jueves, 12 de noviembre de 2020

Beber café como un auténtico romano

 (Un texto de Enrique Alpañés en una de las revistas Ling de 2017 ¿…o de 2019?)

Puede que después del agua y el té, el café sea la bebida más consumida del planeta. Todos los días se beben 1.400 millones de tazas de este brebaje energético, una estadística que hay que tomar con algo de escepticismo, pero que se refuerza gracias a otra más fiable. El café es uno de los productos más exportados del mundo, se consume en todo el globo, pero solo se cultiva en medio centenar de países. Aun así, una nación que no lo cultiva es considerada la capital mundial del mismo.

Italia tiene arte, gastronomía, bonitos paisajes y una cultura del café tan desarrollada como exportada más allá de sus fronteras. Pero, pese a ello, hay varios detalles que se han perdido por el camino; vamos a intentar recopilarlos.

Los orígenes del café son difusos, pero hay cierto consenso en fijar su semilla en la zona actualmente conocida como Etiopía, llegando a Europa, a través de Venecia, con el nombre de vino árabe. En los siguientes años, África exportaría los granos de café; Italia, la ceremonia que lo rodea. "La máquina de espresso ha nacido aquí; toda la cultura del espresso, que es el método más utilizado, nace aquí, lo que hace que Italia haya obtenido —y mantenido— una posición de líder en el sector", asegura Francesco Sanapo. Este barista de 38 años ha sido reconocido como campeón italiano de cafetería en 2010, 2011 y 2013, tiene un blog sobre los secretos del café, una agenda repleta de viajes a las mejores plantaciones del mundo y una cafetería, Ditta Artigianale, que hace las delicias de los florentinos. Para él el café no es una forma de ganarse la vida, es una forma de vivirla.

Defiende Sanapo el consumo consciente del café, que no se tome "simplemente como una bebida energética", sino como lo que es, un extraño manjar.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Nueva vida para la 'desagradable' coliflor

 (Un texto de Alejandro Toquero en el suplemento gastronómico del 19 de enero de 2019)

Algunas curiosas alternativas a la cocción tradicional de esta hortaliza de fuertes aromas.

El fuerte olor de la coliflor al cocerla le resta mucho atractivo. Los compuestos azufrados que contiene son los responsables del característico tufo de esta hortaliza, que también se transmiten a su sabor.

¿Cómo se puede evitar este problema? El cocinero del restaurante Nola Gras, Alejandro Viñal, ofrece algunos consejos que pueden resultar de mucho interés. El principal es la recomendación de no hervirla solo una vez. «Aconsejo hacer tres cocciones con agua abundante en otras tantas cacerolas; en cada una tiene que estar cinco minutos, así de sencillo, de forma que irá soltando todo el azufre y estará lista para su consumo».

Una vez hervida, Alejandro ofrece dos posibilidades: trabajarla como si fuera una nata o preparar con ella una mahonesa vegetal. Para la primera opción tan solo hay que batirla añadiendo un poco de sal. «Se puede utilizar la coliflor batida para cualquier salsa que queda muy cremosa». Por ejemplo, de piquillos o de curry.

En el caso de la mahonesa, el proceso es parecido, pero incorporando aceite hasta que tenga la textura que nos guste. Puede emplearse para aliñar unas patatas bravas o para los pescados al horno, napando por encima. Igualmente, existe la posibilidad de añadir alcaparras, anchoas, pimientos del piquillo... Al gusto.

Alejandro Viñal también sugiere algunas opciones para trabajarla en crudo, eliminando su característico olor y sabor. Utilizando un rallador de los que, por un lado, dejan el grano fino y, por el otro, algo más grueso, propone dos alternativas: «Rallando la coliflor por el primero podemos elaborar un couscous tradicional empleando un caldo base, mientras que por la parte más gruesa obtendremos granos parecidos a los del arroz».  

El paso a paso sería similar al de cualquier preparación básica con este producto: sofreír unas verduras, añadir la coliflor desmigada, rehogar y poner el caldo. «En este caso, con cinco minutos de cocción es suficiente».

FRITA Y ENCURTIDA. También se puede cortar la coliflor en ramilletes pequeños, como si fueran palomitas. Se fríen en aceite abundante a 170 grados y quedan tostadas. Por último, está la opción de cortarla en láminas finas para hacer un encurtido con azúcar, sal y vinagre, y añadir a cualquier ensalada a la que queramos dar un punto escabechado.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Agua, la bebida 10

(Un texto de Antonio Orti en el suplemento dominical de El Periódico del 5 de agosto de 2018)

Beber agua fresca de una fuente es una experiencia única con la que ninguna otra bebida puede competir. Y el consumo diario de agua es la principal recomendación de los expertos para mantener la salud. Sin embargo, y pese al dicho "más claro que el agua", con el calor se reavivan algunos mitos que los expertos intentan sofocar.

Un ejemplo es la creencia de que empantanarse con ingentes cantidades de agua sirve para depurar el organismo, desintoxicarlo. Pero no existen pruebas científicas que sostengan que beber más agua de la necesaria suponga un beneficio extra para la salud. Es decir, no contribuye a mantener la piel más hidratada, no retrasa la aparición de las arrugas ni tampoco beneficia la función renal (salvo para prevenir la reaparición de piedras en el riñón).

Eso sí, beber menos agua de la necesaria puede provocar fatiga y dificultad para concentrarse, aunque estos síntomas sean muy poco frecuentes entre personas sanas que habitan en lugares donde resulta fácil acceder al agua. Entonces, ¿cuánta agua hay que beber? La respuesta es "depende". En realidad, no existe una recomendación formal respecto a la cantidad, pues varía en función de la persona, las características de la alimentación y el tipo de actividad llevada a cabo.

No obstante, si hay un mito que se niega a desaparecer es que hay que beber ocho vasos de agua al día, es decir, unos dos litros. "La inmensa mayoría de las personas sanas cubren de manera adecuada sus necesidades de hidratación diaria, guiándose únicamente por su sensación de sed", que debe apaciguarse con agua, afirma el dietista y nutricionista Julio Basulto. Recuerda que ninguna entidad científica reputada suscribe que haya que beber ocho vasos de agua al día.

Abel Mariné, catedrático emérito de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona, señala que aunque se recomiende tomar dos litros de agua al día, esto no significa que haya que vivir pegado a un vaso, pues también los alimentos proporcionan agua: el contenido de agua varía entre el 85 y el 95% en las hortalizas frescas (como el tomate), el 80-86% de las frutas, el 80% de los pescados magros o el 75% de los huevos. También hay agua en el café, la leche, la horchata y el gazpacho, por ejemplo. O un arroz cocido puede contener entre un 70-80% de agua (las pastas tienen un 60-70%), por lo que si una persona lleva una alimentación saludable (es decir, rica en verduras y frutas y pobre en productos procesados), más de un litro de agua lo aportan los alimentos que ingiere.

"El agua posibilita el transporte de nutrientes, contribuye a la regulación de la temperatura corporal y colabora en el proceso digestivo", recalca Mariné, para remarcar su importancia. Este experto recuerda que el agua es el componente mayoritario del cuerpo humano, hasta el punto de que al nacer somos un 75% agua, mientras que a partir de los 50 años el porcentaje disminuye al 56%, en el caso de los hombres, y al 47%, en las mujeres, diferencia atribuible a que nutrir y amamantar un bebé exige más grasa corporal.

LA PELIGROSA AGUA 'CRUDA'

En EE.UU. está de moda el agua cruda (raw water), la que brota de algunos manantiales privados y no es tratada químicamente ni filtrada. "El agua sin tratar puede contener bacterias, virus y parásitos", advierte Abel Mariné. Y purines y metales pesados. Los promotores del agua viva justifican su elevado precio (unos 15 € el litro) aduciendo que no esterilizarla mantiene "los microbios saludables" del líquido, aunque ningún estudio serio respalde tal supuesta ventaja. E incluso sus defensores admiten que si no se bebe rápido, la luz solar y el calor pueden provocar que esta agua se vuelva "como la de una pecera", apuntaba The New York Post. Julio Basulto califica de "ridículo" que el agua cruda hidrate más que la del grifo o que retrase el envejecimiento, como prometen algunas empresas que la comercializan.

PARA DEPORTISTAS  

Nieves Palacios, responsable del servicio de Medicina, Endocrinología y Nutrición del Consejo Superior de Deportes, señala que un fallo frecuente de los deportistas es no hidratarse de manera adecuada. "Una forma de saber cuánta cantidad de líquido hay que beber, es pesarse antes y después de entrenar. La diferencia se aproxima al líquido perdido a través del sudor que hay que reponer", señala. Y precisa que todos los deportistas tienen que comenzar la actividad física bien hidratados. La recomendación para las personas que entrenan de forma intensa durante más de una hora es beber cada 15-20 minutos unos 200 centilitros.

¿'DETOX'?  

¿Un vaso de agua con una rodaja de pepino, un chorrito de limón y menta elimina las toxinas causadas por las comidas pesadas, el exceso de alcohol...? la idea la puso de moda en EE.UU. el doctor televisivo Mehmet Oz y la pregonan algunos famosos. El error de partida es creer que estamos intoxicados: hamburguesas o refrescos no dejan un residuo específico que pueda ser secretado. "El agua no purifica, sino que hidrata", recuerda Basulto.

3 FALSOS MITOS

Beber agua en las comidas engorda. El agua tiene 0 calorías, se tome antes, durante o al final de la comida. Un ensayo de la American Chemical Society del año 2010 concluyó que quienes bebieron dos vasos de agua de 230 mililitros justo antes de que llegara el primer plato consumieron luego entre 75 y 90 calorías menos en esa comida.

Beber agua contribuye a retener líquidos. Algunas personas con sobrepeso achacan su problema a que retienen líquidos, cuando en realidad acumulan lípidos, escrito con "p", grasas. Salvo que exista un problema renal, coronario o circulatorio, el sobrepeso y la obesidad se caracterizan por la acumulación de sólidos (tejido adiposo).

Las mujeres que amamantan deben beber más agua para producir más leche. A juicio de Basulto, "no hay pruebas suficientes para sostener esta afirmación". Para el autor de Se me hace bola o Mamá come sano (DeBolsillo), los bebes de hasta seis meses no necesitan beber agua porque la toman de la teta de sus madres o de los biberones. "A partir del sexto mes, el consejo es ofrecer agua al bebé, pero sin obligarle", dice.

martes, 3 de noviembre de 2020

El cachopo de moda y otros ‘parientes’


(Un texto de Alejandro Toquero en el Heraldo de Aragón del 29 de septiembre de 2018)

Este rebozado de origen asturiano cada vez se ofrece en más restaurantes en distintas versiones.

Definitivamente, el cachopo se ha puesto de moda. Desde Asturias, la tierra que lo vio nacer, ha ido ganando seguidores por toda España, y en Aragón, pero especialmente en Zaragoza, cada vez lo ofrecen más establecimientos. Eso sí, cachopos como los asturianos, pocos, sobre todo por su tamaño, que suele ser desmesurado.

[…]

Su origen no está claro. Al parecer, surgió en los hogares asturianos como cocina de aprovechamiento. Lo básico es la presencia de dos filetes de ternera que van rellenos de jamón serrano y queso y se rebozan con harina, huevo y pan rallado. A partir de ahí, se admiten múltiples compañías: pimientos, setas, espárragos y otros productos de la huerta, patatas… Tan versátil es, que además de improvisar el relleno se emplean otras carnes para elaborarlo, e incluso pescados como el rape.

Frente a esta receta tan de moda, hay otras similares –de la misma familia de los empanados– que en la mayoría de los hogares han formado parte de la cocina del día a día como el escalope a la milanesa, el sanjacobo, el cordon bleu o los flamenquines.

Comiendo filetes empanados es como muchos niños se han acercado a la carne de ternera. Como para el cachopo, Jon Pérez recomienda utilizar los despieces de la tapa, babilla o cadera. "En el caso del cachopo es preferible que sean finos porque lleva dos, pero para el escalope pueden ser un poco más gordos".

El flamenquín tiene mucha historia detrás. Se han realizado estudios sobre sus orígenes en Andalucía y se considera que la receta original era de un filete de cerdo empanado y enrollado con jamón serrano y tocino. El caso es que también se preparan con ternera y pollo, y los más populares, de jamón cocido y queso.

El cordón bleu francés original llevaba ternera, jamón y queso gruyere, aunque el más conocido hoy en día es con pechuga de pollo deshuesada. La versión española, el sanjacobo, consiste en una loncha de jamón, cocido o serrano, junto a otra de queso y todo ello rebozado con huevo y pan rallado.

Escalope a la milanesa
Ingredientes:
  • Filetes de ternera de tapa, babilla o cadera
  • Sal y pimienta
  • Huevo
  • Harina
  • Pan rallado
  • Aceite de oliva
Preparación:
  1. Aplastar ligeramente el filete de ternera (de tapa, babilla o cadera) y salpimentar.
  2. Pasar por harina y sacudir para evitar que quede en exceso. A continuación, el huevo batido y, por último, el pan rallado.
  3. Poner el filete sobre una superficie plana y presionar con el contrafilo del cuchillo haciendo un dibujo como de rombos. De esta forma se evita que el empanado se infle.
  4. Freír en una sartén con aceite de oliva bien caliente.
  5. Cuando esté dorado por ambos lados, pasar a un papel de cocina absorbente para quitar la grasa sobrante.
Flamenquines
Ingredientes:
  • Jamón cocido
  • Queso cremoso o que funda bien
  • Huevo
  • Pan rallado
  • Aceite de oliva
Preparación:
  1. Enrollar un filete de jamón cocido con queso, preferiblemente cremoso o que funda bien.
  2. Dar forma de cilindro, empanar como en las otras elaboraciones y freír en aceite de oliva bien caliente.
Para el rebozado se puede utilizar pan rallado normal o panko.
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