viernes, 11 de junio de 2021

La vuelta del Garum

(Un texto de Julio Ocampo en la revista Esquire de octubre de 2019)

La alta cocina adora la vanguardia y el clasicismo. Tan clásico como esta salsa que ya se utilizaba hace veinte siglos y que ahora vuelve a ponerse de moda en los mejores restaurantes italianos.

"Soy una ostra recién llegada, e intoxicada por las aguas de Lucrino cerca de Baia: amante del lujo, ahora tengo sed del noble garum". Así comienza el epigrama 82 del Libro 13º, escrito por el poeta romano Marco Valerio Marcial, titulado Dones para los invitados. Fue precisamente él, junto a Plinio el Viejo en su Naturalis Historia (libro XXXI), quien comenzó a hablar del garum, condimento universal, herencia de países orientales.

Llamado también liquamen, a partir del siglo 1 d.C. el garum era un licor de pescado cuyo gusto era similar al del nuocman usado en la cocina indochina. Fue precisamente Plinio quien llegó a decir que el primero de todos se preparaba solo con un pez pequeño de difícil identificación, pero que podría ser perfectamente la anchoa o similar. El ordinario se hacía con interiores de pescado macerados con sal, mientras que el de calidad se obtenía con pequeños trozos de la pieza y no con residuos o sobras. Marcial incluso afirmó que era con caballa, y se fabricaba en España, en Cartago. Se llamaba el garum sociorum ('garum de la sociedad'). Si el de calidad mediocre tenía un olor nauseabundo, el sofisticado extraído de una caballa todavía palpitante era exquisito. Tanto que enriquece incluso hoy la gastronomía italiana y mundial.

EL PRIMER GASTRÓNOMO. En el libro A tavola con i romani antichi hay una primera receta elaborada por Marco Gavio Apicio, cocinero, gastrónomo y escritor romano a caballo entre el siglo 1 a.C. y el 1 d.C. Optaba por una fumigación a base de laurel y ciprés, con el añadido de miel y mosto fresco. Casi veintiún siglos después, Davide Oldani, inventor de la cocina pop en Italia, resume el éxito de esta salsa, que él mismo usa en su restaurante de Cornaredo (Milán), D'O, con una estrella Michelin. "Me gusta su tradición y lo difícil que es, y siempre ha sido, mantenerla. La materia prima y la enorme elaboración, minuciosa y artesanal, encarecen el producto". Una de las pocas empresas que aún operan esta salsa es Delfino Battista (cerca de Nápoles). "El producto que fabricamos es colatura di alici [una especie de salsa líquida de anchoas], pues el garum como tal ya no existe. Es un derivado del antiguo, muy difícil porque se necesitan muchas anchoas: 10 kg para un 1 litro. Se decapitan y se eliminan las vísceras; después se cubren con sal durante al menos un año. Mientras, cubiertas y prensadas con piedras, van soltando gotas hasta crear la salsa. Es un descendiente noble del garum... y el secreto de muchos chefs".

"Los romanos amaban esta salsa que surgía al fermentar al menos un mes el pescado al sol con vinagre. Era el condimento favorito para ellos. Ahora la sal ha sustituido el vinagre, y ya no es pescado putrefacto sino buenas anchoas." Lo dice Massimo Riccioli, ex estrella Michelin en La Rosetta (Roma). "En aquella época lo usaban como nosotros hoy el kétchup, pero sin pasarse. Unas pocas gotas producen un descubrimiento de sensaciones y sabores. Ahí está su magia.

¿Y EN ESPAÑA? En 2015, el biólogo extremeño Álvaro Rodríguez logró rescatar la receta original del garum de unos restos conservados en unas ánforas halladas en la década de los 60 en Pompeya. Tras varias pruebas y consultas de escritos de hace siglos, logró acercarse como nadie a la fórmula original, que ahora comercializa bajo el nombre Flor de Garum (por encargo, 100 ml/25,95 €).

martes, 8 de junio de 2021

Remolacha, el rojo más saludable

 (Un texto de Sergio y Javier Torres en el suplemento dominical del Periódico de Aragón del 24 de junio de 2018)

Quedan pocos días para que acabe su temporada, pero ahora es cuando son más sabrosas.

Aunque el bulbo encurtido es el ingrediente protagonista, sus hojas también se pueden comer y aportan más hierro que las espinacas 

Es dulce y energética, aporta múltiples beneficios para nuestra salud y además está en su mejor momento. Aunque la temporada de la remolacha (de marzo a junio) tiene los días contados, no se lamenten, porque las más dulces y sabrosas son las de finales de este mes. Lo saben bien, probablemente, los amantes de esta curiosa hortaliza originaria del norte de África. Y decimos curiosa, porque proviene de una especie primitiva, la Beta maritima, de la que se desarrollaron la acelga y la remolacha.

Los romanos la cultivaron durante su dominio del Mare Nostrum, pero lamentablemente pasó muchos años desapercibida en nuestras cocinas. Fue a principios del siglo XV cuando españoles y franceses empezaron a tomarla en serio. Ahora de ella se usa sobre todo el bulbo encurtido: es el ingrediente protagonista de muchas ensaladas, pero la remolacha da para mucho más. Sus hojas, por ejemplo, se pueden comer crudas como si fueran espinacas, y además aportan más hierro que esta verdura.

Rica también en antioxidantes y en vitamina C, hay distintas variedades de remolacha, amarillas, naranjas, blancas…aunque siempre nos venga a la cabeza la de color rojo. Y es que esta hortaliza, a pesar de ser sanísima, es la gran desconocida para muchos. Por eso esta semana queremos mostrarles dos refrescantes recetas con las que descubrirán todo el partido que se la puede sacar. ¡Y también queremos ofrecerles un truco para cuando acaben de cocinarla! Todo lo que se haya manchado de rojo pueden repararlo con limón.

Salmorejo de remolacha fermentada, queso feta y naranja

Ingredientes para 4 personas
· 4 remolachas · 1 litro de agua mineral · 25 g de flor de sal
Para el salmorejo · 1 kg de tomates · 100 ml de aceite de oliva · 3 remolachas fermentadas · 200 g de miga de pan · Sal y pimienta
Además… · 12 tomberry amarillo · 100 g de queso feta · Unas hojas de remolacha · 2 naranjas · 1 cuchara sopera de aceite de oliva virgen extra

1. Esta receta se debe hacer con días para disponer de remolacha fermentada. En un bote de cierre hermético de cristal, colocar el agua y la flor de sal, remover hasta que se disuelva la sal por completo.

2. Agregar la remolacha pelada y limpia en el interior del bote, dejándola totalmente sumergida en el agua con sal. Una vez todas las remolachas estén dentro, cerrar el bote y dejar en un sitio oscuro, seco y fresco. En unos 4-5 días estará lista para poder preparar este fantástico salmorejo.

3. Cortar los tomates para el salmorejo y disponerlos en un vaso de túrmix grande o en un bol. Desmigar el pan, añadir los ajos pelados, el aceite y un chorro de agua. Agregar además tres remolachas fermentadas, dejar macerar un par de horas antes de triturar hasta conseguir una crema fina y espesa. Aliñar con sal, pimienta y colar para eliminar tropezones y que acabe de quedar fina. Reservar en la nevera.

4. Sacar los gajos a una naranja pelándola, únicamente los gajos de pulpa sin las partes blancas. Reservar.

5. Pelar los tomberrys con una puntilla.

6. Hacer bolitas del mismo tamaño que los tomates tomberry con una cuchara parisién o cortando en daditos.

7. Montar la crema, disponiendo el salmorejo en un plato hondo, y colocar encima los tomberrys pelados, las bolitas de remolacha, un poco de queso feta desmigado, unas hojas de mini remolacha y unos gajos de naranja. Un cordón de aceite de oliva culminará esta plato de verano.

Trucos

Cuidado al abrir el bote de remolacha, ya que puede liberar jugo y es fácil mancharse.

Al igual que se ha fermentado la remolacha, también se pueden fermentar otras verduras como pimientos, coliflor, zanahorias, nabos... con las mismas proporciones. Se pueden añadir elementos aromáticos dentro, como hierbas secas, especias... pero ojo, el agua debe ser mineral y se debe añadir flor de sal.

Cuanto más avanzada la temporada, más dulces estarán las remolachas.

Cubrir la superficie de trabajo. Es francamente difícil quitar el color rojo de la remolacha.

sábado, 5 de junio de 2021

Las algas y microalgas más comunes para usos nutricionales

(Complemento a un reportaje de Alex Fernández Muerza en la revista Muy Interesante de julio de 2017)

Son digestivas y buenas contra la hipertensión, disminuyen el colesterol y hasta calman la tos. ¿Te animas a probarlas?

A L G A S

Kombu (Laminaria ochroleuca) Ampliamente consumida en el nordeste de Asia. se suele vender seca o como hojas prensadas. Se usa en platos como el dashi y el sashimi, y es un componente del seitán, la carne de los vegetarianos.

Nori (Porphyra umbilicalis)

Una de las más consumidas. Se usa para enrollar el sushi, y también en ensaladas o caldos. De color rojo o púrpura. se vuelve negra al secarse y verde al cocerse. Es rica en vitaminas, minerales y yodo.

Wakame (Lindada pinnatifida)

En Japón y Europa se distribuye tanto deshidratada como salada, y se emplea en sopas y ensaladas (sopa de miso, ensalada de tofu, etc.). Esta especie ha sido incluida en el Catálogo español de especies exóticos invasoras por considerarse una amenaza grave para las especies autóctonas.

Espagueti de mar (Himanthalia elongata)

Crece en el océano Atlántico y mares adyacentes. Su sabor —parecido al marisco— y su versatilidad en la cocina han aumentado su consumo. Entre sus propiedades nutricionales, destaca su elevado contenido en hierro, fósforo, calcio y potasio, muy por encima de otros alimentos.

Agar agar atlántica (Gelídium sesquipedale)

Su capacidad para gelatinizar preparaciones la ha hecho popular en todo el mundo como espesante y gelificante de postres, salsas o purés.


MICROALGAS

Dunaliella

Especie productora de betacaroteno. Los contenidos de este antioxidante natural son superiores al 10% del peso seco del alga. Por ejemplo, en una zanahoria los contenidos de este compuesto difícilmente superan el 2% del peso seco.

Isochrysis

Especie productora de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (DHA y EPA). Tradicionalmente se ha consumido como alimento de larvarios en acuicultura.

Spirulina

Es la microalga más consumida en el mundo. Rica en minerales y vitaminas. aporta proteínas de alta calidad y baja toxicidad y ácidos grasos esenciales. Destaca como fuente de hierro, que se absorbe mejor que el que encontramos en otros vegetales y en la mayoría de las carnes.

Chlorella

Contiene un 40-50% de proteínas, dieciocho aminoácidos (incluidos todos los esenciales), vitaminas y minerales.

viernes, 4 de junio de 2021

¡Marchando una de algas!

(Un reportaje de Alex Fernández Muerza en la revista Muy Interesante de julio de 2017)

En España las producimos y comemos cada vez más. Y hacemos bien, porque sus propiedades nutricionales son realmente interesantes. Pero, ¡cuidado!, los expertos recomiendan consumirlas con moderación.

Nori, kombu, wakame..., pero también espagueti de mar, lechuga de mar o hierba de mar. Los nombres de las algas comestibles más comunes empiezan a sonamos cada vez menos a chino, país que, junto a Japón y Corea del Sur, entre otros, las consume de manera cotidiana y ancestral, como lo demuestran documentos que datan del 600 a. C. En los últimos años, su presencia en nuestra cocina es cada vez mayor, apoyada en sus beneficios nutricionales y en algunos cocineros de prestigio que buscan ofrecer nuevas sensaciones a sus clientes. Es el caso de Ángel León, conocido corno el Chef del Mar, con dos estrellas Michelin y dueño del restaurante Aponiente, situado en el Puerto de Santa María (Cádiz). "Desde nuestro comienzo, siempre hemos realizado platos con algas. Nos costó mucho que los comensales entendieran la cocina que hacíamos ligada cien por cien al mar, pero, hoy, están encantados con las algas que ponemos en los platos. Con ellas buscamos texturas, potenciar sabores, matices...", explica León.

El consumo mundial de algas, así como la industria productora que hay detrás, ha estado creciendo en los últimos cincuenta años a un ritmo excepcional, destaca un estudio publicado en 2016 por investigadores de la Universidad de Naciones Unidas (UNU). Según este trabajo, cada año se producen más de 27 millones de toneladas de algas marinas en granjas instaladas principalmente en el sudeste asiático, con un valor que supera los 5.700 millones de euros anuales. China es la mayor productora, con 12,8 millones de toneladas, seguida de Indonesia, con 6,5 millones.

En España, Galicia se lleva la palma. En esta región se recogieron 713,2 toneladas en 2013, de las que el 35,3 % se destinaron a alimentación, según los datos de una tesis doctoral publicada en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) en 2015 por Rosendo Millán.

Uno de estos productores es Clemente Fernández, quien, junto con su hermano Fermín, fundó en 1996 Algamar, que se convirtió en la primera empresa española especializada en algas para alimentación y que desde 2010 comercializa sus productos con certificación ecológica. "Nacimos entre algas, para nosotros era muy normal. Por aquella época, la Consellería de Pesca gallega publicaba libros e informes sobre las algas alimentarlas en nuestra costa, más abundantes que en otro lugar de España por sus condiciones naturales especiales", explica Fernández. Y añade: "La cocina oriental también empezaba a valorarse, y cocineros conocidos como Arguiñano o Arzak hacían platos con algas". Hoy esta empresa se ha convertido en una de las principales de España. "Movemos en producto seco veinticinco toneladas al año, que equivale a 250 toneladas frescas, ya que en el proceso de secado se pierde el 90 %".

¿Y qué tienen de especial las algas para este creciente interés? Julia López, coordinadora del Departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la USC, ha estudiado desde hace años los componentes nutritivos de las algas gallegas para conocer sus valores beneficiosos o perjudiciales en la salud. Según comenta esta experta, "se trata de un alimento más, como las verduras. Son muy interesantes como parte de una alimentación diversificada, presentan muy poca grasa, y la que tienen es omega 3, engordan muy poco, cuentan también con mucha fibra y componentes antioxidantes, y las frescas contienen mucha vitamina C".

Juan Revenga, dietista-nutricionista y profesor en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad San Jorge de Zaragoza, explica que las algas "pueden presentar un notable contenido de determinados nutrientes que variarán de una especie a otra: algunas son especialmente ricas en proteínas; otras, en ácidos grasos del tipo omega 3; otras, en determinados minerales, vitaminas y oligoelementos; otras, en fibra...".

Existen unas 25.000 especies de algas conocidas, pero ni mucho menos son todas comestibles ni se pueden emplear para otros usos. Como recuerda un informe de la Comisión Europea sobre las oportunidades de negocio de este producto, se vienen usando desde hace siglos como alimento, pienso y fertilizante, y hoy unas doscientas especies se aprovechan en todo el mundo en diferentes sectores. "Es como decir que se trabaja con verduras: hay muchísimas y con aspectos distintos. En Galicia se comercializan cinco o seis, pero hay otras muchas comestibles", apostilla López.

Asimismo, conviene distinguir entre algas -o macroalgas- y microalgas. Las primeras son seres vivos pluricelulares que se ven a simple vista y se recolectan como una planta; por ejemplo, el nori, conocida por utilizarse de envoltorio del sushi. Las segundas son microorganismos unicelulares, como la espirulina. En cuanto a sus nombres, en España se han popularizado los orientales, porque se conocen ya a nivel internacional, pero en Galicia y en otros territorios europeos donde también las producen y consumen tienen otras denominaciones autóctonas.

El interés por las algas está llevando a cada vez más grupos de trabajo en universidades, centros de investigación y empresas en España a estudiar las algas desde diversos puntos de vista. Sara Arranz e Itziar Tueros, investigadoras especialistas del Departamento de Alimentación y Salud de AZTI, centro tecnológico vasco experto en innovación marina y alimentaria, trabajan desde hace años con algas y microalgas para su aplicación en el mercado como alimentos funcionales, es decir, con determinadas propiedades nutricionales de interés.

Uno de los proyectos en los que participan junto con la empresa murciana Buggypower -una de las principales productoras de microalgas de Europa- pretende obtener, a partir de estas, compuestos beneficiosos para el sistema inmunitario. "Se sabe que tienen propiedades antioxidantes, antitumorales, anticoagulantes..., pero hay que comprobarlo con ensayos clínicos en animales y seres humanos. La industria farmacéutica y cosmética lo lleva estudiando desde hace mucho", explican Arranz y Tueros.

Las investigaciones actuales también tratan de extraer los contenidos beneficiosos de algas y microalgas y reducir los costes de producción, que ahora son altos, reconocen las expertas de AZTI. "También intentamos acotar sus desventajas organolépticas, ya que los consumidores no están acostumbrados a ellas, de manera que si se incluyen determinados colores o sabores, la idea es conseguir que haya un mayor equilibrio entre estos y que el producto final sea rico y saludable y logre una mayor aceptación en el mercado", apuntan Arranz y Tueros.

El creciente interés por las algas se debe también a que han sido asociadas a ciertos regímenes de adelgazamiento, que aprovechan así sus propiedades reductoras. Asimismo, son un buen suplemento para los vegetarianos, ya que algunas variedades congregan altas cantidades de fibra, hierro y proteínas, más difíciles de conseguir con los alimentos más convencionales de este tipo de alimentación. Volviendo a las dietas, algunas que prometen resultados milagrosos, como la MILF o la macrobiótica, han incorporado especies como el Fucus vesiculosus, el wakame y la espirulina en su menú con el fin de vendernos rápidas pérdidas de grasa corporal en poco tiempo.

Sin embargo, los expertos consultados advierten de los peligros de esta clase de dietas. Revenga recuerda que "ningún alimento ha de ser considerado como indispensable, porque sus aportes nutricionales podrán a buen seguro ser recibidos con la inclusión de otros alimentos pertenecientes a otros grupos. Y mucho menos hablar de superalimentos". En el caso de las algas, este dietista-nutricionista explica que su contenido en yodo suele ser especialmente alto, un mineral que, en exceso, es peligroso en su relación con alteraciones de la glándula tiroides: "Un único gramo del alga kombu o de hierba de mar multiplica por cinco y por ocho, respectivamente, el límite máximo de consumo de yodo establecido por las autoridades sanitarias. Y con otras algas, como la wakame y la nori, sucede algo similar. Además, las pardas, caso de las hijikis, pueden acumular arsénico y otros metales pesados", apostilla este experto. De hecho, la agencia británica de seguridad alimentaria (FSA, por sus siglas en inglés) aconsejó a los consumidores evitar el consumo de dicha alga.

Por su parte, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha llegado a señalar que las algas marinas producidas en China, Japón, Filipinas, Corea del Sur y Extremo Oriente en general pueden tener un contenido "extremadamente alto de yodo". La EFSA establece un listado de algas que se pueden comercializar en Europa para alimentación y que deja fuera varias especies que en los países orientales sí se pueden consumir.

Julio Basulto, otro conocido dietista-nutricionista, añade que las dietas milagro se olvidan de mencionar los estudios que reflejan sus inconvenientes: "Se sabe que la población japonesa tiene una mayor adaptación metabólica a altas ingestas de yodo a causa de una tradición en el consumo de algas, pero, incluso así, la cantidad de nipones con problemas relacionados con la excesiva ingesta de yodo es elevada, como reflejan varias investigaciones". En definitiva, como concluye López, que reconoce que también las consume, "como parte de una alimentación diversificada, las algas son muy interesantes, pero no deben ser sustitutos de nada ni son la panacea de nada".

Otros usos y aplicaciones de las algas

Llevamos consumiendo estas peculiares plantas sin darnos cuenta aproximadamente desde los años ochenta: en yogures, mermeladas, confituras, helados, salsas, cremas, rellenos de pastelería, chucherías, productos bajos en calorías, etc. El agar, la carragenina o el alginato son componentes de las algas que, junto con otros compuestos de distinto origen, como el colágeno y la gelatina animal, el almidón de maíz, la pectina de las frutas y la goma guar vegetal, constituyen los principales aditivos alimentarios espesantes.

Asimismo, la gran cantidad de componentes activos de las microalgas hace que se estén probando para otro tipo de usos: en cosméticos, medicamentos y suplementos farmacéuticos, biocombustibles, fertilizantes, depuración de aguas residuales o biofijación del dióxido de carbono (CO2), Y volviendo a sus aplicaciones en la alimentación, los alérgicos al pescado o los veganos -que no desean ingerir productos animales- pueden tomar compuestos basados en microalgas, si bien son más caros que el resto de alternativas. Por ello, el desafío de los investigadores en la actualidad es reducir los costes de fabricación de todos estos productos para poder generalizar su uso.

martes, 1 de junio de 2021

Zarangollo murciano: origen y receta

 (Leído en meencantamurcia.com)

En Zaragoza le llaman “calabacilla”, por Almería “frangollo”, en Latinoamérica “calabacitas”; otros lo conocen como “revuelto de zapallitos” y la mayoría cocina este plato murciano sin conocer su nombre ni origen: zarangollo murciano. ¿Sonoro verdad? Ya nunca lo olvidarás. No lo confundas con el “zorongollo” extremeño: este plato no comparte ni un solo ingrediente con el nuestro. El desconcierto frente a esta exquisitez de la región es de tal amplitud que hasta la Real Academia Española, a pesar de reconocer su origen murciano, la define erróneamente. Hoy vamos a practicar un ejercicio de desambiguación después del que no volverás a tener dudas sobre qué es el zarangollo.

¿Qué es y qué lleva el Zarangollo murciano?

El zarangollo es un sencillo revuelto de calabacín y cebolla (y en las versiones mas actuales, patata) que nuestros antepasados heredaron de los judío-sefardíes durante la Reconquista. El plato original, entonces conocido como “alboronía”, sufrió algunos cambios sustanciales: la berenjena, el tomate, la calabaza y el pimiento fueron sustituidos por lo que los labriegos encontraron más a mano en el campo. Así nació la “zaranga” (fritada), un plato de origen aragonés que se consumía desde la primavera hasta la entrada del invierno aprovechando lo que arrojaba la cosecha de la temporada.

En el sur se elaboraba algo parecido cuyo nombre era “frangollo” –del latín frangere, que significa romper– pero limitando sus componentes a lo que ofrecía la huerta. Ahora nos queda unir ambas variaciones y ¿qué nos queda? Zarangollo. Este revuelto ha sobrevivido al paso del tiempo en nuestra región preconizando el calabacín y la cebolla como verduras principales.

Un verdadero murciano no reconoce posteriores añadidos ni variaciones múltiples; aprecia la sencillez de la creación de sus tatarabuelos y la disfruta en casa o en los bares cada vez que tiene ocasión. Si tu opción es la primera, no dejes de leer la receta genuina que te dejo a continuación.

Ingredientes para 4 personas

  • 4 calabacines (los mejores son los de primavera)
  • 2 cebollas tiernas
  • 2 patatas
  • 2 huevos (mejor que mejor si son de corral)
  • Aceite y sal

Corta los calabacines y las patatas en cuatro trozos a lo largo y estos a su vez en cachos de medio dedo de ancho. Puedes pelarlos o no, depende de la delicadeza de tu paladar. Colócalo todo en una cazuela de barro al fuego (y si no dispones de ella en una sartén) con una cucharada sopera de aceite.

El único truco de esta receta está en tener paciencia: debes dejar cocer los ingredientes a fuego muy lento durante al menos 45 minutos, hasta que el agua del calabacín y la cebolla se evapore. Te recomiendo tapar la cazuela para que esto último suceda poco a poco y las verduras se cocinen en su propio jugo.

No te olvides de tu creación, remueve de cuando en cuando para que no se pegue. Ahora, sólo tienes que corregir la sal y cascar los huevos encima de la mezcla. Sin prisa, ve revolviendo suavemente hasta que el huevo cuaje.

Déjalo enfriar a temperatura ambiente un ratico para que se potencie su sabor. Et voilà! Sírvelo en una fuente acompañando el zarangollo con un pedazo de pan de pueblo y un chato de vino tinto.

Este plato acoge multitud de variaciones, como advertimos previamente. La más típica es la añadidura de la patata para aportar consistencia. Sin embargo, en Cieza se elabora con calabaza dulce y ñoras, en Villena con tomate natural y en Abarán con calabaza colorá y guindilla.

La evolución manchega del zarangollo incluye incluso pimientos. Sobre todo has de tener precaución si pides zarangollo en Fortuna: te servirán un guiso de caracoles con patatas. Los más valientes se atreven con el salmón ahumado, el jamón serrano, el paté o la berenjena; mientras que los más ortodoxos lo condimentan con orégano o tomillo.

En los bares de la región lo vas a encontrar como plato principal o como tapa, sobre una rebanada de pan casero. Pero si cruzas las fronteras de la capital podrás topar con el “zarangollo cartagenero”, en el que una masa de pan cubre la cazuela de barro, o con el “pastel de zarangollo con salsa de pimentón” de Monteagudo, que se atavía con embutidos de la matanza.

 

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