Armando's, en La Ciudad del Viento, y que probablemente hubiera sido visto con anterioridad en algún comedor de Roma.

La primera cita recogida en un libro de gastronomía italiana con espaguetis, huevo, panceta, queso gruyere y ajo data de 1954, y años después, en 1960, Luigi Carnacina sustituyó -en La grande cucina- la panceta por el guanciale. Más tarde, algunos cocineros incorporarían la nata -esa que tantos detestan y que consideran casi herejía-, que pasaría a figurar en notables recetarios italianos, por ejemplo, en los de Gualterio Marchesi, considerado el fundador de la cocina italiana moderna.

No podemos hablar de carbonara sin citar la que el multipremiado chef tunecino Nabil Hadj Hassein prepara en el restaurante romano Roscioli. Alabada por profesionales y gastrónomos, su secreto -confiesa el patrón del negocio, Alessandro Roscioli- reside en utilizar una sartén de hierro en la que se saltea el guanciale de Montecorvo, usar un mix de pimientas de Sarawak y de Sichuan, emplear spaghettoni de Benedetto Cavalieri y no añadir nada de agua, sino hacerla en la propia grasa del guanciale y, por supuesto, mantecarla en frío.

Pistas capitalinas

Y de la Ciudad Eterna al Foro, donde encontramos propuestas de altura al estilo clásico. Por ejemplo, la de Lisanderella, donde emplean guanciale lombardo, yemas de huevo camperos, pecorino de Cerdeña y pimienta y terminan la receta en la mesa, frente al comensal, para que conserve toda su cremosidad. En Nina Pasta Bar, Adriana Restano opta por la pasta de grano duro de Gragnano que trae de Benevento y guanciale romano que lonchea y fríe para que quede crujiente, dando lugar a una salsa cremosa y muy gustosa. Es imposible no reseñar la carbonara originale que en El Bacaro de Fabio Gasparini defienden a capa y espada. Son también muy destacables y equilibrados los spaghetti de Trattoria Manzoni, preparados con pasta fresca en lugar de seca como manda la tradición.

Más ortodoxia hay en la propuesta de Pasta Mito, en el Mercado de Chamartín, en cuya carbonara destacan una buena cantidad de pimienta negra, la yema de huevo de corral, el parmesano (en vez de pecorino), el guanciale y la mantequilla infusionada con la papada de cerdo curada. También es reseñable la de Matteo Cucina Italiana. En este local del Mercado de la Paz se apuesta por utilizar la pasta artesanal que cada día elaboran con harina ecológica. Y unos canónicos espagueti a la carbonara sirven en Sottosopra, embajada trasteverina en pleno Barrio de Salamanca.
Saltamos a la Ciudad Condal, al BarcelonaMilano, donde presumen de elaborar los «auténticos espaguetis a la carbonara», bañados con una salsa en la que se percibe sobre todo una buena yema de huevo. Mientras, en La Gallina Bianca (Sevilla) optan por unos rigatoni cocinados con todos los ingredientes más clásicos.

Marina y más

Como es habitual en el mundo de la gastronomía, de las elaboraciones clásicas surgen muchas versiones y la carbonara no iba a ser una excepción. Así, ha pasado de ser un sencillo plato en sí a convertirse en una creación que ha adquirido diferentes dimensiones, especialmente de la mano de grandes maestros italianos. Por ejemplo, el chef Mauro Uliassi (Uliassi, en Senigallia, Ancona) defendía una «carbonara del mar», hecha con huevas de pescado, tripas de bacalao y piel de rodaballo; Antonello Colonna (con restaurante homónimo en Roma) proponía unos ravioli rellenos de la propia carbonara y terminados con nata agria y Massimo Sola (MAMO Restaurant, Nueva York) optó por una que contenía una yema de huevo trabajada a baja temperatura y crumble de guanciale.

Ya en tierra española, Gianni Pinto despacha en Noi (Madrid) unos spaghetti con tartar de atún rojo marinado en miso y botarga de mújol. También en la capital, Andrea Tumbarello (uno de los grandes precursores de la carbonara de calidad en nuestro país) incorpora en la carta de Don Giovanni una Marbonara, a partir de atún, botarga, huevo y pimienta, además de una Bosconara, protagonizada por la trufa negra, que por algo se le conoce como el rey de este hongo. Delicada y gustosa es la propuesta de Davide Bonnato en Gioia: una carbonara desestructurada con bigoli (espaguetis más gruesos), yema de huevo a baja temperatura, pecorino rallado y crumble de carbón.

Más allá del espagueti

Dejando a un lado la pasta, su pareja eterna, la carbonara se ha convertido en la salsa clave de otras muchas preparaciones. Como la tradicional que baña los deliciosos espárragos -cortados en láminas muy finas y a los que se añaden rilette de costilla y huevas de salmón- que elabora Dani Carnero en La Cosmopolita (Málaga) o las alcachofas asadas y cubiertas con una manteca de panceta casera, espuma de huevo, parmesano y láminas finísimas del tocino que se ofrecen en temporada en Cruix (Barcelona).

En Huerta de Carabaña (Madrid), Ricardo Álvarez separa y lamina el tallo de la flor del brócoli (con la que hace un cuscús muy delicado), que saltea con papada curada, termina con la clásica mezcla de yema y pecorino -siempre fuera del fuego- y corona con el cuscús. En clave contemporánea, en el capitalino Alabaster preparan un puerro con carbonara de apio, anguila ahumada -que le da al plato un sabor muy particular-, trufa melanosporum y nata.

Un aire similar se percibe en la creación que Yolanda León y Juanjo Pérez sirven en Cocinandos (León) a partir de puerro, carbonara, anguila ahumada, manzana e hinojo. Mientras, en Ikaro (Logroño) se opta por un cardo cuya salsa se prepara con beicon, cebolla, nata y yema de huevo hasta conseguir una textura cremosa. En A'Barra se decantan por laminar un espárrago blanco de la huerta de La Catedral y lo terminan con una carbonara emulsionada y caviar.

Sin embargo, no todo va a ser verdura y pescado: en el madrileño Lakasa, César Martín opta por unas albóndigas de buey, cuya salsa es un agradecido homenaje a Andrea Tumbarello, y hace poco Javi Estévez (La Tasquería) ofrecía fuera de carta unas suculentas mollejas de cordero con carbonara y trufa.

Y cómo olvidarse de los macarrones de Disfrutar (Barcelona), plato que combina técnica y sabor y juego con el comensal, ya que los camareros mezclan en la mesa la pasta elaborada a partir de caldo gelatinizado de jamón con la espuma de carbonara, el guanciale y una mantequilla infusionada con beicon.

Más vanguardia de mano de Paco Pérez, quien utiliza la espardeña como espagueti y la emulsiona con una carbonara blanca en Miramar (Llançà, Gerona); de Martín Berasategui, que sirve una yema de huevo de corral bañada con carbonara de hierbas aromáticas, velo untuoso y queso ahumado en Etxeko (Madrid), y de Paco Roncero (Paco Roncero restaurante), quien le ha dado un par de vueltas a su pizza carbonara, que ahora despacha -dentro de su menú degustación- con forma de estrella y terminada con papada ibérica.

Begoña Rodrigo (La Salita, Valencia) emplea únicamente el formato salsa, que emulsiona con los interiores de un salmonete. En Mediamanga (Barcelona) se decantan por ostra a la carbonara -empleando la auténtica receta romana-, plato que de alguna manera evoca los espaguetis negros a la carbonara de ostras que firmó Niko Romito en Reale (Castel di Sangro) y que tantos corazones conquistaron.

Hasta ha encontrado su lugar en los postres. En 2017, Jordi Roca finalizaba algunos menús de El Celler de Can Roca con un plátano a la carbonara de vainilla, con un punto picante y trufa rallada por encima. Ya se sabe, con la carbonara ¡todo es posible!

Receta cada vez más purista

¿Cuándo nació la carbonara? Poco después de la liberación de Emilia-Romaña al final de la II Guerra Mundial, en Riccione, el cocinero de Bolonia Renato Gualandi preparó un almuerzo en el que se encontraban la Octava Armada Inglesa y la Quinta Armada Americana. El chef decidió emplear algunos de los ingredientes que traían los americanos y hacer con ellos una pasta: beicon, crema de leche, queso y polvo de yema de huevo, todo rematado con pimienta negra por encima. Para esta ocasión especial, Gualandi utilizó los productos que tenía a mano, interpretándolos con esa herencia italiana del cacio e uova y creó así una receta puramente romana, que enseguida quisieron exportar los americanos y también el resto del mundo.

A partir de 1955 se extendió a casi todas las trattorias romanas, haciéndose sitio en el corazón del Lacio, donde han estandarizado sus ingredientes y consideran la nata un insulto antes que una aportación. En los años 90 comenzó una cruzada en defensa de una carbonara «pura». Así, los básicos de la fórmula clásica serían: espaguetis, primordiales porque absorben la salsa, aunque se podría aceptar otra pasta (siempre seca); una yema de huevo por persona; 40 gramos de guanciale tostado salteado; 15 gramos de pecorino romano (posee más potencia que el parmesano) mezclado con las yemas de huevo y bastante pimienta negra. Y muy importante, siempre hay que mantecar la pasta con el mix de huevo y queso fuera del fuego para conseguir de esta manera una cremosidad casi adictiva.

domingo, 12 de abril de 2020

Gastronomía bearnesa

(Un texto en el Heraldo de Aragón del 13 de abril de 2019) 

La práctica de deportes en plena naturaleza, monumentos artísticos, actividades para toda la familia... Las posibilidades que ofrece el Pirineo bearnés son infinitas. No obstante, una de las señas de identidad que mejor definen a la zona es su gastronomía rica y variada, un elemento que atrae a miles de visitantes cada año, ávidos de probar los productos más emblemáticos de esta región histórica francesa.

Peregrinos y todo tipo de viajeros recorren sus apacibles campiñas, desde el corazón del Béarn hasta Vic-Bilh, y sus pasos les llevan de los viñedos a las bodegas, de las salinas a los huertos; de las bastidas a los castillos, de los encuentros a las visitas a productores. Una forma original de disfrutar, aprender y relajarse al mismo tiempo. Como platos principales, se puede elegir entre los tentadores 'poule au pot' (gallina al puchero) o 'garbure' (sopa de col con hortalizas), los imprescindibles gastronómicos de la región. El menú continúa con clásicos como el queso de oveja artesanal del Béarn, el área que más alimentos de este tipo produce en el país. Y, para poner la guinda a la comida, qué mejor que postres como el 'pommier' de Lesear, un delicioso pastel de hojaldre, dulce de manzana, crema y caramelo; o el 'russe' de Oloron-Sainte-Marie, similar al pastel ruso.

EL MEJOR ACOMPAÑAMIENTO

Otro de los productos más representativos de la región es el vino. Las denominaciones de origen de Jurançon (al sur) y Madiran (al norte) constituyen los principales ejemplos de que el Pirineo bearnés es un destino enoturístico. Una tierra con amplias superficies de viñedos y con bodegas que pueden visitarse a lo largo de todo el año y donde se pueden conocer con detalle los procesos de elaboración de este producto, ideal para acompañar los platos típicos de la zona. Se da la circunstancia de que el territorio es también el segundo productor de foie gras de Francia, lo que convierte a este producto culinario en uno de los más famosos del país, además de maridar de forma ideal con variedades como el Jurançon seco o dulce. Otras propuestas como el Madiran tinto combinan perfectamente con platos como el cordero lechal de los Pirineos o la vaca rubia de Aquitania, mientras que el Pacherenc lo hace con las truchas y salmones que se pescan en el entorno.

LOS RECORRIDOS DE LA ZONA

Su clima suave, su interesante cultura ancestral y el amor por el trabajo bien hecho de sus gentes hacen que la región sea de obligada visita para los amantes de la gastronomía, la historia y la naturaleza. Una de las visitas a bodegas que más éxito cosecha entre los visitantes es la que se enmarca en 'Soupçons en Jurançon' (sospechas en Jurançon), un concepto a través del cual se llevan a cabo estos recorridos guiados de una manera divertida mediante diversos desafíos e investigaciones, un método muy útil para que pequeños y mayores pasen una emocionante jornada a la vez que conocen la historia. Asimismo, también caben destacar en este sentido las visitas a las bodegas de Gan o Crouseilles, en las que se narra su historia y se ofrecen exquisitas degustaciones, todo ello alrededor de una de las tradiciones más características de este territorio francés.

Otro atractivo plan, en este caso para los más golosos, es pasar por la célebre tienda de chocolates Lindt en Oloron-Sainte-Marie, que dispone de multitud de variedades y ofertas y que se halla en un edificio espectacular. Los visitantes que estén interesados en estas actividades, pueden encontrar más información en las oficinas de turismo del Béarn o a través de la web www.pirineospyrenees.com.

Bodega de Gan
El viñedo de Jurançon se extiende por 25 municipios, frente a la sierra pirenaica. El clima serrano y oceánico proporciona aromas únicos a variedades como el 'petit et gros manseng', mientras que el viento del sur confiere su principal característica a la Denominación de Origen Jurançon, pues deshidrata la uva y concentra los aromas. Bodegas como la de Gan constituyen un ejemplo único para conocer una de las tradiciones más características de la zona. Allí se pueden observar procesos como la fabricación del vino o el embotellado, además de realizar la visita a la espléndida bodega de envejecimiento semienterrada con su mosaico galorromano del siglo IV, un recorrido que también está disponible en español, en el que se relata con detalle la historia del lugar y donde se ofrecen degustaciones.

Halles de Pau
La ciudad francesa de Pau, hermanada con la capital aragonesa, ofrece multitud de rincones encantadores y atractivos para el visitante. Uno de los más destacados es Les Halles, su mercado cubierto, el cual está provisto de puestos en los que se pueden adquirir los productos más característicos de la gastronomía de la región. Un ambiente agradable y una gran variedad de interesantes artículos (queso, vino, frutas, legumbres…) conforman la oferta de este emplazamiento, cuya construcción goza de un estilo arquitectónico innovador al tratarse de un entorno histórico renovado y donde se llevan a cabo catas, actuaciones musicales y exposiciones fotográficas, entre otros muchos actos.

La ciudad de la sal
La historia de Salies-de-Béarn, conocida como 'la ciudad de la sal', se remonta a la Edad Antigua y ha estado siempre muy vinculada a este componente. Durante muchos siglos, la distribución del agua salada marcó el ritmo de vida de sus habitantes y jugó un papel clave en la arquitectura de la urbe, que adoptó una configuración en espiral a partir del punto donde se encuentra la actual place du Bayaà y donde estaba el manantial salado original. Las Salinas de Salies-de-Béarn son las únicas que todavía utilizan la técnica de las sartenes de evaporación a cielo abierto, una práctica antigua pero que es muy respetuosa con el producto. Asimismo, su sal es muy apreciada por los mejores cocineros del mundo gracias a, entre otras virtudes, su capacidad de exaltar el sabor de la carne.

Algunas citas
FIESTA DE PRIMAVERA EN LACOMMANDE: el 22 de abril, la localidad de Lacommande celebra su tradicional fiesta de la primavera, una cita muy popular en la zona y en la que los productores locales de vino dan a conocer al público sus mejores variedades y donde se ofrecen diversas degustaciones y catas.
TRASHUMANCIA EN LOURDIOS·ICHERE: el traslado de los rebaños es uno de los fenómenos más interesantes de los pueblos del valle del Aspe como Lourdios-lchere, donde el 8 de junio se producirá una fiesta en su honor, en la que se podrán descubrir razas locales y participar en actividades de animación.
MÁS INFORMACIÓN: en la web de la Agence d'attractivité et de Développement Touristiques Béarn Pays basque: www.bearnpyrenees.com.
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