martes, 23 de noviembre de 2021

Las claves de una buena fritura

(Un texto de Alejandro Toquero en el Heraldo de Aragón del 23 de febrero de 2019)

Utilizar un aceite de calidad y controlar la temperatura son aspectos claves para obtener el resultado.

Hacer una buena fritura no es difícil. Solo hay que seguir algunas pautas relacionadas, sobre todo, con el aceite que vayamos a utilizar y con la temperatura del mismo. Al menos, eso es lo que opina el joven cocinero del restaurante Nola Gras, David Lorente Blasco. Él no emplea mucho la freidora para el recetario de la carta, pero sí es una herramienta imprescindible para elaborar un par de platos: dorada frita con mojo verde canario y patatas bravas Nola.

¿Qué aceite es mejor para las frituras: de girasol neutro o de oliva virgen extra? David tiene claro que perfectamente se puede utilizar el primero. «No es malo, pero no tiene tanta calidad ni es tan saludable como el virgen extra; por lo tanto, de forma general, mi recomendación sería la de emplear este último». Eso sí, teniendo en cuenta que «al de girasol le podremos dar uno o dos usos, mientras que el virgen extra lo vamos a poder reutilizar hasta cuatro veces trabajándolo en buenas condiciones».

La siguiente pregunta surge de inmediato: ¿En qué consiste darle un buen uso al aceite a la hora de hacer una fritura?

David Lorente insiste en el control de la temperatura. «Es muy importante no pasar de la horquilla de 170 a 175 grados; ese es el límite para que no se queme; si freímos a una temperatura mayor se nos van a quemar el aceite y el producto, y no lo vamos a poder utilizar de nuevo».

En casa, este control se puede hacer de dos formas. «La más sencilla y práctica es comprar un termómetro de cocina, que solo vale seis euros, y que nos va a indicar el momento óptimo para introducir los alimentos», señala. El otro es un truco de nuestras abuelas. «Se coge una miga de pan con un poco de peso y si cae hasta el fondo y luego sube, flota y empieza a freírse burbujeando, es que tiene la temperatura adecuada». «Si no se hunde, es que está demasiado caliente, y si se queda en el fondo, es que todavía le falta calor».

Otra de las claves de la fritura es que hay que sumergir el producto. «Si echamos poco aceite se va a quemar fácilmente y el resultado no va a ser homogéneo». Y es que todos los alimentos contienen agua y, cuando freímos, lo que hace el agua es expandirse hacia fuera. «Las burbujas que vemos son de la humedad que sale al exterior y que hacen que el aceite no penetre; cuando esas burbujas dejan de salir es que ya no queda agua y está en su punto óptimo». Lo siguiente es poner el alimento en papel absorbente para que quede crocante y seco.

Respecto al sabor, sí que es cierto que el virgen extra «va a aportar más matices que igual no nos interesan, pero su calidad compensa esta circunstancia». David comenta que en restauración es habitual mezclar uno neutro y uno virgen extra para rebajar algo el sabor. «Incluso, por ejemplo, se pueden combinar el 70% de girasol y el resto de un empeltre oloroso para conseguir ciertos matices».

domingo, 21 de noviembre de 2021

Kronenbourg, la esencia de Francia en botella

 (Un texto de Juan Barbacil en el Heraldo del 22 de marzo de 2014)

Hacia mediados de los años 80, en uno de mis viajes a la vieja ciudad de Estrasburgo, conocí al que entonces era el abogado ejecutivo y corporativo de la compañía Kronenbourg, el turolense Joaquín Ortiz, que para entonces ya formaba parte del Grupo Danone y acababa de unirse a otra gran cerveza de la misma zona, la no menos famosa Kanterbräu.

Me explicó muchísimas cosas sobre la, compañía y tomamos riquísimas cervezas en las evocadoras tabernas alsacianas con las clásicas tartas de cebolla donde solo allí saben así de ricas, como ocurre con otras tantas recetas autóctonas.

En España estaba llegando entonces de la mano. de la distribución de la potente Font Vella, el agua mineral también de Danone. Era una novedad y de las pocas cervezas extranjeras que se conocían junto a un puñado de marcas que daban sus primeros pasos en España: Löwenbrau, Guinness, Heineken y pocas más.

Como se ha dicho, el origen de esta empresa cervecera data de 1664, año en el que Jérome Hatt obtuvo su diploma de cervecero y decidió fundar la compañía para sacarle partido. Se instaló en el distrito de Cronenbourgde, en la ciudad de Estrasburgo, siendo precisamente el nombre del distrito el escogido para la cerveza de la que ahora hablamos. Obviamente, la Kronenbourg 1664 no se creó en ese año, sino que comenzó a comercializarse en 1952 para conmemorar la coronación de la reina Isabel II, de cuyo reinado se cumplen ahora casi 52 años. El nombre viene de un poco antes, cuando en el año 1947 se decidió llamar así, sin el número, a su cerveza más famosa, la Trigre Bóck. En 1952, pues, solo se añadió el 1664.

Una vez vertida en la copa, la cerveza Kronenbourg 1664 presenta un color ámbar pálido tirando a dorado, muy cristalino, alejado del color pardo que suelen presentar las cervezas de nuestro país. La espuma es abundante y bastante persistente, resistiendo una fina capa de ella durante todo el rato. Lo que más llama la atención al acercarse la cerveza a la nariz son los lúpulos aromáticos, que borbotean juguetones en nuestras fosas nasales. El carbónico, fino y abundante, también ayuda a esta sensación de frescor y aromas agradables.

Una vez en la boca presenta un sabor suave, con muy poco amargor, pero bastante rico en matices frutales. Le falta un poco de cuerpo y tal vez le sobre un poco de carbónico, pero es un trago muy agradable y, sobre todo, realmente refrescante.

Tampoco hay que olvidar que se trata de una cerveza industrial, que se distribuye en todo el mundo, pero ejemplifica muy bien el tipo de cerveza habitual en Francia. Suave, fresca y aromática, con sabores más matizados y menos toscos que las cervezas patrias. Para un aperitivo veraniego, es perfecta.

CERVEZA VERSUS VINO.

La influencia del vino en la cultura francesa es tan fuerte que resulta difícil imaginar que los franceses hayan bebido algo distinto en algún momento. De hecho, la antigua Galia era una región de cerveceros y fue con la invasión de los romanos y su consecuente influencia cuando el vino empezó a ocupar una posición más relevante. Incluso entonces el norte de Francia siguió siendo el núcleo de la producción cervecera. En la actualidad la cerveza se bebe en todo el país; aunque se contempla como en España, salvo por los grandes aficionados, como una bebida para saciar la sed y no recibe el reconocimiento del que disfruta el vino. La mayoría de las fábricas de cerveza de este país están en Alsacia como nuestra protagonista de hoy, y también en el área del norte de París. La persistencia de la influencia alemana en la comida y en la bebida, se refleja en el hecho de que la mayoría de las cervezas francesas sean versiones de las lagers alemanas y tiendan a ser ligeras, sencillas y refrescantes. 

viernes, 19 de noviembre de 2021

El pescado del ‘gárum’

 (La columna de Carlos Maribona en el XLSemanal del 19 de abril de 2020)

Es un pescado muy abundante, y tal vez por eso resulta tan poco valorado. La caballa, conocida como xarda en mi tierra asturiana, está en plena temporada. Pese a los problemas a que se enfrentan por el confinamiento, los pescadores, especialmente los del Cantábrico, la siguen capturando y pueden encontrarla en las pescaderías a precios casi de risa. Una perfecta opción para comer pescado en estos días de obligado encierro domiciliario. Porque se hace fácilmente en la cocina de casa, ya sea en el horno o en la plancha, y sobre todo porque está muy rica y al ser un pescado azul tiene muchas virtudes. Y si no la encuentran fresca, siempre tienen la opción de las conservas, con múltiples posibilidades como les contaba en mi anterior artículo. Sus primos más cercanos, tan similares que en bastantes lugares se los confunde, son los verdeles, más abundantes en el sur de España. Curiosamente, los romanos sí apreciaban la caballa, que empleaban para su condimento favorito, el gárum, un fermentado de pescados con el que potenciaban el sabor de muchos platos. Uno de los más cotizados era el que se elaboraba en la zona de Cartagena, en la Península Ibérica. Hasta el punto de que la caballa (Scomber scombrus) dio su nombre a la localidad de Escombreras. Hoy no hay gárum, pero sí unas caballas muy ricas y en plena temporada. Aprovechen.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

La soja en nuestra cocina

(Un texto de Francisco Abad Alegría en el Heraldo de Aragón del 3 de marzo de 2018)

Muchas personas con-sumen soja en forma de tofu o de bebida sustitutiva de la leche. ¿Es eso bueno?

Algunas formas de emplear la soja no son buenas o, al menos, se duda de que lo sean. La primera es la soja guisada como cualquier legumbre. Se remojan las semillas, se cuecen y se toman como si fueran un plato de lentejas. De esta forma, se podrán absorber casi todos los antinutrientes (he dicho anti, sí) que contiene la semilla en bruto; luego se lo comento. No está claro que la soja hecha harina sea una buena opción alimentaria cuando se incorpora como aditivo a la preparación de productos cárnicos, fundamentalmente embutidos, preparados tipo chóped o jamón york y ‘nuggets'. Algunas salchichas pueden contener entre un 1% y un 3% de tal harina y otro tanto ocurre con los otros productos mencionados: habrá que establecer sin dudas, fuera de las presiones industriales, si tal adición es inocua o también supone un problema de antinutrientes, como algunos nutricionistas sostienen. Por fin, nos encontramos con la soja en la alimentación animal; en este caso, la alta cantidad de proteína que contiene sería muy buena para el crecimiento de los cerdos, por ejemplo, pero se tendría que compensar con fármacos que corrijan los problemas digestivos de los animales por alteración de la flora intestinal y de déficit de hormona tiroidea y de hierro. En tal caso, la posible amenaza para la salud humana, no demostrada concluyentemente por el momento, sería el paso al alimento de los derivados cárnicos de los animales así cebados. Por el momento, no hay datos seguros sobre todo esto.

Otros productos de la soja pueden entrar sin riesgo en la alimentación humana, especialmente si se controla su cantidad. El primer producto razonablemente sano es la soja germinada. No hay ningún problema en tomarla en ensalada, no diariamente, o incorporarla en el salteado que hacemos en el wok o en el relleno de unas empanadillas vegetales o unos rollitos chinos o vietnamitas hechos en casa, porque la germinación elimina muchos de los antinutrientes, pero no todos, ojo. Una pasta de habas de soja remojadas, desprovistas de la piel y cocidas muy largamente, añadiendo después azúcar y algún aroma, para confeccionar unos pastelillos japoneses coloreados y moldeados, tendrá la misma consideración que en el germinado.

EL TOFU. El popular tofu, la 'carne del vegetariano', no puede ni debe sustituir a la carne. La extracción de la leche de soja de forma similar a la elaboración de horchata o leche de almendras dará un producto que luego se coagulará, por su riqueza en proteínas, tradicionalmente con yeso y actualmente con cloruro de calcio o de magnesio. No está mal tomar un tofu frito suavemente, acompañado de algunas verduritas, pero si no son vegetarianos, será una buena opción hacer unas albondiguillas o hamburguesas mezclando carne picada, cebolla dulce muy picada y tofu desmenuzado, lo que da un resultado suave y muy apetitoso. Ya mencionada la leche de soja, habrá que decir que sustituir la natural por la de soja, salvo indicación médica, es una insensatez, porque existen antinutrientes, no neutralizados por el cuajado y además hay una total carencia de vitaminas que se incorporan artificialmente; por ejemplo, al faltar la grasa propia de la leche natural, la vitamina D2 sustituye a la D3 y los metales se introducen en forma de sales de cuestionable absorción.

La ya popular salsa de soja procede de la fermentación con agua de la soja, lo que elimina prácticamente todos los antinutrientes. A la hora de utilizarla, tengan en cuenta dos aspectos: hay buenas y malas salsas (miren el precio, las malas van coloreadas con caramelo y tienen poca fermentación) y, salvo indicación expresa, tiene alto contenido en sal. Por fin, encontramos la lecitina de soja (fosfatidilcolina), que es un derivado residual de la extracción de las proteínas de la soja; se emplea, a menudo, para controlar los niveles de colesterol en sangre y en alimentación humana como emulgente, para mezclar sin que se separen grasas y productos hídricos, sobre todo en pastelería industrial, y en las cocinas modernas para hacer los famosos 'aires de', que son una emulsión de extractos de distintos productos y que se añaden como decoración a distintas preparaciones (a mí me dan asco estos 'aires' porque me recuerdan a la expectoración de un bronquítico, pero hay gustos para todo).

POR QUÉ TENER PRECAUCIÓN. El ácido fítico de la soja es un importante secuestrante de los metales y el yodo presentes en los alimentos, porque se une a estas moléculas, haciendo un complejo inabsorbible en el tubo digestivo. Las consecuencias más importantes son anemia ferropénica, falta de magnesio y déficit de hormona tiroidea. Los orientales que incorporan soja a su alimentación lo aprendieron hace tiempo y por eso lo hacen de forma muy moderada y siempre como germinado o fermentado, que destruyen el ácido fítico. La soja es un ‘disruptor endocrino', un producto que altera las hormonas. Lo más importante es el efecto sobre la hormona tiroidea, pero hay un efecto debido a las denominadas isoflavonas, que actúan como análogos de los estrógenos, las hormonas femeninas, de modo que en el varón se producen alteraciones en su función sexual y en la mujer se han empleado como sustitutivo hormonal en la menopausia; en el segundo caso, las recomendaciones médicas han cambiado recientemente.

Los derivados de la soja pueden bloquear los enzimas o fermentos digestivos, responsables de la digestión de los almidones, las proteínas o las grasas, alterando la nutrición y la flora intestinal, con hinchazón por exceso de gases.

Todo esto no son teorías sino hechos probados; la cantidad de producto y las preparaciones concretas van a ser determinantes del impacto sobre nuestra salud. Como siempre, moderación, comer de todo y no privarse de un gusto sin abusar, serán la mejor forma de evitar problemas.

¿Por qué nos invaden con esta leguminosa?

Visto, lo visto, ¿por qué nos impulsan a consumir soja? Por motivos económicos, naturalmente. La producción mundial de soja, en la última década, ha aumentado en un 35%, pero respecto a la de hace cinco décadas se ha multiplicado por cuatro. El motivo es su empleo cada vez mayor en la industria alimentaria. Ha sido determinante la repostería industrial y el auge de la industria cárnica. En este segundo caso, la adición de derivados de la soja abarata el proceso, sustituyendo en parte la carne por un producto vegetal mucho más barato, dando al tiempo jugosidad, por la retención, de agua (junto con los polifosfatos) y el ablandamiento del producto, especialmente embutidos y preparados tipo hamburguesa. Es importante el efecto de ‘pegamento' de la harina de soja refinada, que, junto con la transglutaminasa, consigue 'reconstruir' piezas de carne para procesar, como los ‘nuggets' y los jamones cocidos de diverso tipo, a partir de piezas pequeñas, dando la sensación de que estamos tomando un auténtico trozo de carne aromatizada y cocida, cuando en

realidad partimos de fragmentos de bajo precio para hacer un auténtico moldeado. ¿Es eso insano o inmoral? Los sabios y las autoridades sanitarias tendrán que dictaminar y yo solo digo algo de lo que tenemos que considerar como consumidores: de momento, es una práctica, al menos para mí, problemática. Infórmense por su cuenta y decidan libremente.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Invitados e invitaciones

 

 (La columna de Martin Ferrand en el XLSemanal del 21 de abril de 2013)

A pesar del éxito y la popularidad del e-mail, los SMS y demás engendros de la telecomunicación escrita, el género epistolar languidece. Agoniza. Es lástima, porque nuestra cultura se nutre, entre otros manantiales, de las cartas cruzadas entre nuestros grandes hombres y mujeres —claro— de la cultura. Tengo a la vista, a manera de ejemplo con valor gastrosófico, una carta que Juan Valera (1824-1905) —el padre de Pepita Jiménez— le escribió al también desmedido polígrafo Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912).

El cordobés; que había invitado a almorzar en su casa de Madrid al cántabro, escribe: «Mi querido Menéndez: La mediocre cocinera que teníamos se nos largó y tenemos una provisional y detestable. Mi mujer no quiere obligar a nadie a hacer ruda penitencia y desiste del almuerzo. Me veo, pues, en la necesidad de desconvocar a Vd. a almorzar por hoy; pero celebraré que venga un rato de tertulia, si nada mejor tiene que hacer de 2 de la tarde en adelante».

La nota de Varela, el mejor cronista de su siglo, tiene valor antropológico. En aquel Madrid en que se almorzaba a la una del mediodía, incluso antes, las dos era ya «hora del café». Por otra parte, los invitados a comer en casa —entonces como ahora— constituían un problema logístico de difícil solución. Comer en casa con los amigos es un ejercicio de convivencia que no exige grandes vuelos coquinarios. La confianza de 'invitar a casa' —tan en desuso— conlleva la de comer 'como en casa'. Una copa de una buena manzanilla de El Puerto de Santamaría, con un jamón bien escogido y algo de pan constituyen un menú solo mejorable con el aliño de una conversación sincera e inteligente. Además, hoy, está Telepizza.

sábado, 13 de noviembre de 2021

El jardín de hierbas

 (Un texto de David Navarro en el Heraldo de Aragón del 10 de febrero de 2018)

Son apetitosas y combinan en platos y ensaladas. ¿Lo mejor? Crecen en macetas junto a la ventana.

El jardín de hierbas junto a la cocina ha sido típico de monasterios y casas de campo. Pero también ahora, en la ciudad, podemos disfrutar de vegetales frescos para aderezar platos: perejil, albahaca, hierbabuena, tomillo, romero o salvia crecen muy bien en macetas, no requieren mucha tierra y además alegran la vista en alféizares y balcones. ¿Por qué no dedicar un espacio a cultivarlas?

La mayoría de aromáticas quieren una pequeña maceta, mucho sol y riego moderado. Es decir: se adaptan a todos los climas posibles de Aragón. Eso sí, no todas pueden crecer en el mismo sitio ni la misma maceta: el romero y el tomillo querrán mucho sol y riego más escaso que otras como la albahaca, que aunque también disfruta del sol necesita una maceta fresca (donde se de sombra o semisombra). ¿Qué hacer entonces? Planear bien el minihuerto aromático antes de sembrar a lo loco. Y, sobre todo, aceptar que la naturaleza jamás se adaptará a lo que queremos nosotros. Por mucho que nos empeñemos, la lavanda no se podrá plantar con la hierbabuena.

Consejos

No siempre podemos cultivar hierbas: en invierno será complicado. Otras veces, habrá que conservarlas. Por ejemplo, en la nevera aguantan la menta, la salvia o el perejil. Se pueden congelar algunas hierbas (eneldo, cebollino, orégano, romero...).

Se debe tener en cuenta que el sabor se conserva en frío, pero a veces la textura no. Por eso, es típico el secado para conservar amibas propiedades: el laurel, lamenta o la salvia aguantan bien este proceso. Otras veces se puede alargar su vida en vinagre (albahaca, mejorana, romero) o aceite (tomillo, ajedrea, menta). El sabor que da entonces a las ensaladas es espectacular.

Las esenciales

Albahaca - Perfecta para tomates frescos, asados al horno o pisto.

Cebollino - Riquísimo acompañando al queso blanco.

Cilantro - Combina con ensaladas de arroz.

Hinojo - Muy rico con la crema de pepino o con salmón asado.

Laurel - ¿Qué decir? Fabuloso con los potajes y asados

Lavanda - Aporta un toque curioso en vasitos de melón o melocotón.

Menta - Es riquísima en ensaladas de frutas. Y en mojitos.

Orégano - Combina con el tomate para bases de pizza.

Perejil - Riquísimo en asados de carne con patatas.

Romero - Muy rico en costillas al estilo provenzal.

jueves, 11 de noviembre de 2021

¿Aguacates maduros? Haz una sopa fresca

 (Un texto de Miguel Angel Revuelto en el Heraldo de Aragón de no sé cuando)

Se supone que el calor de verdad no tardará en llegar para quedarse durante unas cuantas semanas. Es en este tiempo de verano cuando los guisos, cocidos y recetas muy elaboradas van dejando paso a preparaciones más frescas, como ensaladas, sopas y cremas frías. Precisamente, el chef Miguel Ángel Revuelto sugiere una de estas últimas elaboracio-nes pensando, sobre todo, en aprovechar aquellos aguacates maduros que están a punto de caducar. 

Para preparar la sopa, este cocinero recomienda utilizar como base un caldo ligero de verduras o de pollo; añade también algo de leche y los aguacates maduros. Además, incorpora un poco de aceite de oliva virgen extra, pimienta recién molida y se dispone a triturar. Si se utiliza la termomix, la textura quedará con una textura más cremosa. 

Para acompañar a la sopa de aguacate, Miguel Ángel Revuelto aconseja recurrir al melón y la sandía. «De estas dos frutas hay que sacar unos triángulos que pasaremos ligeramente por la plancha para que se caramelicen», comenta. También emplea gambas prácticamente crudas, ya que sugiere calentarlas en la sartén apenas unos segundos. 

A la hora de montar el plato, en una copa o en un bol hay que poner la crema, cuya textura, más líquida o espesa, la decide el cocinero. Sobre ella se colocan los triángulos de sandía y de melón y, para finalizar la preparación, la receta se culmina con dos o tres gambas. 

Por último, se echa un poco de sal volcánica o del Himalaya. También se pueden añadir unas gotas de aceite de oliva virgen extra o de un vinagre balsámico o de Jerez. Eso sí, antes de emplatar, la sopa tiene que estar unas horas en el frigorífico para que se enfríe bien. En algunas versiones de esta receta también se utiliza limón, mantequilla si se desea más untuosa, o un poco de vino de Jerez seco.

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