(Un texto de Pierre Dumas para La Nación -periódico argentino- del 6 de agosto de 2006)
Recorrido en busca de
delikatessen como el foie-gras y el nougat, que lleva por sitios
alejados del circuito turístico clásico; cuna de especialidades
tradicionales y exquisitas.
Gourmet y gourmand . Refinado conocedor, y
glotón... En las mesas de Francia hay ocasión de sentirse ambas cosas,
de cruzar esa frágil barrera que a veces separa al gourmet del
gourmand. Y es que no es fácil resistir a las tentaciones que llegan a
la mesa en uno de los países con mayor tradición culinaria del mundo,
la patria de Vatel y Bocuse, por citar sólo dos nombres emblemáticos
situados en los polos opuestos de la historia.
Si bien Francia, como todo el mundo occidental, está cada vez más
expuesta (si no sucumbió ya) a la amenaza de la hamburguesa, las mesas
de cada región siguen conservando celosamente sus tradiciones. La
complejidad y riqueza de los sabores en sí mismos invitan a
conservarlos, perfeccionarlos y transmitirlos.
A desplegar las servilletas, apagar los celulares y concentrar todos
los sentidos en un recorrido turístico-gastronómico por lugares
alternativos de Francia, fuera de los grandes monumentos, pero dentro
de las grandes recetas; lejos de las grandes ciudades, pero en el
corazón de las tradiciones culinarias.
Foie-gras de Quercy-Périgord
El sudoeste de Francia tiene la bien ganada reputación de tener una
de las mesas mejor provistas del Hexágono, lo que no es poco decir en
el país de la bonne chère. Las zonas rurales del sudoeste han legado a
Francia algunas exquisiteces como el foie-gras, especialidad realizada
a base de hígado de oca que en los últimos tiempos ha estado en la mira
de los protectores de animales por el procedimiento de engorde de los
mismos, forzados a embuchar grano hasta que el hígado alcanza el grado
de gordura deseado. En varios pueblos existen marchés au gras ,
donde aficionados y especialistas eligen los mejores foie-gras para
preparar sus recetas. El producto también se vende industrializado, a
base de hígado de oca o de pato, y muchas veces en forma de mousse u
otras preparaciones que sobre todo, por no ser puro, lo hacen más
accesible, ya que el foie-gras es un plato caro incluso en su región de
origen.
Suponiendo que el turista pueda abandonar los placeres de la mesa,
en un recorrido por estos lugares de Francia no hay que perderse el
pueblo medieval de Sarlat, y no sólo por su célebre mercado de los
sábados, muy buscado por las trufas, los quesos y embutidos, sino sobre
todo por su centro histórico. No muy lejos se levantan Rocamadour
-ciudad fortificada reconocida por su queso Rocamadour, a base de
cabra- y las cuevas de Lascaux, una reliquia de la prehistoria.
Angers y les rillauds
Angers es una de las perlas del Valle del Loire, una ciudad que se
convirtió en uno de los polos de la electrónica, pero cultiva un
orgulloso pasado real. Se la puede integrar dentro de un circuito
turístico que pase por Nantes, antigua capital de la Bretaña (a 90
kilómetros), Le Mans (a 89, sólo para fanáticos de Las 24 Horas), La
Baule (a 160, una de las playas de moda en verano), y el Mont
Saint-Michel, la isla-abadía en el límite entre Normandía y Bretaña. En
la ciudad en sí, que fue la cuna de la dinastía de los Plantagenet, se
visita el castillo medieval que domina el paisaje y cuya mayor riqueza
está en el interior, en la colección de tapices realizados en las
postrimerías de la Edad Media. Satisfecho el espíritu, habrá que pensar
en el estómago, y los angevinos bien que lo hacen. Sobre todo cuando
presentan en la mesa los rillauds d Angers, plato a base de trozos de
cerdo, sal y azúcar que se sirve a toda hora, desayuno incluido.
La carne está cocida en su propia grasa, y se consume tibia o fría,
a gusto, con vino tinto o rosado. Hay quienes acometen este plato desde
la mañana, y su preparación justifica incluso fiestas populares, como
la rillaudée de Brissac, el primer domingo de julio.
El nougat de Montélimar
Almendras de Provenza, miel de lavanda, pistachos y azúcar. Un poco
de glucosa, claras batidas en punto de nieve... y ya están los
ingredientes del nougat de Montélimar, los exquisitos turroncitos que
cuelgan por doquier, declinados en todos los colores y sabores, en las
vidrieras de esta ciudad encantadora del sur francés. Hasta los más
irreductibles sucumben ante la dulzura del sabor de estos turrones
blandos que hacen la fama de Montélimar, que le arrebató a Marsella en
el siglo XVI el savoir faire y el monopolio del nougat. En gran parte
se debió a las plantaciones de almendros que surgieron en torno de la
ciudad, y que reemplazaron a las nueces de la receta tradicional.
El nougat actual se elabora de manera industrial o artesanal, en
calderos de cobre, y sólo en Montélimar se fabrican unas 3500 toneladas
anuales. La fábrica más antigua es la casa Arnaud Soubeyran, fundada en
1837, que puede visitarse. Y otro lugar para no perderse es el Museo
Internacional de las Golosinas, que reúne en Montélimar especialidades
azucaradas de todo el mundo, en un edificio que tiene la conveniente
forma de una caja de caramelos gigante.
Caramelos en flor
No sólo de perfume vive el hombre, y tal vez por eso los caramelos a
base de flores son la especialidad de al menos dos regiones francesas.
En Toulouse son tradicionales los caramelos y las golosinas a la
violeta. Estos caramelos, de elaboración difícil y por lo tanto
costosa, se realizan con flores de violeta frescas cristalizadas en
azúcar. En pleno Languedoc, a orillas del Garonne, Toulouse invita a
visitar St. Sernin, la mayor iglesia románica de Francia, que recibía a
los peregrinos en camino a Santiago de Compostela, y el casco histórico
erigido en torno de la Place du Capitole. Sin olvidar cierta casa, en
la rue Canon d Arcole, que es paso obligado y el mercado de violetas
desde donde salen los ramos que tiñen de color toda la ciudad.
Más hacia el Este, en la Provenza, tierra de sol y mar donde abunda
la mimosa, esa planta de flores amarillas con cierto aire a la retama,
que en Europa se conoce como símbolo del Día Internacional de la Mujer,
el 8 de marzo. Los capullos de esta flor también se comen como si
fueran caramelos. Claro que llevan cierta preparación antes de pasar
del dicho al hecho: las pequeñas bolitas amarillas de la planta se
dejan secar y luego se sumergen en una mezcla de agua de rosas y goma
arábiga. Se pasan por azúcar y luego de un rato están listas para
degustar.
Hay también quienes echan a último momento sus flores como
condimento sobre sopas o ensaladas de frutas, pero recomiendan no
consumir las mimosas compradas en floristerías, ya que podrían tener
conservantes. Y existe incluso un cóctel, el Grand Mimosa, que si bien
no lleva flores es digno de mención: mezclar un 11% de Grand Marnier
con un 22% de jugo de naranja y un 66% de champagne, mezclar... y
adentro.
La sal de Guérande
Según un cuento tradicional, el rey que se enojó con su hija porque
ella dijo quererlo como a la sal tuvo que retractarse rápidamente
después de un régimen a base de platos sosos preparados por la propia
princesa. La leyenda bien podría haber nacido en Guérande, no muy lejos
de Nantes, que debe su buena fortuna gracias a salinas costeras que
dieron al pueblo el nombre de gwen ran (pueblo blanco) en
bretón. En forma de fleur de sel (los cristales jóvenes recogidos a
mano durante el verano en la capa superior de la salina), sal gruesa,
natural, aromatizada o a las algas, la sal de Guérande es un producto
que inunda de delicadeza los paladares y todos los platos que toca.
Aunque la actividad en los marais salants conoció un declive entre los
años 70 y 90, se recuperó y hoy llega a las mesas más selectas del
mundo. En el lugar, entretanto, se puede visitar los pantanos salados y
conocer las iniciativas de la asociación Terre de Sel, formada por
extractores de sal y naturalistas, que muestra la riqueza ecológica de
estas tierras y los secretos de la producción de sal. El otro lugar
donde probar la fleur de sel es la Provenza, ya que existen grandes
salinas en torno de la Camargue, región de salvaje belleza donde vivía
el mítico Crin Blanca.
Datos útiles
Direcciones sabrosas
Angers y les rillauds: un buen lugar donde probarlo es el
restaurante Auberge Angevine, que tiene un menú de especialidades
medievales, y animación con trovadores (9, Rue Cordelle, Angers; www.auberge-angevine.com
). www.angersloiretourisme.com
Toulouse: en www.toulouse.fr . Un buen lugar
para probar violetas cristalizadas y otras especialidades con esta flor
es Chocolats Olivier (58, Chemin de Baluffet - Bâtiment 4, Toulouse),
una tradicional chocolatería y confitería fundada en 1780.
Caramelos de mimosa: en L Epicerie et Confiserie de Provence
se elaboran toda clase de jarabes, caramelos y licores de flor, entre
ellos la mimosa (Pierre & Anne-Marie Baudequin; 1066, route de
Tanneron, 06580 Pégomas). www.epicerieconfiseriedeprovence.com .
Foie-gras: Beyne Frères es una casa de especialidades
regionales de la Dordogne (23, boulevard National, 24500, Eymet) que
fabrica el foie-gras según el método tradicional. En toda la zona de
Quercy-Périgord se puede visitar mercados de ocas, granjas de
elaboración artesanal, y comprar foie-gras y sus derivados.
Sal de Guérande: en www.sel.guerande.free.fr se explica la
formación de las salinas y el proceso de explotación de la sal marina.
Nougat de Montélimar: en Le Chaudron d Or se fabrica
artesanalmente, perfumado y saborizado con productos locales. Queda en
7, avenue du 52ème, 26204 Montélimar.
Caviar, golosinas y fondue de Champagne
Más ciudades y más sabores para descubrir en un viaje al interior de
Francia.
Norte de Francia, bétises y poilus. Les bétises son las
travesuras que hacen los chicos, pero también unas golosinas típicas
del norte de Francia, oriundas de Cambrai. Son caramelos de azúcar
batida perfumados a la menta, y terminados con un toque de caramelo
puro que les da un sabor característico. Según la tradición, nacieron
por un error de fabricación, y de ahí que se los llame betises ,
que también significa tonterías. En cuanto a los poilus, son las
galletitas secas que se cocinaban en las Ardenas para los soldados que
peleaban en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Poilus
(peludos) se llamaba a los soldados.
Champagne a la fondue. La fondue suiza tradicional es una
mezcla de quesos con vino blanco, donde se sumergen trozos de pan duro.
Pero en Champagne tienen una versión propia, y sin duda refinada: en
lugar de aceite se coloca champagne en el recipiente y se lo hace
hervir. Y en esta exquisita bebida se hunden los trozos de queso... al
menos mientras se pueda mantener el equilibrio.
Lo que queda del coñac. En el centro-oeste de Francia, donde
se cultivan los viñedos con que se elabora el coñac, circula también
una especialidad regional muy apreciada. Es el pineau des Charentes
, una bebida espirituosa que se destila a partir del vino que queda
de lado en la elaboración del coñac. Lo que resulta es un aperitivo muy
dulce, tinto o blanco, que se utiliza también de postre.
Papas andinas. En la región del Ardèche, la menos poblada de
todo el país, se cultiva una variedad de papa especial que fue traída
desde los Andes en el siglo XVI. Se la prepara en un plato especial con
salchichas.
Mermelada de pétalos de rosa. Desde la Edad Media se
prepara, en la región parisiense, una suerte de mermelada de pétalos de
rosa que suele comerse en el desayuno. Otra variante con pétalos de la
misma flor es un vinagre aromático, que se elabora también en la
región.
Caviar francés. En Bordeaux está siendo reintroducido el
esturión, un pez otrora común en aguas del Garonne y en la Gironde. Se
crían para producir caviar, y en la localidad de Biganos es posible
visitar la estación de piscicultura de la Cassadotte.