domingo, 14 de septiembre de 2014

Croquetas: mucho más que comida de sobras



(Un texto de Alejandro Toquero en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 11 de enero de 2014) 

La croqueta es mucho más que una elaboración para aprovechar comida que nos ha sobrado o que no
sabemos qué hacer con ella. Cuantos mejores ingredientes utilicemos, su calidad será mayor, pero para
que sea buena, sobre todo, no hay que tener -prisas y hay que poner mucho cariño.

[…] vamos a intentar buscar lugares comunes que de alguna forma sirvan para describir cómo tiene que ser una buena croqueta.

Las primeras pistas las encontramos en la propia definición del término: en su origen -viene del francés croquer-, que ya sugiere que el resultado final tiene que ser crujiente y no ese producto flácido y gomoso que en ocasiones se hace pasar por nuestra protagonista. Hace ahora un siglo, en 'La Cocina Española Antigua', Emilia Pardo Bazán ofrecía algunas pistas sobre su evolución histórica y cómo en nuestro país hemos sabido mejorar la receta francesa. "El plato es sin duda transpirenaico -se apunta en este libro-, pero está tan extendido en España que Valera lo comió muchos años en una venta de Despeñaperros, y el mismo hecho de que todas las menegildas lo estropeen, indica su popularidad. Hay que añadir que la croqueta, al aclimatarse a España, ha ganado mucho. La francesa es enorme, dura y sin gracia. Aquí, al contrario, la hacen bien, las croquetitas se deshacen en la boca, de tan blandas y suaves".

Blandas, suaves y que se deshacen en la boca, y no un engrudo similar a la argamasa que al someterlo al proceso de fritura todavía se endurece más. Ya tenemos otro lugar común en el que coinciden con Pardo Bazán los protagonistas elegidos para guiar este relato: cuatro cocineros que desde responsabilidades y negocios muy distintos, conocen bien el producto y coinciden en alguna apreciación más: cierto es que al hablar de las croquetas estamos ante algo así como el paradigma del aprovechamiento, ante una de las formas más satisfactorias de no tirar comida que ha sobrado. Sin embargo, no es menos cierto que cuanta más calidad y cantidad de producto utilicemos en su preparación, el resultado será mejor. Y una cosa más: cuando se hacen como es debido, casi pueden tener la consideración de plato de alta cocina. Como apunta el cocinero Iván Puyuelo, "no vale con preparar una bechamel básica con harina, leche y mantequilla y resolver la masa en diez minutos". Así pasa luego que pueden saber a harina cruda, a leche o tener grumos y resultar incomibles.
[…] difícilmente te encuentras un bar, cafetería, taberna o restaurante donde no ofrezcan alguna croqueta.

Es, seguramente, el bocado más popular, pero había que elegir, así que en el Tubo zaragozano nos hemos decantado por preguntarle a Dora Gracia. La taberna Doña Casta es uno de los templos de las croquetas, en cuya barra da la impresión de que cada día se hacen con un hueco mayor en detrimento de otras tapas. Y eso que en estos momentos 'solo' ofrece 11 tipos diferentes. "Vamos probando cosas nuevas -asegura- pero hay unas cuantas que no las podemos quitar". Jamón con gorgonzola y nueces; boletus y foie; arroz negro con alioli; cabrales con manzana; morcilla con piñones y vino tinto; chocolate con pularda. "Todo un mundo", reconoce Dora, cuya elaboración no la concibe sin recurrir a los mejores ingredientes. En su caso, "casi la mitad de producto y la otra mitad de bechamel".

Ella utiliza a partes iguales mantequilla y aceite de oliva, pero hay quien también se decanta por la margarina (quedan algo más líquidas), o directamente por utilizar aceite o mantequilla. Dora recurre para casi todas a una picada de cebolla bien fina, introduce la harina y la sofríe con los ingredientes que lleva cada una. ¿Cómo tiene que ser la masa resultante? Ella la define como "una sinfonía, suave, que al removerla quede como cuando empiezas a hacer una gelatina; que vuelva a su sitio, sin grumos, bien trabajada".

Entre una hora y media y dos le suele llevar esta tarea, así que la ausencia de prisas es otro ingrediente fundamental de sus croquetas. Bueno, en su caso, más bien croquetones. A ella le gustan así. Es de la opinión de que "por lo menos hacen falta cuatro bocados para disfrutarlas; si lo resuelves en dos tengo la impresión de que no se terminan de saborear bien", comenta.
Seguro que menos conocidas en Zaragoza son las que prepara la asturiana Mari Carmen González en el bar Evohé, del barrio de Jesús. Igual que Dora, ella también apuesta por pochar un poco de cebolla y por picar los ingredientes muy finos. Además de las clásicas de jamón, bacalao, marisco o merluza, de su tierra se ha traído una muy típica: la de puerro. Pero con la que está dando la campanada es con la de dos chocolates, blanco y negro. "Me gusta experimentar en la cocina –asegura- y un día, haciendo un postre, se me ocurrió". Elabora las dos masas por separado (en este caso sin cebolla) y luego las mezcla utilizando varias esencias y azúcar moreno para matizar el amargor del chocolate negro. Acompañadas de un vino dulce o de hielo, están sencillamente espectaculares.

Las de cocido también son otra de sus especialidades, para las que no solo utiliza la carne. "También me gusta incorporar un poco de caldo a la bechamel, pero no mucho porque si no se diluye la harina y no liga bien la masa", explica. Pero es que también añade los garbanzos bien machacados.

No es el caso de las que elabora en la carnicería/chacinería Las Masadas, Maribel Valle, que solo utiliza la carne del cocido. Su trabajo representa una forma cada vez más extendida de comer productos como si fueran de elaboración casera, pero que directamente se adquieren ya preparados. "En estos tiempos de prisas y de familias pequeñas, cada vez más se busca la comodidad -explica-, así que mucha gente se decanta por adquirir productos como las croquetas para llegar y freír". Eso sí, prosigue, "el cliente es exigente, quiere que los ingredientes se vean, que pueda pasar por una elaboración que él mismo ha podido hacer en su casa".

Maribel vende unas cuantas variedades en Las Masadas y su experiencia le ha llevado a ajustar dimensiones e ingredientes; a no utilizar, por ejemplo, cebolla en las de jamón o a recurrir a un tamaño más pequeño en las de morcilla. "Con este producto, me parece que si es grande satura demasiado, además de que la croquetina queda más crujiente". En fin, todo un mundo cargado de matices y detalles, de maestrillos y librillos.

En mucho aceite, limpio y bien caliente
Una de los riesgos que se corre con las croquetas, si la masa queda muy fina, es que se abran, sobre todo si hay que moverlas para freírlas. Para evitarlo, hay que incorporarlas a la sartén o a la freidora con el aceite limpio y bien caliente, y a ser posible que las cubra por completo para que se hagan al mismo tiempo por todas partes.
La croqueta tiene que estar dorada, pero en ningún caso se tiene que llegar a quemar. Sobre qué aceite utilizar, el chef Iván Puyuelo apuesta por uno con poca potencia aromática «para que no altere los sabores, aunque el de girasol también es una buena opción». Una vez fritas, hay que escurrirlas bien y ponerlas sobre papel absorbente que empape la grasa. Como mejor apreciamos sus características es recién hechas, aunque respetando unos minutos de reposo, ya que, si están muy calientes no se disfrutan igual. 

Buenas y malas prácticas
En relación a las croquetas, hay algunas buenas y malas prácticas que también conviene tener en cuenta. En relación a las primeras, por ejemplo, dejar reposar la masa de un día para otro antes de freírlas. A la hora de empanarlas, los cocineros consultados se decantan por utilizar solo huevo y pan rallado, ya que, a su juicio, no es necesario cubrirlas previamente de harina. Ni, por supuesto, recurrir a un doble empanado. AI chef Iván Puyuelo le gusta utilizar harina fuerte (se suele usar en pastelería) y leche entera, ya que liga mejor la masa. En cuanto a las malas prácticas, una que desaconseja totalmente la cocinera Mari Carmen González es la de recurrir a una pastilla de caldo para potenciar su sabor. «Es lo peor que se puede hacer porque sólo van a saber a esa preparación y apenas vamos a percibir los ingredientes que hemos utilizado», concluye.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Avellanas



(Extraído de un texto de Alejandro Toquero en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 28 de septiembre de 2013)

[…] Disimulada en conocidas cremas de chocolate, en tartas, bombones, turrones y en repostería variada es donde más acomodo suele encontrar, sin olvidar que con ella se elaboran estupendos licores.
Precisamente, uno de los dulces donde la avellana ha alcanzado la excelencia se elabora en Aragón. Se trata del conocido pastel ruso de Ascaso. Su fina crema de avellanas y almendras, cremosa y esponjosa, está muy conseguida, hasta el punto de que ha recibido muchos reconocimientos. Su conservación es en frío, pero a la hora de degustar este pastel conviene hacerlo a temperatura ambiente.

[…] con las avellanas se pueden hacer muchas cosas. […] se refiere al toque especial que puede aportar a platos salados […] podemos hacer una salsa verde sustituyendo parte de la harina por polvo de avellanas. Eso sí, hay que tener cuidado a la hora de triturarlas, ya que si se hace demasiado se corre el riesgo de dejarla como una masa untosa y difícil de trabajar. Ese  polvo nos va a permitir ligar la salsa y le va a dar el toque dulzón  característico de la avellana. 

[…] con este y otros frutos secos se pueden hacer majadas o picadas para añadir a guisos y estofados, una utilización que en la gastronomía catalana y balear es muy habitual. Además, la combinación de sabor, textura y hasta  color encaja muy bien cuando hablamos de las posibilidades que ofrece para preparar empanados. Mezclada la avellana y  otros frutos secos con el pan rallado, bien picados, nos va a permitir dar un toque diferente al filete o al pescado que vayamos a  empanar.  

Este cocinero también se refiere a su presencia en ensaladas compartiendo protagonismo, por ejemplo, con los clásicos piñones. En este caso, recomienda pasar los frutos secos un momento por la sartén o el horno, ya que el calor contribuye a potenciar su aroma.

Sobre su utilización en crudo o tostada, aconseja que en platos salados, para preparar salsas o espumas, se use la avellana natural, mientras que el aroma de fruto seco tostado le va muy bien a toda la repostería. "Pero dependiendo de la cultura gastronómica de cada zona, lo cierto es que el uso puede ser uno u otro; en Alemania, por ejemplo, las avellanas se venden cuando todavía no están  maduras porque las usan para salsas con vinagres y las prefieren así», explica el colaborador de  Kuhn Rikon. 

Además de su utilización en la cocina, José Manuel Martínez es un firme defensor de incorporar a la dieta diaria un consumo moderado de frutos secos y, en concreto, de avellanas. "Su grasa es muy buena y nos protege de enfermedades cardiovasculares; además, son un estupendo antioxidante, tienen muchas proteínas y su aporte energético es muy destacable», prosigue. De hecho, la mayoría de las barritas energéticas que hay en el mercado incluyen este fruto. Para los deportistas es también muy recomendable.  

Además, de las avellanas se aprovecha casi todo: así, las cáscaras se utilizan corno combustible en instalaciones de biomasa; las hojas, para dar de comer al ganado, y la corteza y las hojas se emplean en los laboratorios para fabricar coagulantes. 

Pero, sin duda, es la semilla que esconde la cáscara el tesoro más apreciado. Además, recién inaugurado el otoño, estamos en el momento óptimo de la temporada para consumir las primeras avellanas de la nueva cosecha, las que conservan los aromas más intensos de los frutos recién cogidos del árbol. 

Horchata de avellanas
Una curiosa posibilidad a la hora utilizar este fruto seco es preparar con él una horchata. La receta para elaborarla es sencilla, aunque requiere bastante tiempo, ya que las avellanas deben estar en remojo entre 8 y 10 horas. Pasado ese tiempo, los frutos se machacan hasta obtener una pasta, a la que se añade agua. Los recetarios sugieren añadir un vaso de agua por cada 30 gramos de avellanas. Al cabo de dos horas, se pasa por un colador para que la bebida resultante, a la que se conoce como horchata de avellanas, quede lo más limpia posible. 

ÁCIDOS GRASOS MUY BENEFICIOSOS
La composición grasa de las avellanas es distinta a la de otros frutos secos cardiosaludables como las nueces, aunque igualmente beneficiosa para la salud. En las avellanas, los ácidos grasos más abundantes son los poliinsaturados de la serie Omega 6, como el ácido linoleico (esencial), que reducen el colesterol total. Igualmente positivos son los efectos en la reducción sustancial de los triglicéridos plasmáticos y en la capacidad para hacer más fluida la sangre, previniendo la formación de trombos o coágulos. 

Volcán de avellanas y chocolate
Ingredientes para 4 personas: 2 huevos grandes; 60 gramos de azúcar glas; una pizca de sal; 100 gramos de mantequilla; 125 gramos de chocolate negro; 1 copita de licor de avellana; 40 gramos de avellanas; 40 gramos de harina tamizada;

Semimontamos los huevos en un bol con 60 gramos de azúcar glas y una pizca de sal. En otro bol apto para microondas, derretimos a bala temperatura y a intervalos cortos de tiempo 100 gramos de mantequilla y 125 de chocolate negro bien picado.
Mezclamos ambos boles con espátula de pastelero y con movimientos envolventes. Añadimos una copita de licor de avellana, 40 gramos de avellana picada y otros 40 gramos de harina tamizada. Integrar bien todo.
Usar como moldes 4 aros de cocina. Cortar una tira de papel de horno para cada aro, de una altura de unos 6 cm. Largura, la del rollo de papel. Colocar sobre el fondo de una bandeja una lámina de papel de horno y encima se van poniendo los aros. Coger las tiras de papel, hacer un círculo con ellas juntando los dos extremos y las vamos colocando en el interior de cada aro, de tal forma que cada tira se quede lo más cerca posible de la pared del aro.
Llenar nuestros aros con el preparado de avellana y chocolate, y meter la bandeja al horno precalentado a 200 grados 10 minutos.
Desmoldar con cuidado con un cuchillo pequeño y comer rápidamente, ya que si pasa mucho tiempo el líquido interior se enfría y queda espeso.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El sofrito: rico, nuestro y muy saludable



(Un texto de Picos Laguna en el Heraldo de Aragón del 17 de noviembre de 2013)

Los últimos estudios conocidos esta semana demuestran que la unión de tomate, pimientos, ajo, cebolla y aceite de oliva, aúna sustancias que ayudan a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y previenen cánceres, como el de próstata o pulmón.

Ajo. Purificador interno
No se conoce desinfectante, sahumados, germicida y purificador más poderoso que este bulbo. Limpia los intestinos, depura la sangre y renueva todo el sistema interno. Antiinflamatorio, diurético, fungicida, antiséptico... éstas son algunas de sus propiedades más populares. Anticoagulante y vasodilatador por lo que mejora la circulación y reduce la hipertensión y el riesgo cardiovascular por disminuir el colesterol. Propiedades expectorantes y desinfectantes.

Tomate. Casi perfecto
Fuente abundante de antioxidantes como el licopeno, que resulta muy eficaz contra los radicales libres y detritus catabólicos que causan el cáncer, y contra los principales agentes cancerígenos del humo del cigarrillo. Este beneficio aumenta si es sometido a procesos con calor, como los sofritos o la salsa de tomate. También reduce el colesterol LDL y los triglicéridos por lo que se considera protector cardíaco; y elimina las toxinas del organismo por efecto de los radicales libres.

Cebolla. Indispensable
Contiene todos los aminoácidos esenciales; varios minerales con gran cantidad de azufre y aceites esenciales con muchos componentes sulfurosos. La presencia de aliina y otros flavonoides, aunque menos que en el ajo, evita la formación de coágulos en la sangre y, por lo tanto, es muy adecuada para fluidificar la circulación sanguínea y prevenir la hipertensión. Diurética. Tiene compuestos y antioxidantes como la quercitina que actúan en la prevención del cáncer.

Aceite de oliva virgen. Milagroso
Ayuda a regular los niveles de colesterol, a prevenir enfermedades cardiovasculares; reducir la presión sanguínea y la formación de coágulos sanguíneos. Fortalece las paredes arteriales y el riesgo de síndrome metabólico. Tiene un efecto protector contra ciertos cánceres (mama, próstata, endometrio y aparato digestivo). 50 gramos contienen hasta 200 microgramos de oleocanthal: el 10% de la dosis de ibuprofeno para aliviar el dolor en un adulto. Ayuda a reducir los niveles excesivos de glucosa en sangre.

Pimiento verde. Contra la contaminación
Ricos en vitamina C con contenido doble frente a cítricos o kiwi, cubre por triplicado las necesidades básicas diarias. Gran antioxidante por su alto contenido de betacaroteno y vitaminas B2 y E: previene/alivia enfermedades degenerativas. Rojo y verde tienen betacarotenos que al entrar al organismo se transforma en vitamina A y se estimulan sus propiedades antioxidantes que protege a las células del envejecimiento precoz por la contaminación.

Pimiento rojo. Analgésico
Añade al pimiento verde una gran cantidad de licopeno,, que es un caroteno con propiedades anticancerígenas sobre la próstata fundamentalmente. También contienen capsicina, un alcaloide que estimula las secreciones gástricas, la función vesicular y favorece notablemente al tránsito intestinal. Junto al verde, ayuda a prevenir algún tipo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y hemorragias cerebrales. Poder analgésico para artritis y reuma. 

Sano, sabroso, siempre con él
- Bacalao a la vizcaína. Junto con el pollo al chilindrón es el prototipo de dieta equilibrada en sí misma. Se puede tomar con un arroz salteado que le aporta los hidratos de carbono. Postre de fruta.
- Marmitako. Una buena manera de hacer dos platos de uno es retirar el bonito cuando casi está hecho y tomarlo con el sofrito como segundo plato y las patatas solas de primero. Postre de fruta.
- Pechugas a la plancha. Con el sofrito por encima o como base en la que acaba de hacerse el pollo. Con ensalada de tomate, porque todos los días hay que tomar una hortaliza natural.
- Pollo al chilindrón. Receta aragonesa. Se acompaña de un primer plato de legumbre, verdura o pasta. También se puede hacer con un poco de pasta blanca que le acompaña como plato combinado.
- Pasta. Con sofrito al que se le pueden añadir dos filetes de jamón york picado, una lata de atún al natural y un filete de salmón al horno. Un poco de queso rallado y orégano. Una hortaliza y fruta.
- Garbanzos. Cocidos con cebolla o chalotas, ajo y laurel. Se toman secos con el sofrito y dos huevos picados. Fruta y ensalada de tomate. Si se pone un huevo: yogur y se mantienen las proteínas necesarias.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La salsa Worcestershire



(La columna de Juan Barbacil en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 5 de octubre de 2013)

[…] una salsa mítica no siempre bien utilizada, la Worcestershire, salsa inglesa o comúnmente llamada Perrins.

Este condimento sigue rodeado de contradicciones en lo que a su origen y primera elaboración se refiere. Tampoco lo aclara la página web de su fabricante, la empresa Lee & Perrins, con sede en la ciudad de Worcester, condado no metropolitano de Inglaterra.

Según el Larousse fue descubierta en el siglo XIX en la India por Sir Marcus Sandy, originario del citado condado de Worcester. De regreso a su país pidió a los especieros ingleses Lee y Perrins que crearan una salsa parecida a los condimentos indios que él había aprendido a apreciar y que tanto recordaba. Otras fuentes consultadas como los sitios webs 'Gastronomía & Cia' y 'Directo al paladar', coinciden en que fue en Inglaterra en 1837 cuando se elaboró por primera vez como tal. El nombre corresponde a los apellidos de dos farmacéuticos que crearon la fórmula a petición del citado Lord Sandys. John Lea y William Perrins recibieron los apuntes para elaborar un condimento que el Lord trajo de uno de sus viajes a Bengala, y después de elaborarla no quedaron muy satisfechos con los resultados, por lo que decidieron almacenar el producto en una bodega sin ningún tipo de interés. La sorpresa fue que meses después probaron la mezcla que habían guardado encontrando una sabrosa y aromática salsa.

Los farmacéuticos embotellaron la denominada salsa inglesa y la empezaron a comercializar con mucho éxito, guardando celosamente su fórmula. Hoy está elaborada con vinagre de malta, vinagre de alcohol, melaza, azúcar, sal, anchoas, extracto de tamarindo, cebolla, ajo, especias y aromas, y con un envejecimiento en barriles de madera de 18 meses.

Lee & Perrins forma parte de la todo poderosa HJ Heinz Company, con sede en Pittsburgh, Pennsylvania, empresa de alimentación americana con mayor presencia internacional.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Metamorfosis bacaladeras



(Un texto de Caius Apicius en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 28 de septiembre de 2013)

Cuando una imagen es especialmente afortunada se queda para siempre, sin que se profundice en el hecho de si, además de afortunada, es correcta. Un día, el gallego Julio Camba llamó al bacalao «momia pisciforme» y el apelativo hizo fortuna: raro es que se escriba algo del bacalao sin citar la definición del periodista arousano.

Y nada tan injusto. Lo que merece ese nombre de «momia pisciforme» es el producto de la metamorfosis por la que un pez humilde, pero honrado, insípido donde los haya, pero libre casi totalmente de grasas, se convierte, a la manera de Gregor Samsa, en una especie de monstruo. No es una alegre metamorfosis al estilo de las de Ovidio, ni divertida como la de Apuleyo: no. Es una metamorfosis netamente kafkiana.

Multidireccional, además. En castellano, cosa rara, solo tenemos una palabra: bacalao. Bacalao es el pez en vivo, el pescado fresco, y las diversas consecuencias de estas metamorfosis conservantes, al igual que el resultado de las subsiguientes metamorfosis culinarias. Ni siquiera la última campaña comercial noruega, que llama al bacalao fresco 'skrei', ha tenido demasiado éxito. Bacalao, y punto.

No ocurre lo mismo en francés. Nuestros vecinos dicen que Dios creó el ‘cabillaud', pero el hombre hizo la 'morue'. El 'cabillaud' es ni más ni menos que el bacalao fresco, pescado abundante en las gélidas aguas de los mares norteños, objeto de las singladuras de los navegantes vascos y portugueses, que mucho hablar de vikingos y polinesios, pero los nuestros también tenían lo suyo.

Pero, vamos, tomarse tantas molestias en ir a buscar al otro lado del mar un pescado tan soso, teniendo buenas merluzas en el Cantábrico... Resultó que el bacalao era un pescado perfecto para conservar, por su mínimo contenido graso. Y se convirtió en el pescado cecial por naturaleza. Fueron los reyes del Norte: el arenque y el bacalao.

¿Qué bacalao? Pues... la 'morue', el bacalao salado y seco, capturado muy lejos de las bases; el bacalao que hoy llamaríamos dorado, que fue, hasta hace bien poco, el bacalao por antonomasia para sus principales consumidores (aquí lo de principales se refiere a la calidad de las recetas que aplican a este gádido, no a las cantidades), que son España, Portugal, Francia e Italia... El bacalao del desalado tradicional, ése sí que 'momia pisciforme' y aún más. 'terror de maridos' según Picadillo, rey indiscutible de la Cuaresma.

La metamorfosis podía ir más allá. Podía consistir en el eviscerado de los pescados que, divididos en dos partes unidas por la superior, se colgaban a secar al aire, cuanto más frío mejor. Bateas de madera cargadas de bacalaos y sucedáneos, típicas del paisaje de las islas Lofoten, en la costa noruega... o en la localidad soriana de Agreda, entre Soria y Pamplona.

A eso se le llama 'stockfish', de 'stock', bastón, y 'fish', pez. Queda dura como una piedra. Para devolverlo a la condición de comestible precisa una larga rehidratación. Pero ese es el bacalao que prefieren los italianos, y ésa la base de la gran receta veneciana, el 'baccalá mantecato'.

Por aquí se prefiere el bacalao 'verde': proceso completamente contrario. Un bacalao que se desangra recién subido a bordo, que se descarga en el día y que se somete a salazón, pero no a secado al aire, ni siquiera en túnel. Es un bacalao cuya llegada a nuestro mercado es bastante más reciente, procedente de las capturas bajo banderas noruega, islandesa o de las islas Färoe.

Este bacalao ha de atravesar dos jubilosas metamorfosis, alejando de sí el espíritu kafkiano: la primera lo pondrá en condiciones de ser cocinado, suprimiendo el exceso de sal en un proceso que requiere su técnica correcta y la segunda... bueno, ahí estarán las artes del cocinero que lo convertirá en una brandada nimeña o provenzal, que lo embellecerá con la magnífica salsa vizcaína... o que lo llevará a esa cumbre de la cocina del bacalao que, para quien esto escribe, es el bacalao al pil-pil, fórmula en la que la presunta 'momia pisciforme' de Camba se convierte, por acción de sus mejores amigos, en un plato que, en su versión original, debería ser declarado Patrimonio Comestible de la Humanidad. ¿Que cuáles son esos amigos? Está claro, ¿no? El aceite de oliva, el ajo, la guindilla... y el trabajo sabio y meticuloso del hombre. Que, para esta momia, es más grato final de trayecto una cazuela al fuego que una urna en el Museo de El Cairo.
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