viernes, 12 de septiembre de 2025

Los cortes más exquisitos de la anatomía gorrina

(Un artículo de Alejandro Toquero en El Heraldo de Aragón del 7 de marzo de 2020)

De cerdos se obtienen despieces especiales, poco conocidos, pero muy apreciados en la mesa.

Del cerdo, hasta los andares. Todo se aprovecha, pero haría falta mucho más espacio que el de este reportaje para detallar el prolijo despiece de la anatomía gorrina y sus posibilidades culinarias. Es por ello que en estas líneas el protagonismo va a recaer en algunos cerdos especiales y en cortes diferentes, no demasiado conocidos, pero muy apreciados en la mesa.

Diferente y especial, sin duda, es el cochino más aragonés, el latón de la Fueva, que se cría en el valle pirenaico del mismo nombre. Néstor Borruel, de la ganadería Borruel Salinas (www.latondelafueva.com), comenta que estos cerdos “viven en libertad en los bosques y praderas y se alimentan de lo que da la tierra: bellotas, hierba, raíces, así como piensos naturales de cereales y vegetales”.

No son animales ecológicos, pero casi. Al menos así los describe Ricardo Buil, propietario de Carnísima (www.carnisima.com), que entre su amplia oferta de carne ecológica también ofrece el latón de esta ganadería. Estos dos protagonistas sugieren que en muy pocos años el latón ha pasado de ser un producto casi testimonial a estar en el punto de mira de muchos consumidores que ponen el acento en la salud a la hora de acercarse al porcino.

“Al estar en contacto con el sol, estos cerdos asimilan muchos nutrientes y vitaminas; luego está la alimentación natural que reciben y al no tener resistencias antimicrobianas ni residuos, que es algo poco común, se consigue un producto muy sano”, comenta Ricardo Buil.

Parte de su genética es parecida a la del ibérico, aunque no tiene tanta grasa. Eso sí, es de mucha calidad. El responsable de Carnísima explica que la venden en botes “y nos la quitan de las manos, sobre todo para elaborar mantecados y polvorones”.

En cuanto al despiece, asegura que hay dos cortes que llaman la atención en el latón de la Fueva y que dan mucho juego. Uno de ellos es el secreto, “cuyo peso ronda los dos kilos y medio”. Es una de las piezas más sabrosas, con bastante grasa entreverada. Sencillamente marcado a la plancha es un bocado exquisito que se deshace en la boca.

Por otra parte, a semejanza del chuletón de ternera, es decir, el corte del lomo que incluye el hueso, esta empresa comercializa el denominado 'chulatón', que viene a ser un despiece parecido, pero en versión porcina. “En aquellas partes del lomo que hay posibilidad, se alarga un poco más el corte para que su presencia resulte todavía más espectacular”, explica Ricardo Buil.

Un producto parecido es el que ofrece el cocinero Jon Pérez en el restaurante Nativo, en Zaragoza. En su caso lo denomina chuletón de cebón. En la carnicería Julián de Zuera se encargan de preparar este despiece. “Lo bueno que tiene –explica el carnicero Julián Sanclemente– es que el lomo alto tiene las vetas más jugosas y el bajo la carne más magra, pero en esta zona coincide con el final de la panceta y los cortes quedan muy vistosos”.

En la actualidad, esta chuleta la tienen en Nativo como sugerencia y entre las opciones principales del menú de tapas. Se presenta en una tabla de madera con patatas y su grosor de unos tres centímetros llama la atención. La pieza es de aproximadamente medio kilo y la apariencia es como la de una chuleta de ternera blanca de Ávila.

Otro despiece interesante y novedoso es el rack de cerdo ibérico de bellota. José Quintana, director comercial de Industria Reunidas de Jabugo, explica que “es un corte especial del lomo que incluye las costillas sin la parte de los músculos intercostales y sin espinazo”. Lo adecuado es hacerlo a la plancha o al horno después de cortarlo en chuletas. Roberto Aguilera, propietario de Cárnicas Aguilera, lo distribuye en Aragón y asegura que es “como un chuletón de buey, pero en pequeño, un bocado exquisito por la grasa infiltrada que tiene la carne”.

Roberto se conoce de memoria el despiece del cerdo, así que no tiene problema en diseccionar los cortes más especiales. Por ejemplo, la presa. “Es una pieza adosada a la escápula, formando parte de la cabecera del lomo”. Su aspecto, no muy agraciado, hizo que durante mucho tiempo se dedicara, sobre todo, a la elaboración del morcón y la cabeza de lomo embutida. Roberto prosigue con el relato de sus características asegurando que “tiene mucha grasa entreverada en la masa muscular”, y de cada cerdo se obtienen dos piezas de entre 500 y 600 gramos cada una.

La pluma se sitúa en el otro extremo de la zona donde está la presa, en la parte final del lomo y todavía es más pequeña. Una vez desprovista de la grasa exterior, la pluma (hay dos, como en el caso anterior) apenas llega a los 100 gramos. Es lo que se conoce como el recorte caudal del lomo, de forma ligeramente alargada y triangular. Roberto Aguilera asegura que “no resulta fácil de localizar, apenas da para una ración y es la pieza más cara”. Para los paladares gourmet, un bocado exquisito.

Más conocido es el ya reseñado secreto. La anatomía simétrica de este maravilloso animal nos vuelve a ofrecer dos partes. El responsable de Cárnicas Aguilera describe su ubicación: “Se encuentra junto a la maza de la paleta, en la zona interna del lomo, lo que vendría a ser la axila del cerdo”. También se conoce como cruceta. Es poco atractivo a la vista y tiene un corte no muy regular, pero de nuevo la grasa entreverada lo convierte en un producto codiciado.

El lagarto es un despiece relativamente magro que se suele comercializar de dos formas: en fresco o para elaborar caña de lomo. La pieza tiene forma alargada y se sitúa paralela al lomo. La mejor forma de degustarlo es sencillamente cocinado a la plancha con un poco de sal.

Más desconocido es el abanico, una fina capa de carne que recubre las costillas por la parte externa con forma de trapecio. Igual que en el caso anterior, la plancha es la mejor herramienta. Apenas necesita un golpe fuerte de calor para que se dore por fuera y quede jugoso por dentro.

El catálogo de cortes singulares del cerdo daría para mucho más. Las carrilleras, sin duda, lo son, como la panceta, por engrasada, y el solomillo, por magro. Hay bastantes más, sobre todo en las diferentes partes del chuletero, pero el colofón bien podría ir de la mano de las lágrimas, un despiece no muy conocido de las costillas del cerdo ibérico.

En concreto, se consiguen de la carne intercostal. Es un corte estrecho, alargado y tiene un peso de alrededor de 80 gramos. Se trata de una pieza muy sabrosa que permite disfrutar del sabor de las costillas pero sin la molestia del hueso.

martes, 9 de septiembre de 2025

El secreto del éxito de la Trenza de Almudévar

 (Un texto de Claudia Polo leído en El País del 1 de agosto de 2023)

Una empresa familiar elabora más de 350.000 piezas de este tradicional dulce de la gastronomía de Aragón que se vende en toda España.

Hay un ritual que se repite en cada casa los domingos de comida familiar. Ya sea el primo, la cuñada o los abuelos, siempre hay alguien que acaba corriendo a la pastelería de confianza a comprar el postre, en ese bonito acuerdo colectivo que suele resumirse en un “no voy a ir con las manos vacías”. En Zaragoza hay uno que suele ser el elegido. Quien camine por el paseo de la Independencia de la capital aragonesa una mañana de domingo, observará un común denominador entre esos transeúntes con prisas que se dirigen a uno u otro lugar de la ciudad: una bolsa grande y alargada que guarda una Trenza de Almudévar.

Este dulce es el motivo por el cual, a las puertas de la Pastelería Tolosana, se concentra este día un ir y venir de clientes, casi todos habituales, que acuden a comprar su trenza. Nadie se resiste a los encantos de este postre que podría ser desayuno y merienda. Incluso aquellos que afirman “no ser muy de dulce” terminan cayendo ante sus curvas glaseadas. Y es que nunca llega a ser empalagosa, más bien, todo lo contrario —de ahí que se pueda comer entera si te descuidas—. En ella se encuentran, en equilibrio perfecto, el sabor suave a mantequilla, la masa jugosa y a la vez ligera, esas nueces esporádicas que crujen cuando se dan con ellas y el broche que la hace completamente adictiva, la capa de glaseado quebradizo que la recubre. Esta popularidad no es nueva, y es que aunque a día de hoy cuenten con cinco tiendas repartidas entre Zaragoza, Huesca y Almudévar, la pastelería ubicada en esta última localidad abrió sus puertas alrededor de 1930 y lleva más de 30 años haciendo de la trenza su insignia.

El Horno de la Cruz lo regentaban los abuelos de Jesús Tolosana, actual dueño junto a su hermano Luis. Como todos los hornos rurales de la época, este cocía el pan, tortas y otras elaboraciones de las mujeres del pueblo. A su vez, preparaba alguna pieza de repostería tradicional de la zona para la venta. Con el transcurso del tiempo, la primera ocupación fue reduciéndose para dejar espacio a la segunda. “Cuando llegamos mi hermano y yo, después de formarnos, empezamos a incluir una pastelería algo más cuidada, siguiendo las líneas francesas, pero manteniendo a la vez lo que habíamos hecho siempre”, cuenta Jesús. Fue entonces, cuando los hijos cogieron el relevo y la panadería comenzó a llamarse la Tolosana.

La trenza surge de un trueque de ideas con unos amigos pasteleros de Logroño. Por aquel entonces, la Tolosana era muy conocida por su tarta Nogal, receta que intercambiaron por la de la trenza. “Siempre decimos que la trenza no es del todo nuestra, de hecho la idea viene de Centroeuropa, donde se elaboran unos dulces similares, como el Babka”, cuenta Jesús. Lo que hicieron fue adaptarla a sus procesos y gustos. “Nuestro fuerte era el pan, así que prestamos mucha atención a la masa, empezamos a hacerla con masa madre y a cuidar mucho las fermentaciones”. También el relleno es original, adaptado a los paladares locales. Sea como sea, dieron con la fórmula perfecta: un postre que no es ni pastel ni bollería, que se transporta sin problema y puede comerse en cualquier lado, dulce, pero sin ser empalagoso, perfecto para pequeños y mayores. En 1992, el Gobierno de Aragón les otorgó la marca de calidad C’Alial, el último impulso que necesitaba la trenza para ser un best seller.

La receta actual es el resultado de mucha prueba y error. Tolosana afirma que “la trenza que hacemos hoy es un producto mucho mejor que aquella primera que elaboramos. Optamos por cuidarla al máximo, rechazar ofertas grandes que iban a dar más dinero, pero rebajaban la imagen de la marca, y trabajar por encontrar la forma de hacer las cosas lo mejor posible”. Fue un proceso difícil en el que asumieron muchos riesgos. Las ventas no dejaban de aumentar y había que encontrar la forma de incrementar la producción sin perder calidad. Trabajaron junto al departamento de Química y ALCOTEC de la Universidad de Zaragoza, analizando todos los parámetros que entran en juego durante la elaboración, ingredientes, temperatura, cartonaje, etc. “Puedes hacer 8.000 trenzas al año a mano, pero cuando vendes 350.000 tienes que ser mucho más meticuloso y exacto, llevar un control minucioso de todos los procesos”.

Pese al número de unidades —que dicen llegarían a dar la vuelta al mundo dos veces si se pusiesen una seguida de otra— la elaboración mantiene su esencia artesanal. Utilizan una masa madre específica (distinta de la que usan para pan y bollería) que tiene una acidez determinada. Ese pie de masa fermenta 24 horas a 7-8 grados, para que lo haga muy despacio. A partir de ahí elaboran la masa, la cual también fermenta antes de realizar los pliegues del hojaldrado —para el que utilizan mantequilla de la mejor calidad, con un contenido en agua muy bajo y un punto de fusión lo más bajo—. Tras el laminado y el formado, en el que se rellena con una mezcla de yema de huevo, azúcar y almendra, nueces y pasas maceradas en ron, se vuelve a fermentar y se hornea. El último proceso consiste en cubrirla de un glaseado a base de azúcar y agua que la protege, haciendo que se mantenga húmeda y jugosa por dentro, pero crujiente por fuera.

Tolosana es consciente de que la pastelería se encuentra en un momento complicado. Las familias se juntan menos a comer los fines de semana y cuando lo hacen suele ser en restaurantes; las nuevas generaciones consumen mucho por tendencias; y las preocupaciones en torno al azúcar y la salud afectan también al sector. “Una trenza sin azúcar sería una pena. Preferimos concienciar en una alimentación saludable, entender nuestro producto como algo especial y ocasional y priorizar su calidad y autenticidad.” Identificando las nuevas demandas, han desarrollado trenzas saladas —de salmón, de longaniza de Graus, pesto, tomate y queso mozzarella o de pollo con curry— y versiones en tamaño individual, que ofrecen rellenas y son un verdadero espectáculo. Quién quiere un NewYork roll, teniendo Trenza de Almudévar de compota de cerezas o de chocolate negro. Otra novedad es su tienda online, la cual acapara hasta al 5% de las ventas de su producto estrella y permite satisfacer los antojos de trenza desde cualquier punto de la Península. Eso sí, sin perder sus orígenes y haciendo honor a sus raíces: “Nunca nos olvidamos del sitio del que venimos. Seguimos haciendo elaboraciones tal y como las hacían en el obrador original, piezas tradicionales que creemos de vital importancia seguir produciendo y dando a conocer, como los empanadicos de calabaza, los dobladillos de canela o la torta de moño”.

Cambian los tiempos, los hábitos de consumo y lo tradicional se transforma, pero la importancia de sentir que perteneces a un lugar nunca se pierde. La Trenza de Almudévar ha pasado a formar parte de la identidad de los aragoneses, quienes la llevan por bandera —y en la maleta— cuando visitan a alguien de fuera. Desde la Tolosana han sabido acompañar este postre de un entramado de valores y acciones que refuerzan esa sensación de pertenencia esencial para que algo perdure.

 

viernes, 5 de septiembre de 2025

Mentaiko

Mentaiko es el nombre japonés para las huevas de abadejo de Alaska sazonadas y maridadas, especialmente con chile. Es un ingrediente común en la cocina japonesa y coreana, conocido por su sabor salado y ligeramente picante.

Más detalles sobre el mentaiko:

Origen: Se prepara con las huevas de abadejo de Alaska, un tipo de bacalao.

Preparación: Las huevas se salan y luego se marinan, a menudo con chile y otros condimentos para darles su sabor característico. 

Sabor: El mentaiko tiene un sabor salado y ligeramente picante, con toques de umami de las huevas de pescado. 

Usos en la cocina: Se utiliza en una variedad de platos japoneses, como pasta, arroz, onigiri (bolas de arroz) y otros. 

Variaciones: Existe una versión picante, llamada "karashi mentaiko", que se sazona con chile rojo y otros ingredientes. 

Nombre alternativo: En algunas regiones de Japón, se le llama "tarako".

martes, 2 de septiembre de 2025

Frincandó

(Sacado de "Directo al paladar", una gran página de cocina)

La cocina catalana alberga recetas tradicionales menos conocidas fuera de la región que merecen ser redescubiertas. Una de ellas es el fricandó, un guiso de carne que ha sido parte de la gastronomía catalana desde hace siglos.

Su origen se sitúa en el Pirineo catalán, aunque su consumo se ha extendido por toda la región. Es una receta que, con el paso del tiempo, ha ido perdiendo protagonismo en favor de otras preparaciones más mediáticas, pero sigue siendo un ejemplo de la riqueza culinaria de Cataluña.

El fricandó se elabora con filetes de ternera, que suelen ser de la parte más magra, como la tapa o la contra. La carne se enharina ligeramente y se dora en una cazuela con aceite de oliva. Una vez sellada, se reserva y en el mismo recipiente se sofríe una mezcla de cebolla, ajo y tomate, ingredientes que conforman la base del guiso.

Una de las claves del fricandó es el uso de setas, preferiblemente moixernons (senderuelas), que aportan un aroma y sabor característico al plato. Estas setas se pueden utilizar frescas si es temporada o deshidratadas el resto del año, tras ser rehidratadas en agua.

Cuando el sofrito está en su punto, se incorpora la carne nuevamente a la cazuela y se añade vino blanco, dejando que el alcohol se evapore antes de verter el caldo. El guiso se cocina a fuego lento durante un tiempo prolongado, permitiendo que la carne adquiera una textura tierna y que los sabores se integren por completo. Como toque final, se puede agregar una picada catalana, una mezcla de almendras, ajo, pan frito y perejil, que intensifica el sabor del plato.

El fricandó es un ejemplo de la cocina de aprovechamiento, una de las características de la gastronomía catalana. En muchas casas, este plato se prepara de un día para otro, ya que el reposo potencia su sabor. Se suele servir acompañado de patatas, arroz blanco o incluso con un poco de pan para mojar en la salsa, porque tener salsa y no sucar es como tener picor y no rascar.


martes, 26 de agosto de 2025

Moscovitas

(Leído en la revista hola en algún momento del 2024)

4 generaciones llevan preparando este irresistible dulce artesano emblemático de Oviedo. En la pastelería Rialto, fundada en Luarca en 1926 por Braulio Gayoso, las famosas Moscovitas, los Carbayones y las Princesitas son sus especialidades más conocidas. Las primeras, unas galletas muy finas de almendra marcona y nata, las elaboran los maestros pasteleros una a una en un obrador a parte, y llevan diferentes coberturas de chocolate: con leche, blanco o negro. Se pueden comprar en diferentes puntos de España y en su web pero nos hemos propuesto hacerlas en casa, a nuestra manera.

No se sabe muy bien cómo llegó la fórmula a España pero sí que tienen bastante parecido con las galletas florentinas -cuyo origen no es de Florencia, sino que todo apunta a que nacieron en Francia-: pastas muy finas a base de mantequilla, azúcar, harina, almendras y fruta confitada, con un baño de chocolate por uno de sus lados.

Ten en cuenta que nuestra receta es casera y es posible que no nos salga tan fina ni perfecta como las compradas y hechas por profesionales. Pero ya sabes que somos partidarios de lo hecho con nuestras propias manos, por el valor que eso tiene. Estas galletas nos parecen un acompañamiento inmejorable para tomar con un café, una infusión o un vaso de leche y también para llevar como obsequio si vas de invitado a una comida o una cena a casa de amigos o familiares.

Ingredientes para hacer 30 galletas Moscovitas caseras

  • 20 gramos de harina
  • 100 gramos de almendra Marcona en granillos
  • 100 gramos de azúcar glas
  • 100 gramos de nata líquida
  • Para la cobertura: chocolate con leche, blanco o negro 

Hay de que dejar enfriar las galletas una vez salidas de horno para echarles el chocolate por una de sus caras.

Cómo hacer galletas Moscovitas caseras:

  1. Pon un cazo al fuego con la nata y el azúcar y hierven un minuto para disolver.
  2. Agrega la almendra en granillo y la harina tamizada y mezcla bien.
  3. Espera a que hierva de nuevo y espese, retira del fuego y deja reposar 15 minutos.
  4. Precalienta el horno a 170ºC.
  5. Forra una bandeja de horno con papel y silicona y deposita encima pequeñas cantidades de la masa con suficiente espacio entre ellas. 
  6. Hornea durante unos 10 minutos a 170ºC.
  7. Saca con cuidado, despega del papel y deja enfriar las galletas sobre una rejilla mientras derrites la cobertura.
  8. Echa la cobertura elegida por encima y espera a que se solidifiquen y se endurezcan.
  9. ¡Y ya tienes listas tus deliciosas galletas caseras para disfrutarlas!

viernes, 22 de agosto de 2025

Sobre la levadura “royal”

(Un artículo de Ana Vega Pérez de Arlucea en El Heraldo de Aragón del 28 de marzo de 2020)

[…] es un producto que, sinceramente, no suele ser tildado de primera necesidad: el impulsor, gasificante o polvo de hornear.

El Royal de toda la vida, para que me entiendan. No quiero yo hacer promoción a ninguna marca en especial y además existen numerosas opciones de otros fabricantes, pero es cierto que la mayoría de nosotros interpretamos 'royal' como equivalente total de un producto en concreto, igual que a veces nos ocurre con el 'albal' o el 'bimbo'. El royal está tan metido en nuestra memoria culinaria que es normal verlo así escrito en los libros de recetas, y resulta casi hasta confuso para los lectores ver en la lista de ingredientes otras denominaciones como «levadura química» o «impulsor», que es lo que realmente es. Rizando el rizo, ni siquiera es realmente una levadura, nombre que reciben los hongos vivos que hacen fermentar el pan. En el impulsor químico esta función análoga (la de «levantar» las masas de repostería), la hacen sus componentes químicos como el ácido tartárico, el bicarbonato de sodio o el de amonio.

Fue en la década de 1860 cuando se empezaron a producir y comercializar los impulsores de doble acción, que reaccionan primero a la humedad y después al calor dentro del horno, y precisamente en 1866 fue cuando nació en Nueva York la Royal Chemical Company, alma mater del famoso royal que usamos hoy en día. Pues bien, esta marca hizo su entrada en el mercado español durante las primeras décadas del siglo XX y una de sus mayores difusoras fue la célebre María Mestayer Jacquet, alias marquesa de Parabere (18771949).

Seguro que en algún rincón de la estantería o bien a mano cerca del fogón tienen ustedes su obra magna, 'La Cocina Completa', en alguna de las muchísimas ediciones que se han vendido desde su publicación original en 1933. Lo que quizás no sepan es que en 1947 pergeñó un recetario algo menos relevante pero igual de exitoso: el folleto 'Pastelería Royal'. Como los chefs famosos de hoy en día, la marquesa fue contratada por esta marca comercial para idear recetas sencillas que utilizaban impulsor y con las que se obsequiaba a las consumidoras a cambio de que enviaran por correo un cupón debidamente cumplimentado. Este folletito de poco más de 30 páginas se convirtió en imprescindible y en la base de los conocimientos reposteros de miles de amas de casa españolas, así que qué mejor que usarlo también durante estos días duros en los que necesitamos el consuelo de algún dulce.

Pastelería Royal, Maria Mestayer (1947)

Bizcocho sencillo

Ingredientes: 225 g de harina, 225 g de azúcar, 60 g de mantequilla, 4 cucharaditas de levadura química en polvo, 1 huevo, 1 pizca de sal fina, 250 ml de leche.

Elaboración: ablándese la mantequilla a tempratura ambiente, añádase el azúcar, bátanse hasta poner la mezcla cremosa y agréguese el huevo bien batido. Por separado júntese la harina, la sal y la levadura, añadiendo esto a la masa anterior alternativamente con la leche. Dispóngase esta masa en un molde untado con mantequilla y enharinado y cuézase en un horno con calor moderado [180 grados]. Una vez frío cúbrase con dulce de yema, mermelada de albaricoque o azúcar glas.

Pastelería Royal, Maria Mestayer (1947)

Magdalenas

Ingredientes: 125 g de azúcar, 125 g de harina, 100 g de mantequilla, 3 huevos, 1 cucharadita de levadura química en polvo, vainilla.

Elaboración: Bátanse los huevos con el azúcar hasta ponerlos muy espumosos, a continuación añádanse, ayudándose con una cuchara de palo, la harina tamizada junto con la levadura, la mantequilla a medio derretir y la vainilla. Se llenan de masa unso moldecitos a propósito previamente untados con mantequilla y se cuecen a horno caliente durante unos 10 minutos.
Free counter and web stats