jueves, 24 de noviembre de 2022

Patatas suflés

(La columna de Carlos Maribona en el XLSemanal del 30 de noviembre de 2020)

De los muchos recuerdos que nos quedan del restaurante Zalacaín, que anunció su cierre definitivo a principios de este mes de noviembre, uno de los más vivos es el de sus patatas suflés, que formaban parte de las señas de identidad de esa casa que fundara en 1973 el navarro Jesús Oyarbide y que ha sido durante casi medio siglo referencia de la alta cocina. Su cocinero Benjamín Urdiaín las bordaba. Y no había comida en que los clientes no las solicitaran, especialmente para acompañar aquel excelente steak tartar que se hacía en la sala, a la vista de los comensales. Mi amigo Cristino Álvarez decía de ellas que son la más aristocrática de todas las recetas que tienen a la patata como ingrediente. Hago mía su acertada definición. 

Como tantas otras cosas en la cocina, nacieron de una casualidad. El 25 de agosto de 1837, el cocinero francés Jean Louis Collinet preparaba un menú para Luis Felipe de Orleans. El tren se retrasó y el chef tuvo que retirar a medio hacer las patatas fritas que estaba cocinando. Cuando por fin llegó el rey, volvió a ponerlas al fuego, ya frías y reblandecidas, y para su sorpresa las patatas se inflaron y quedaron crujientes y ligeras. Así hasta nuestros días, convertidas en un bocado exquisito que, por desgracia, cada vez es más difícil de encontrar. Las de Zalacaín ya solo son un agradable recuerdo.

jueves, 10 de noviembre de 2022

De dónde vienen los huevos benedict

 (Leído en la revista CQ el 14 de abril de 2019)

Rescatamos las tres leyendas principales que se cuentan sobre la creación de este afortunado ejemplo de cocina norteamericana.[...]

Si algún sábado o domingo te has levantado tarde, posiblemente resacoso y con ganas de llevarte algo a la boca que resuelva de un golpe tu desayuno y tu comida, entonces es más que probable que conozcas los huevos benedict de primera mano. Ningún brunch con un poco de respeto por sí mismo puede dejar de incluir en el menú un plato que parece sofisticado, pero en realidad es tan sencillo como un muffin (también vale pan tostado) abierto por la mitad, un huevo pochado, bacon o jamón cocido y la famosa salsa holandesa recubriéndolo todo. De repente, ya dejas de tener hambre. Y, espera un momebto... ¿es posible que también tengas menos resaca?

Según el famoso restaurante neoyorquino Delmonico's, esa fue siempre la idea. Por si no lo conoces, este templo de la american cuisine fue el primer establecimiento de la ciudad que prometió alimentar a sus clientes durante las 24 horas del día, pues sus puertas no cierran nunca. Su carta asegura que los huevos benedict "fueron creados dentro de nuestros hornos en 1860", concretamente el mismo año que Delmonico's pasó de pastelería a restaurante. Serían, por así decirlo, su plato inaugural, y no ha dejado de figurar en su popular "power lunch" desde entonces.

Esta primera teoría tiene a su favor una prueba documental por la que las otras dos existentes serían capaces de matar: Charles Ranhofer, uno de los primeros chefs del resurante, publicó su receta personal para los Eggs à la Benedick en una fecha tan temprana como 1894, lo que la convierte en la primera referencia literaria a estos deliciosos huevos. El libro de Ranhofer, titulado 'The Epicurean', es considerado poco menos que la biblia de la cocina estilosa made in New York, luego muy poca gente se atrevería a llamar mentiroso a este cocinero..

Claro que hay quien sí lo hace. En 1942, la revista New Yorker publió una entrevista con el broker retirado Lemuel Benedict como parte de su legendaria columna 'Talk of the Town'. Aparte de hablar sobre sus días en Wall Street, este anciano contó la historia sobre cómo una buena mañana de 1894 irrumpió en el lobby del Hotel Waldorf y, un tanto desorientado, inició su camino hacia el restaurante. Lo que buscaba era nada más y nada menos que una cura para su resaca, razón que le llevó a pedir "una tostada con mantequilla, huevos pochados, bacon crujiente y un tarro de holandesa" nada más sentarse en su mesa. Benedict parecía tener las cosas tan claras que todo el mundo se sintió impresionado con su comanda, hasta el punto de que el Waldorf decidió incorporar ese plato al menú habitual del hotel.

Por tanto, aquí tenemos la segunda teoría : un broker resacoso apellidado Benedict improvisó durante una resaca descomunal durante el mismo año en que Ranhofer publicó 'The Epicurean'. De ser cierta, no tendríamos más remedio que aceptar que el chef de Delmonico's se pasó un día a desayunar por el hotel, vio los huevos benedictinos en su carta y procedió a copiarla para su propia cocina, sólo que cambiando la tostada con mantequilla por un muffin. ¿Confundido? Espera, que hay una tercera historia de orígenes.

En 1967, el New York Times publicó una carta escrita por un tal Edward P. Montgomery, en la que aseguraba que la receta fue un viejo secreto culinario que él recibió en persona de manos de su tío, un gran amigo del Comodoro Elias Cornelius Benedict. El tipo era casi la caricatura de un hombre de negocios neorquino de finales del XIX y principios del XX, sólo que su pasión por el dinero era superada por su pasión por la alta mar. La carta de Montgomery contaba cómo, cuando estaban en su yate, al comodoro y a su tío les gustaba desayunar unos buenos huevos pochados, si bien su forma de preparar la salsa holandesa era algo diferente a la de los demás.

(Oh, y por si te lo estás preguntando: la receta tradicional más aceptada suele incluir tres yemas de huevo, 150 gramos de mantequilla, un poco de zumo de limón, sal y pimienta. Lo bates y ya tienes una buena tarrina de orgullo holandés ).

De modo que hay tienes las tres leyendas principales que explican el origen de los huevos benedict. A nosotros se nos ocurre una suerte de teoría unificada : Delmonico's empieza a preparar una versión del plato antes que nadie, el broker resacoso la recuerda durante su desayuno en el Waldorf, el maître lo toma por un innovador y, tiempo después, E.C. Benedict se sorprende con el talento culinario de su amigo Montgomery, quien respeta demasiado al comodoro para decirle que la única razón por la que se le ha ocurrido preparar los huevos es porque luego puede convencerlo de que los ha bautizado en su honor. Sea como sea, están deliciosos. Eso es indiscutible.

 

 

 

lunes, 31 de octubre de 2022

Jengibre, para todos los gustos

(Un texto de Ramón Álvarez en el suplemento dominical del Periódico de Aragón del 15 de septiembre de 2019)

El jengibre qué consumimos es el rizoma o tallo subterráneo de la planta de igual nombre, originaria de los bosques tropicales del sur India. Desde siempre ha ido parte de la gastronomía de los países árabes, China o India debido a sus múltiples beneficios para la salud. Posee propiedades antiinflamatorias, antisépticas y reguladoras de la glucosa en sangre. Además, es un óptimo protector gastrointestinal a la vez que un remedio eficaz para combatir las náuseas.

Precisamente por sus beneficios ha ido incorporándose en nuestra dieta, especialmente en forma de infusión o en zumos, especialmente por parte de deportistas. Pero el jengibre tiene muchas más posibilidades culinarias que encantarán a quienes gusten de su sabor característico, intenso y algo picante.

BATIDOS. Los smoothies o batidos de diversas frutas de temporada adquieren un sabor muy especial y aumentan sus propiedades saludables si se acompañan con jengibre. Basta con añadir, a las frutas lavadas y cortadas, una o varias ralladuras de jengibre y mezclar todos los ingredientes en la batidora.

DULCES. El jengibre es perfecto para la confección de dulces. El bizcocho de jengibre es una de las recetas caseras habituales en Estados Unidos. En el norte de Europa las galletas de jengibre son tan populares que, cada año por Navidad, en Bergen (Noruega) se levanta el Pepperkakebyen, un pueblo en miniatura construido a base de galletas de jengibre.

ENSALADAS. Para dar un toque original a cualquier ensalada basta con rallar jengibre a la hora de aliñarla, como se hace con la trufa. Otro método de enriquecer el sabor de una ensalada es preparar una vinagreta, con aceite y mostaza, y presentarla en un cuenco para que cada comensal aderece su plato según sus preferencias.

OTROS PLATOS. Este rizoma puede usarse también carne y pescado. Desde pollo adobado en jengibre antes de cocinarlo hasta salmón marinado con jengibre y wasabi, pasando por una crema de tomate con jengibre y coco rallado o un atún con jengibre y naranja.

Hervido mejor que en infusión

Al tratarse de la parte dura de una planta, similar a una raíz, si preparamos cualquier tisana de jengibre como si se tratara de un té, cortando a rodajas los bulbos y dejándolos en remojo en agua caliente, extraeremos muy poco sabor y no aprovecharemos sus propiedades saludables. La mejor manera de prepararlo es, una vez cortado, ponerlo a hervir en agua durante 10 a 15 minutos y dejarlo reposar otros cinco antes de servirlo, colándolo y acompañándolo, según las preferencias de cada uno, con té verde, miel y unas cucharaditas de zumo de limón recién exprimido.

jueves, 20 de octubre de 2022

De la buena pitanza en el Madrid del s. XVII

(Leído en un folleto -El Barrio del siglo XXI- de febrero de 2009)

El madrileño del siglo XVII se pirraba por los despojos de carnero y cerdo: cabeza, vísceras y sesos. Los más baratos eran los del cerdo. Los sábados, las cabezas, asaduras y vientres eran para los monarcas y los señores del Concejo.

El consumo de pescado marcaba profundamente la posición social y el desahogo económico. Las clases altas lo tomaban fresco, de río o incluso de mar, que lo transportaban los maragatos, arrieros que monopolizaban este tipo de comercio. El pescado fresco se acababa enseguida y se usaba el escabeche: de ostras, de besugos y de salmón principalmente. Para los sectores más humildes estaba el pescado seco: el cecial (especie de merluza) y el abadejo (similar al bacalao). Se vendía remojado y era un género muy solicitado en Cuaresma.

El desayuno popular tenía en los torreznos el manjar más demandado. Lope de Vega cantaba las bondades de este producto:

"Quien con un torrezno asado

se desayune, o con migas,

al doctor le da cien higas"

Todo ello bien regado por los vinos de San Martín de Valdeiglesias, Navalcarnero o Arganda. La clase media se aficionó al chocolate, mientras que el campesinado y trabajadores siguieron fieles a los torreznos.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

La pocha fresca, una verdura con apariencia de legumbre

(Un texto de Alejandro Toquero en el Heraldo de Aragón del 14 de septiembre de 2019)

Este producto, cuyo consumo en Aragón no es muy grande, se encuentra en el mejor momento de la temporada.

Los productos de temporada son un motivo de alegría a la mesa. [...] Frente a la tendencia a consumir cada vez más alimentos precocinados, congelados y de quinta gama, o a degustar fresas en enero y naranjas en agosto, reivindicar la importancia de acercarse al ingrediente fresco, de cercanía y sabroso casi resulta una obligación.

Las pochas frescas, nuestras protagonistas de esta semana, responden a este perfil, aunque no son muy conocidas en Aragón, ya que apenas se producen y su consumo es bastante minoritario. En el País Vasco, Navarra y La Rioja es donde, sobre todo, se da esta doble condición: la de su cultivo y degustación.

Lo sabe bien Javier Mené, de Frutas Mené, uno de los principales distribuidores aragoneses de frutas y verduras en el sector hostelero. Él lleva unos cuantos años potenciando su presencia entre los restaurantes zaragozanos y, en la actualidad, distribuye pochas frescas a alrededor de una docena de ellos.

Javier conoce bien esta alubia, que se cosecha antes de llegar a su madurez, por lo que se consume en fresco, antes de que se haya secado para convertirse en una legumbre. Este detalle es el que hace que tenga la consideración de verdura, de la que se puede disfrutar entre los meses de agosto y octubre.

Hay dos variedades de pochas: una redonda y de tono verdoso, y otra arriñonada cuya tonalidad, «tirando a pocha», explica Javier, es la que da nombre a esta alubia tan especial. Así como la mayoría de las legumbres se recogen con maquinaria una vez que están secas, en el caso de nuestra protagonista «la recolección es manual; las judieras van produciendo durante dos o tres meses y las vainas se cosechan en el momento óptimo, todavía en verde y sin haber llegado a madurar del todo para su degustación inmediata».

Los hortelanos las cogen de la mata con la vaina y es así como se comercializan. El cliente, ya sea un restaurante o un particular, es quien tiene que desgranarlas como si fueran guisantes frescos. «Un kilo se queda al final en la mitad de peso», prosigue Javier Mené. Este detalle, unido a la producción relativamente escasa y la recogida manual, encarece su precio, que para el consumidor final suele oscilar entre 6 y 8 euros el kilo.

Sin embargo, no es fácil ver este producto en los mercados, fruterías y verdulerías de Zaragoza, ni del resto de Aragón. Tan solo alguna tienda gourmet o establecimientos especializados le hacen un hueco a esta verdura, bastante más apreciada por nuestros vecinos navarros, riojanos y vascos.

SENSACIONES. Javier Mené destaca su finura y sabor. Estas características son, precisamente, las que más valoran los profesionales de la hostelería a la hora de ofrecer pochas frescas. Como más le gustan al propietario de Frutas Mené es cocidas con una cabeza de ajos, puerro, un poco de tomate, cebolla y, si acaso, «añadiendo al final un sofrito de pimiento rojo y verde».

Los hermanos Eduardo y Diego Latorre, del bar Hermanos Teresa, y el cocinero Ismael Herrero, del restaurante Azarina Fussion, confirman que es un producto que da mucho juego para combinarlo con otros ingredientes desde la sencillez de su tratamiento en los fogones.

«Para los cocineros es una maravilla porque es muy fácil de utilizar -asegura Ismael-, no hay que poner a remojo el día anterior como sucede con las legumbres y necesita poco tiempo de cocción». Este es un detalle que este profesional cuida especialmente, ya que le gusta que «la textura de la pocha quede al dente, de forma que al morder rompa el grano en la boca».

El tiempo que él las deja cociendo una vez que el agua ha roto a hervir oscila entre 25 y 30 minutos, en función de la cantidad. «Si te pasas se quedan harinosas», prosigue. […]

 

A Ismael Herrero le encanta trabajar esta verdura y esa pasión, que traslada también a las jornadas del puchero que organiza todos los años, se la ha inculcado a sus clientes, que de buen grado aceptan las diferentes propuestas que suele incluir en su carta de sugerencias.

VERSÁTIL. Para los hermanos Eduardo y Diego Latorre, del bar Hermanos Teresa, las pochas frescas son una referencia imprescindible durante los meses de septiembre y octubre. Tanto, que incluso congelan parte de las que compran para alargar algo más la temporada. «Es una verdura que no pierde propiedades tras congelarla; queda prácticamente igual de tierna y fina que en fresco», apuntan.

Los dos cocineros destacan su versatilidad en preparaciones con pescado y marisco a las que suelen añadir una parte de fumet a la cocción. Rape, chipirones, almejas, gambas, bacalao... son productos del mar que encajan muy bien. Pero una de las recetas que más aceptación tiene entre su clientela es la de pochas con berberechos, borraja y polvo de jamón ibérico.

«Con la carne de caza también combinan estupendamente, sobre todo en guisos de perdiz o codorniz, o con rabo de toro», prosiguen. Y otras dos elaboraciones especialmente afortunadas son con huevo poché y foie, y boletus y cocochas de bacalao.

En estos dos establecimientos se apuntan a la máxima de que «si a la clientela le ofreces productos frescos, de temporada y bien trabajados, difícilmente se olvidará de ellos». Es el caso de nuestra protagonista. Poco importa que en Aragón no exista una tradición de consumo muy arraigada. Si hay distribuidores y cocineros con ganas de trasladar al público su calidad, al final su valor en el mercado crecerá como la espuma. Y el de las pochas frescas, sin duda, es un valor seguro y en alza.

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