martes, 23 de julio de 2024

La confitería Prast, hogar del Ratoncito Pérez

(Un texto de Ana Vega Pérez de Arlucea en el Heraldo de Aragón del 12 de enero de 2019)

Este famoso establecimiento madrileño de ultramarinos y pastelería fue elegido por Luis Coloma como domicilio del ratón que aún hoy recoge dientes de leche.

Entre la muerte del rey que rabió y el advenimiento al trono de la reina MariCastaña existe un largo y obscuro período en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres y protector decidido de los ratones. Fundó una fábrica de muñecos y caballos de cartón para los primeros, y […] consta también que el rey Buby prohibió severamente el uso de ratoneras». Así comienza el cuento más famoso de la literatura española, Ratón Pérez, escrito por el jesuita jerezano Luis Coloma (18511915) para el rey niño Alfonso XIII.

Resulta entrañable pensar en Alfonsito, monarca infantil con tirabuzones rubios, metiendo sus dientes bajo la almohada como cualquier hijo de vecino y esperando el regalo a cambio. Quizás la dignidad real brillara por su ausencia y llorara, igual que casi todos los niños, al pensar en el trance de tirar del diente, ay. Pero aquí la regente María Cristina tuvo más suerte que el común de los padres y contó con la ayuda de Coloma quien, requerido por la soberana, escribió de mil amores un cuento para que el rey pataleara menos.

El padre Luis Coloma había escrito ya varios relatos infantiles cuando en 1894 recibió el encargo de palacio, así que no le costó nada pergeñar, con algo de imaginación y un poco de parábola moral, un cuento sobre el famoso ratón que cambiaba dientes por monedas.

La mayoría de la gente piensa que fue este mismo autor el inventor del personaje, pero en España ya existían numerosas referencias al ratoncito mágico desde 1849 (por ejemplo, en 'La Gaviota' de Fernán Caballero) e incluso en 1885 se representó en los teatros madrileños un juguete cómico que llevaba como título 'El ratoncito Pérez'. Así que Coloma realmente lo que hizo fue darle forma a un mito que no sólo estaba presente en España sino en muchos otros países bajo la antigua creencia de que dar los dientes de leche a los ratones para que se los comieran permitía que los nuevos crecieran tan duros y rectos como los de los roedores.

Lo del apellido Pérez sí que es de neta aportación española, mientras que el rey Buby salió de la imaginación del jesuita para halagar a Alfonsito, llamado cariñosamente 'Buby' por su madre en la intimidad.

Estarán a estas alturas preguntándose ustedes qué porras tiene que ver el ratoncito Pérez con la gastronomía, y ya verán que no es poco. En el cuento, publicado por primera vez en 1902 en la colección de cuentos 'Nuevas Lecturas', y después en 1911 como relato suelto, el ratón visita al rey para recoger su diente y acaba llevándole a su casa además de a visitar a un niño que, pese a ser pobre, comparte con Buby sus mismas ilusiones.

«Vivía Ratón Pérez en la calle del Arenal, núm. 8, en los sótanos de Carlos Prast, frente por frente de una gran pila de quesos de Gruyère, que ofrecían a la familia de Pérez próxima y abastada despensa». Allí estaba el hogar del ratón, donde vivía con su mujer y sus hijos Adelaida, Elvira y Alfonso. Concretamente dentro de una caja de galletas Huntley «bajo el pabellón de Carlos Prast, tan a sus anchas y con tanta holgura como pudo vivir la rata legendaria de la fábula, en el queso de Holanda». Aquella caja era de Huntley & Palmers, una empresa británica fundada en 1822 que fue una de las primeras exportadoras a España de una nueva exquisitez conocida como galletas finas inglesas, de las que surgirían las célebres Marías.

Este tipo de delicias gourmet se vendían entonces únicamente en ultramarinos elegantes y confiterías.

Y eso es lo que fue el establecimiento de Carlos Prast, (18301904), un emprendedor nacido en Vivel del Río (Teruel) que fue a ganarse la vida a Madrid con tan sólo trece años. Una década después de llegar a la capital abrió 'Las Colonias', un ultramarinos de lujo en la calle Arenal. Con tanto éxito que en poco tiempo expandió el negocio para convertirse también en fabricante de confitería y en 1863 consiguió ser proveedor de la casa real.

Sería Prast quien puso definitivamente de moda los roscones de Reyes entre la alta sociedad madrileña además de otros productos como pastas, bombones y galletas. Entre ellas las de Huntley, guardadas en ese sótano «perfumado de queso» en el que vivía la familia del Ratón Pérez y donde se tomaba el té en tazas de cáscaras de alubias.

La Confitería Prast ya era famosa cuando Coloma la eligió como hogar de su ratonil héroe, pero lo fue mucho más a partir de la publicación del cuento. Tanto que Carlos Prast incluyó juguetes en su oferta para satisfacer a los niños que iban en peregrinación a la tienda, esperando conocer al ratón mágico. Igual que ahora, tantos años después, siguen haciendo cola frente a la misma puerta para entrar en la CasaMuseo de Ratón Pérez, simpáticamente ubicada también en el número 8 de la calle Arenal.

Por cierto que el niño Alfonsito tuvo otros caprichos gastronómicos como el de las pastas del Consejo, que hacían en la pastelería El Riojano (Madrid) para que el pobre tuviera algo con lo que entretenerse durante las reuniones del Consejo de Estado. Pero de eso hablaremos otro día.

Ahora vayan, siéntanse niños de nuevo y busquen el cuento del ratoncito Pérez.

martes, 16 de julio de 2024

Paloma, un coctel con tequila

 (Leído en la revista Elle, en junio de 2024)

Estamos acostumbradas a beber el tequila solo, el típico chupito con sal y limón (pregunta a una mexicana, a ver qué le parece) o, si es combinado, como mucho en un Margarita. El cóctel Paloma es a la vez un secreto bien guardado y todo un emblema de la coctelería mexicana. Poco a poco, va a dejando, por suerte, de ser un cóctel oculto para hacerse un hueco en las mejores barras de España de la mano del boom de la cultura del país azteca que vivimos.

Este cóctel que te va a enamorar hasta tiene un día internacional señalado en el calendario, el 22 de mayo. Cómo de bueno tiene que estar para ser protagonista de un reconocimiento así. Si además el tequila con el que lo elaboramos es Don Julio, otro emblema mexicano, el resultado solo puede ser un éxito absoluto. 

Asomarse a un Paloma, quién lo probó lo sabe, es sumergirse en el sol, en el mar, en la arena y en la historia de México. Seguramente, a estas alturas ya estarás deseando que te contemos cuáles son los ingredientes de este sugerente cóctel. Te resolvemos la incógnita: tequila blanco Don Julio, un refresco y una rodaja de pomelo, tajín y un poco de hielo.  

Ojo con el tajín, que no es el recipiente árabe que estamos acostumbrados a ver por aquí. El tajín de esta receta es una mezcla en polvo de sal, chile seco y lima que sirve como condimento en muchos platos mexicanos. En esta ocasión, lo vamos a utilizar para cubrir el borde del vaso.

El tequila Don Julio es ideal para este cóctel por su sabor equilibrado y las notas de agave, especias, caramelo y frutas que ponen un toque extra en el Paloma. La calidad de todos los tequilas de Don Julio se asienta en el respeto por los métodos tradicionales de destilación y por el jugo extraído del corazón del mejor agave azul. 

[...]

Si en lugar de salir a tomarlo fuera, decides sorprender a tus amigas con una velada mexicana en casa y rematarla con un Paloma, también vais a triunfar. Si esta es tu opción, toma nota:

  • 6cl de tequila blanco Don Julio.
  • Un refresco de pomelo.
  • Una rodaja de pomelo fresco.
  • Tajín.
  • Hielo.

En un vaso alto, cubre el borde con el tajín, ponle hielo y sirve el tequila blanco. Añade el refresco de pomelo y decora con una rodaja de pomelo fresco. Te aseguramos un éxito rotundo con la satisfacción completa de tus invitados.

martes, 9 de julio de 2024

Café con hielo

(Leído en trendencias.com)

La lógica nos dice que hacer un café con hielo es tan fácil como añadirle unos cubitos a un café caliente normal. Pero la lógica no siempre es la solución correcta en gastronomía... De hecho, de esta forma solo conseguiremos un café aguado. Por suerte, @sanjorge_cafedelbueno nos ha explicado cómo conseguir uno café con hielo espectacular en casa de forma muy fácil.

Para empezar, vamos a necesitar un litros de agua y 1oo gramos de café molido grueso. Lo mezclamos en un recipiente, como una botella o una jarra, y dejamos 24 horas en el frigorífico. Transcurrido este tiempo, tendremos que filtrarlo con un filtro de papel o de tela. Y ya podríamos servirlo en unos vasos con hielos.

De este modo, el experto cafetero asegura que con este proceso obtendremos "una bebida con mucho más cuerpo, con más intensidad, más redonda y que va a conservar mucho mejor sus propiedades".

miércoles, 12 de junio de 2024

Más allá del café con hielo: cafés que refrescan el verano

(Un texto de Mariano Millán en el Heraldo de Aragón del 3 de junio de 2023)

Cuando el mercurio sube, el café caliente apetece menos. Desde hace unas semanas la coletilla «con hielo» cada vez se escucha más en las barras de los bares.

De primeras, puede parecer que el único reto de los cafés fríos sea no desparramarlo por la mesa cuando se vuelca en el vaso del hielo, pero no. Otro desafío es mantener el sabor puro, y más cuando estos se enfrían con hielo, ya que los matices se pueden diluir en el exceso de agua. «Si se mezcla un expreso caliente con los hielos, estos se derriten y no se controlan los ratios, porque se desconoce el peso de los cubitos», avisa Oriol Pujadas, barista y encargado de Justicia, una cafetería de Zaragoza. De hecho, este proceso puede hacer que se «segreguen complejos ácidos». Si se traslada este hecho a las barras, se encuentran establecimientos que han dejado de servir solos con hielo, dejando paso al ‘cold brew'. Esa solo es una de las opciones, que logran cafés con matices cítricos, picantes o con burbujas que cautivan paladares de todas las edades. «De primeras, no lo suele, probar, pero después repiten», coinciden en varias cafeterías.

«Durante todo el año tenemos café con hielo especial», cuenta Lenissa Tejada, barista de Cafés El Criollo, en la calle de Canfranc de la capital aragonesa. Esta experta lo aconseja para momentos en los que se tiene poco tiempo, ya que en tan solo un par de sorbos se puede disfrutar de esta propuesta, mejor que un solo con hielo. Lenissa hace un expreso y, al bailarlo en una coctelera con hielo, saca toda su cremosidad. El resultado está totalmente frío por el hielo y es fresco gracias a las lágrimas de limón con las que se bendice el vaso.

Además de este, Tejada también prepara un 'yankee', que forma parte de la carta estival. «En primer lugar infusionamos jengibre y limón durante unos cinco minutos y esa agua la utilizamos para hacer un café en la 'moccamaster' -explica Lenissa-. A continuación, lo dejamos macerar en frío durante 24 horas». Ese día entero en una jarra en frío, con rodajas del limón, le otorgan una serie de matices tanto cítricos como picantes que después se aprecian en el vaso. La barista elabora la bebida en un gran vaso con caña de azúcar líquida, le añade la mezcla preparada, hielo picado, un expreso que resalta el sabor del café y un toque de tónica, que le brinda notas de carbónico. Como si fuera magia, cambia su apariencia. El resultado, acariciado con una cucharilla, se viste de verano, con el aroma del limón y la menta como tocado. Mientras Lenissa lo prepara, varios parroquianos celebran que ya se haga, lo que muestra su éxito.

La novedad de este año es un matrimonio de 'chai latte' y café. «Se notan mucho los toques de canela, jengibre o cardamomo, entre otros», distingue la barista de El Criollo. Lenissa prepara un expreso, al que agrega unos polvos de ‘chai latte' y mezcla con el cepillo de bambú. Vuelve a sacar la coctelera, donde introduce leche condensada, el café, hielo y nata líquida. Tejada lo agita con brío hasta conseguir una bebida marrón suave. El espectáculo continúa en la barra, con el hielo picado y la canela incandescente qué vuela sobre el vaso con el soplete. Tal vez, recuerde de alguna manera a los frapés.

No obstante, en El Criollo también tienen de estas populares bebidas -de café, intenso o de tiramisú-. En ningún caso es necesario agregar azúcar, ya que vienen endulzados. Á pesar de ser una bebida más demandada por las tardes, es a media mañana en la cafetería Justicia, en la calle de Manifestación, cuando una joven pide un ‘cold brew latte', una de las variedades frías que ofrecen.

 

«El ‘cold brew' es una bebida que surgió en Japón en el siglo XVII», relata Carlos Letosa, barista al otro lado de la barra. «El café molido se pone en una malla y se sumerge en agua osmotizada fría -expone Pujadas-. El tiempo de infusionado varía en función del tipo de café». En justicia se decantan por los de especialidad, de la marca San Jorge, de América y de África, «por sus notas más dulces o florales», respectivamente.

El ‘cold brew latte' es la opción más cremosa, que hacen con leche de vaca y avena una propuesta vegana. No obstante, también cuentan con el ‘cold brew' clásico el más demandado y el que contiene tónica, con un toque de carbónico que puede ser la chispa de una tarde de verano.

Además, está el ‘ice latte', que es «un café con leche de toda vida, pero con hielo», describe Pujadas, también tostador de San Jorge. «Lo preparamos con una cantidad de leche fría específica y otra un poco caliente emulsionada, al que se agrega un café», explica. En el resultado se observa una barrera de espuma que separa la leche por abajo y el café por arriba, por sus densidades.

Otro clásico del verano es el ‘afogatto'. «Es un expresso doble solo con una bola de helado, que puede ser de vainilla o de café», distingue Pujadas. Varía en función de si se desea más dulce o fuerte. Cada vez en más establecimientos, como en Justicia, crea tendencia el ‘expresso tonic'. «Lo hacemos con un solo doble en el que se crea una espumilla gracias al contraste y, después, añadimos lima o naranja deshidratada», cuenta Anna Bárbara, de Mondo de la calle de Cádiz, donde lo sirven con un par de hielos.

Aunque sean cafés, se visten con un traje de cóctel o refresco más que de desayuno, pero sin perder su esencia y sabor. Así que un café también para la canícula que ya atisba su viaje a Aragón.

domingo, 12 de mayo de 2024

Esta es la mejor forma de cocinar los espárragos (y se la inventaron los romanos)

 (Leído en Directo al Paladar, en abril de 2018, en un texto de Liliana Fuchs)

Ahora se cultivan durante todo el año, pero la primavera es la mejor época para disfrutar de los exquisitos espárragos. Son muy versátiles en la cocina y cuando están en temporada son una delicia que merece la pena aprovechar pero, ¿cuál es la mejor forma de cocinar los espárragos? La técnica es tan simple como antigua, pues ya la conocían los romanos.

La clave nos la dejó el ya célebre Marco Gavio Apicio -o Marcus Gavius Apicius en latín-, un romano que vivió en el siglo I d. C. y que ha pasado a la historia como uno de los primeros gastrónomos de la historia y autor del considerado primer gran libro de cocina, De re coquinaria. En sus páginas, y detrás de un conflictivo término en latín, está el secreto para cocinar unos espárragos de categoría.

La obra De re coquinaria (“Sobre materia de cocina”) es todo un tratado gastronómico que reúne recetas, trucos, técnicas y consejos sobre multitud de ingredientes y elaboraciones, pero también es una joya por su valor histórico. Cualquier aficionado a la Antigua Roma encontrará deliciosa su lectura, pues está lleno de información sobre los usos y costumbres de los romanos a la mesa.

El libro se divide en 11 partes dedicadas a diferentes grupos de alimentos, e incluye preparaciones tan curiosas como recetas para cocinar delfín o elaboraciones para mejorar la salud. Aunque lo más apasionante son las curiosidades que retratan los banquetes y gustos de la alta sociedad romana de la época.

Al parecer, Apicio era un apasionado de la buena mesa y tenía costumbres algo peculiares, con gusto por probar todo tipo de ingredientes, organizaba banquetes y concursos y logró un nutrido grupo de seguidores admiradores de su forma de vida.

No podemos saber con exactitud quién era el tal Apicius y lo cierto es que probablemente muchas de las recetas incluidas en De re coquinaria sean añadidos de copistas posteriores, pero sigue siendo una obra imprescindible. Muchos historiadores, investigadores y cocineros han vuelto a ella a lo largo de los años, y no fue hasta el siglo XX cuando se descubrió que una errónea traducción escondía un pequeño secreto.

El tercer tomo de De re coquinaria, dedicado a productos del jardín (Cepuros), incluye un apartado dedicado a los espárragos. Sabemos que eran muy apreciados en la Antigüedad y se consideraban un alimento saludable y exquisito, de gran valor, por eso Apicio proporciona algunos consejos y recetas para aprovecharlos.

En concreto, la primera elaboración es muy breve y reza así:

Asparagos siccabis, rursum in calidam summitas: callosiores reddes.

Habitualmente se traduce de la siguiente manera:

Mojar unos espárragos, luego secarlos; volverlos a meter en agua caliente: de este modo se pondrán más duros.

Pero la traducción algo inexacta de una de las palabras del latín escondía la clave en la técnica de cocción de los espárragos. ¿Qué significa rursum?

Cualquier diccionario actual de latín nos indica que rursum es un adverbio que equivale a “otra vez” o “de nuevo”. Tal y como cuenta Ari LeVaux en su columna gastronómica, el signficado que podría introducir este término en la frase quedó más o menos obviado al emparejarlo con in calidam, que se refiere a cocer en agua hirviendo. Pero, ¿cocer cómo?

LeVaux nos dirige a la traducción de Apicius que realizó Joseph Dommer Vehling en 1936, cuando le dio a rursum el significado de backwards, es decir, “hacia atrás”. Para entendernos: hay que cocerlos de pie, boca arriba, en vertical.

¿Por qué? Ya lo hemos comentado por encima en algunas de nuestras recetas con espárragos blancos frescos: la punta o yema de estos vegetales es mucho más tierna y apenas necesita tiempo de cocción. Pero la base del tallo es mucho más gruesa y leñosa, por lo que cocinar los espárragos enteros al mismo tiempo lleva a un resultado irregular.

Si tenemos unos estupendos espárragos verdes o blancos de temporada y queremos disfrutar al máximo de su sabor, lo ideal es cocinarlos en su punto sin más florituras. Y para evitar un tallo duro o una yema sobrecocida y blandurria, podemos recrear la técnica de Apicio en casa. Uno de los sistemas posibles para amntenerlos verticales lo hemos visto en The Takeout, que toma como referencia a de LeVaux.

  • Introduciendo los espárragos en un tarro de vidrio alto.
  • Utilizando una olla estrecha y alta, al estilo de las de cocer espaguetis, si tenemos un manojo lo suficientemente grande para que se mantengan rectos.
  • Atando los espárragos con un cordón de cocina, apretando con firmeza pero sin pasarnos.
  • Envolviéndolos con una tela suave, para no dañarlos si nos gustan más blandos.
  • Con una vaporera especial o rejilla para la cocción de espárragos y una olla adecuada.

Una vez tenemos los espárragos en vertical, los pasos son sencillos:

  1. Llenar de agua una olla a la mitad, de tal forma que no alcance la punta de los espárragos cuando los coloquemos dentro.
  2. Llevar el agua a ebullición.
  3. Introducir los espárragos sujetos en vertical, con suavidad.
  4. Cocer hasta que alcancen el punto deseado en la base (15-25 minutos).
  5. Si las puntas no se han cocido, potenciar el vapor tapando la olla para cocerlas durante apenas un minuto o dos.

Admito que hasta ahora nunca me había preocupado en ajustar el tiempo de cocción de los espárragos verdes; los blancos son aún más delicados y sí se suele recomendar cuidar mucho las yemas. Pero ambas variedades, cuando son de primera calidad, merecen ser tratadas con mimo en la cocina. Y como tantas otras cosas, es algo que ya sabían los antiguos romanos.

 

 

 

 

martes, 5 de marzo de 2024

Los 9 errores que debes evitar cuando haces comida italiana

 (Un texto de Jorge Ruiz en El Confidencial del 5 de agosto de 2022)

La extensa repercusión de esta gastronomía lo largo de todo el mundo ha provocado que, en muchas ocasiones, se modifiquen sus tradiciones culinarias originales.

La comida es una parte importante de la cultura en Italia. Su extensa repercusión a lo largo de todo el mundo ha hecho que se modifiquen las tradiciones culinarias, cometiendo terribles errores 'inaceptables' cuando se intenta cocinar platos italianos.

Seguro que también habrás notado que, en repetidas ocasiones, en el extranjero, intentan replicar los platos italianos con malos resultados. Algunos restaurantes llamados "italianos" venden algunos platos que un verdadero ciudadano de Italia no se atrevería a comer ni con una pistola en la cabeza. 

1. El tiempo es oro

Es importante destacar en primer lugar que el tiempo de cocción escrito en el paquete de la pasta está ahí por una muy buena razón: la pasta necesita exactamente ese tiempo para estar perfectamente cocida. ¡Y el tiempo de cocción indicado se refiere al tiempo necesario para cocer la pasta en agua hirviendo! Esto significa que la pasta tiene que ser puesta (o "calata") en el agua mientras está hirviendo, y no antes. Un pequeño extra: la sal (que siempre hay que poner, aunque sea poca) tiene que ser sal gorda, y hay que añadirla una vez que el agua empieza a hervir, antes de poner la pasta.

2. El manojo

Un error terrible es el de escurrir la pasta en cuanto está cocida y no añadir ningún condimento o salsa, ¡o al menos una gota de aceite! La pasta cocida suelta mucho almidón, por lo que si no añadimos un poco de condimento graso nos encontraremos con un manojo de pasta pegajoso, a veces incluso insípido. La pasta debe ser condimentada siempre. Si ya se ha calentado el condimento, solo hay que echar la pasta directamente y mezclarla bien antes de servirla. Si no, puedes comerla en 'bianco', es decir, con una gota de aceite crudo o con un poco de mantequilla. ¡Y no te olvides del parmesano rallado!

3. Aceite en el agua

Mucha gente trata de resolver el problema de la pasta pegada añadiendo aceite al agua de cocción. Pues bien... ¡NO FUNCIONA! No hay razón para hacerlo, precisamente porque en cuanto escurramos la pasta, la sumergiremos en el aliño, y no habrá ningún manojo de pasta pegada.

4. El condimento

También es fundamental especificar que la pasta no se puede condimentar con lo primero que se tenga a mano. Por ejemplo, no se puede condimentar con zumo de arándanos. También hay reglas para esto. Y son reglas que importan, y mucho, a los italianos. La pasta, con ketchup, es un no rotundo. Lo mismo ocurre con la mayonesa. La pasta debe ir aderezada con una salsa, que puede ser salsa de tomate, pesto, salsa de queso o salsa de verduras. Y recuerda, la pasta debe ponerse inmediatamente en el aliño, y si sobra, se guarda en la nevera con su aliño, nunca aparte.

5. Con la carbonara no se juega

El último pecado insoportable para la cultura culinaria italiana: la carbonara NO lleva nata. Y no importa si eso la hace más cremosa. Si quieres llamarla carbonara, olvídate de la nata. El secreto para una carbonara cremosa es la proporción correcta entre las yemas de huevo, el agua de cocción y el 'pecorino rallado'.

6. Maridaje

En Italia la tradición quiere que la comida esté, normalmente, compuesta por un primer plato, un plato principal y una guarnición. Los aperitivos (antes) y el postre (después) solo en ocasiones especiales, o cuando tenemos mucha hambre. Pero la cuestión es que nunca se deben mezclar los diferentes platos entre sí, sin razón alguna, a menos que estemos hablando de un plato específico y único (como el arroz con pollo y curry, o el cous cous con diferentes guarniciones). Las recetas tradicionales italianas (como la pasta con salsa de tomate, el 'risotto', la pasta con pesto, los ñoquis con queso, la lasaña, la 'pasta al forno', etc.) deben comerse siempre como primer plato, y pueden ir seguidas de un plato principal, que se comerá después. Esto significa que si se hace, por ejemplo, risotto como primer plato, y luego pollo con pimientos como plato principal, está absoluta y estrictamente prohibido poner el pollo y los pimientos en el mismo plato que el arroz. Para los italianos, también es una cuestión de respeto al plato único: poner todo en el mismo plato propicia el caos entre los sabores, arruinando así el sabor de la comida.

7. Pan de ajo

Si alguna vez has ido a un restaurante italiano en un país extranjero, especialmente en los Países Bajos, en Bélgica o en Alemania, o incluso en el extranjero, en los Estados Unidos, probablemente te hayas dado cuenta de que, antes de traer la comida que has pedido, los camareros suelen traerte pan de ajo. Pues bien, para que lo sepas, en Italia ningún restaurante sirve pan de ajo antes de la comida. Ni durante la misma. Ni después. El pan de ajo es un invento americano, que no tiene ninguna relación con la cocina italiana. El pan de ajo es muy sabroso, sin duda, pero no es un alimento tradicional italiano.

"La pizza congelada, que se puede encontrar en el extranjero en cualquier supermercado, no es realmente el mejor ejemplo de pizza italiana"

8. La verdadera pizza

Otro horrible error tiene que ver con la pizza: es probablemente el alimento más representativo para los italianos, tanto como la pasta. La pizza se elabora con puré de tomate o salsa de tomate, queso mozzarella y diversos ingredientes, pero las pizzas más tradicionales son la 'Margherita' (normalmente con solo unas hojas de albahaca fresca), la de jamón y champiñones, la de 4 quesos, la de 4 estaciones, la capricciosa (jamón, champiñones, aceitunas y alcachofas), la de atún y cebolla, la ortolana (con verduras a la plancha) y la diavola (con pepperoni). Ahora bien, la pizza congelada, que se puede encontrar en el extranjero en cualquier supermercado, no es realmente el mejor ejemplo de pizza italiana. Digamos que llamarla "pizza" sería extremadamente ofensivo para cualquier verdadero italiano. Sobre todo cuando, en esa pizza, le ponen pasta o piña por encima.

9. No podemos olvidarnos del café

Un "error" muy famoso que cometen muchos extranjeros, es aguar completamente el café. A estas alturas, por suerte o por desgracia, este error está tan extendido que se ha ganado su propio nombre: café americano. En este caso, es una cuestión de gustos. El espresso puede ser un poco demasiado fuerte para la mayoría de la gente, y puede que se necesite tiempo para acostumbrarse a él con el fin de apreciarlo realmente. De todos modos, lo importante es llamar a las cosas con el nombre adecuado: si quieres beber un americano, nadie te lo prohíbe, ¡pero no puedes llamarlo espresso!

 
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