lunes, 22 de junio de 2015

Heladerías por visitar

Algunas heladerías de diseño o sitios donde disfrutar del helado...

- Restaurante La Rotonda, Madrid

- Heladería Della Sera, Logroño

- Café Pino, La Moraleja, Madrid

- Rocambolesc, Madrid y Gerona

- Helados Angelo, Torroella de Montgrí, Gerona

martes, 16 de junio de 2015

Moras, fruto de la zarza

(Leído en un artículo de Alejandro Toquero en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 2 de noviembre de 2013)

La mora es una baya de tamaño pequeño de entre uno y dos centímetros, aunque en ocasiones se consiguen ejemplares de hasta tres centímetros, dependiendo de la especie. Pertenece a la familia de las rosáceas y se engloba en el género rubus.

No se deben confundir con las llamadas 'morus', que son las frutas de árboles como la morera, a pesar de sus similitudes en aspecto y nombre.

martes, 9 de junio de 2015

Moras, el poder antioxidante de los frutos rojos

(Leído en un artículo de Alejandro Toquero en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 2 de noviembre de 2013)

Como casi todas las bayas y frutos del bosque, las moras son muy beneficiosas para la salud. Tienen pocas calorías debido a su pobre aporte de hidratos de carbono, pero están cargadas de vitaminas y algunos minerales. Poseen buenas cantidades de vitamina C, vitamina E y fibra, soluble e insoluble.

Pero si algo distingue a los frutos rojos de otro tipo de frutas es la fuerte acción antioxidante. Su color intenso nos indica la alta cantidad de pigmentos naturales, antocianos y carotenoides, que combaten la acción de los radicales libres que son negativos para la salud.

Así, las moras poseen acciones antiinflamatorias, antibacterianas y contribuyen al buen funcionamiento del sistema inmunológico.

lunes, 1 de junio de 2015

¿’Pochar’ es lo mismo que ‘rehogar’?



(Un texto de Pancracio Celdrán en un XLSemanal -del 2010, creo-)

Lo primero que debemos tener en cuenta es que en castellano no existe el verbo 'pochar' -del francés pocher = escalfar-, por lo que debemos considerarlo término mostrenco si con ello se quiere aludir a 'rehogar': sofreír un alimento, hacerlo de manera ligera, no completa.

Otro sentido tiene el término 'escalfar', del latín excalfacere = calentar, en el sentido culinario de cocer en agua hirviendo un alimento cualquiera. El metalenguaje culinario es riquísimo en castellano y más antiguo que en cualquier otra lengua europea, por lo que resulta ridículo recurrir a la terminología gala para describir o nombrar operaciones y voces de ese ámbito.

sábado, 30 de mayo de 2015

El año de la raspa

(Un texto de Pau Arenós en el suplemento dominical del Periódico de Aragón del 12 de abril de 2015)

El mejor ejemplo de la cocina de aprovechamiento es dar una segunda vida, y dignidad, a una espina de pescado Es el más pobre de todos los platos pobres. ¿Existe algo más menesteroso que comer una espina? ¿Sería posible convertir el desecho en un bocado glorioso? En 1971, en el año de la raspa, Josep Mercader lo consiguió en el Motel Empordà, en Figueres, destino mítico durante décadas para gurmets motorizados. Cuando la cocina catalana moderna estaba por construir, Mercader aportó frescura y menta a guisos espesos. Y últimas noticias de Francia, que circulaban por la N-II. Cualquiera es capaz de lucirse con este aperitivo de subsistencia. La receta es tan fácil que hasta la podría hacer el gato.

   Espinas de anchoa sumergidas en leche durante dos minutos, espolvoreadas con harina y fritas, según las indicaciones del libro Històries del Motel. Como todo proceso original, admite cambio. Las de la imagen son de boquerón: la carne tuvo otro uso. En lugar del basurero, los restos ocuparon el centro de la mesa. Para romper el blanco de la marinada y darle intención, la leche fue bautizada con el escabeche de una lata de mejillones. No es por ahorro, sino por dignidad. Deshacernos de bienes preciados como ese naranja oleoso es pecado: que se lo apunte el Papa.

   Una hora de reposo ?no dos minutos? para reblandecer e impregnar. Romper los bastones y llevárselos a la boca fue notar, a lo lejos, como un rumor de mar bravo, la acidez del vinagre.

lunes, 25 de mayo de 2015

Perdiz, de monte y de granja, a fuego muy lento



(Un texto de Alejandro Toquero en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 16 de noviembre de 2014)

La perdiz de monte o de campo, la patirroja y silvestre, escasea cada vez más y va camino de convertirse en una especie en vías de extinción. Desde mediados de octubre hasta finales de enero está abierta la veda para la caza, pero los lamentos llegan desde todos los rincones de España: cada vez hay menos. La falta de alimento en los montes, los productos fitosanitarios contra las malas hierbas o para proteger los cultivos de cereales, las repoblaciones incontroladas, la presión cinegética ... son argumentos que se repiten a la hora de buscar explicaciones y la realidad es muy tozuda: no está haciendo falta cazar muchas perdices rojas, las autóctonas, para darse cuenta de que están desapareciendo.

[…] Y es que al consumidor que le gusta la caza apuesta por este producto frente a otras perdices que son las más habituales en el mercado: de repoblación y de granja. Las primeras, explica este experto, «se crían en naves, pero tienen zonas al aire libre de esparcimiento e incluso pueden volar». Son las que se empezarán a ver a medida que nos acerquemos a las Navidades ante la escasez de las de monte. Y luego, durante todo el año, se puede encontrar la de granja, de carne más blanca que la salvaje y con algunas diferencias físicas más: pico anaranjado y largo frente al corto y rojo de la que lo utiliza habitualmente en el campo, o las uñas, igualmente largas de la primera y más cortas de la otra.

Curiosamente, sin embargo, el precio de venta al público no varía demasiado. El propietario de la pollería Julia explica la razón: «La de monte tendría que ser más cara por lo que cuesta el coto, las licencias, los seguros ... pero para el cazador es una afición y no busca hacerse rico, así que solo aspira a recuperar parte de los gastos». En el otro caso, prosigue, «en cuanto empiezas a sumar los costes de producción, manipulado y comercialización, estos se disparan y, al final, el precio se tiende a igualar». […]

Juan Carlos asegura que la caza menor y, especialmente, la perdiz, la pide una clientela muy concreta: «Gente mayor que aprecia su calidad y tiene tiempo y conocimientos para prepararla; los jóvenes consumen de otra manera, pero cuando prueban un buen estofado, claro que lo disfrutan». Y es que como sentencia este minorista del Mercado Central, «es un producto que exige un tiempo y una dedicación que cada vez se estilan menos».

[…] Jorge Alarcón, cocinero y propietario del restaurante Aspen de Zaragoza, […] A la hora de describir una y otra perdiz para trabajarla en la cocina, se refiere a la importancia del hábitat y de la alimentación: esfuerzo continuo frente a una cría acomodada; una dieta irregular o a unos piensos controlados; una carne roja y otra más blanquecina, lo que a su vez se traduce en sabores fuertes frente a otros más domesticados. «Al no haber trabajado tanto los músculos -asegura el chef- , la carne de la de granja es más blanda y no tiene la misma fuerza». Mejor o peor ya es cuestión de gustos o de lo que al paladar hayamos acostumbrado.

En cualquier caso, explica que no es necesario poner las perdices en vino u otros alcoholes para ablandarlas, como sí es aconsejable hacer con la caza mayor. A su juicio, la recomendación más importante a la hora de prepararlas es «tener muy claro que necesitan cocciones lentas, estofar más que guisar, recurrir a temperaturas muy bajas de cocción frente al fuego medio de un guiso».

A su juicio, a pesar del lío semántico, el guiso perdiz es una de las mejores opciones, la que nunca falla: muchísima cebolla (con aceite y a baja temperatura se carameliza sola), laurel, un poco de pimienta, ajo y a fuego muy lento, para que una vez tapada la cazuela, el mismo vapor ablande y cocine la carne «y los líquidos de dominio se transmitan entre los productos». «Alrededor de 45 minutos serán suficientes para la de monte y entre 20 y 25 para la de granja», prosigue el dueño del Aspen.

Al margen de esta presentación, son muchas las posibilidades que este cocinero sugiere a la hora de prepararlas, como laminar las pechugas y hacerlas a la plancha o presentarlas con un arroz.

ESCABECHE. Por supuesto, al hablar de esta ave gallinácea no podemos dejar de referirnos al escabechado, cuyos pasos son parecidos a los del estofado, según explica Jorge Alarcón: "Podemos añadir alguna hortaliza más como zanahoria o apio, y eso sí, cubrir de aceite para que las piezas se confiten”. Una vez que han transcurrido 30 o 40 minutos, en el caso de la salvaje, se incorporaría el vinagre, «de Jerez a ser posible, un vinagre noble, que es el que al final va a determinar la calidad del escabechado». 15 minutos más al fuego y a reposar, de forma que esta conserva puede aguantar perfectamente dos semanas e incluso más. En cualquier caso, para alargar el tiempo de consumo siempre se puede recurrir al embotado.

[…]

MAGRA Y CON MUY POCA GRASA
Tres características destacan en la composición nutritiva de estas aves: su elevado contenido en proteínas de alto valor biológico, la cantidad de hierro y el moderado aporte de grasa. Además, las proteínas de la perdiz apenas tienen colágeno por lo que su carne magra resulta fácil de digerir. Las aves silvestres tienen menos grasa que las de granja debido a la energía que gastan en sus desplazamientos. Al igual que otros ejemplares de caza, es una buena fuente de hierro, incluso superior a carnes rojas como el vacuno. Sus músculos concentran gran cantidad de mioglobina, el pigmento que contiene hierro y da ese color característico.

NO NECESITAN MUCHO TIEMPO DE OREO
Del refranero, en ocasiones, conviene discrepar. Eso al menos sucede con el que sentencia que «la perdiz, con la mano en la nariz», Nos sugiere este refrán que en el caso de las aves abatidas en el campo conviene dejar pasar unos cuantos días entre la muerte de la pieza y su tratamiento culinario para que la carne se mortifique, Aunque, en otras piezas de caza, como el jabalí o la liebre, es conveniente esta práctica, en el caso de la perdiz no es necesaria esta espera y de un día para otro es más que suficiente para disfrutar de todas sus cualidades sin sabores no deseados.

lunes, 11 de mayo de 2015

El café soluble



(Un texto en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 22 de agosto de 2014)

El café soluble es un extracto de café en polvo o aglomerado que se disuelve fácilmente en agua caliente y que fue inventado en 1899 por el químico americano de origen japonés Sartori Kato y patentado en 1901 bajo el título "A New or Improved Coffee Concentrate and Process for Making the same".

El procedimiento de Kato fue perfeccionado en 1906 por el químico belga George Constant Washington residente en Guatemala, llegando incluso a comercializar su producto, con éxito, en los EEUU y en la época de la I Guerra Mundial.

Las dos guerras mundiales lanzaron su consumo por todo el mundo ya que los soldados americanos recibían en su rancho un sobre de tres cuartos de onza de café soluble y al volver a sus hogares lo fueron extendiendo por todo el país y, por tanto, a lo largo del mundo.

El sistema más usual de su fabricación es el atomizado y consiste en eliminar el agua del café líquido, producido prácticamente igual que el podemos hacer en nuestra casa, pero en grandes cantidades y por procedimientos altamente industrializados, y posteriormente pulverizándolo dentro de una fuerte corriente de aire caliente que evapora el agua del café, junto con multitud de aromas esenciales, y dejando sólo el extracto seco del café al que luego volveremos a añadir agua caliente.

El sistema de liofilización consiste en eliminar el agua congelando la infusión por medio de gigantescas cámaras de vacío a bajísimas temperaturas de cerca de -50º y que transforman directamente el agua del estado sólido (hielo), al estado gaseoso (sublimación) y dejando el residuo del extracto seco de café. El hecho de que el producto permanezca a temperaturas muy bajas y sin contacto con aire caliente (está al vacío) permite que el aroma natural del café permanezca en los granos de cale liofilizado, generando así una bebida de mejores características que por el método del atomizado.
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