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martes, 21 de julio de 2026

¿Qué es la "leche" de patata y por qué está de moda?

(Un texto de Laura Conde leído en La Vanguardia el 15 de abril de 2024) 

La bebida surge como una alternativa más económica y sostenible a la leche de vaca en comparación a las derivadas de avena o frutos secos.

La emergencia de la (mal llamada) "leche" de patata es una consecuencia más del auge de las bebidas alternativas a la leche de vaca. Primero fueron las de soja, avena o arroz, después las de frutos secos como la nuez, avellana o almendra y, en menor medida, también encontramos otras como de coco, anacardo o cáñamo. En la misma línea, en los últimos años ha empezado a comercializarse la bebida de patata, muy fácil de elaborar en casa y que permite aprovechar todos los beneficios (y son muchos) de este tubérculo económico y sostenible. 

Su sabor neutro y su textura algo menos acuosa que la de otras bebidas del mismo tipo (como la de arroz) convierten a la bebida de patata en una buena sustituta de la leche en múltiples recetas y momentos de consumo (con café, té o cacao en polvo, por ejemplo). Es por ello que cada vez más personas preparan la receta en casa, aunque también se puede adquirir la que comercializa la empresa sueca DUG Drinks, que distribuye en numerosos puntos de venta online.

Lo primero que hay que tener en cuenta sobre la llamada "leche" de patata, es que su nomenclatura es incorrecta. Así lo señala la médica y nutricionista Núria Monfulleda, del centro Loveyourself, en Barcelona. Monfulleda afirma que “pese a la moda de llamar leche a cualquier bebida que se le parezca, la llamada "leche" de patata no es leche, sino una bebida vegetal como la de avena, soja o arroz. Leche es solo aquello que deriva de la ubre de una mamífera. Fuera de aquí no se puede hablar de leche”. De hecho, para Monfulleda, la emergencia de productos como la bebida de patata es un claro ejemplo de que “el marketing ya no sabe qué inventarse”.

La elaboración casera de la bebida de patata no difiere mucho de la de otras bebidas vegetales. Cabe destacar que es más económica que otras similares, ya que el precio de la patata es notablemente inferior al de la avena o los frutos secos, por ejemplo. 

Sin embargo, para las responsables del canal Hola Vegan, en Argentina, un portal especializado en recetas veganas a cargo de las hermanas Loli, Sabri y Maru Raffaelli, esta bebida no sería precisamente la más recomendable para combinar con té o café. “Si bien es espesa y cremosa, también es algo viscosa, por eso es algo rara para tomar. Además, tiene un leve sabor a patata y mejora muchísimo si se le agrega alguna materia grasa como almendras o aceite de coco”, explican. Sí funciona, sin embargo, “en pan de molde o medialunas, ya que aporta humedad, así como en salsas cremosas o quesos”. De hecho, es una buena alternativa para espesar sopas, cremas o salsas, así como para preparar alguna vinagreta cremosa para una ensalada, ya que su sabor neutro la hace idónea para combinar con múltiples ingredientes.

Entre los beneficios de la bebida de patata, encontramos que no contiene gluten, lactosa ni ninguna traza de frutos secos, de manera que es perfecta para las personas alérgicas o intolerantes. Aporta triptófano, un aminoácido esencial que favorece el descanso, así como ácido fólico y vitaminas B6 y C. Es baja en grasa y en azúcar (aunque a menudo esto sea una trampa, ya que se le suele añadir a posteriori) y –otro de los grandes argumentos a su favor– es mucho más sostenible que otras leches vegetales. Esto se debe a que la huella de carbono resultante de producir patatas es mucho menor de la que requieren ingredientes como, pongamos por caso, los frutos secos o la propia leche de vaca.

Monfulleda, sin embargo, recuerda que el principal aporte de esta bebida son los carbohidratos, un nutriente que ya se suele consumir en exceso. “Puedo entender que la bebida de patata funcione como espesante, pero como sustituta de la leche yo no le veo ningún beneficio. No tiene calcio, no tiene proteínas y no tiene grasa, que son tres de los grandes nutrientes de la leche y derivados”, señala la nutricionista.

La especialista señala que la tendencia a dejar de consumir lácteos sigue creciendo y que en su consulta cada vez son más las personas que apuestan por opciones alternativas. “Es cierto que hay muchas personas a las que les sientan mal los lácteos, cosa que se debe en buena parte a que los hemos consumido en exceso, ya que si hace unas décadas se tomaba apenas leche, yogur y queso y ahora han proliferado una gran cantidad de postres lácteos, como tiramisú, natillas, cheesecake... Esto significa que estamos consumiendo muchísima lactosa y que el organismo, en muchas ocasiones, reacciona. Por eso hay tantas personas a las que les sienta mal”, explica Monfulleda.

La experta señala, además, que el proceso de sustitución de la leche por bebidas alternativas, empezando por las de soja y avena y acabando por la de patata, se debe también a un proceso imparable que se basa en la adición de azúcar a estos productos. “Aunque hay excepciones, la mayoría de bebidas alternativas a la leche suelen llevar una gran cantidad de azúcares añadidos. No ocurre lo mismo con la leche, que si bien contiene azúcares de forma natural, la cantidad es moderada. Así pues, los paladares se han ido acostumbrando a estas bebidas que generan más adicción y gustan más, simplemente porque son más dulces. En cuanto te pasas a una bebida más azucarada, el paladar te lo agradece inmediatamente y te reclama más y más”, apunta la médico y nutricionista.

No es conveniente eliminar los lácteos de la dieta si no existe una causa justificada. Por tanto, si bien bebidas como la de patata pueden ser interesantes en determinados momentos de consumo, no deberían contemplarse como sustitutos de la leche y derivados, ya que sus nutrientes son diferentes. Según un estudio realizado por la Universidad de León, eliminar las grasas, principalmente las de los quesos de oveja, conlleva una pérdida de nutrientes fundamentales para el organismo, de manera que conviene consumir lácteos a diario en las dosis recomendables para una dieta equilibrada.

Otro estudio, en este caso publicado en la revista BMJ Open Diabetes Research & Care, señala que tomar dos raciones al día de lácteos podría reducir el riesgo de sufrir ciertas enfermedades. Esto significa que si bien la bebida de patata puede ser un complemento que puede funcionar en determinados momentos de consumo, no se debe contemplar su ingesta como una alternativa a la leche, de manera que si se decide abandonar el consumo de lácteos “es importante tratar de conseguir estos nutrientes a partir de otros alimentos”, concluye Monfulleda. 

martes, 14 de julio de 2026

¿Tu vino sabe a cebolla o a lana mojada? Es por la luz...

(Un texto de Daniel Méndez leído en el xlsemanal del 13 de octubre de 2024)

La luz activa procesos fotoquímicos que desvirtúan el sabor de los vinos. Bodegas y laboratorios trabajan para dar con la solución.  […]

¿A qué sabe la luz? A huevos podridos, ajo, cebolla, lana mojada o col hervida, entre otras cosas. La iluminación convencional puede hacer 'enfermar' al vino, provocando que adquiera aromas y sabores que alteran sus cualidades organolépticas. Es lo que en francés se conoce como goút de lumiére: ‘gusto de luz’, un problema que comenzó a estudiarse ya en los años sesenta con la cerveza envasada y se ha comprobado que se produce también en el aceite de oliva. Y de manera muy marcada en los vinos, en especial en blancos, rosados y espumosos. La radiación de determinadas longitudes de onda de la luz convencional —entre 370 y 442 nanómetros— pone en marcha un proceso fotoquímico en el que intervienen la metionina y la riboflavina, presentes en el vino. Como resultado se generan en el interior compuestos como el metanotiol o el disulfuro de dimetilo, que provocan esos sabores desagradables. También se pierden el frescor y el aroma afrutado del vino, y se altera su color. Desde la industria y los centros de investigación se ha trabajado en distintos métodos para combatirlo. Algunos más "radicales", como es el caso del brut esloveno Radgonske Gorice Untouched by Light, que se elabora en ausencia de luz: la uva chardonnay se recoge de noche y lo procesan a oscuras trabajadores con gafas de visión nocturna. Para el embotellado optaron por un recipiente negro. El precio de la botella ronda los 260€. Lo cierto es que en el vidrio transparente —el preferido por los consumidores— radica parte del problema, ya que no filtra la radiación ultravioleta. El verde limita sus efectos y con el negro casi desaparece. Por aquello de que el cliente siempre tiene la razón, los fabricantes están buscando otros métodos que no afecten a la botella, y que tienen que ver con el proceso de elaboración y con la iluminación empleada en las bodegas. La italiana Fondazione Edmund Mach puso en marcha un experimento: reprodujeron en laboratorio las condiciones de un supermercado. Probaron con 20 vinos distintos, de variedades chardonnay, pinot gris o traminer, y los guardaron en posición vertical, a 20 grados y con 12 horas diarias de exposición a luz de neón. Dos meses después comprobaron que los chardonnay y pinot fueron los que más sufrieron. Otros estudios han comprobado que las luces led reducen o eliminan por completo el fenómeno que provoca este gusto de luz. Es lo que promueve el francés Comité Interprofesional del Vino de Champagne (CIVC): implantar en las cavas tecnología led de luz ámbar, que no emite rayos ultravioleta. En España, el proyecto Retasteled —liderado por la bodega Ramón Bilbao— hace una propuesta similar empleando, por un lado, levaduras que eviten altas concentraciones de riboflavina y, por otro, usando tecnologías led que eviten el deterioro fotoquímico.

CULTIVAR ALGAS APROVECHANDO EL PROCESO DE FERMENTACIÓN

En la región portuguesa de Palmela, el viticultor Miguel Cacháo afronta la vendimia con un nuevo reto. Lleva tiempo desarrollando una tecnología que captura el dióxido de carbono emitido durante el proceso de fermentación y lo emplea en el cultivo de algas. Gracias al alga Chlorella, que absorbe el CO2 generado, consigue reducir el impacto ambiental, al tiempo que mejora sus rendimientos económicos, ya que estos organismos fotosintéticos se usan luego como pienso y en la industria cosmética. Y el viticultor Miguel Cacháo no está solo. Su proyecto forma parte del programa europeo REDWine, que arrancó en 2021 y durará hasta abril del año que viene, para aprovechar los residuos de la industria vitivinícola.

LOS RESTOS DE LAS UVAS, COMO 'MEDICAMENTOS' PARA ANIMALES

Otro proyecto financiado por la Unión Europea, NeoGiANT, utiliza residuos sólidos derivados de la vendimia, como la piel, la pulpa o las semillas de la uva prensada, para elaborar tratamientos que puedan prevenir la mastitis en vacas o la diarrea y enfermedades cutáneas en cerdos, que hasta ahora se tratan con antibióticos, un uso que provoca resistencia a los medicamentos en animales y personas.

viernes, 10 de julio de 2026

La historia del Campari: el licor rojo que revolucionó el aperitivo italiano y conquistó el mundo

(Leído en el muro de Facebook de Divulgación Científica Universal)
 
Hay bebidas que nacen para acompañar una comida. Otras terminan convirtiéndose en parte de la cultura de un país. Campari pertenece a esa segunda categoría. Su intenso color rojo, su inconfundible sabor entre dulce y amargo, y su elegante personalidad lo han transformado en uno de los licores más influyentes de la historia de la coctelería.
Es el alma de clásicos inmortales como el Negroni, el Americano, el Boulevardier y el Garibaldi, pero mucho antes de convertirse en protagonista de las mejores barras del mundo, Campari fue el sueño de un hombre obsesionado con crear el aperitivo perfecto.
Su historia comienza en la Italia del siglo XIX, cuando el país aún estaba construyendo su identidad y los cafés eran el centro de la vida social.
La historia de Campari comienza con Gaspare Campari, nacido en 1828 en la región de Lombardía.
Desde muy joven trabajó como ayudante en cafeterías y bares, donde aprendió el arte de mezclar hierbas, frutas y especias.
Su curiosidad era incansable.
Experimentaba constantemente con infusiones y maceraciones buscando un licor diferente a todo lo conocido.
Después de numerosos intentos, en 1860, en la ciudad de Novara, presentó una bebida completamente nueva.
Había nacido el Bitter all’Uso d’Olanda, el licor que más tarde sería conocido simplemente como Campari.
Más de 160 años después, la fórmula continúa siendo uno de los secretos mejor guardados del mundo.
Solo unas pocas personas conocen la receta exacta.
Aunque la empresa nunca la ha revelado oficialmente, se sabe que incluye una compleja combinación de:
* Naranjas amargas.
* Cáscaras de cítricos.
* Genciana.
* Cascarilla.
* Ruibarbo.
* Hierbas aromáticas.
* Especias.
* Plantas medicinales.
En total, distintos especialistas estiman que intervienen entre 30 y 70 ingredientes botánicos, cuidadosamente seleccionados.
Cada uno aporta una capa diferente de aroma y sabor.
El éxito fue tan grande que Gaspare Campari decidió trasladarse a Milan, una ciudad que se estaba convirtiendo en el corazón económico y cultural de Italia.
En 1867 inauguró el famoso Caffè Campari, ubicado junto a la majestuosa Galleria Vittorio Emanuele II.
Allí comenzaron a reunirse artistas, empresarios, escritores y políticos.
El Campari dejó de ser solo un licor.
Se convirtió en un símbolo del estilo de vida milanés.
Durante gran parte de su historia, el intenso color rojo de Campari se obtenía gracias al carmín, un pigmento natural elaborado a partir de la cochinilla.
Era un método habitual en la industria alimentaria de la época.
Sin embargo, en 2006, la empresa decidió sustituirlo por colorantes modernos para mantener una producción más uniforme y adaptarse a diferentes mercados.
El característico tono rojo permaneció intacto.
Antes de Campari, los aperitivos italianos existían, pero ninguno poseía una identidad tan definida.
Gaspare comprendió que una bebida ligeramente amarga estimulaba el apetito.
Así nació una nueva costumbre.
Reunirse antes de la cena para conversar mientras se disfrutaba de un aperitivo.
Con el tiempo, esta tradición recibiría un nombre conocido en todo el mundo:
L’aperitivo italiano.
Hoy forma parte del patrimonio gastronómico de Italia.
Pocas bebidas han inspirado tantos clásicos.
 
Negroni
* Gin.
* Campari.
* Vermut rojo.
Quizá el cóctel italiano más famoso del mundo.
 
Americano
* Campari.
* Vermut rojo.
* Agua con gas.
El favorito antes del nacimiento del Negroni.

Boulevardier
* Bourbon.
* Campari.
* Vermut rojo.
Más cálido y especiado.

Garibaldi
* Campari.
* Jugo de naranja recién exprimido.
Sencillo, refrescante y profundamente italiano.

Campari Spritz
* Campari.
* Prosecco.
* Agua con gas.
Una versión más intensa del clásico Spritz.

Describir su sabor no es sencillo.
En una misma copa pueden percibirse:
* Naranja amarga.
* Toronja.
* Cáscara de limón.
* Hierbas alpinas.
* Especias.
* Flores.
* Ruibarbo.
* Notas medicinales.
* Caramelo ligero.
Todo ello envuelto en un amargor elegante que permanece largo tiempo en el paladar.
Es un sabor que suele apreciarse cada vez más con la experiencia.
 
Curiosidades
El Campari se vende actualmente en más de 190 países, convirtiéndose en uno de los aperitivos italianos con mayor presencia internacional.
La empresa fue pionera en utilizar el arte y el diseño gráfico como herramientas publicitarias, colaborando con artistas de renombre y creando carteles que hoy son auténticas piezas de colección.
En Milán aún funciona el histórico Camparino in Galleria, heredero del espíritu del antiguo Caffè Campari y considerado un lugar de peregrinación para los amantes del aperitivo.
Su sabor amargo se debe, en gran medida, a la presencia de raíces, cortezas y hierbas cuidadosamente maceradas, un perfil que lo diferencia de los licores predominantemente dulces.
Entonces…
La historia del Campari demuestra que la innovación nace del valor de hacer algo diferente. Lo que comenzó como el experimento de un joven apasionado por los licores terminó transformándose en uno de los aperitivos más influyentes de la historia y en un símbolo de la cultura italiana.
Más de siglo y medio después, su color rojo sigue iluminando barras y terrazas alrededor del mundo, mientras su receta continúa siendo un misterio cuidadosamente protegido.
Porque, al final, el Campari no es solo un licor.
Es una tradición, un ritual y una invitación a descubrir que, en la coctelería como en la vida, los sabores más complejos suelen ser también los más inolvidables.
 

martes, 30 de junio de 2026

El mito de la mineralidad del vino

(Un artículo de Alberto Gil en el XLSemanal del 22 de febrero de 2015)

Nadie hablaba de la mineralidad del vino hasta que lo hizo Robert Parker hace treinta años. Desde entonces, un toque mineral ha sido sinónimo de calidad y algo ansiado por las bodegas y repetido por los entendidos. Una investigación científica ha echado por tierra el concepto.

En los años ochenta del siglo pasado, el prescriptor norteamericano Robert Parker la persona más influyente de la crítica internacional descubrió una nueva acepción en la lista de descriptores tradicionales del vino que, poco a poco, ha ido ganando adeptos, hasta convertirse en un supuesto atributo que, a partir de determinado precio, gran parte de los vinos suelen contener o al menos aspiran a ello. De hecho, si usted es consumidor habitual, se habrá encontrado con aquel amigo que, después de invertir unos cuantos euros en una buena botella, describe los atributos del vino y suelta una frase más o menos similar. «Os habéis fijado en el carácter mineral que tiene…».

El profesor Antonio Palacios (Laboratorios Excell Ibérica) y David Molina (OutLook Wine) iniciaron hace unos años años un curioso proyecto de investigación, privado, cuyas conclusiones se presentaron hace unos meses en un congreso internacional en Barcelona para ahondar en este concepto de ‘mineralidad’, del que curiosamente no hay ninguna referencia anterior al olfato y al paladar de mister Parker, a pesar de que, evidentemente, los grandes vinos del mundo se hacían también antes de la irrupción del gurú de la crítica y, por supuesto, ya estaban asociados al terroir como gran factor diferencial.

Palacios y Molina seleccionaron docena y media de grandes vinos del mundo, tintos y blancos, y los sometieron al juicio de dos paneles de cata ciega y sin avanzar cuál era su fin, es decir, sin inducir sospecha alguna a los catadores de que pretendían ‘aislar’ la mineralidad: 16 elaboradores y, por separado, otros 20 profesionales entre periodistas, sumilleres y distribuidores.

«Seleccionamos los tres vinos blancos y los tres tintos en los que el concepto mineral apareció más en las descripciones de las catas y nos fuimos al laboratorio», recuerda Palacios.

Los vinos se analizaron pormenorizadamente y se identificaron los compuestos químicos relacionados con esas percepciones olfativas y gustativas. A continuación, los investigadores prepararon en el laboratorio ‘vinos sintéticos’ con añadidos de esos compuestos: uno, ‘mineral’, y otro, ‘antimineral’, que de nuevo probaron los dos grupos de catadores: en una primera ocasión, desconociendo que el objeto de la investigación era descubrir los compuestos supuestamente causantes del carácter mineral y, en una segunda, conscientes de ello, pero sin saber que los vinos que probaban en ambas ocasiones eran los mismos. E»videntemente, la sugestión influye mucho en la cata, y la percepción de ‘mineralidad’ aumentó en la segunda ronda, pero es cierto que se encontró también en la primera», explica Palacios.

La mineralidad no es un cuento chino, pero no la provocan los suelos

Así las cosas, ¿se pueden oler, incluso degustar, las piedras?; ¿es capaz una cepa, una planta, de absorber nutrientes de determinados suelos, a priori, rocosos? El profesor Palacios tiene claro que la mineralidad no es un cuento chino, pero también que, curiosamente, no es la composición de los suelos el principal causante de los compuestos químicos que la provocan: «Parece lógico pensar que la riqueza o pobreza de un terreno tenga su efecto en la fisiología de la planta, pero la mayoría de las moléculas orgánicas e inorgánicas de la uva proceden del metabolismo aéreo de la planta, es decir, no las absorben las raíces. Influyen mucho más las prácticas en bodega, como la maceración prefermentativa, el empleo de levaduras seleccionadas específicas, la crianza prolongada sobre lías… , técnicas totalmente lícitas por otra parte».

Dicha conclusión, fundamentada por primera vez científicamente, echaría por la borda numerosos argumentos de marketing, incluso reproducidos en las propias etiquetas de grandes vinos. «Lo que sí hemos comprobado es que determinadas situaciones de estrés de la planta, como los suelos muy profundos, en ladera, de montaña, los climas fríos, de alto contraste térmico… , es decir, viticulturas extremas, dan lugar a la aparición de compuestos volátiles que luego se interpretan como aromas o gustos minerales».

En definitiva, si usted abre un blanco de riesling alsaciano o un tinto de Priorat podrá encontrar ciertas notas minerales, pero debidas más al tipo de viticultura y enología que, por ejemplo, al suelo pizarroso característico de la denominación de origen tarraconense. «Los vinos minerales no son exclusivos de climas fríos del norte de Europa, sino que además se pueden encontrar en el Mediterráneo en altura o en zonas atlánticas españolas también con altos contrastes térmicos y de estrés para la planta», concluye el investigador.

¿Qué es la ‘mineralidad’?

El término no está reconocido científicamente ni por la propia Real Academia de la Lengua. Tampoco existe como descriptor en otros idiomas como el inglés. Parker utilizó en su día expresiones como smell wet stones, que se han traducido a ese término en español. Aromas y sabores que recuerdan al «humo de cerilla», «sílex», «piedra de mechero» o «pedernal» son los utilizados por los catadores para asociarlos al supuesto carácter mineral de un vino.

Zonas ‘minerales’ del mundo

  • Alemania: blancos de uva riesling de Mosel o Rheingau.
  • Austria: los blancos Wachau.
  • Sudáfricanos:  vinos blancos y tintos Central Otago.
  • Francia. los chardonnay de Chablis y los tintos del Ródano; blancos y tintos de Sancerre (en el Loira).
  • España: los tintos de Priorat, Montsant, Ribeira Sacra o Bierzo.

Todos estos vinos tienen esta etiqueta de mineralidad, aunque -como aclara el profesor Palacios- no todos los vinos de estas zonas muestran ese perfil. Ahora, sí hemos comprobado que los climas fríos -las viticulturas extremas- dan lugar a la aparición de compuestos que luego se interpretan como aromas minerales.

En los años ochenta del siglo pasado, el norteamericano Robert Parker la persona más influyente de la crítica internacional descubrió una nueva acepción: la mineralidad. Hoy es un supuesto atributo que, a partir de determinado precio, gran parte de los vinos aspiran a contener.

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