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martes, 17 de marzo de 2026

Por qué hay que dejar la tapa abierta al hacer el café en la cafetera italiana: el truco de los baristas

(Un texto de Liliana Fuchs leído en DAP el 2 de febrero de 2025)

Tiene varios beneficios que se ven reflejados en una bebida más sabrosa y aromática.
 
La cafetera italiana o moka de toda la vida sobrevive al paso del tiempo como uno de los sistemas más sencillos de preparar el café, y a pesar de ello podemos arruinarlo sin darnos cuenta. Un truco de experto o consejo que siempre señalan los baristas profesionales es el de dejar la tapa abierta, y nos ayudará a obtener una bebida más sabrosa y sin regusto amargo.
 
Como ya comentamos en nuestra guía sobre cómo hacer el café perfecto en cafetera italiana, hay algunos detractores de esta técnica que consideran que parte del aroma se pierde al hacer la infusión con la tapa abierta, pero los expertos del café defienden que los beneficios son mucho mayores, y no se ha comprobado realmente que haya tal pérdida significativa de compuestos volátiles. Solo hay que preparar bien la bebida.
 
La clave de cualquier método de preparación del café está en el control de la extracción, que puede depender de muchos factores diferentes. Con la cafetera italiana, el margen de maniobra es menor, pero también podemos jugar con distintos parámetros.

Más allá de los puntos básicos (utilizar café de tueste natural fresco, recién molido con una molienda media, agua mineral recién calentada y no compactar el café en el depósito, lleno hasta justo debajo de la válvula), dejar la tapa abierta nos ofrece el máximo control de la extracción durante la fase crítica del proceso.

Como indica Sébastien Racineux en El arte del café (Lunwerg Editores), debido a las altas temperaturas que alcanza la cafetera italiana tiene tendencia a extraer componentes amargos. Para evitarlo, la pondremos a fuego lento con la tapa abierta, vigilándola en todo momento. Nada de distraerse preparando las tostadas o mirando stories de Instagram.

En cuanto el café comience a salir conviene bajar aún más la temperatura del fuego o de la placa, siempre evitando que salpique; no debe salir jamás a borbotones. Debería tardar, aproximadamente, un minuto en terminar de salir; si lo hace antes la molienda podría ser demasiado gruesa, y si tarda más podría ser demasiado fina.

Sin esperar a que salga toda el agua, en el momento en el que emita el sonidito de gorgoteo, como de ebullición, o empiece a salpicar, hay que bajar la tapa y retirarla del fuego. Podemos enfriar la base bajo el chorro del grifo para cortar la extracción más rápidamente, como aconsejan en Animal Coffee. Es conveniente remover un poco el café, para homogeneizar sus componentes, pero no esperar a que se enfríe ni mezclarlo con leche quemada, o habremos arruinado todo el esfuerzo.

Racineux aconseja emplear 15 g de café molido por taza en esta cafetera, y unos 150 ml de agua calentada a 80º C. Aunque los expertos de Animal Coffee sugieren que el café puede salir tanto o más sabroso usando agua fría, calentar el agua previamente permite ahorrar algo de tiempo y nos ayuda a evitar que se queme o se pase de extracción, incluso si nos despistamos al dejar la cafetera al fuego.

 

martes, 15 de julio de 2025

Cómo limpiar la tabla de madera sin usar el estropajo

 (Un texto de Juana Costa leído en DAP el 11 de enero de 2025)

Las tablas de madera son un básico en cualquier cocina, pero requieren cuidados especiales para mantenerse en buen estado. Aunque el estropajo parece una herramienta útil, puede ser contraproducente, dañando la superficie y creando grietas donde las bacterias se acumulan.

El primer paso es actuar de inmediato tras su uso, lo que cortará la multiplicación de bacterias al momento y evitará tener que usar materiales y detergentes abrasivos. Por descontado, hay que evitar poner la tabla en el lavavajillas.

En lugar de usar el estropajo o un cepillo duro que estropee la superficie, es aconsejable lavarla tabla con agua caliente y un jabón suave, utilizando un paño en lugar de un estropajo. Esto elimina restos de comida sin dañar la superficie de la madera.

Para una limpieza más profunda, una mezcla de agua y vinagre blanco en partes iguales es ideal. Este desinfectante natural no solo elimina bacterias, sino que también neutraliza olores, dejando tu tabla como nueva.

Otra técnica efectiva es utilizar limón y sal gruesa. Espolvorea sal sobre la tabla y frota con medio limón, asegurándote de cubrir toda la superficie. Este método es perfecto para eliminar manchas y darle a la tabla un aroma fresco.

Una vez limpia, es fundamental secarla completamente antes de guardarla. La humedad es el peor enemigo de la madera, ya que puede deformarla y favorecer la aparición de moho. Hay que dejarla secar al aire libre , de forma vertical para que se vaya escurriendo.

Para mantener la tabla en buen estado, aplica aceite específico de forma regular. Esto ayuda a sellar la madera, previniendo que absorba líquidos y prolongando su vida útil.

Es importante recordar que nunca debes sumergir la tabla en agua durante largos periodos. Este error común puede arruinar incluso las tablas de mejor calidad.

 

viernes, 11 de julio de 2025

Una nueva vida para los descartes de la cocina

(Un artículo de Alejandro Toquero en el Heraldo de Aragón del 9 de marzo de 2019)

Cada vez existe una mayor conciencia para aprovechar mejor los alimentos con una actitud creativa.

«Nuestras abuelas estaban obsesionadas con no dejar comida en el plato ni desperdiciarla; sin embargo, hoy en día hemos ganado en calidad de vida y parece que este mensaje no interesa». Esta reflexión la realizó hace unos días el cocinero Pablo Soler en el Ámbito Cultural El Corte Inglés de Zaragoza en un acto organizado por la Academia Aragonesa de Gastronomía.

En este foro habló de cómo tener una actitud creativa para el aprovechamiento de los alimentos. Y ahí, precisamente, es donde va a poner el acento este reportaje alrededor de tres argumentos: señalando algunos datos preocupantes, ofreciendo un catálogo de buenas prácticas y, por último, mostrando una perspectiva diferente y sostenible para que los descartes de nuestras cocinas vuelvan a ser ingredientes utilizables.

Además de Pedro Soler, en este relato hay otros protagonistas, como el Basque Culinary Center, que recientemente ha editado un manual de descartes. En él se sugiere dejar de llamar residuos a los restos del pan o la piel de la zanahoria para denominarlos, de nuevo, «materias primas».

Algunas técnicas vinculadas a la reutilización de productos como la deshidratación, las caramelizaciones extremas o la fermentación también van a ser protagonistas. En este último caso, de la mano de Chus Castejón, de Fermentación Natural, que realiza talleres para enseñar esta técnica y en estas páginas ofrece una receta para elaborar chucrut, aunque para su elaboración no emplea subproductos.

En fin, un universo tan amplio como difícil de resumir en estas líneas, que básicamente son una aproximación a una realidad preocupante y a un reto apasionante: cómo aprovechar mejor los alimentos.

El Gobierno de Aragón, a través de una guía de buenas prácticas frente al desperdicio alimentario, también ha dado visibilidad a este problema. Con tres datos se puede entender su dimensión. La Fundación Aquae destaca que «en España desperdiciamos 169 kilos de comida por habitante al año».

La guía también recoge que «un 8% de los aportes de emisiones de CO2 a la atmósfera los estamos produciendo con los alimentos que no nos comemos». Y una última consideración: «En España tiramos 7,7 millones de toneladas de alimentos cada año por las fechas de caducidad demasiado cortas, por envases muy grandes, por excedentes en la producción, por comprar más con los ojos que con la cabeza...».

¿Qué podemos hacer como consumidores para mejorar esta situación? Pues muchas cosas. Por ejemplo, planificar la compra o mantener en buenas condiciones los alimentos: «Guardar las piezas de fruta y verdura que estén a medias en fiambreras cerradas o bolsas; si solo se utiliza un trozo de pimiento, dejar el tallo y las semillas; separar la fruta muy madura del resto y no lavarla antes de almacenarla».

Si se trata de alimentos cocinados, sobre todo restos de carnes y pescados, «sirven de base para croquetas y empanadillas». Y antes de tirar fruta demasiado madura hay que pensar en macedonias, compotas, batidos y tartas. O en el estupendo 'banana bread' en el caso de los plátanos. Las verduras mustias dan mucho juego para cremas o sopas. Es una de las sugerencias que planteó uno de los asistentes a la charla de la Academia de Gastronomía en relación a las hojas de la borraja. «Ligeramente escaldadas, con unas patatas, el agua de la cocción y un buen aceite queda una crema estupenda».

Al margen de estas recomendaciones, una perspectiva distinta se abre ante la posibilidad de que muchos descartes de nuestras cocinas vuelvan a ser ingredientes utilizables. En el Basque Culinary Center se han preocupado por este tema editando un práctico catálogo que se puede descargar de su página web: www.bculinary.com.

FERMENTACIÓN. En él, por ejemplo, se detalla que la fermentación alcohólica y acética es una herramienta clave para transformar las pieles de frutas y verduras en bebidas alcohólicas y vinagres. Simplemente realizando una infusión de pieles de zanahoria, apio, nabo, patata o manzana, añadiendo alcohol neutro y oxidándolo para que las bacterias acéticas se hagan cargo de transformar el alcohol en ácido acético, se consiguen vinagres con un gran valor gastronómico.

En un nivel más alto de complejidad encontramos la kombucha, una colonia simbiótica de bacterias y levaduras que fermenta el azúcar y logra una bebida de un sabor ácido y levemente gasificado. Otra técnica, en este caso proteica, es el koji. La deshidratación consiste en privar a los alimentos o preparaciones de una parte más o menos importante del agua que contienen. Recurrir a ella permite una conservación más larga de los productos y reducir su peso y volumen.

A la hora de aplicar estas técnicas en los descartes más comunes, el Basque Culinary Center los resume alrededor de cinco tipos de productos. De las verduras (apio, cebolla, patatas, ajo, tomate, calabazas...), las pieles y las semillas «sirven como potenciadores de sabores, doradas o deshidratadas, para caldos, vinagres o infusiones». Igualmente, se pueden emplear las de las frutas para jarabes o compotas. En este caso, las pulpas son una importante fuente de azúcares y fibra.

Los restos de pescados, utilizados tradicionalmente para caldos y consomés, pueden cobrar nueva vida como salsas fermentadas tipo garum. Y en el caso de pieles y escamas, para obtener productos suflados y crocantes una vez deshidratados. Algo parecido podría decirse de la carne, cuyos cartílagos o colágenos son una buena fuente de proteína.

Finalmente, si se utilizan residuos de pan es importante saber antes su composición, «tener en cuenta si tiene frutos secos, fruta, especias o levaduras artificiales, ya que todo ello afectará al resultado final». En todos los casos, este manual insiste en una idea: «Si estos productos no están en buenas condiciones para comerlos, no estarán en buenas condiciones para fermentarlos, deshidratarlos o realizar otra técnica».

SUGERENCIAS. A modo de colofón, el cocinero Pablo Soler sugiere algunas ideas más. Por ejemplo, para reutilizar las hojas de las alcachofas. «Se pueden quemar a la brasa o ahumar en el horno y luego preparar con ellas un caldo increíble». La técnica de caramelización extrema se consigue confitando distintos productos (ajos, castañas, peras, cebollas...) entre 60 y 70 grados durante días e incluso semanas. Como resultado, obtendremos estupendos potenciadores de sabores para incorporar a distintas recetas.

Este cocinero también sugiere que los recortes de los ajos picados mezclados con miel y conservados en una bolsa «ofrecen un resultado sorprendente». «Y con las peladuras de las patatas -prosigue- fermentadas en una salmuera y luego cocidas, se puede hacer una masa muy rica». O aprovechar las hojas de la borraja tostadas en el horno para elaborar aceites con la inestimable ayuda de la Thermomix.

En fin, todo un mundo de posibilidades que pasa por incorporar a nuestro 'chip' de consumidores una nueva mentalidad. Por ejemplo, para que cuando, vayamos a un restaurante y sobre comida, le pidamos al camarero que la ponga en un envase para llevar.

RECETAS

Chucrut de verduras, jengibre y curry rojo

PREPARACIÓN

Ingredientes: Col lombarda y col de hoja. Dos zanahorias. Una cebolleta. Un trozo pequeño de jengibre. Sal marina pura y curry rojo picante.

Materiales: rallador, cuchillo, un bol grande y un bote fermentador (bote de vidrio con tapa, válvula de aire y peso).

Elaboración: Limpiar bien la zona de trabajo y mantener una buena asepsia durante todo el proceso de elaboración. Rallar las coles en un bol realizando cortes finos parecidos. Hacer lo mismo con la cebolla y las zanahorias e incorporar un trozo de jengibre pelado de dos centímetros de grosor. Añadir la sal marina pura. Dos cucharadas soperas rasas por kilo. En este caso, al pesar kilo y medio, poner tres cucharadas. Reservar unas hojas de la col sin cortar. Añadir curry rojo al gusto y mezclar bien todos los ingredientes. Amasar durante unos minutos. Dejar reposar una hora, aproximadamente, para que las verduras suelten el agua. Introducir las verduras en el bote de cristal poco a poco e ir presionando con la maza de un mortero o similar para que queden compactas y suelten el agua. Al terminar, poner las hojas de la col y el peso del bote fermentador encima. Si no tiene suficientemente líquido, preparar un poco de agua con sal. La salmuera tiene que subir un dedo por encima del peso y quedar como a dos centímetros del borde de la tapa. Cerrar el bote, que a través de la válvula de aire deja salir el CO2 e impide la entrada de bacterias y oxígeno al ser una fermentación anaeróbica. Dejar a temperatura ambiente en lugar que no dé la luz directa. La temperatura idónea son 25 grados. Transcurridos 15 días ya se puede probar el chucrut.

Vinagre de pieles de verduras

PREPARACIÓN

Ingredientes: Dos litros de agua. 0,5 litros de alcohol (40º). 300 gramos de pieles de verduras (zanahoria, cebolla, ajo, etcétera).

Materiales: jarro de vidrio o plástico alimentario, lito, banda elástica y bomba de pecera.

Elaboración: Lavar las pieles de verduras y secar en un horno 30 minutos a 120 grados. Dependiendo del sabor que se quiera, se pueden tostar más o simplemente deshidratar. Mezclar las verduras con el agua y llevar a hervor. Dejar reposar 20 minutos, enfriar a un mínimo de 30 grados, filtrar y agregar el alcohol. En este punto, se pueden añadir más pieles de verduras tostadas para potenciar el sabor. Colocar la manguera de la bomba de pecera, cubrir con un lito y fijar con la banda elástica asegurándose de que la manguera de la bomba funciona. Dejar oxigenando siete días para que las bacterias acéticas procesen el alcohol transformándolo en ácido acético a una temperatura ambiente de unos 20 grados. Es importante tener en cuenta que las diferentes mezclas de verduras que se hagan influirán directamente en el sabor y el aroma. Se recomienda utilizar una proporción mayor de pieles de vegetales dulces como zanahoria, hinojo o calabaza y pensar en pieles de ajo o cebolla como un sabor secundario y complementario. Funciona muy bien con pieles de frutas.

martes, 22 de abril de 2025

Cómo arreglar un plato cuando te has pasado con la sal

(Un texto de Gonzalo de Diego Ramos en El Confidencial del 17 de julio de 2018) 

Que se nos haya ido la mano con el sodio es un problema más difícil de resolver que cuando nos quedamos cortos. Con todo, los remedios que permiten no desechar una preparación también existen.

Ingrediente fundamental en la cocina, la clave a la hora de utilizar la sal reside en emplear la cantidad justa para potenciar el sabor sin que se cubra, con ello, la esencia del plato. En los casos más extremos, el exceso vuelve las elaboraciones incomestibles. No obstante, por muy avezado que uno sea delante de los fogones todos hemos de reconocer que en algún instante hemos cometido un error que figura en el historial de todo cocinero.

El problema no son solo los descuidos, a veces el sabor salado que añaden otros ingredientes y salsas provoca que el resultado termine en el cubo de la basura. Disponer sobre la mesa o la encimera de todos lo que se va a utilizar, así como de las cantidades precisas, se presenta como la primera recomendación para evitar la catástrofe.

No es la única: no esperar al resultado y echar la sal en pequeñas cantidades, vertiendo un poco cada vez que se añade un ingrediente nuevo, es una buena técnica, sobre todo para las sopas, que presentarán un sabor más intenso después de que una parte del agua se haya evaporado. Al espolvorearla, por ejemplo, sobre carnes y pescados, derramarla desde una cierta altura conseguirá también que se esparza de modo más uniforme, no permitiendo que se presenten áreas demasiado saladas.

Si aún así no hemos podido evitar el fallo y no queremos desechar el plato, te presentamos los mejores métodos para disimular el sabor, eliminar una parte de la sal que se haya utilizado y, por qué no, incorporar nuevos conocimientos a tus destrezas culinarias.

1. Utilizar agua
Un recurso tan sencillo como el agua puede ayudarnos de dos maneras muy simples: enjuagando los alimentos con agua fría para retirar el exceso de sal que ha quedado sobre la superficie o diluyendo las preparaciones. 

La primera posibilidad puede valer para vegetales y carne, por ejemplo, si la carne se ha marinado en una mezcla muy salada o las verduras se han hervido en agua con demasiado sodio. En algunos casos, como las verduras asadas o cocinadas al vapor, el procedimiento puede, por el contrario, malograr la textura o el sabor. Para la pasta se puede aprovechar el momento de escurrirla para darle un golpe de agua fría que frene la cocción al tiempo que se elimina una parte de la sal.
Por lo que se refiere a las sopas y a los guisos se puede probar a diluirlos con algo más de líquido. Para ello se recomienda retirar con
cuidado una parte del caldo y añadir pequeñas cantidades de agua cada vez hasta alcanzar el sabor deseado.

2. Aumentar el tamaño de la receta
Un plato con demasiada sal puede no resultar particularmente apetitoso para dos personas, sin embargo, puede volver a recuperarse si la receta pasa a ser para más comensales, agregando más carne y verduras a tu guiso, o mantequilla sin sal a tu salsa.

Se puede aumentar el volumen con alimentos ricos en almidón como el arroz, la pasta o las patatas. Cocida y hecha puré, la patata se puede ligar con guisos, salsas y cremas. Un chorro de nata puede ser también una excelente elección. 

3. Absorber la sal
Las patatas pueden tener también otro uso no menos interesante. Unos cuantos trozos de patata cruda pelada consiguen a veces absorber el exceso de sal. Puesta en la preparación entre 5 y 10 minutos, deberá ser retirada posteriormente del plato. Otro truco consiste en recurrir a la miga de pan, que al igual que la patata se desechará del resultado. En los guisos, basta echar unas rebanadas, rociar con un poco de agua y cocinar unos minutos para que el pan absorba parte del caldo.

4. Añadir dulzor, acidez o especias
Esta técnica funciona de un modo parecido a los perfumes cuando se quiere cubrir el olor corporal. La sal y el azúcar son el yin y el yang de la cocina, y esta oposición puede ser muy útil, siempre que lo dulce se use en proporciones adecuadas. Además del azúcar, la miel y la leche condensada son en algunos casos una óptima alternativa. Todos ellos funcionan mejor si se combinan con el ácido, sirviéndose siempre de proporciones parecidas (una cucharada de un producto dulce con cada una de ácido).

El jugo de limón es particularmente apto para eliminar las sensaciones provocadas por la sal, aunque no se recomienda si la receta lleva lácteos. El tomate y la nata pueden replantear una salsa para carnes que no ha salido como se esperaba. Las hierbas aromáticas y las especias también pueden echar una mano. Importante, eso sí, asegurarse de que las mezclas de especias no contengan todavía más sal. En el acaso de aliños o vinagretas, un toque de orégano puede corregir el resultado.

5. Servir a alta temperatura
La temperatura afecta al sabor de muchas maneras y en el caso del salado, el efecto se nota más en los platos fríos que en los calientes. Si aumentar la temperatura de la preparación no es una posibilidad, el truco pasa por servirlo acompañado de una bebida caliente, como por ejemplo el té, tal y como se hace en gastronomías como la japonesa.

martes, 26 de noviembre de 2024

Cómo conservar las frutas y las verduras para que duren más, en 5 trucos infalibles

 (Un texto de Virginia Carbajo en El Confidencial del 9 de agosto de 2016)

Esas frutas que en el supermercado parecían lustrosas y que en la nevera no duran ni diez minutos… quizá el problema sea la mala conservación.

Muchas veces, pese a que pensamos que lo estamos haciendo bien, conservar las frutas y verduras frescas no es tarea fácil y podemos pensamos que iba a durar, aparece de pronto en mal estado. Por eso, vamos a dar algunas claves de cómo conservar correctamente las frutas y  verduras, para asegurarnos de que están en perfectas condiciones el mayor tiempo posible.

1. Lavar antes de guardar
Puede que dé pereza, pero conviene detenerse un momento a lavar bien la fruta o verdura que hemos comprado, ya que puede tener restos de tierra o cualquier otro producto que perjudique a la hora de que los alimentos se conserven correctamente. Además, cabe la posibilidad de que se contaminen unos a otros en el cajón, y entonces todos durarán menos. 

Pero ojo, hay alimentos que, por el contrario, aguantarán más si no se lavan para guardarlos. Las fresas, los frutos del bosque, los champiñones o las hierbas aromáticas (como la albahaca o la hierbabuena) acortan su vida útil cuando son lavados. Lo mejor para esos  productos es lavarlos justo en el momento de consumirlos.

2. Alimentos separados
Para optimizar la conservación, lo primero que hay que hacer es separar las frutas y verduras. Ambos tipos de alimentos tienen unas propiedades, características y maduración diferentes, por lo que las que maduran más tarde pueden ponerse pochas antes si las tenemos juntas. Muchas frutas emiten a medida que maduran pequeñas cantidades de etileno, que provocan que las verduras pierdan la clorofila y se echen a perder.

En esa línea, hay productos que emiten una mayor cantidad de gas y habría que almacenarlos solos, como las manzanas, peras, melones, ciruelas, aguacates, berenjenas, tomates, cebollas, la lechuga o el repollo.

3. No siempre es necesaria la nevera
Pese a que tendemos a meter sistemáticamente todas las frutas y verduras en la nevera, esto no siempre es lo mejor para su conservación. La mayoría sí agradecerán estar a baja temperatura, mucho más en los meses de calor, pero hay otros alimentos, como las patatas, las cebollas, el tomate y los ajos que no es necesario meter al frigorífico y, de hecho, conservan sus propiedades mucho mejor fuera de él.

El cajón de las patatas que tenía la abuela estaba ahí por algo, no te sorprenderá, pero atención porque el tomate también es uno de estos productos que están mejor fuera. Como mejor se conservan todos ellos es
en un lugar seco y oscuro (precisamente la nevera no es ni muy seca, ni muy oscura) y asegurarse de que respiren. Un recipiente con tapa pero con agujeros puede ser una opción óptima.

4. Se pueden agrupar, selectivamente
Hay algunas frutas y verduras que sí pueden almacenarse juntas, pero conviene prestar atención a cuáles se están mezclando. Si se juntan con productos de maduración rápida, estos echarán a perder también a los que iban a madurar más lentamente.

Los alimentos de este tipo resultan más sensibles al etileno y, por lo tanto, podemos juntarlos con otros de sus mismas características, pero teniendo cuidado de no unirlos con los antes mencionados. Son, por ejemplo, la uva, la sandía, el calabacín, el espárrago, la zanahoria o la judía verde.

Sin embargo, hay otras a las que el mencionado gas no afecta de ningún modo, así que se pueden almacenar junto a otras sin peligro para su conservación. Algunas de ellas son los pimientos, los cítricos y también los frutos rojos o las fresas, entre otros.

5. Congelar antes de desperdiciar
A pesar de que pueda extrañar, es posible congelar las frutas y también las verduras, para mantenerlas en óptimas condiciones de consumición más tiempo. 

Lo ideal es no tener que hacerlo, para que no pierdan ninguna de sus propiedades, pero si prevemos que se nos ha ido la mano comprando y se van a poner malas, es mejor congelar.

La manera más eficiente de congelar estos alimentos es lavarlos y secarlos bien antes. Con las verduras, lo mejor es escaldarlas para meterlas al congelador: se echan unos instantes en agua hirviendo, y seguidamente a agua con hielo; tras ello, se secan bien y ya se pueden guardar. Las únicas verduras que no conviene congelar son las que tienen un alto contenido en agua, como el apio o el pepino, ya que cristalizará y cambiará su textura.

martes, 5 de noviembre de 2024

Los secretos de los 'top chefs' que cambiarán para siempre tu forma de cocinar

(Un texto de Miguel Ayuso en El Confidencial del 3 de septiembre de 2015)

Aunque muchas de las técnicas que utilizan los cocineros profesionales no podemos aplicarlas en casa, algunos de sus trucos pueden hacer que mejore, y mucho, nuestra pericia entre fogones.

Para ser un buen cocinero casero no hace falta conocer todas las técnicas con las que nos deslumbran los participantes de los concursos de televisión. Lo importante es conocer un puñado de métodos y recetas básicas y, a partir de ahí, dejarse llevar. 

Ahora bien, los grandes chefs utilizan trucos que pueden ayudarnos en nuestro día a día en la cocina y que no nos costará integrar en nuestras rutinas. The Daily Mail ha entrevistado a algunos de los más conocidos cocineros británicos que comparten sus trucos culinarios favoritos. Estos son algunos de los más útiles:

1. Cocinar las verduras con bicarbonato

El cocinero jefe del Portmeirion Hotel, Mark Threadgill, recomienda añadir una pizca de bicarbonato sódico al agua que vamos a utilizar para cocer vegetales verdes. Esto ayudará a que las verduras queden más blanditas, pero sin que pierdan su color, lo que hace que tengan mucho mejor aspecto.

2. Marinar la carne durante dos días

Algunas carnes como el cordero o la caza son demasiado fuertes para muchas personas, pero tras un buen marinado resultan irresistibles para cualquiera. El cocinero jefe del restaurante Zaika, Shoeb Haider, prepara las chuletas de cordero marinándolas durante 48 horas en un mezcla de pasta cruda de papaya, jengibre, chile en polvo, curry gram masala, cilantro, sal y yogur.

Como cualquier otra marinada debe prepararse en una fuente en la que se sumerge la carne, y debe conservarse en la nevera tapada con film. Marinar es una técnica muy utilizada por los chefs profesionales, aunque no tanto por los cocineros caseros, pese a la facilidad que entraña. Basta preparar una marinada de aceite de oliva, ajo y perejil para que las pechugas de pollo o las chuletas de cerdo pasen de ser un plato de batalla a ser una delicia. Y también es genial para el pescado.

Marinar tiene, además, un efecto muy interesante sobre la carne: hace que se ablande, por lo que resulta ideal para las carnes más duras, que son difíciles de cocinar bien sin que queden muy secas.

3. Echar sal en la cebolla al cocinarla

Como explica Vivek Singh, chef del Cinnamon Club del Soho, no debemos olvidar echar sal a la cebolla justo cuando vamos a cocinarla. Esto hace que la humedad se elimine más rápido, lo que acelera su cocción y permite que se dore más rápido. Salar bien las comidas es fundamental para que resulten realmente sabrosas y es mejor hacerlo siempre cuando se está cocinando, nunca después, pues la comida caliente absorbe mejor la sal.

4. Cocinar la carne a temperatura ambiente

Esto es algo que conoce todo chef que se precie, pero, pese a esto, en la mayoría de hogares se cocina la carne tal cual sale de la nevera, una costumbre muy poco recomendable. Si cocinamos un filete frío será imposible que nos quede jugoso pues, como explica Jarad McCarroll, jefe de cocina del M Restaurant, si la carne no está a temperatura ambiente no se cocinará de manera uniforme. Otra norma básica para hacer buenos filetes es tener la plancha o sartén donde vamos a hacer la carne lo más caliente posible, añadiendo sólo el aceite indispensable para que no se nos pegue.

5. Pelar ajos más rápidamente

Aunque no hay que estudiar un posgrado para pelar un ajo, en ocasiones se convierte en una actividad bastante engorrosa. Para hacerlo mucho más rápido, explica Hayden Groves, cocinero de BaxterStorey, basta con coger una sartén y golpea los dientes de ajo con la base. La piel se separará de la carne y podrás retirarla sin esfuerzo con la mano.

6. Utilizar hierbas aromáticas

Como explica McCarroll, las hierbas como el cilantro, el perejil o la albahaca pueden cambiar por completo el sabor de un plato y marcar la diferencia entre lo mediocre y lo excelente. Lo importante es añadir las hierbas al final del proceso de cocción, para que el plato coja su aroma, pero no sepa tan sólo a éstas.

7. Cubrir la encimera con papel film

El papel film no sólo sirve para preservar mejor los alimentos en la nevera. Como explica Groves, es ideal para cubrir la encimera en la que vamos a trabajar (sobre todo si vamos a hacer masas) pues, tras manipularlo todo, basta enrollar el plástico y tirar todo a la basura. No es el método más ecológico del mundo, pero si vas a ensuciar mucho puede ahorrarte un gran trabajo.

8. Espesar una salsa

Tal como explica el cocinero Graham Campbell, que cuenta en su haber con una estrella Michelin, la mejor forma de espesar una salsa que nos ha quedado demasiado líquida es elaborar lo que se conoce como beurre manié, una pasta formada a partes iguales por mantequilla y harina. Cuando se derrite libera las partículas de harina sin crear grumos. Basta añadir poco a poco ésta a nuestra salsa para que obtenga la consistencia deseada sin fastidiar su sabor, pero siempre cuando se está cocinando, nunca antes de servir. Ahora bien, tenemos que tener cuidado para no pasarnos, pues si echamos demasiada el plato quedará muy pesado.

9. No cocinar sin tenerlo todo preparado

Todo buen cocinero sabe que antes de empezar a cocinar hay que tener todos los ingredientes y utensilios que se van a utilizar a mano, lo que se conoce en el mundo de la hostelería como mise en place, literalmente, “poner en su lugar”. Lo ideal, explica el cocinero jefe del Hotel Chantelle de Londres, Seth Levine, es picar y medir todos los ingredientes que se van a utilizar en un plato antes de ponerse manos a la obra, pues no hay nada peor que tener que parar porque se te ha olvidado algo, un descuido que puede alterar los tiempos de cocción y arruinar el plato.

martes, 1 de octubre de 2024

Los trucos para que te quede perfecta la yema de los huevos

 (Un texto de Gonzalo de Diego Ramos en El Confidencial del 15 de julio de 2018)

Aunque seas muy hábil a la hora de preparar este alimento básico, resulta inevitable que las yemas no se queden centradas. ¿Por qué ocurre este fenómeno? ¿Existe algún secreto para evitarlo?

Desde las primeras lecciones hasta alcanzar la categoría de chef, el aprendiz de cocinero deberá lidiar durante toda su carrera con un ingrediente que va a estar presente tanto en las preparaciones más elementales como en las más complicadas: el sempiterno huevo.

Todos hemos proferido en alguna ocasión esa frase de "no sabe hacer ni un huevo frito" para subrayar la falta de competencia de alguien que seguramente no nos resulta afín. Cocinarlo bien de esta manera no es, sin embargo, una tarea tan fácil como se presume. Para muestra, los numerosos tutoriales que pululan por la red en los que cocineros de prestigio explican su propio método para que las claras queden con puntilla y las yemas cremosas y óptimas para mojar pan.

Para más inri, hasta el más experimentado no consigue a veces el resultado deseado por una razón que nada tiene que ver con sus habilidades. ¿Por qué las yemas quedan con frecuencia descentradas hasta el punto de salirse de la propia clara? Te aclaramos a continuación el motivo, cómo detectar cuándo puede ocurrir y una serie de trucos para que los huevos te queden simétricos, estéticos y dignos de anuncio.

Una cuestión de tiempo
Fritos, escalfados o duros, lo primero que tienes que tener en cuenta para conseguir que las yemas queden particularmente bien es que sean frescos. Por el proceso de envejecimiento, el huevo se deshidrata, aumentando en proporción la cámara de aire que se forma en su interior. De esta manera, la yema acaba repartiéndose de forma desigual, flotando y descentrándose.

¿Debemos, por consiguiente, desechar los huevos viejos? No, siempre que estén dentro de las fechas de caducidad. Los huevos aguantan unos 28 días desde el momento de la puesta; no obstante, si tienen varias semanas lo mejor es emplearlos para tortillas, como huevos revueltos o batidos como ingrediente de algún plato o postre.

Vista y oído
Cuando, sin embargo, se compran los huevos a granel o hemos abierto el paquete desechando la etiqueta donde figura la fecha de caducidad, resulta difícil saber cuál es el estado del producto. Los trucos de toda la vida son, en este caso, perfectamente válidos. El más popular es el de sumergirlo en un vaso con agua fría y observar si flota. Si se queda en el fondo, el huevo es fresco, si por el contrario permanece en la superficie se desaconseja, incluso, su consumo. Con los huevos duros se recomienda remover el agua con cierta intensidad durante los tres primeros minutos.

Otro método aún más simple e igualmente efectivo es el de agitarlo cerca de la oreja: un sonido parecido a un chapoteo revela que la cámara de aire del interior ha adquirido bastante volumen y, por consiguiente, el huevo es viejo.

Las soluciones
Pero además de la frescura no hay que olvidar algunos trucos que nos van a permitir que el resultado sea inmejorable. Nigella Lawson, famosa chef y presentadora británica, especialmente popular por su receta de huevos rellenos, una receta que queda mucho más bonita si la yema permanece en el centro, explica su secreto: "Para facilitar que la yema se mantenga centrada mientras se cocina, los dejo tumbados sobre un plato (en vez de hacia arriba como se disponen en las cajas) toda la noche fuera de la nevera antes de cocinarlos. No es una garantía al 100%, pero se suele notar la diferencia".

En el caso de los huevos duros, Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, invita en su blog a recurrir a la ciencia y a la fuerza centrífuga para obtener el resultado deseado: "Podemos remover el agua con cierta intensidad de vez en cuando durante los tres o cuatro primeros minutos de cocción, que es el tiempo que tardará la clara en solidificarse". El científico ofrece además dos recomendaciones directamente relacionadas con este problema. La primera consiste en sacar el huevo del frigorífico con suficiente antelación para que alcance la temperatura ambiente y se reduzca el riesgo de rotura de la cáscara. La segunda, en añadir un poco de vinagre o sal cuando en el agua está hirviendo antes de introducir el huevo en el cazo: "Si la cáscara del huevo se rompe, la sal y/o el vinagre que hemos añadido al agua facilitarán la coagulación de las proteínas del huevo. Esto sellará rápidamente la grieta formada en la cáscara y evitará la salida del huevo hacia el agua. Así evitaremos esas sorpresas que nos llevamos a veces, cuando después de pelar el huevo observamos que su interior está prácticamente vacío..."

Quien quiera probar una curiosa alternativa puede preparar los huevos al estilo mollet, en los que la clara queda cuajada y la yema algo líquida. Para conseguirlo basta calentar un recipiente con agua. Cuando empiece a hervir introduce los huevos y cuécelos durante cinco minutos. Pasado este tiempo, frena la cocción refrescándolos con agua fría y ya estarán listos para llevarlos a la mesa.

martes, 23 de enero de 2024

Some kitchen tricks

(Read on https://entertainment.digitaltrends.com)
 
Fresh avocados
If your avocados keep ripening too quickly, try storing them with fresh onion. Either red or yellow will work, although the yellow flavor is stronger and more likely to affect the taste of your avocado. Whichever you choose, though, it’ll stop the avocado from browning at such a rapid rate.
 
 
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