miércoles, 22 de abril de 2020

La trola de los panes "cuquis"

(Un texto de Boticaria García en el Mundo del 6 de marzo de 2020)

La moda de la espelta, el centeno e incluso el 'kamut' no está muy justificada... Excepto por el precio. Eso sí, comas el cereal que comas, que sea lo más más integral posible.

Centeno, espelta, kamut, trigo sarraceno... comer un pan elaborado con cualquiera de estos cereales parece más cool y más sano que comer nuestro pan de trigo tradicional. Los presentan como superalimentos y en ocasiones su precio está más cerca del caviar que del pan. ¿Cuánto hay de verdad y cuánto hay de marketing con estos cereales de moda? ¿Es cierto todo lo que nos cuentan en algunas boutiques del pan? Analizamos los cuatro cereales que son tendencia: 

CENTENO, un mazacote nada mágico

El centeno es un chicarrón del norte que resiste mejor el frío mientras que el trigo es un cereal más friolero que encaja muy bien con el clima mediterráneo. Además de por la facilidad del cultivo de trigo en España, aquí hasta hace poco no le hemos visto la gracia al centeno principalmente por tres razones:

1. El centeno tiene menos gluten que el trigo, y en el proceso de panificación el pan puede resultar menos esponjoso. Por decirlo de manera popular, el pan de centeno puede resultar más "mazacote".

2. El pan de centeno tiene un color pardo que genera adversión en algunas personas acostumbradas a su pan blanquito de siempre. La psicología juega un papel importante en la alimentación

3. El pan de centeno tiene un sabor amargo y lo amas o lo odias. Mucha gente se decanta por la segunda opción. Para suavizar el sabor, en algunos países se añaden al pan de centeno algunas especias como la canela o se mezclan tipos de harina.

Trigo VS Centeno

Con respecto a la fibra, que es algo que hoy en día nos preocupa mucho, si comparamos pan integral de trigo frente a pan integral de centeno, las dos opciones tienen una cantidad similar. En cuanto a proteínas, es superior el trigo frente al centeno y en cuanto a vitaminas minerales y vitaminas, el centeno parece caballo ganador. Como vemos, en algunos aspectos uno es mejor que otro pero en ningún caso las diferencias son significativas. Por tanto, pese a algunos reclamos publicitarios, el trigo y centeno se dan la mano nutricionalmente hablando.

ESPELTA, no tan superalimento

El trigo espelta es un "trigo viejo". Un cereal antiguo que en 6000-5000 a. C. ya se cultivaba en Irán. La espelta estaba olvidada, entre otras cosas, porque el grano está protegido bajo una cascarilla muy dura y cuesta más obtener la harina. El boom de los superalimentos ha rescatado a este cereal del olvido y sobre él se dicen muchas cosas... pero no todas son ciertas.

¿Qué es verdad sobre la espelta? En primer lugar que da buen aroma y sabor al pan... ¡está rico y eso está muy bien! y en segundo lugar que necesita menos pesticidas porque esa cascarilla dura protege al grano de los bichitos de forma natural. Podríamos decir que la espelta es un regalito caído del cielo para la agricultura ecológica.

¿Qué hay de marketing sobre la espelta? Ni es superior nutricionalmente (12,8% de proteínas frente al 12% del trigo) ni es un polvito mágico para hacer magdalenas saludables. ¡No nos autoengañemos! La espelta se usa mucho en la repostería healthy, pero unas magdalenas de espelta siguen siendo magdalenas. La espelta solo es una prima hermana del trigo, la más antigua, pero no es el primo de Zumosol.

KAMUT, muy poco ecológico

El kamut o khorasan es otro pariente del trigo. Nutricionalmente puede ser superior en proteínas, en grasas y en algunas vitaminas y minerales. Pero las diferencias tampoco son como para volvernos locos. Paradójicamente, en España vamos sobrados de proteínas pero de lo que no vamos sobrados es de kamut y tenemos que importarlo principalmente de EE. UU. y Canadá. Trayendo kamut de allende los mares no solo se paga un sobreprecio para nuestro bolsillo sino también para el medio ambiente. Comer kamut no es más saludable y sobre todo, no es más sostenible.

TRIGO SARRACENO, interesante entero

El trigo sarraceno (o alforfón) es un cachondo que juega al despiste porque a pesar de su nombre no es pariente del trigo. No es una gramínea y no pertenece al género triticum como los anteriores. ¿Qué es entonces? El trigo sarraceno no es un cereal sino un pseudocereal, como la quinoa. Esto quiere decir que su composición nutricional está a caballo entre los cereales y las legumbres y, por tanto, tiene todos los aminoácidos esenciales. Tiene la lisina que le falta a los cereales y la metionina que le falta a las legumbres.

Entre las ventajas del trigo sarraceno encontramos que no tiene gluten (esto sí es interesante para personas con celiaquía), que su proteína es completa y que, más allá del pan, es un cereal versátil que puede resultar interesante para comer como grano entero, en forma de ensalada, como hacemos con la quinoa. Entre los inconvenientes del trigo sarraceno es que, al no tener gluten el pan es más compacto y puede perder el punto crujiente y ¡sorpresa! Que también es más caro.

Solución: lo que sea, pero integral

En resumen: ni el pan de centeno, de kamut, de espelta o de trigo sarraceno son significativamente superiores al pan de trigo nuestro de cada día. Entre otras cosas, porque por suerte no solo nos alimentamos de pan y podemos conseguir todos los nutrientes de manera sencilla a partir del resto de alimentos. ¿Cómo elegimos un buen pan? Más allá del nombre cuqui del cereal de moda de turno, a la hora de elegir el pan fijémonos en que sea integral. Y no "cualquier integral": que al menos un 70% de la harina sea integral. Busque, compare... y su panadero le vende las bondades del centeno pero no sabe decirle el porcentaje de harina integral que lleva... cambie de panadería.

domingo, 19 de abril de 2020

Carbonara, el secreto está en la salsa

(Un texto de Clara Villalón en El Mundo del 10 de febrero de 2020)

Con un origen incierto, este famoso plato hoy es objeto de múltiples versiones, que incluso no llevan pasta. Y aunque hay quien la usa, si es sin nata, mejor.

Yema de huevo, «guanciale», pecorino, pimienta negra y espaguetis. Aunque muchos sean absolutamente radicales con que éstos son los ingredientes únicos e inamovibles de la carbonara -en torno a la cual en poco años se ha creado todo un mito digno de alabanzas-, lo cierto es que no existen citas realmente antiguas sobre este untuoso y goloso plato de pasta, pero aún así muchos romanos lo consideran parte de su ADN, defendiendo a ultranza su receta original.

Quizá la referencia con más solera y con productos similares sean los maccheroni con cacio e uova que el napolitano Francesco Palma describía, en 1881, en su Il principe dei cuochi: queso, huevos y manteca de cerdo en un plato de macarrones. Y es que el uso de guanciale, esa papada de cerdo curada (que no ahumada), no surgiría en las propuestas de pasta hasta más tarde, en 1949, con los spaghetti al guanciale de Ada Boni en el libro Il piccolo talismano della felicitá, aunque no junto al huevo.

Historia

La verdad es que mucho se ha especulado sobre el origen o el primer autor de esos espaguetis bañados en salsa de yema de huevo, e incluso ni siquiera su nombre -carbonara- se consigue ligar a ella. Cuenta una leyenda que fueron unos mineros dedicados al carbón quienes le dieron nombre al ver la cantidad de pimienta negra que llevaba el plato que comían a menudo.

Curiosamente, la palabra surgió antes en una película que en un manual de cocina: Una doncella en apuros... (Cameriera bella presenza offresi...), dirigida en 1951 por Giorgio Pastina y con Federico Fellini entre sus guionistas. He aquí la escena: en una entrevista de trabajo, a Maria, una camarera, le preguntan si sabría hacer spaghetti alla cabonara y ella niega cualquier pericia en el asunto. Igual de chocante resulta saber que la primera formulación con dicho nombre apareció, en 1952, en EEUU de la mano de Patricia Bronté, quien en una guía de restaurantes de Chicago escribió sus ingredientes al citar un plato que llamado así se servía en el restaurante Armando's, en La Ciudad del Viento, y que probablemente hubiera sido visto con anterioridad en algún comedor de Roma.

La primera cita recogida en un libro de gastronomía italiana con espaguetis, huevo, panceta, queso gruyere y ajo data de 1954, y años después, en 1960, Luigi Carnacina sustituyó -en La grande cucina- la panceta por el guanciale. Más tarde, algunos cocineros incorporarían la nata -esa que tantos detestan y que consideran casi herejía-, que pasaría a figurar en notables recetarios italianos, por ejemplo, en los de Gualterio Marchesi, considerado el fundador de la cocina italiana moderna.

No podemos hablar de carbonara sin citar la que el multipremiado chef tunecino Nabil Hadj Hassein prepara en el restaurante romano Roscioli. Alabada por profesionales y gastrónomos, su secreto -confiesa el patrón del negocio, Alessandro Roscioli- reside en utilizar una sartén de hierro en la que se saltea el guanciale de Montecorvo, usar un mix de pimientas de Sarawak y de Sichuan, emplear spaghettoni de Benedetto Cavalieri y no añadir nada de agua, sino hacerla en la propia grasa del guanciale y, por supuesto, mantecarla en frío.

Pistas capitalinas

Y de la Ciudad Eterna al Foro, donde encontramos propuestas de altura al estilo clásico. Por ejemplo, la de Lisanderella, donde emplean guanciale lombardo, yemas de huevo camperos, pecorino de Cerdeña y pimienta y terminan la receta en la mesa, frente al comensal, para que conserve toda su cremosidad. En Nina Pasta Bar, Adriana Restano opta por la pasta de grano duro de Gragnano que trae de Benevento y guanciale romano que lonchea y fríe para que quede crujiente, dando lugar a una salsa cremosa y muy gustosa. Es imposible no reseñar la carbonara originale que en El Bacaro de Fabio Gasparini defienden a capa y espada. Son también muy destacables y equilibrados los spaghetti de Trattoria Manzoni, preparados con pasta fresca en lugar de seca como manda la tradición.

Más ortodoxia hay en la propuesta de Pasta Mito, en el Mercado de Chamartín, en cuya carbonara destacan una buena cantidad de pimienta negra, la yema de huevo de corral, el parmesano (en vez de pecorino), el guanciale y la mantequilla infusionada con la papada de cerdo curada. También es reseñable la de Matteo Cucina Italiana. En este local del Mercado de la Paz se apuesta por utilizar la pasta artesanal que cada día elaboran con harina ecológica. Y unos canónicos espagueti a la carbonara sirven en Sottosopra, embajada trasteverina en pleno Barrio de Salamanca.
Saltamos a la Ciudad Condal, al BarcelonaMilano, donde presumen de elaborar los «auténticos espaguetis a la carbonara», bañados con una salsa en la que se percibe sobre todo una buena yema de huevo. Mientras, en La Gallina Bianca (Sevilla) optan por unos rigatoni cocinados con todos los ingredientes más clásicos.

Marina y más

Como es habitual en el mundo de la gastronomía, de las elaboraciones clásicas surgen muchas versiones y la carbonara no iba a ser una excepción. Así, ha pasado de ser un sencillo plato en sí a convertirse en una creación que ha adquirido diferentes dimensiones, especialmente de la mano de grandes maestros italianos. Por ejemplo, el chef Mauro Uliassi (Uliassi, en Senigallia, Ancona) defendía una «carbonara del mar», hecha con huevas de pescado, tripas de bacalao y piel de rodaballo; Antonello Colonna (con restaurante homónimo en Roma) proponía unos ravioli rellenos de la propia carbonara y terminados con nata agria y Massimo Sola (MAMO Restaurant, Nueva York) optó por una que contenía una yema de huevo trabajada a baja temperatura y crumble de guanciale.

Ya en tierra española, Gianni Pinto despacha en Noi (Madrid) unos spaghetti con tartar de atún rojo marinado en miso y botarga de mújol. También en la capital, Andrea Tumbarello (uno de los grandes precursores de la carbonara de calidad en nuestro país) incorpora en la carta de Don Giovanni una Marbonara, a partir de atún, botarga, huevo y pimienta, además de una Bosconara, protagonizada por la trufa negra, que por algo se le conoce como el rey de este hongo. Delicada y gustosa es la propuesta de Davide Bonnato en Gioia: una carbonara desestructurada con bigoli (espaguetis más gruesos), yema de huevo a baja temperatura, pecorino rallado y crumble de carbón.

Más allá del espagueti

Dejando a un lado la pasta, su pareja eterna, la carbonara se ha convertido en la salsa clave de otras muchas preparaciones. Como la tradicional que baña los deliciosos espárragos -cortados en láminas muy finas y a los que se añaden rilette de costilla y huevas de salmón- que elabora Dani Carnero en La Cosmopolita (Málaga) o las alcachofas asadas y cubiertas con una manteca de panceta casera, espuma de huevo, parmesano y láminas finísimas del tocino que se ofrecen en temporada en Cruix (Barcelona).

En Huerta de Carabaña (Madrid), Ricardo Álvarez separa y lamina el tallo de la flor del brócoli (con la que hace un cuscús muy delicado), que saltea con papada curada, termina con la clásica mezcla de yema y pecorino -siempre fuera del fuego- y corona con el cuscús. En clave contemporánea, en el capitalino Alabaster preparan un puerro con carbonara de apio, anguila ahumada -que le da al plato un sabor muy particular-, trufa melanosporum y nata.

Un aire similar se percibe en la creación que Yolanda León y Juanjo Pérez sirven en Cocinandos (León) a partir de puerro, carbonara, anguila ahumada, manzana e hinojo. Mientras, en Ikaro (Logroño) se opta por un cardo cuya salsa se prepara con beicon, cebolla, nata y yema de huevo hasta conseguir una textura cremosa. En A'Barra se decantan por laminar un espárrago blanco de la huerta de La Catedral y lo terminan con una carbonara emulsionada y caviar.

Sin embargo, no todo va a ser verdura y pescado: en el madrileño Lakasa, César Martín opta por unas albóndigas de buey, cuya salsa es un agradecido homenaje a Andrea Tumbarello, y hace poco Javi Estévez (La Tasquería) ofrecía fuera de carta unas suculentas mollejas de cordero con carbonara y trufa.

Y cómo olvidarse de los macarrones de Disfrutar (Barcelona), plato que combina técnica y sabor y juego con el comensal, ya que los camareros mezclan en la mesa la pasta elaborada a partir de caldo gelatinizado de jamón con la espuma de carbonara, el guanciale y una mantequilla infusionada con beicon.

Más vanguardia de mano de Paco Pérez, quien utiliza la espardeña como espagueti y la emulsiona con una carbonara blanca en Miramar (Llançà, Gerona); de Martín Berasategui, que sirve una yema de huevo de corral bañada con carbonara de hierbas aromáticas, velo untuoso y queso ahumado en Etxeko (Madrid), y de Paco Roncero (Paco Roncero restaurante), quien le ha dado un par de vueltas a su pizza carbonara, que ahora despacha -dentro de su menú degustación- con forma de estrella y terminada con papada ibérica.

Begoña Rodrigo (La Salita, Valencia) emplea únicamente el formato salsa, que emulsiona con los interiores de un salmonete. En Mediamanga (Barcelona) se decantan por ostra a la carbonara -empleando la auténtica receta romana-, plato que de alguna manera evoca los espaguetis negros a la carbonara de ostras que firmó Niko Romito en Reale (Castel di Sangro) y que tantos corazones conquistaron.

Hasta ha encontrado su lugar en los postres. En 2017, Jordi Roca finalizaba algunos menús de El Celler de Can Roca con un plátano a la carbonara de vainilla, con un punto picante y trufa rallada por encima. Ya se sabe, con la carbonara ¡todo es posible!

Receta cada vez más purista

¿Cuándo nació la carbonara? Poco después de la liberación de Emilia-Romaña al final de la II Guerra Mundial, en Riccione, el cocinero de Bolonia Renato Gualandi preparó un almuerzo en el que se encontraban la Octava Armada Inglesa y la Quinta Armada Americana. El chef decidió emplear algunos de los ingredientes que traían los americanos y hacer con ellos una pasta: beicon, crema de leche, queso y polvo de yema de huevo, todo rematado con pimienta negra por encima. Para esta ocasión especial, Gualandi utilizó los productos que tenía a mano, interpretándolos con esa herencia italiana del cacio e uova y creó así una receta puramente romana, que enseguida quisieron exportar los americanos y también el resto del mundo.

A partir de 1955 se extendió a casi todas las trattorias romanas, haciéndose sitio en el corazón del Lacio, donde han estandarizado sus ingredientes y consideran la nata un insulto antes que una aportación. En los años 90 comenzó una cruzada en defensa de una carbonara «pura». Así, los básicos de la fórmula clásica serían: espaguetis, primordiales porque absorben la salsa, aunque se podría aceptar otra pasta (siempre seca); una yema de huevo por persona; 40 gramos de guanciale tostado salteado; 15 gramos de pecorino romano (posee más potencia que el parmesano) mezclado con las yemas de huevo y bastante pimienta negra. Y muy importante, siempre hay que mantecar la pasta con el mix de huevo y queso fuera del fuego para conseguir de esta manera una cremosidad casi adictiva.

jueves, 16 de abril de 2020

La milenaria historia del queso de Tronchón

(Leído en el Heraldo de Aragón del 25 de agosto de 2018)

El queso de Tronchón es un alimento que se mantiene vivo en el imaginario colectivo pero que hace siglos que desapareció, "y actualmente hay quesos hechos en Tronchón, pero no de Tronchón", especifica Jorge Hernández. Según explica el responsable de Slow Food Aragón, el famoso queso de Tronchón era el que se elaboraba hace siglos según las indicaciones que seguían los caballeros templarios. "Adquirieron unos conocimientos ganaderos en el Pirineo francés, pero aquí, en Aragón, descubren que los romanos utilizaban como cuajo para el queso la alcachofa borde, la ‘Cynara cardunculus’. El penacho terminal, una vez seco, servía como base para el queso". Los templarios consideraban que para producir el queso debían seguirse las normas de la trashumancia, "y encontraron el sitio ideal en el Maestrazgo, en Tronchón. Era un queso cremoso, de gran fama". Los templarios se llevaron su receta después a Portugal y actualmente se fabrica el queso en la sierra de la Estrella.

Desde entonces, el queso de Tronchón se ha guardado en la memoria colectiva, pero no se ha recuperado todavía, "porque han de reunirse todas las normas que marcaron los templarios, con un ganado trashumante, un ordeño determinado, el cuajo adecuado...". Un ganadero de la zona del Maestrazgo, Lionel Martorell, que practica la trashumancia, propone su recuperación, aunque una empresa de Castellón ya se ha adelantado. "Este es un ejemplo de cómo se pierden oportunidades por no apoyar como es debido la recuperación de alimentos en Aragón", destaca Hernández. "Porque el queso de Tronchón, que incluso se nombra en el Quijote, forma parte de nuestro patrimonio gastronómico".

domingo, 12 de abril de 2020

Gastronomía bearnesa

(Un texto en el Heraldo de Aragón del 13 de abril de 2019) 

La práctica de deportes en plena naturaleza, monumentos artísticos, actividades para toda la familia... Las posibilidades que ofrece el Pirineo bearnés son infinitas. No obstante, una de las señas de identidad que mejor definen a la zona es su gastronomía rica y variada, un elemento que atrae a miles de visitantes cada año, ávidos de probar los productos más emblemáticos de esta región histórica francesa.

Peregrinos y todo tipo de viajeros recorren sus apacibles campiñas, desde el corazón del Béarn hasta Vic-Bilh, y sus pasos les llevan de los viñedos a las bodegas, de las salinas a los huertos; de las bastidas a los castillos, de los encuentros a las visitas a productores. Una forma original de disfrutar, aprender y relajarse al mismo tiempo. Como platos principales, se puede elegir entre los tentadores 'poule au pot' (gallina al puchero) o 'garbure' (sopa de col con hortalizas), los imprescindibles gastronómicos de la región. El menú continúa con clásicos como el queso de oveja artesanal del Béarn, el área que más alimentos de este tipo produce en el país. Y, para poner la guinda a la comida, qué mejor que postres como el 'pommier' de Lesear, un delicioso pastel de hojaldre, dulce de manzana, crema y caramelo; o el 'russe' de Oloron-Sainte-Marie, similar al pastel ruso.

EL MEJOR ACOMPAÑAMIENTO

Otro de los productos más representativos de la región es el vino. Las denominaciones de origen de Jurançon (al sur) y Madiran (al norte) constituyen los principales ejemplos de que el Pirineo bearnés es un destino enoturístico. Una tierra con amplias superficies de viñedos y con bodegas que pueden visitarse a lo largo de todo el año y donde se pueden conocer con detalle los procesos de elaboración de este producto, ideal para acompañar los platos típicos de la zona. Se da la circunstancia de que el territorio es también el segundo productor de foie gras de Francia, lo que convierte a este producto culinario en uno de los más famosos del país, además de maridar de forma ideal con variedades como el Jurançon seco o dulce. Otras propuestas como el Madiran tinto combinan perfectamente con platos como el cordero lechal de los Pirineos o la vaca rubia de Aquitania, mientras que el Pacherenc lo hace con las truchas y salmones que se pescan en el entorno.

LOS RECORRIDOS DE LA ZONA

Su clima suave, su interesante cultura ancestral y el amor por el trabajo bien hecho de sus gentes hacen que la región sea de obligada visita para los amantes de la gastronomía, la historia y la naturaleza. Una de las visitas a bodegas que más éxito cosecha entre los visitantes es la que se enmarca en 'Soupçons en Jurançon' (sospechas en Jurançon), un concepto a través del cual se llevan a cabo estos recorridos guiados de una manera divertida mediante diversos desafíos e investigaciones, un método muy útil para que pequeños y mayores pasen una emocionante jornada a la vez que conocen la historia. Asimismo, también caben destacar en este sentido las visitas a las bodegas de Gan o Crouseilles, en las que se narra su historia y se ofrecen exquisitas degustaciones, todo ello alrededor de una de las tradiciones más características de este territorio francés.

Otro atractivo plan, en este caso para los más golosos, es pasar por la célebre tienda de chocolates Lindt en Oloron-Sainte-Marie, que dispone de multitud de variedades y ofertas y que se halla en un edificio espectacular. Los visitantes que estén interesados en estas actividades, pueden encontrar más información en las oficinas de turismo del Béarn o a través de la web www.pirineospyrenees.com.

Bodega de Gan
El viñedo de Jurançon se extiende por 25 municipios, frente a la sierra pirenaica. El clima serrano y oceánico proporciona aromas únicos a variedades como el 'petit et gros manseng', mientras que el viento del sur confiere su principal característica a la Denominación de Origen Jurançon, pues deshidrata la uva y concentra los aromas. Bodegas como la de Gan constituyen un ejemplo único para conocer una de las tradiciones más características de la zona. Allí se pueden observar procesos como la fabricación del vino o el embotellado, además de realizar la visita a la espléndida bodega de envejecimiento semienterrada con su mosaico galorromano del siglo IV, un recorrido que también está disponible en español, en el que se relata con detalle la historia del lugar y donde se ofrecen degustaciones.

Halles de Pau
La ciudad francesa de Pau, hermanada con la capital aragonesa, ofrece multitud de rincones encantadores y atractivos para el visitante. Uno de los más destacados es Les Halles, su mercado cubierto, el cual está provisto de puestos en los que se pueden adquirir los productos más característicos de la gastronomía de la región. Un ambiente agradable y una gran variedad de interesantes artículos (queso, vino, frutas, legumbres…) conforman la oferta de este emplazamiento, cuya construcción goza de un estilo arquitectónico innovador al tratarse de un entorno histórico renovado y donde se llevan a cabo catas, actuaciones musicales y exposiciones fotográficas, entre otros muchos actos.

La ciudad de la sal
La historia de Salies-de-Béarn, conocida como 'la ciudad de la sal', se remonta a la Edad Antigua y ha estado siempre muy vinculada a este componente. Durante muchos siglos, la distribución del agua salada marcó el ritmo de vida de sus habitantes y jugó un papel clave en la arquitectura de la urbe, que adoptó una configuración en espiral a partir del punto donde se encuentra la actual place du Bayaà y donde estaba el manantial salado original. Las Salinas de Salies-de-Béarn son las únicas que todavía utilizan la técnica de las sartenes de evaporación a cielo abierto, una práctica antigua pero que es muy respetuosa con el producto. Asimismo, su sal es muy apreciada por los mejores cocineros del mundo gracias a, entre otras virtudes, su capacidad de exaltar el sabor de la carne.

Algunas citas
FIESTA DE PRIMAVERA EN LACOMMANDE: el 22 de abril, la localidad de Lacommande celebra su tradicional fiesta de la primavera, una cita muy popular en la zona y en la que los productores locales de vino dan a conocer al público sus mejores variedades y donde se ofrecen diversas degustaciones y catas.
TRASHUMANCIA EN LOURDIOS·ICHERE: el traslado de los rebaños es uno de los fenómenos más interesantes de los pueblos del valle del Aspe como Lourdios-lchere, donde el 8 de junio se producirá una fiesta en su honor, en la que se podrán descubrir razas locales y participar en actividades de animación.
MÁS INFORMACIÓN: en la web de la Agence d'attractivité et de Développement Touristiques Béarn Pays basque: www.bearnpyrenees.com.

sábado, 21 de marzo de 2020

Las 8 verduras imprescindibles para resistir el frío

(Un texto de Marta Fernández Guadaño en El Mundo del 3 de febrero de 2020)

Hojas grandes y tallos robustos caracterizan con frecuencia los vegetales de invierno, un catálogo de saludables, sabrosos y gastronómicos vegetales. Éstas son nuestras "joyas verdes" más resistentes a las bajas temperaturas, de la acelga al grelo.

«Cara de acelga», «cardo borriquero», «Entre col y col»... El diccionario popular parece rendido al encanto de la colección vegetal de invierno, un listado de verduras que vive su mejor momento en las épocas más frías del año. Acelga, apio, borraja, cardo, espinaca, grelo o puerro, aparte de la gran familia de la col, constituyen una despensa verde que, además de saludable, plantea múltiples posibilidades gastronómicas, tanto para elaborar recetas en casa como para probarlas en propuestas de restaurantes, que van de lo clásico a lo moderno, con protagonismo incluso dentro de la alta cocina.

El cambio climático o, simplemente, la variabilidad climatológica —compleja de predecir— puede jugar, eso sí, algunas malas pasadas a una potencial planificación en torno los vegetales de esta época «Nos tenemos que plantear que cada vez es más complejo hablar de estaciones y que, a la vez, debemos cambiar el concepto de kilómetro cero y hablar de biodiversidad, y eso afecta a cualquier producto, también a los verdes», recuerda Josean Alija, de Nerua, espacio de alta cocina en Guggenheim Bilbao.

RECOLECCIÓN. Con todo, es más que probable que, en estas fechas de temperaturas duras y días en proceso de crecimiento, especies como la acelga, la borraja, el cardo o la espinaca estén presentes en el plato. A la vez, casi todas, aparte de darse durante estos meses, suelen alargar su mejor momento productivo y, por lo tanto, de recolección en la huerta hasta los inicios de la primavera.

Capaces de resistir duras heladas, lo que justifica la robustez de muchas de estas variedades con tallos y hojas duros, las verduras invernales son un saludable aliado: bajas en calorías Tasas, poseen un alto contenido en a (algunas superan el 95%), fibras, minerales y vitaminas (sobre todo, de las familias A y B), lo que las convierte en poderosos alimentos capaces de prevenir o combatir un sinfín de dolencias, mientras, con total seguridad, pasan el examen de los nuevos códigos derivados de la fiebre saludable. Las verduras de clima frío ofrecen, dentro de cada planta, distintas partes que son comestibles, como d tallo olas hojas (más o menos grandes), cuyos nervios centrales o tallos secundarios, a veces, se conocen como pencas, nombre que, a su vez, se emplea como un genérico de algún vegetal (en Navarra, por ejemplo, puede ser sinónimo de acelga o del tallo central de sus hojas).

ELABORACIONES. «Enero y febrero son meses de crucíferas, sobre todo, de ejemplares de penca, como las acelgas, perfectas para cremas y ensaladas crudas», recuerda Rodrigo de la Calle, cuya cocina verde alcanza máximas cotas de creatividad e ingenio en El Invernadero, su casa madre en Madrid, mientras su universo acaba de desembarcar en Virens, su nuevo restaurante en Hotel Almanac, en Barcelona.

Sean o no crucíferas, se les sacan partido culinario a sus hojas y tallos, con posibilidades de actuar como guarnición, ser ingrediente de sopas, cremas o batidos e, incluso, funcionar en crudo como parte de una ensalada. A tener en cuenta el reloj que ya está contando: la llegada de las primeras leguminosas verdes sería aviso de un cambio de ciclo (aunque, en enero y febrero, ya empieza a haber guisantes, como los del Maresme), porque significa que estará acabando el invierno y, aunque aún hay cierto frío, empezarían a subir las temperaturas y a perder protagonismo esta colección verde, que detallamos a través de ocho variedades.

ACELGA
Características. Originaria del Mediterráneo, guarda contra todo pronóstico parentesco con la remolacha (son plantas herbáceas catalogadas como beta vulgaris), de la que se diferencia porque su raíz no resulta interesante gastronómicamente hablando. Sí lo son sus grandes hojas verdes o rojizas, surcadas por nervios centrales o pencas, que también se cocinan (si crecen demasiado, amargan), por lo que es posible consumir toda la planta. Baja en calorías y grasas, antioxidante e hipocalórica (una ración de 200 g equivale a menos de 40 calorías), es rica en fibra, hierro, ácido fólico, potasio, calcio y vitaminas (B1 y B2). Está recomendada para combatir la anemia y en dietas de adelgazamiento. Cocida, salteada, en crudo en ensalada, a la crema o rebozada (la penca), es objeto de múltiples elaboraciones, acompañada de pescado, carne o legumbres.

APIO
Características. Sus robustos tallos estriados son la seña de identidad de este vegetal que forma parte de familia de las apiáceas o umbelíferas. Originario del Mediterráneo y propio del invierno y la primavera, es muy aromático. Su sabor puede resultar algo amargo y recordar al hinojo. Portador de fibra, antioxidades, vitaminas (de las familias A, B y C), proteína vegetal y minerales (como magnesio, fósforo, potasio o hierro), es depurativo y ayuda a eliminar toxinas y a combatir la retención de líquidos y el ácido úrico, mientras cumple siglos su uso como planta medicinal. Un familiar directo es el céleri, apionabo o apio perilla, que es su raíz con look de tubérculo. El apio puede cocinarse en crudo en ensalada o casi como snack o sustituto de una fruta (como la zanahoria, se puede ir mordiendo su tallo), aparte de sopas y cremas y, por su bajo contenido calórico, en zumos o batidos clave healthy.

BORRAJA
Características. De la familia de las boragináceas, se cultiva al inicio del otoño para recolectarse en invierno, hasta el arranque de la primavera. Con tallo y hojas verdes cubiertas de pelos, es originaria de Siria, Líbano o Egipto. Con Aragón y La Rioja, Navarra absorbe buena parte de su producción. Resistente al frío, es frágil una vez recolectada, por eso conviene no lavarla hasta el momento de consumirla y cocinarla rápido una vez cortada. Limpiarla exige paciencia para retirar el duro nervio central de cada tallo. De delicado sabor vegetal, posee alto valor en vitaminas (A, B1 o B2) y minerales (potasio, calcio, magnesio, hierro y fósforo); es baja en calorías y fuente de fibra. Resulta buena para la digestión y su piel combate la anemia y protege frente a la osteoporosis. ¿Cómo cocinarla? Cocida o al vapor con patatas e, incluso, almejas o, después, salteada; en crudo (hojas y parte tierna de los tallos) para ensaladas; además, sus hojas pueden freírse con azúcar. También se usa su flor, de color violeta.

CARDO
Características. Sus tallos rectos y fuertes, marcados por estrías y cubiertos de pequeñas espinas, parten de una roseta basal de hojas. Su parte comestible se centra en el tallo y, en concreto, en las pencas, estriadas y huecas. De la familia de las asteráceas (con parientes como la achicoria), posee origen mediterráneo, con antecedentes ya en el Imperio Romano, donde era un alimento de lujo. Muy típico en Navarra y Aragón, se planta entre julio y agosto, se inicia su recolección avanzado el otoño y dura todo el invierno. Con alto contenido vitamínico (C, B3, B2 y B1) y en fibra, aporta calcio, potasio, fósforo y hierro y apenas tiene 20 calorías por 100 gramos. Fuente de inulina, está recomendado para diabéticos, ayuda a reducir el colesterol y a prevenir la retención de líquidos. De sabor intenso con punto amargo, se puede preparar a la navarra (salsa de jamón y almendras laminadas), con bechamel o en ensalada.

COLES
Características. Aunque la col equivale principalmente al repollo, constituye, en realidad, una familia de diferentes verduras nacidas de la misma especie silvestre y cuyos cruces e, incluso, adaptaciones a climas diversos han dado lugar a un listado de diferentes coles. Coliflor (o berza), col de Bruselas, brócoli, kale, repollo, lombarda, coliflor o romanesco son algunas de ellas, con el denominador común de ser verduras principalmente de invierno y, además, crucíferas.

Pese a su parentesco directo, son distintas en sabor, textura y apariencia. Más dulce la lombarda que el repollo; mientras la col de Bruselas es más amarga y el brócoli resulta más equilibrado sin caer en un exceso de dulzor ni amargor. En textura, hay evidentes diferencias: de hojas que crecen por capas dando lugar a una verdura en forma de esfera, son el repollo o la lombarda y, en un tamaño más pequeño, la col de Bruselas; una suma de cabezas florales carnosas es el brócoli; de hojas rizadas es el kale; con cabeza blanca, cubierta por hojas, la coliflor y de superficie irregular el romanesco, variedad verde de coliflor italiana.

 Ricas en nutrientes, fibra y minerales como potasio y el fósforo, las coles tienen al brócoli como uno de los máximos exponentes de alimento saludable en la actualidad: protege los huesos y la vista, entre otras virtudes.

En cuanto a sus posibles fórmulas de elaboración, la cocción (ojo, porque pueden plagar la cocina y la casa de un intenso olor, sobre todo, la coliflor y el repollo) es el método más extendido para las coles, que se comen en ocasiones en crudo (es famosa la receta de ensalada americana de col o caleslaw salad). Pero pueden saltearse, rustirse hasta adquirir una textura casi carnívora o funcionar como envoltorio con diferentes rellenos. En cualquier caso, casan bien con carnes (incluidas piezas de caza), sin olvidar su versatilidad con pescados o su alianza con otras verduras. Y es cada vez más frecuente la col china o pak choi, muy empleada como ingrediente en la cocina asiática, de la que, sobre todo, se comen sus hojas, cocidas o encurtidas.

ESPINACAS
Características. Perteneciente a la familia de las amarantáceas, puede recordar en apariencia al grelo, aunque sus hojas suelen ser más pequeñas y, a veces, de un color verde más oscuro. Parece que su origen se encuentra en Persia y que fueron los árabes los responsables de su llegada a España, probablemente, en el siglo XI. Disponible en invierno y en el comienzo de la primavera, es un auténtico chute de hierro, aparte de rica en minerales, yodo y vitaminas (A y E y, además de ácido fólico, del grupo de la vitamina B). Se le atribuye capacidad antioxidante. De sabor suave (en ocasiones con ligera acidez e, incluso, con un punto amargo), desde el punto de vista culinario es apta para cocer, escaldar, preparar a la crema, comer en crudo en ensaladas y, cada vez más, funciona como ingrediente de zumos y batidos multivitamínicos.

GRELO
Características. Aunque también es conocido como broccoli raab o broccoli italiano, el grelo equivale al brote floral del nabo. Se trata de un tallo más o menos grueso del que salen hojas verdes grandes y pequeñas y, a veces, flores, señal de que se está pasando la temporada. Su mejor época llega a finales de enero y, sobre todo, febrero, cuando gana protagonismo en recetas típicas de Carnaval como el cocido gallego. Consumido en el sur de Europa, Holanda y Alemania, es fuente de vitaminas (A, C y K) y de hierro, potasio y calcio. De sabor amargo, se suele comer cocido o escaldado, aliñarlo con aceite o sofrito. Nunca se ingiere crudo. Estrella absoluta del cocido y el caldo gallegos, puede reemplazarse por nabiza, un grelo tierno y joven.

PUERRO
Características. Pariente directo de la cebolla y el ajo, pertenece a la saga de la liliáceas. Se trata de un bulbo con un tallo blanco recubierto de hojas verdes (más duras y casi planas en el exterior), del que se aprovecha casi todo, salvo la base más dura, de la que sale una especie de raíces pequeñas. Originario de Europa y Asia Occidental, su temporada empieza en otoño y abarca hasta el comienzo de la primavera. Se le atribuye una combinación casi única de nutrientes. Bajo en calorías y vitamínico, ofrece beneficios para la salud: podría proteger frente a enfermedades cardíacas y prevenir procesos inflamatorios. Sus posibilidades gastronómicas son casi infinitas, pues no resulta especialmente invasivo y aporta un toque de sabor que es buen complemento en muchas recetas. Aparte de confitado, a la parrilla, a la plancha, al horno e, incluso, frito, el puerro es base de sofritos, cremas o sopas (por ejemplo, las de pescado).








Free counter and web stats