domingo, 20 de abril de 2014

Sal de vino

(Leído en el suplemento Magazine del periódico El Mundo)

[…] es la última delicatessen en el mercado, sal de vino. La fórmula data del siglo XVI, cuando los marineros que transportaban sal y vino desde el puerto de Libourne (Francia) se encontraron con que el oleaje había propiciado una singular aleación; como no podían vender la sal teñida, se la regalaron a Valentine Comer, la esposa del tabernero del puerto, quien le añadió unas especias y así nacieron Les rubis de Valentine.

Pascal Delbeck, enólogo y asesor de Abadía Retuerta, ha rescatado la fórmula. y la ha embotellado. De su composición sólo trasciende que es sal de la Isla de Ré (Francia), vino 100% tempranillo (de la bodega situada en la localidad vallisoletana de Sardón de Duero) y especias variadas; hasta ahí pueden leer porque no quieren revelar más de la modernización de esta receta centenaria.

El maridaje concuerda con el de un buen tinto: es ideal para enriquecer carnes rojas a la parrilla o pinchos de cordero a la brasa, por poner un ejemplo.

viernes, 18 de abril de 2014

Dulces de semana santa



(Extraído de un artículo de A. Toquero en el suplemento gastronómico de El Mundo del 23 de marzo de 2013)

La Semana Santa ya está aquí y con ella llegan dulces propuestas entre las que las torrijas, los buñuelos y las monas de Pascua son protagonistas. […]

[…] las torrijas, de origen andaluz, son tan típicas en el sur como en el norte; los buñuelos, tan presentes en Valencia o en Madrid, se acomodan en casi todas las culturas gastronómicas, y los huevos o las monas de Pascua, de origen catalán, han encontrado en el chocolate a un aliado imprescindible y su expansión, sin duda, ha sido la más espectacular. […] 

La torrija es la más fácil de elaborar, […] Hay quien empapa el pan en la leche fría y quien,  la hierve con azúcar, canela y cáscara de limón, y añade la leche caliente sobre el pan en rodajas; en otros casos se utiliza la piel de naranja; en Andalucía también recurren al vino...

En fin, que no hay una receta tipo, […] «la utilización de un buen pan de horno de leña del día anterior es una de las claves para que salgan buenas». […]    

Los buñuelos de viento también son protagonistas en estas fechas. La receta original ha adoptado diversas formas y distintas variantes, aromatizándose con limón, canela o vainilla, y recurriendo a rellenos de crema, frutas, chocolate o nata. Una de estas versiones son los buñuelos de Cuaresma de la Confitería Soler. En ellos, la crema se mezcla a la hora de elaborar la masa, así que en el momento de degustarlos se aprecia pero no se ve.

Una estupenda variante local son los buñuelos de la Virgen de Mayo, típicos de la comarca del Bajo Cinca. Curiosamente, además, es un dulce que se suele tomar el 25 de marzo[…]. El relato transmitido de generación en generación apunta a que la hora propicia para cocerlos son las doce del mediodía, «el momento en que las hojas de los olivos se giran». Para prepararlos son necesarios cuatro huevos, cuatro gaseosas de papel, ocho cucharadas de azúcar, una pizca de sal, dos cucharadas de aceite y tres cuartos de litro más para freír, un vasito de anís, corteza de medio limón rallado y un kilo de harina. Se baten los huevos y a continuación se incorporan e resto de ingredientes. La harina se bate hasta espesar y luego se trabaja la masa a mano. Se coloca en una fuente amplia, se tapa con un paño de algodón y se deja reposar dos horas. Seguidamente se coge parte de la masa, se estira y se van cortando los buñuelos. Finalmente se fríen con el aceite bien caliente y sobre una fuente se espolvorean con azúcar.

Por último, la mona o el huevo de Pascua es seguramente el producto más pastelero y el que ha sufrido una mayor evolución. Manuel Lorés explica que «hace 100 años era un bizcocho empapado en almíbar y decorado con una fruta confitada, pero a mediados del siglo XX entró con fuerza el chocolate». Y hoy prácticamente se puede resumir en eso, en una figura de chocolate que en Semana Santa se regala a los más pequeños: hijos. Sobrinos, ahijados... […]

Roscas, bombos y bombones turolenses

El Martes de Pascua, en el Sermón de las Tortillas de Teruel, adquieren gran protagonismo las roscas que se elaboran con una masa de pan dormido. Jorge Sanz explica que a diferencia de otra bollería de calidad, «en este caso lo más distintivo es que incorporan esencia de azahar». Algunas roscas llevan un huevo duro y otras no, y sus formas son muy diferentes: un lagarto, un sonajero o un caracol. Este mismo pastelero también elabora otro dulce que nada tiene que ver con los más tradicionales: el bombo de Semana Santa, un bizcocho al que se añade licor de azafrán y en el que la nata de café hace las veces de la tela del bombo. Y culminando el pastel, un pequeño mazo de chocolate. Muy curiosos, también, son los bombones con los que la pastelería Isabel de Alcorisa promociona la Ruta del Tambor y el Bombo. La caja contiene nueve bombones que representan a todos los pueblos, y cada dulce se ha inspirado en un sabor típico de la Tierra Baja. Así, por ejemplo, el de Albalate está hecho con cerezas naturales y anís; el de Alcorisa, con praliné de piedrecicas del Calvario; el de Andorra es de aceite de oliva del Bajo Aragón y el de Calanda, de melocotón.

miércoles, 16 de abril de 2014

Pavlova

(Un texto de María Zarzalejos en la revista Mujer de Hoy del 30 de agosto de 2008)

Cuando la bailarina rusa Anna Pavlova fue a actuar a Australia, consideraron que debían darle una bienvenida especial y le crearon un postre con su nombre. Está claro que el inventor quiso reflejar la elegancia y etérea figura de la bailarina que, aunque de apariencia frágil, tenía una gran consistencia artística y profesional.

Similitudes que se reflejan en la base de este postre, el merengue, que, con azúcar glas, maizena y un poco de vinagre, incorpora la vainilla, propia de la receta francesa.

El postre original lleva en el centro fresas, pero se puede hacer con otras frutas de temporada y combinarlo con helado, lo que le convierte en el perfecto colofón para una cena de despedida del verano.

lunes, 14 de abril de 2014

Lenguado



(La columna de Martín Ferrand en el XLSemanal del 30 de marzo de 2008)

Marcos Gavius Apicius, el primero de los gastrónomos de Roma, ya predicaba en el siglo I de nuestra era que el lenguado era el más apetecible y gustoso de los pescados. También Luis XIV, el Rey Sol, adoraba el lenguado, especialmente el procedente del Canal de la Mancha, y llegó a proclamarlo como «manjar regio». Es, desde luego -¿ex aequo con la merluza?-, el pescado blanco que tiene más devotos y ofrece más modalidades de preparación y condimento. 

El animalito, aplastado y asimétrico, vive escondido a más de 20 metros de profundidad, en los fondos de fango y arena, y, sin despreciar a los del Mediterráneo, prefiero los del Atlántico. Tanto los del estero gaditano y onubense, a la andaluza, como los del Cantábrico, que, si están en el entorno de los 200 gramos, lo mejor es freírlos y, de allí hacia arriba, quedan suculentos a la plancha y al horno. 

Me encantan los lenguados grandes, los que pesan más de un kilo y, cortados en rodajas, sirven para una comida familiar. En El Pescador (J. Ortega y Gasset, 75, Madrid) han hecho famoso el que llaman 'don Evaristo' y cumple con abundancia para dos personas hambrientas. En el otro lado de las posibilidades de tan apetecible pez está el que Sergi AroIa, después de abandonar La Broche, su cuartel de los últimos años, ofrece en su nueva casa: Sergi Arola Gastro (Zurbano, 31, Madrid); Es una tosta de lenguado y láminas de boletus gratinada con una crema de ajo ligera. Un ali-oli nada agresivo. Una maravilla que sirve para demostrar, por si alguien tuviera dudas, que la grandeza de la cocina está en la variedad. Lo mismo en su versión refinada y buscadora que en los modos más tradicionales.

sábado, 12 de abril de 2014

Un 'pacharán' de nueces



(Un texto leído en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón ‘Con mucho gusto’)

Las nueces verdes se utilizan en Italia para elaborar el 'nocino', un licor cuya elaboración es similar a la del pacharán. Se hace con 30 nueces verdes, 2 ramas de canela, 1 trozo de vainilla, la cáscara de un limón, 250 gramos de azúcar y 1 litro de vodka o de aguardiente. Hay que poner todos los ingredientes en un recipiente de vidrie durante al menos seis semanas, removiéndolo todos los días. Después se filtra el líquido para quitarte cualquier resto sólido y ya se puede consumir.
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